Sr. Abu Mazen, miembros de la delegación palestina, colegas:
Benjamín Franklin, uno de los grandes negociadores de todos los
tiempos, dijo: "no hay guerra buena y no hay paz mala". Hemos venido
aquí a enterrar una mala guerra y fomentar una paz buena.
Nos reunimos hoy en Taba, el mismo lugar donde Shimón Peres y Yasser
Arafat concluyeron, hace menos de nueve meses, el Acuerdo Interino.
Quisiéramos nuevamente agradecer a nuestros amigos egipcios por ser
los anfitriones de otra trascendental estación en el largo camino de
la paz.
Hemos tenido muchos encuentros y visto muchos logros en nuestro incesante
esfuerzo de lograr la reconciliación entre nuestros pueblos. Hemos
resuelto muchos desafíos complejos y superado problemas sin
precedentes en nuestros combates por la paz, contra los enemigos de la
paz.
Sin embargo, hoy es diferente. Por primera vez nos reunimos para negociar
el status permanente de nuestra relación, una relación que
afecta nuestra identidad y nuestro destino a medida que avanzamos, como
dice la Declaración de Principios, "hacia una reconciliación
histórica".
La Declaración de Principios de Oslo fue el fundamento de nuestro
proceso de paz. El Acuerdo Interino constituyó la base de la nueva
estructura de nuestras relaciones. El acuerdo sobre el status permanente
completará la construcción de la paz.
En Oslo decidimos poner fin al conflicto de cien años y nos
prometimos uno a otro que todos los temas no resueltos relacionados con el
status permanente serán solucionados únicamente por medio de
negociaciones. Esta última etapa deberá concluir al cabo de
tres años.
Estamos estableciendo una estructura de paz sobre un terreno que aún
está manchado de sangre. A lo largo de más de cien
años de conflicto, padres enterraron a sus hijos y huérfanos
lloraron a sus padres. Todos llevamos las heridas y las cicatrices, en
cuerpo y alma. Mis colegas y yo estamos aquí no sólo para
representar el gobierno y el pueblo de Israel, sino que todos nosoros -
Shaúl, Oren, Yoel, Mijael, Ilán, Rafi, Dani y yo -
representamos a aquellos para quienes estos esfuerzos tuvieron lugar
demasiado tarde. A ellos les debemos nuestras vidas y la paz misma.
Nuestros esfuerzos de paz fueron opacados, una y otra vez, por aquellos que
continúan odiando, continúan temiendo, continúan
matando y tratando de apagar el sueño de la paz. El terrorismo que
recientemente segó las vidas de tantos en nuestro país se ha
convertido en un enemigo común para ustedes y nosotros.
No nos rendiermos. El terrorismo y sus agentes entrarán en un
callejón sin salida. La violencia y los violentos serán
aplastados. La reconciliación y los acuerdos prevalecerán
mientras los terroristas exhalan su último aliento.
Seguiremos con la implementación plena de nuestro Acuerdo Interino.
Ahora que el CNP ha enmendado la Carta Constitucional Palestina y ustedes
están combatiendo el azote del terrorismo, hemos de trabajar juntos
para coordinar la implementación rigurosa (de los acuerdos) y la
mejora de las realidades económicas.
Nuestro acuerdos y su implementación hasta la fecha claramente no
han sido perfectos. Sin embargo, constituyen un cambio revolucionario en la
historia de nuestras relaciones. El redespliegue, las elecciones palestinas
y la lucha por la seguridad han señalado de manera irreversible una
nueva dirección para nuestra región. Las quejas de ambas
partes no substituyen sus políticas. Debemos actuar con
determinación para cooperar en la implementación plena de
nuestros acuerdos e intenciones.
En las negociaciones que comenzarán hoy, debemos enfrentar los temas
restantes en nuestras negociaciones, según los estipulado en la DOP.
Cada delegación ha llegado con posiciones diferentes. Habrán
momentos en los que nuestras diferencias podrían hacerse más
profundas y amargas, y sin embargo tenemos una herramienta común
para enfrentar los desafíos que nos esperan: las negociaciones.
Hemos aprendido que el arte de la negociación se basa en la
cooperación para crear un futuro mejor, no sólo en el
intercambio de concesiones.
No ocultaremos el hecho que hemos venido aquí con posiciones
básicas, lineamientos y principios. En concordancia con nuestros
compromisos básicos, de nuevo subrayamos que no queremos interferir,
de ninguna manera, en el control de vuestras vidas, porque al hacerlo
contradiríamos nuestras convicciones morales más
profundas.
Al mismo tiempo, no comprometeremos nuestra seguridad. En este proceso y en
los acuerdos que generará, nos aseguraremos de que una
solución pacífica signifique que ni una sola vida
israelí será amenazada por el terrorismo o la guerra. La vida
y la libertad van mano a mano.
Mientras negociemos nuestras fronteras, podremos ver que en la era moderna
puede haber más de una línea divisoria. Políticamente,
hay una que creará las líneas necesarias de separación
entre nosotros. Sí, nuestros pueblos deben separarse. La
separación servirá para fomentar la cooperación en una
atmósfera de respeto y dignidad. La seguridad seguirá siendo
la principal preocupación de Israel, especialmente en lo que
respecta a la frontera de seguridad. Económicamente,
podríamos elegir continuar con los exitosos ejemplos
históricos de las fronteras abiertas entre nosotros, y posiblemente
establecer un triángulo de comercio entre nosotros dos y
Jordania.
A medida que sentamos los fundamentos para esta separación esencial,
dejaremos en claro que cada uno de nosotros es responsable de nuestros
respectivos destinos, nuestros respectivos pueblos y por aquellos que
busquen resguardo. No tenemos el derecho de volver al pasado. Debemos
construir un nuevo mañana.
Para nosotros hay un tema que es eterno: la capital unida de Israel,
Jerusalem. Esta ciudad hará realidad la definición de su
nombre , "La Ciudad de la Paz", ofreciendo libertad de culto a todas las
religiones.
Nos guía el deseo de nuestro pueblo de vivir en paz. Por lo tanto,
el último de nuestros acuerdos, Oslo III, no sólo será
un acuerdo para el pueblo; también deberá ser ratificado por
el pueblo una vez sean concluídas las negociaciones.
Durante la firma de la DOP, en Washington, el primer ministro Shimón
Peres dijo "Nuestra tierra es pequeña, pero grande ha de ser nuestra
reconciliación. Así como han sido largas nuestras guerras, ha
de ser rápida nuestra recuperación. Profundas diferencias
requieren puentes encumbrados".
En este espíritu, nuestros esfuerzos que comienzan hoy deben lograr
más que nuevos acuerdos políticos y estratégicos.
También debemos superar barreras sicológicas. Más que
reconocernos mutuamente, debemos conocernos el uno al otro. El
histórico apretón de manos en septiembre de 1993 debe ser
seguido por muchos más ya que lo que hemos reconocido es,
verdaderamente, nada más que la realidad: somos vecinos y seguiremos
siendo vecinos. Ambos pueblos deben encontrarse. A medida que seguimos el
plan noruego, Pueblo a Pueblo es el objetivo - auspiciar reuniones entre
nuestras sociedades, y, en particular, entre nuestros jóvenes.
La educación para la paz no es menos importante que hacer la paz.
Los textos escolares de hoy darán forma a los libros de historia de
mañana. La nueva generación de israelíes y palestinos
será una generación de paz. Ellos demostrarán que los
que sólo ofrecen odio y obstrucción están equivocados,
al igual que los escépticos y aquellos que están hipnotizados
por el conflicto y prefieren vivir aferrados a sus temores en vez de luchar
por la paz. El proceso que comenzó en Oslo vencerá. Sus
oponentes serán relegados a una nota irrelevante de este
capítulo de la historia.
Compañeros palestinos en la paz: sentimos que podemos trabajar con
ustedes. Hemos sido encomendados la labor de cambiar el curso de la
historia y seguir la dirección de nuestros dos líderes,
quienes toman las decisiones históricas. Oimos el llamado de
nuestros pueblos y la orden de la nueva generación: pongan fin para
siempre al conflicto palestino-israelí y establezcan buenas
relaciones entre vecinos, viviendo aparte, diferiendo en carácter,
historia y aspiraciones, pero destinados a vivir juntos.
Un día no muy lejano podremos ofrecer a nuestros hijos un futuro en
que la paz prevalezca y el temor haya sido expulsado. Encenderemos la llama
de la esperanza y fomentaremos la seguridad, la educación y la
prosperidad. La paz que lograremos tomará su lugar como parte de la
paz comprehensiva que prevalecerá en toda nuestra región
antes del final de este siglo.