ECONOMÍA: Cuadro económico

1 abr 2008

 

Foto: I. Sztulman
  
Shekel - Cuadro económico
  

Control de la inflación

Desde sus comienzos hasta el año 2000, la economía sufrió por el alza de los precios, pero gracias a un mecanismo de reajuste periódico de sueldos, los asalariados pudieron superar sus efectos. Al mismo tiempo, todos los compromisos financieros, alquileres, cuentas de ahorro, pólizas de seguro de vida, impuestos, etc. se reajustaban automáticamente en relación con algún índice considerado estable (tipo de cambio del dólar, índice de precios al consumidor u otros), para mitigar el impacto de la inflación. Por lo tanto, aunque la tasa anual de inflación fuera de un dígito (mediados de los 50 hasta fines de la década del 60), de dos dígitos (década del 70) o tres dígitos (primera mitad de la década del 80), los israelíes lograron mejorar su nivel de vida. Sin embargo, la economía en general sufría de la inflación (por ejemplo, por una baja disposición a invertir), cuyos efectos se agravaban en parte con el sistema de los reajustes, hasta que a mediados de los años ochenta la situación llegó a una seria crisis.

En el verano de 1985, con una inflación del 445% en el año anterior, que amenazaba con subir en ese año a cuatro dígitos, el gobierno introdujo un programa de emergencia para estabilizar la economía. La tasa de inflación anual descendió al 185% en 1985 y al 21% en 1989. Desde entonces ha seguido en descenso, hasta llegar al 7% en 1997 y por primera vez en la historia, a cero en el año 2000. También por primera vez en la historia, en 2003 hubo una caída real de los precios, con una inflación negativa del -0,9%. En el año 2005 la inflación fue del 2,4% y en 2006 fue de nuevo negativa, de -0,1%.

El sector público

El alto nivel de consumo público, un componente primordial del déficit del presupuesto estatal, fue siempre una de las causas principales de la alta tasa de inflación de Israel. Todos los recursos que el gobierno podía captar para financiar el presupuesto (fuentes internas y extranjeras, empréstitos, impuestos directos e indirectos) eran insuficientes para cubrir  los desembolsos, por lo que el gobierno se vió  obligado a recurrir una y otra vez a un financiamiento inflacionario. La pesada carga del sector público para la economía se debió principalmente a los enormes gastos de defensa y a la necesidad de amortizar deudas internas y externas, que sólo en los últimos años han bajado de dos terceras partes del presupuesto nacional a la mitad del mismo.

El control de la inflación era imprescindible también para asegurar la viabilidad de la economía, reducir el déficit de la balanza de pagos y mantener una rápida tasa de crecimiento económico, para todo lo cual era preciso disminuir el consumo público, como se hizo en los últimos años. La alta proporción del PIB destinada a consumo público ha sido reducida a la mitad de lo que era hace 25 años, de 95% en 1980 a 49% en 2006 (cuando el presupuesto estatal alcanzó unos US$ 60.000 millones). En 2006 se registró un superávit en la balanza de pagos y el déficit presupuestario se redujo al 0,9% del PIB.

Aunque el gobierno sigue estimulando la iniciativa privada, ha logrado reducir su participación directa en empresas mediante su privatización, que en el año 2005 rindió un ingreso de casi US$ 3.000 millones.

El sistema impositivo

Para financiar su enorme gasto público, Israel tuvo que recaudar impuestos elevados. Durante años los ciudadanos israelíes soportaron una de las más altas cargas impositivas del mundo. En los primeros años después de la independencia, los impuestos equivalían a la octava parte del PIB; en los años 60, la proporción subió a la cuarta parte del PIB, oscilando entre 30 y 40% del mismo en las décadas del 70 y del 80. En los años 90 fue en promedio menor del 40%, y en el año 2000, del 40,3%. La carga impositiva de los israelíes descendió al 39,3% del PIB en 2003, y en 2006 bajó al 38%, casi al nivel del promedio de los países de la OCDE en 2004, que era de 37,4%.

El principal impuesto indirecto es el IVA (Impuesto al Valor Agregado) que es del 15,5%. Además, existe un impuesto sobre la venta de automóviles, combustibles, cigarrillos y alcohol. Las importaciones de la Unión Europea y de los  Estados Unidos están exentas de aranceles aduaneros, pero las procedentes de otros países deben pagar derechos de aduana.

Los impuestos directos (impuesto sobre la renta e impuestos a la propiedad), que hasta fines de los años 50 reportaban al Estado menos de un cuarto de todos los ingresos tributarios, subieron a casi un tercio de la recaudación a principios de los 70, a cerca de la mitad a comienzos de los 80, y alcanzaron el 45 porciento en 1986. Posteriormente la proporción de los impuestos directos disminuyó al 39% en 1995, y desde entonces ha fluctuado entre esta cifra y el 42% en 2006.

En los últimos años se vienen introduciendo cambios en el sistema impositivo para integrar a Israel más firmemente en la economía mundial. Como parte de esta política, los aranceles aduaneros e impuestos a las importaciones siguen disminuyendo, el impuesto a las sociedades bajó a 30% en 2007 y se espera poder reducirlo a 25% en 2010. Se planea también rebajar gradualmente la tasa marginal del impuesto sobre la renta al 44% hasta el año 2007.

Consumo privado y ahorro

El consumo privado ha aumentado casi sin interrupción desde 1950. Desde 1960  el índice de crecimiento ha sido del 6% anual por término medio, aunque declinó del 9,6% per cápita en 1994 al 6,6% en 2000 y al 4,9% en 2006.

Ello no obstante, el ahorro privado ha sido constantemente significativo. Hasta fines de los años 50, el ahorro privado nunca fue menor del 29% del ingreso privado disponible.  A principios de los años 60 la tasa cayó al 21%, pero en 1972 volvió a subir al 38% e igual cifra se registró en 1981. Desde entonces ha ido disminuyendo hasta el 28% en 2006.

Inversiones

La tasa de ahorro, aunque elevada, nunca bastó para financiar las enormes inversiones efectuadas en una economía en rápido crecimiento (en general, de 20% a 30% del total de recursos disponibles). Por ello, gran parte de la inversión se tuvo que cubrir con transferencias de capital público y privado del exterior y también de forma directa por el sector público, mayormente por el Estado. Durante el último decenio, la inversión total aumentó de US$ 17.000 millones a US$ 22.000 millones entre 1995 y 2000, declinó luego durante tres años y volvió a crecer en 2005 a US$ 22.100 millones (con un 49%, o sea US$ 10.800 millones, procedentes del extranjero, de inversores no israelíes).   

En 2006 se registró un brusco aumento de las inversiones de empresas extranjeras sin previa conexión con Israel, debido sin duda a un interés y una confianza crecientes en la economía israelí. El total de inversiones de factores extranjeros en ese año alcanzó US$ 24.386 millones y la misma tendencia continuó en 2007.

Muchas inversiones de capital privado, nacional y extranjero, se efectuaron gracias a los estímulos y el aliento proporcionados por el gobierno, con base en las distintas versiones de la Ley de Incentivos a las Inversiones de Capital que se adoptaron a lo largo de los años. En virtud de esta ley, el gobierno atrajo a los inversionistas ofreciéndoles préstamos a largo plazo (a tasas de interés favorables), así como donaciones directas, como porcentaje de la inversión total, y financiamiento de IyD.

También se otorgaron reducciones o exenciones de impuestos con el mismo propósito, de acuerdo con la contribución de determinada inversión a la implementación de políticas económicas, tales como la dispersión de la población, el fomento de las exportaciones u otras. Esta ayuda puede explicar por qué se registró en los años 80 una acumulación de capital social (capacidad de producción) a un ritmo superiror al del crecimiemto del PIB. En algunos sectores este exceso de capacidad de producción facilitó el rápido despegue de los años 90.

Salarios y condiciones de trabajo

Los salarios en Israel se fijan mayormente por negociaciones tripartitas entre la Confederación General de Trabajores de Israel (Histadrut), la Asociación de Empleadores Privados y el gobierno, que es aún el mayor empleador del país y cuyo escalafón salarial tiene un peso considerable que influye en todos los sectores de la economía.

Los acuerdos así alcanzados establecen un marco de referencia para los distintos sectores de la economía y fijan también (con cambios ocasionales) una pauta de reajuste automático de los salarios en relación con el aumento del índice de carestía de la vida, como compensación por la inflación. Por ello, la escala salarial es más bien rígida, sobre todo en los niveles más bajos. Las olas de desempleo en Israel no afectaron significativamente los salarios, aunque en períodos de escasez de mano de obra suben los salarios con mayor elasticidad allí donde la demanda de personal es mayor. En junio de 2006 el salario mensual en Israel en promedio nacional era de NIS 7.759 (unos US$ 1.843).

Las condiciones de trabajo en los distintos sectores económicos se establecen en convenios colectivos negociados entre patronos y trabajadores, pero las normas básicas se determinan por ley. Éstas fijan una semana de trabajo de 47 horas como máximo (aunque en 2006 en el sector comercial, fue de 40 horas semanales o menos) y un salario mínimo (NIS 3.585 mensuales, unos US$ 780 en 2006, que a principios de 2008 subió a NIS 3.785), así como pago por horas extra, indemnizaciones de despido, vacaciones pagadas y licencias por enfermedad con disfrute de sueldo.
La Histadrut – Confederación General de Trabajadores de Israel fue fundada en 1920 como una federación de organismos sindicales para representar a los trabajadores y al mismo tiempo crear industrias. Con el tiemp llegó a convertirse en el mayor empleador de Israel y desempeñó un papel importante en el desarrollo del país.

En la actualidad la Histadrut agrupa a 700.000 miembros afiliados a 78 sindicatos, que atienden a la organización del trabajo a nivel local, firman convenios colectivos y supervisan su aplicación. La mayoría de los ramos de empleo están representados: alimentación, textiles, hoteles, turismo, funcionarios del Estado y de organismos públicos, oficinistas, ingenieros técnicos, enfermeras, jubilados y otros. Algunas profesiones tienen sindicatos propios, independientes: médicos, ingenieros, maestros, profesores universitarios y periodistas.

La Histadrut ya no posee la misma fuerza de antaño, a medida que un número creciente de trabajadores se emplean con contratos personales o a través de agencias de personal. Ya no posee tampoco empresas propias.