Con el restablecimiento del Estado de Israel en 1948, Jerusalem pasó
a ser una vez más la capital de un Estado Judío soberano. A
lo largo de los milenios de su existencia, Jerusalem nunca ha sido capital
de ninguna otra nación soberana.
Jerusalem se ha mantenido como el centro de la vida nacional y espiritual
del pueblo judío desde que el rey David la convirtiera en capital de
su reino en el año 1003 AEC. La ciudad siguió siendo capital
de la dinastía de David durante 400 años, hasta que el reino
fuera conquistado por los babilonios. Después del regreso del exilio
de Babilonia en el año 538 AEC, Jerusalem volvió a ser la
capital del pueblo judío en su tierra por los próximos cinco
siglos y medio.
El lazo cristiano con Jerusalem es esencialmente religioso. Salvo durante
el corto período del reino cruzado, no ha asumido connotaciones
políticas o seculares. Durante los seis siglos de régimen
romano y bizantino, fue Cesárea, y no Jerusalem, la capital.
Durante el dominio musulmán, Arabe o no, sobre la ciudad, Jerusalem
nunca fue convertida en la capital política de una entidad
musulmana, y ni siquiera fue una provincia dentro del imperio
musulmán. Bajo el dominio musulmán árabe (638 - 1099)
de los califas omeyas, abasidas y fatimitas, Jerusalem fue gobernada desde
Damasco, Bagdad y El Cairo, respectivamente. En el siglo octavo, la ciudad
de Ramle fue convertida en capital del distrito que abarcaba a
Jerusalem.
Durante el periodo del régimen mameluco (1250 - 1516), el
país fue gobernado desde Damasco; en la época otomana (1517 -
1917), desde Constantinopla.
Bajo el dominio británico (1922 - 1948), Jerusalem fue la sede del
Alto Comisionado y de la mayoría de las oficinas administrativas del
Mandato, así como de las instituciones centrales de la creciente
comunidad judía.
Desde 1948 hasta 1967, Jerusalem fue una ciudad dividida, resultado de una
guerra que le fue impuesta. Durante diecinueve años, muros de
hormigón y alambradas de púas separaron una parte de la
ciudad de la otra. Su parte oriental, incluyendo la Ciudad Vieja, fue
anexada por Jordania y gobernada desde su capital, Ammán. El sector
occidental de Jerusalem se convirtió en la capital de Israel.
Después de otra guerra, junio de 1967, Jerusalem fue reunificada.
Las barreras que dividían la cludad fueron derribadas, los portones
de la Ciudad Vieja fueron abiertos a gente de todas las religiones y el
sector oriental fue reincorporado a la capital del país.
En junio de 1980 la Knéset aprobó la "Ley Básica -
Jerusalem" (inglés), que restauró los derechos y obligaciones de Israel
concernientes a la capital. La Ley determinó que los lugares santos
de todas las religiones serían protegidos para evitar profanaciones,
se garantizaría el libre acceso a ellos y el gobierno se
ocuparía del desarrollo de la ciudad, así como de la
prosperidad y el bienestar de sus habitantes.