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MFAES     1990_1999     1996     Feb     Ministro de RREE Ehud Barak en la sesin plenaria

Ministro de RREE Ehud Barak en la sesiףn plenaria anual del CCNRCJ - 110296

11 feb 1996
 
  Discurso del ministro de RR.EE. Ehud Barak
en la Sesion Plenaria Anual
del Consejo Nacional Consultivo de Relaciones Comunitarias Judías

Febrero 11 de 1996


Estimado presidente, distinguidos delegados de la Sesión Plenaria Anual del CCNRCJ, ciudad de St. Louis, la Federación Judía de St. Louis, estimados invitados, damas y caballeros:

Queridos amigos, es un privilegio presentarme ante Uds. hoy, en calidad de Ministro de Relaciones Exteriores de Israel y representante de un Israel fuerte, vibrante y con fe en sí mismo.

Fui nombrado al cargo de ministro de Relaciones Exteriores bajo circunstancias muy trágicas. Itzjak Rabín, quien fue asesinado hace 99 días, fue mi comandante, mi líder, mi mentor y mi amigo. Han sido noventa y nueve días de agonía para mi, en los que no he podido dejar de pensar en el "qué habría pasado si...?" El legado sionista de Itzjak, la construcción de una nación con seguridad y paz, es y debe seguir siendo un camino de luz por el que hemos de marchar hacia el futuro.

De aquí a dos años el Estado de Israel celebrará 50 años de independencia.

Al acercarnos al portal del próximo milenio, son muchos los desafíos que enfrentamos y no pocos los obstáculos. Pero podemos mirar atrás y ver casi medio siglo de logros sustanciales, de los que podemos derivar fe en un futuro aún más brillante.

Nos encontramos en una encrucijada de nuestra historia: hemos iniciado un proceso que puede llevarnos a una esfera completamente diferente y algo desconocida, una nueva esfera de existencia nacional, social, económica y cultural: la paz.

Nuestro objetivo final, en términos "político-marítimos", es la creación de un "Mediterráneo Pacífico". Traer la paz a la región, para que la guerra se convierta en un horror del pasado, para decir adiós a las armas. Esto es algo que estamos haciendo desde una posición de fuerza, de fe en nosotros mismos y superioridad en relación a nuestro entorno.

Nuestro poder se expresa en la fuerza militar de las Fuerzas de Defensa de Israel; en nuestra robusta economía; en nuestra vibrante sociedad; en nuestra singular relación con Estados Unidos - el único super-poder mundial; en la absorción de setecientos mil judíos, élite de un imperio destruido; y la asunción común en el mundo árabe de que poseemos capabilidad nuclear.

Estos son los principios de nuestra ventaja.

Otros dirán que la paz no podrá ser lograda hasta que el mundo árabe cambie radicalmente sus posiciones y nos pida de rodillas que le concedamos la paz. Eso es una falacia. Nunca ocurrirá por sí mismo y es de hecho un argumento en clave a favor de mantener el status quo y vivir para siempre a filo de la espada. Nuestra manera de enfocar la cuestión consiste en la búsqueda de la paz desde una posición aventajada y con fe en nosotros mismos.

Esta paz, en virtud de la realidad que podría crear, conducirá a que los pueblos árabes acepten gradualmente a Israel como un vecino pacífico. Seguiremos siendo fuertes y aumentando esta fuerza para garantizar que los acuerdos sean cumplidos y que nunca seamos superados tácticamente. Esta será nuestra posición por muchos años en el futuro.

Damas y caballeros, no nos hacemos ilusiones. Los sueños y las aspiraciones de muchos en el mundo árabe no han cambiado. Todavía vivimos en un feudo próspero y moderno que se encuentra en medio de una selva, un lugar donde prevalecen leyes diferentes. No hay esperanza para aquellos que no se pueden defender, ni hay piedad para los débiles. Pero nos encontramos ahora en una posición muy aventajada, desde la que podremos lograr una paz duradera y tomar los riesgos calculados que derivan de la actual situación. Es más, en muchos lugares del mundo árabe la actitud de hecho ha cambiado.

El liderazgo político árabe, excluyendo a países como Irak, Libia e Irán, ha reconocido de hecho a Israel. Nuestro poder militar y la buena situación de Israel en general ha obligado a los árabes a negociar acuerdos de paz con nosotros. Esta es la verdad. Echen un buen vistazo a los frutos de este proceso de paz. Tenemos ahora relaciones con ciento setenta países, además de un prometedor comienzo con Túnez, Omán y Qatar.

Nuestro crecimiento económico es sorprendente, una consecuencia directa de la contribución de la nueva inmigración y el proceso de paz en general. Ahora tenemos McDonald's en Israel, no sólo a McDonnel-Douglas. Sin embargo, no nos engañamos pretendiendo que todos los riesgos han desaparecido. Hay serias amenazas que acechan ominosas más allá del horizonte.

La posibilidad de que el fundamentalismo islámico radical que dirige el terrorismo mundial adquiera la bomba atómica no es sólamente una posibilidad amenazante, sino que podría resultar siendo una amenaza real, no solamente para Israel sino para la estabilidad de la región y del orden mundial en general. La comunidad internacinal tiene la responsabilidad de hacer todo lo que sea posible para frustrar esa amenaza.

Damas y caballeros, volvamos a nuestra presente situación. Nuestra posición básica en las negociaciones con Siria, al igual que con los palestinos, es la de buscar la paz con determinación, al tiempo que insistimos en nuestra seguridad vital y nuestros intereses hídricos. Con Siria, nuestra meta es idear una serie de disposiciones de seguridad que consigan los tres siguientes objetivos:

  1. Que hagan que un ataque sorpresa sea prácticamente imposible.

  2. Que reduzcan de manera significativa la tentación de iniciar una guerra total.

  3. Que impidan que altercados fronterizos diarios degeneren en una conflagración a gran escala.

Estas disposiciones serán combinadas con la normalización plena, fronteras abiertas y cooperación regional plena, que podrían crear una disuación poderosa contra el recurso del conflicto armado.

El acuerdo, en caso de que sea logrado, vendrá acompañado de soluciones a los problemas del agua, el terrorismo y Hizbalá en el sur del Líbano. También dejará la puerta abierta para invitar a los países del norte de Africa, Arabia Saudita y los estados del Golfo Pérsico a que se unan a este proceso. El tipo de paz que buscamos significará más seguridad general, no menos.

Y digo esto no sólo como ministro de Relaciones Exteriores de Israel a cargo de las negociaciones de paz, sino como ex jefe de Estado Mayor, que vistió de uniforme por casi treinta y cinco años, defendiendo a Israel del terrorismo y las agresiones externas.

En lo que respecta a nuestros vecinos palestinos, Yasser Arafat fue electo como líder y en consecuencia ha adquirido legitimidad, pero según nuestra opinión, su nueva posición aumenta el peso de su responsabilidad.

Arafat tiene que cumplir ahora sus promesas de combatir con fuerza el terrorismo y anular la Carta Constitucional Palestina, de manera franca y clara. Si la Autoridad Palestina deja de cumplir estas promesas, no veo cómo habrá forma de proceder con las negociaciones del status permanente, según fueron planeadas.

En estas conversaciones, nuestra posición será que el Gran Jerusalem permanecerá indiviso bajo nuestra soberanía, la capital eterna de Israel.

No habrá compromisos en este respecto. No habrá argumentos que valgan. No volveremos a las fronteras de 1967, la mayoría de los asentamientos judíos permanecerán bajo control israelí y ningún ejército será desplegado entre el Mar Mediterráneo y el Río Jordán.

El proceso de paz ofrece enormes beneficios a todos los pueblos, un gran salto de las ruinas y la aflicción de las guerras a la promesa y la esperanza de prosperidad, no sin riesgos, no sin concesiones, pero con clara determinación.

Como dijo el gran presidente estadounidense, John F. Kennedy, en su discurso inaugural: "Nunca debemos negociar por temor, pero tampoco debemos temer a la negociación".

Amigos, en vísperas del año 2000, somos una nación transformada. Cinco y medio millones de israelíes producen 85.000 millones de dólares al año, más que los 75 millones de habitantes de Egipto, Jordania, Siria, Líbano y la Autoridad Palestina. Deseo a los árabes que alcancen también ellos estas cifras cuando sus recursos sean desviados desde los sistemas de armamentos ofensivos a los mercados.

Nosotros, con vuestro apoyo, estamos absorbiendo nuevas olas de inmigración. Tenemos más médicos, pianistas e ingenieros per cápita que cualquier otro país en el mundo, y publicamos más libros per cápita que ninguno, aunque debo admitir que muchos son libros de cocina. Somos judíos, después de todo.

Sin embargo, mis amigos, a pesar de todo esto aún hay algo que brilla por su ausencia en nuestra experiencia nacional: una nueva agenda para nuestras relaciones con la diáspora. Ahora que Israel enfrenta cuestiones fundamentales con respecto a su identidad, sus fronteras, sus relaciones con los vecinos, su estructura social y su desarrollo económico, también es fundamental la cuestión de sus relaciones con la diáspora. Existe una clara y urgente necesidad de definir, para todos nosotros, la dirección que deseamos que sigan las relaciones Israel-diáspora.

Es necesario un sólido liderazgo para garantizar que podamos crear una relación vibrante capz de enfrentar los retos y oportunidades que presenta esta nueva era.

Nuestra identidad, nuestra definición de nosotros mismos, es crítica. Israel debe preguntarse si debe definirse como una nación completamente separada o como una parte de un todo judío inclusivo.

Para la diáspora, la pregunta gira en torno al lugar que debe ocupar Israel y la expresión judía en la familia y los marcos comunales que forma y fomenta.

Es claro que la relación tradicional entre nosotros debe adaptarse a las nuevas realidades de la identidad israelí, más madura, y el creciente enfoque comunal de muchas comunidades en la diáspora.

Para decirlo de manera concisa, debemos pasar de la caridad a la asociación lucrativa. Aunque muchos son los aún no lo ven así, somos socios estratégicos, y debemos aprender a actuar como verdaderos socios. Como corresponde a tal sociedad, a nivel político, Israel debe dar cabida al liderazgo judío en la diáspora como nunca antes, a través de un diálogo mayor, consultas regulares y franca apertura.

El apoyo y la participación de vuestros líderes es importante como un valor intrínseco, pero también por la contribución crucial que hace a la situación política, la seguridad y la posición económica de Israel en el campo internacional. El apoyo también es bienvenido debido a los beneficios menos tangibles que trae.

La alianza estratégica que veo entre nosotros también llega al fondo de nuestra cultura y herencia compartidas. Permítanme darles un ejemplo: por muchas generaciones nuestros abuelos y los vuestros compartieron una cultura y un lenguaje comunes.

Hoy, en Israel, nuestra juventud continúa aprendiendo hebreo, lee y comprende las fuentes mismas de nuestra tradición; sin embargo, sus hermanos y hermanas de la diáspora permanecen en gran parte desligados de la rica fuente nacional de esta civilización, que dio lugar a la moral y los valores de las sociedades occidentales.

Amigos, debemos renovar nuestras promesas y recursos para la educación judía en la diáspora, a la enseñanza de hebreo a nuestros jóvenes en todas partes, y al contínuo renacimiento de nuestro legado. Si no nos movemos en esta dirección, enfrentaremos la posibilidad de perder nuestros puntos de referencia comunes, y, a largo plazo, el sentido de identidad de la diáspora.

Debemos incrementar los contactos entre nuestros jóvenes, y el mejor medio sigue siendo los programas organizados en Israel. De esta manera, la juventud judía [del continente americano] podrá renovar sus lazos emocionales con la tierra y el moderno Estado de Israel, mientras que trasmite la riqueza cultural de su propia identidad judía a sus amigos israelíes. Tales intercambios son vitales para nuestra mutua comprensión.

Una completa convergencia de intereses entre Israel y la diáspora no es ni posible ni deseable.

Cada uno de nosotros tiene sus propias prioridades e intereses, según nuestros diferentes desafíos y responsabilidades. Debemos usar esta diversidad de manera positiva, aprovechar su riqueza para construir un futuro juntos.

 
 
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