Sr. presidente de la Kneset, honorable Kneset,
Desde una posición de fuerza interna y dentro del contexto de los
logros del Estado de Israel en el trascurso de más de 47 años,
estamos tratando ahora de resolver el conflicto con Siria y llevar a Israel a
una realidad de paz y cooperación, estabilidad y desarrollo
económico en casi toda la región.
Digo desde una posición de fuerza y confianza en nosotros mismos,
porque Israel hoy, y en el futuro previsible, goza de una posición de
supremacía estratégica general. El colapso de la Unión
Sovietica, la derrota de Irak en la Guerra del Golfo, la relación
especial de Israel con Estados Unidos, el confiado avance de las FDI hacia
las armas y la estrategia guerrera del futuro, y sobretodo la
percepción de Israel en la conciencia árabe como un país
que posee armas nucleares -- todo esto nos lleva a una posición de
supremacía estratégica general.
Esto es cierto no sólo en lo que respecta a la fuerza militar y
estratégica de Israel, sino también en la esfera
económica: 5,5 millones de israelíes producen 85.000 millones
de dólares al año -- más que los 75 millones de
árabes en Egipto, Jordania, Siria, Líbano y los palestinos
juntos.
Esto no sólo es una situación pasajera, que se aplica
sólamente a diciembre de 1995, sino que es un fenómeno
constante. La tasa de crecimiento de la economía de Israel -- 5,5%, 6%
o tal vez incluso 6,5% este año -- excede la tasa de crecimiento de
todas las economías de los 75 millones de árabes que viven a
nuestro alrededor.
La absorción de inmigrantes es considerada en el mundo árabe
como lo más importante que ha experimentado en Estado de Israel desde
su establecimiento. Seiscientas mil personas, la élite de un poder en
desintegración, nos han traido sus conocimientos humanos, su fuerza y
una contribución inmediata a nuestro desarrollo económico,
tanto en la producción como en el consumo. Todos estos factores -- el
poder político de Israel, su fuerza militar estratégica, su
fuerza económica y su fuerza social -- se combinan para crear la
realidad de la supremacía israelí; y es esta posición de
fuerza que permite a Israel considerar fríamente las ventajas de la
paz en el Medio Oriente -- la paz con Siria y la paz con el Líbano,
buscando establecer relaciones con los países del Golfo
Pérsico, la Península Arabe y el norte de Africa -- junto con
los riesgos calculados que deben ser considerados a fin de lograr esta
paz.
Insisto: [buscamos la paz] desde una posición de fuerza y confianza en
nosotros mismos, no desde una posición de autointimidación o
autoengaño. No tenemos ilusiones. Los acuerdos de paz son importantes,
la realidad de la paz es importante. Son estos los que dan forma a la
opinión y la conciencia de las naciones árabes.
Consideremos por ejemplo a Egipto. Qué no se dijo cuando firmamos el
acuerdo de paz con Egipto! Algunas de las críticas que recibió
en su momento el acuerdo logrado bajo el liderazgo del ex primer ministro
Menajem Beguin son sorprendentemente similares a las críticas que
recibe hoy la apertura de las negociaciones con Siria, que aún no han
comenzado, que ni siquiera han alcanzado una etapa significativa. Y
qué pasó con Egipto? El Canal del Suez permaneció
abierto, trayendo a Egipto ingresos de más de mil millones de
dólares al año, con un millón de egipcios viviendo a lo
largo del canal; turismo, que lleva al tesoro egipcio otros 1.500 millones de
dólares al año; ayuda norteamericana a un ritmo de 2.000
millones de dólares al año; compañías
multinacionales que invierten en la infraestructura en El Cairo y en todo
Egipto. Cada año nacen 1,2 millones de egipcios, que deben ser
atendidos. La paz se está fortaleciendo, no debilitando. Lo que los
pesimistas predijeron hace 17-18 años, no se cumplió.
Imagínense qué habría pasado si les hubiéramos
hecho caso, si hubiéramos prestado atención a sus
críticas. Imagínense que en los últimos 15 años
hubiéramos debido mantener dos divisiones y media en la frontera
egipcia; imagínense que hubiéramos tenido que construir el
país con un gasto de defensa adicional del 13 o 14 por ciento del PNB,
con una carga de 25 o 28 por ciento sobre el presupuesto -- dónde
estaríamos hoy?
No nos engañamos pensando que los corazones, sueños y
ambiciones de todo el mundo árabe ha cambiado, ni tenemos los medios
para verificar esto. Lo que está cambiando a los ojos de sus
líderes es el reconocimiento de la realidad, de nuestra fuerza y el
hecho de que no pueden borrarnos del mapa. Seguiremos manteniendo una FDI
fuerte para proteger la fuerza estratégica de Israel, en el trascurso
de las negociaciones y muchos años después de su
conclusión -- si es que se logran los acuerdos.
Los acuerdos de paz, en la medida en que puedan ser logrados al tiempo que se
protegen intereses vitales, contribuyen a la seguridad; no son un impedimento
para ella ni la disminuyen. El proceso de paz es un esfuerzo nacional supremo
que requiere responsabilidad, discreción, un juicio agudo y sobrio --
no consignas y titulares, mucho menos autointimidación. En este
momento crucial, necesitamos el tipo de responsabilidad que demostró
tener el Partido Laborista durante las conversaciones de Camp David -- el
"abuelo" del acuerdo interino con los palestinos -- y ese mismo sentido de
responsabilidad demostrsdo durante el debate en la Conferencia de Madrid --
que a mis ojos es la "madre" de las actuales negociaciones tanto con los
sirios como con los palestinos.
El Partido Laborista de Israel apoyó la política de paz del
gobierno del Likud, a pesar de que esa iniciativa incluía la dolorosa
devolución de todo el Sinaí y el desmantelamiento de todos los
asentamientos, sin disposiciones especiales con respecto al ejército
egipcio. Este fue el más grande logro histórico del ex primer
ministro Menajem Beguin -- un acto histórico que será recordado
más que cualquier cosa que hiciera antes o después.
Quién se opuso entonces, y por qué razones? Yo les pregunto
a
Uds. miembros de la oposición: Qué habría recibido
Assad si se hubiera unido a Sadat y venido aquí, a la Kneset, junto
con él en ese entonces? Qué le habría concedido Menajem
Beguin.
Según entiendo yo, lograr la paz con Siria y Líbano es un
interés estratégico vital de Israel, siempre y cuando se pueda
hacer con disposiciones apropiadas de seguridad y advertencia temprana.
Según comprendo, Siria comparte este interés
estratégico, y ambas partes -- a pesar de las suspicacias del pasado y
a pesar del hecho de que nos hemos enfrentado en el campo de batalla -- deben
desarrollar la habilidad de escuchar verdaderamente la perspectiva del lado
contrario, sus sensibilidades e intereses, sin olvidar las propias
sensibilidades, perspectivas e intereses.
Los componentes de la paz (seguridad, cronograma y profundidad de la
retirada) están fuertemente relacionados. Pienso que la
ecuación correcta debe ser la siguiente: profundidad de la retirada
equivalente a la calidad de la paz, la fortaleza de la seguridad y las
disposiciones de advertencia temprana. Nuestra meta es la
normalización plena, con embajadas y fronteras abiertas a personas,
productos y servicios. Nuestra meta es el turismo extranjero, cuando la gente
pueda viajar desde Israel hasta Antalya en Turquía y de ahí a
Europa en sus propios automóviles; cooperación
económica; la unión de las redes de infraestructura. Nuestra
meta es el fin del terrorismo en el sur del Líbano, un acuerdo de paz
separado con el Líbano, la supresión de las actividades de
Hizbala, y una solución a los ataques terroristas planeados y llevados
a cabo desde cuarteles generales en Líbano y Damasco. Nuestra meta es
invitar a otros países árabes moderados del Golfo
Pérsico y el norte de Africa a que participen en este
empeño.
Si encontramos una disposición a aceptar estos elementos, el gobierno
de Israel estará dispuesto a examinar las disposiciones de seguridad y
la profundidad de la retirada a ser consideradas en este contexto. Si
encontramos una disposición a aceptar algo menos que esto, hemos de
requerir disposiciones de seguridad y advertencia temprana más
complejas y consideraremos en este contexto la profundidad posible de la
retirada.
Las disposiciones de seguridad fueron ideadas para lograr tres objetivos:
- Hacer que un ataque sorpresa sea imposible en términos
prácticos.
- Reducir los incentivos para un ataque general -- por
medios militares, físicos y fomentando la cooperación.
- Crear una realidad que impida que incidentes cotidianos degeneren en un
enfrentamiento general, como ocurrió en el pasado.
Las disposiciones de seguridad a ser examinadas incluyen zonas
desmilitarizadas mutuas, reducción de fuerzas, cambios en el
despliegue y la estructura de las fuerzas, ya sea por acuerdo o
voluntariamente, la recolección de datos con satélites y
fotografías aéreas, medios teconológicos de advertencia
temprana desde estaciones a ser operadas en el lugar y de la manera que sea
acordada, líneas telefónicas abiertas entre oficiales y
personal de ambos bandos, visitas mutuas, inspecciones regulares e
inesperadas por métodos a ser acordados, y por supuesto paz, con
turismo y cooperación, que como todos sabemos pone ciertos
límites a la libertad de acciones militares en general y ataques
sorpresivos en particular. No tiene sentido tratar de determinar antes de que
comiencen las conversaciones cuál de estas disposiciones, en
qué combinación y proporción precisa, será
finalmente adoptada.
Los diferentes componentes de la paz están interrelacionados, y
mencionaré ejemplos de otras partes del mundo. Hay una diferencia
entre la paz que prevalece entre India y Paquistán y la paz entre
Holanda y Bélgica. La paz entre Holanda y Bélgica no requiere
los tipos de disposiciones de seguridad y advertencia temprana que se
necesitan en la paz entre India y Paquistán. El turismo, la
unión de las redes de comunicaciones y electricidad, decenas de miles
de cruces diarios en la frontera no dictan ni requieren el mismo cronograma.
El cronograma es ideado para dos propósitos: proporcionar la
viabilidad técnica para construir lo que sea necesario construir
dentro de lo que nos veamos obligados a mover, y para crear confianza mutua.
Creemos que una vez sea creada esa confianza, como resultado de lo que sea
implementado en la práctica, el cronograma será afectado.
Debemos examinar todo esto desde una posición de fuerza.
Los sirios temen que intentemos estratagemas en la mesa de negociaciones, y
nosotros tememos que los sirios intenten manipularnos. Hace dos años
que estamos jugando al gato y al ratón. Ahora debemos ver si existe
una opción verdadera de paz, en todos los aspectos, que merezca ser
examinada. Si no vale la pena, debemos saberlo; si es posible, es nuestro
deber intentar esa opción, ponerla a votación en un plebiscito
y comenzar a implementarla. Nos conviene poner esto en claro, porque la
ausencia de paz con Siria seguirá encendida como una brasa en un fuego
que aún no se ha extinguido; habremos de mantenernos en alerta
constante, a un costo mayor y con una inversión más grande de
medios, ante este incendio que equivocadamente dimos por extinguido.
No hemos llegado a la prueba crucial. La oposición tiene el derecho
legítimo a oponerse. El tiempo apropiado para hacerlo será
cuando se logre un acuerdo, si es que se logra, y cuando sea puesto a
votación por el pueblo, como prometimos.
No hay procesos perfectos. La perfección debe buscarse en otra parte
-- no en la vida real. Pero estamos hablando de una oportunidad importante de
alterar una realidad cuya persistencia podría resultar muy costosa;
una oportunidad para cambiar esta realidad de manera responsable, con cuidado
y calma. Debemos examinar esta posibilidad con valor, dispuestos a considerar
los riesgos necesarios para lograrla -- los riesgos necesarios en el camino a
la paz y los prospectos inherentes en sus frutos.
Esta es nuestra posición, y puesto que toda la Kneset apoya las
negociaciones con Siria, quiere seguridad y sabe distinguir entre lo vital y
lo menos vital, no diferimos en principio, sino en los detalles. Por lo tanto
apelo a todas las facciones a que se unan en el esfuerzo de lograr una paz
comprehensiva y duradera en el Medio Oriente -- una paz desde una
posición de fuerza, una paz con seguridad.
Pido que esta moción de desconfianza sea removida de la agenda de la
Kneset.