Señores presidente del Estado, presidente de la Knéset,
miembros de la Knéset:
Estos son días difíciles. Cada paso que damos en la ciudad
de los patriarcas y las matriarcas es difícil, incluso en nuestro
redespliegue en Hebrón. No estamos abandonando Hebrón, no
estamos redesplegándonos de Hebrón. En Hebrón tocamos
el fundamento mismo de nuestra conciencia nacional, la base de nuestra
existencia. Todo aquel cuyo corazón late con sentimiento nacional,
con sentimiento judío, no puede dejar de sentir el peso de la
responsabilidad que fue puesta sobre nuestros hombros, y la suprema
obligación de preservar nuestro patrimonio.
Al mismo tiempo, no podemos ignorar la realidad. Debo decir a los miembros
de la Knéset y a los ciudadanos de Israel, que hemos heredado una
realidad difícil. Los acuerdos firmados por los gobiernos previos
deben ser cumplidos por el gobierno de Israel. Dijimos esto durante la
campaña electoral, dijimos esto después de la campaña
electoral, antes del establecimiento del gobierno y después. Estos
acuerdos que heredamos son marcos generales de acuerdo, llenos de
agujeros, y los criticamos - con razón - porque no tomaban en
consideración de manera apropiada el problema de la seguridad; no
tomaban en consideración el significado pleno de los acuerdos para
nuestra seguridad nacional; no demostraban suficiente preocupación
por el destino de los colonos en Judea, Samaria y Gaza, incluyendo el
destino de la comunidad judía en Hebrón.
Heredamos acuerdos difíciles. Esta es la realidad. Uno
podría tratar de ignorarla. Nosotros eleginos no ignorar esta
realidad. Estos acuerdos comprendían textos escritos; pero, lo que
era peor, también una "ley oral". Al menos parte del liderazgo
previo - no quiero incluirlos a todos - trataron de usar estos acuerdos
para conseguir objetivos y metas que en mi opinión eran peligrosos,
potencialmente desastrosos para nuestro futuro. Esto era cierto tanto con
respecto a Hebrón como con respecto a los acuerdos del status
permanente.
Con respecto a Hebrón, heredamos un acuerdo de marco general lleno
de agujeros. Quiero aclarar que se trataba de un acuerdo de dos o tres
páginas que comprendía una lista de instrucciones generales.
Esta es la "ley escrita". Yo afirmo aquí que también
había una "ley oral", en la que al menos parte de la
coalición - una parte importante - tuvo el coraje y la integridad
de declarar abiertamente su intención, su meta - en pancartas, en
las calles, en los autobuses. Parte de la coalición ocultó
su verdadera intención: desarraigar la comunidad judía en
Hebrón, removerla. Algunos de los ministros laboristas del gobierno
previo no ocultaron que esta era su opinión, la meta del
gobierno.
Quiero que esto quede bien claro, no para crear polémicas sino para
clarificar un punto fundamental: nosotros estamos comprometidos con los
acuerdos escritos. No estamos comprometidos con la "ley oral". Nuestro
punto de vista y nuestros objetivos son completamente diferentes. No
queremos remover la comunidad judía de Hebrón. Queremos
preservarla y consolidarla. No queremos removernos de Hebrón;
queremos permanecer en Hebrón. De este objetivo diferente se
derivan aquellos puntos, aquellos párrafos, aquellos componentes
incluidos en el acuerdo como resultado de las negociaciones. El acuerdo de
hoy es por supuesto mucho más amplio, mucho más
detallado.
Pero el punto principal que deseo comunicar a los miembros de la
Knéset con respecto a nuestra política es que es nuestro
objetivo diferente, en este caso de permanecer en Hebrón, el que
dicta los detalles en el acuerdo que está ante ustedes. Con este
objetivo diferente nos encargamos de que hubieran áreas de
separación, alejamos los rifles, nos encargamos de que hubiera una
presencia de las FDI en los territorios que dominan la comunidad
judía y las rutas principales, a través de patrullas
conjuntas. Nos encargamos de que la comunidad judía esté
protegida de edificios altos que podrían amenazar o encerrar los
hogares judíos. Nos encargamos de crear mecanismos de seguridad
mejores y más numerosos entre nosotros y los palestinos a fin de
hacer posible una realidad de seguridad, una realidad de vida cotidiana,
una realidad de desarrollo y consolidación de la comunidad
judía.
Puedo por lo tanto decir con confianza que este es un acuerdo mejor,
más seguro y más responsable que el que heredamos. Pero,
sobre todo, quisiera hacer un llamado a los residentes de Hebrón.
Yo se que ustedes están asustados hoy, y quisiera decirles a
ustedes, hermanos y hermanas, que ustedes nos preocupan, que para nosotros
ustedes no son un apéndice insignificante. Los consideramos como
nuestros queridos hermanos. Estamos preocupados por cada uno de ustedes.
No los consideramos como 400 judíos insignificantes, sino como
nuestros representantes.
No digo hoy que no hay peligros. No digo que este sea un acuerdo perfecto
- no puede serlo. Lo recibimos en su forma cruda como un acuerdo con
fallas. Pero tampoco les digo que no actuamos para distanciarnos de los
peligros sino para limitarlos. Eso es lo que hicimos. Pero en el
análisis final, cada acuerdo depende de la buena voluntad de los
signatarios. Hago un llamado desde este podio a los palestinos y a
nuestros vecinos árabes a que apoyen el acuerdo, a que cumplan con
sus estipulaciones, a fin de que la seguridad sea preservada. Un acuerdo
mejor y más seguro es importante para ambas partes. Un acuerdo que
no sea cumplido, una seguridad precaria, no será beneficioso para
las partes.
Hasta ahora Hebrón ha sido un símbolo de división y
conflicto debido a la hostilidad entre palestinos e israelíes.
Ahora tenemos una oportunidad de demostrar que Hebrón
también puede servir como el ejemplo contrario: uno de
cooperación, de coexistencia, un paradigma de paz.
Con la firma del acuerdo de Hebrón estamos embarcándonos en
un curso decisivo, un curso que no no será simple, cuya meta final,
al concluir las negociaciones sobre los acuerdos del status permanente, es
la de traer paz con seguridad entre nosotros y los palestinos.
Quiero decir nuevamente a los miembros de la Knéset, que en este
acuerdo, también, bajo el marco general de Oslo, heredamos un
acuerdo que no nos complace. El acuerdo está dividido en un texto
escrito, que es obligatorio, y una "ley oral" cuyo propósito, al
menos por parte del liderazgo, una parte considerable, habría
producido resultados negativos: retirada a las líneas de 1967, o
casi; el establecimiento de un estado palestino; incluso la
división de Jerusalem.
Estamos comprometidos, por supuesto, a cumplir los acuerdos escritos.
Hemos demostrado hoy que estamos cumpliendo con nuestros compromisos. Pero
nuestras metas son diferentes. Estamos usando el intervalo de tiempo en el
acuerdo para lograr nuestras metas: mantener la unidad de Jerusalem,
asegurar la profundidad estratégica necesaria para la defensa del
estado, insistir en el derecho de los judíos de establecerse en su
tierra, y proponer a los palestinos un acuerdo apropiado de auto-gobierno
pero sin los poderes soberanos que podrían representar una amenaza
para el Estado de Israel.
Este es el mandato que el gobierno que encabezo recibió del
electorado. Con esto, seguiremos avanzando. Siguiendo este curso, no
sólo nuestra meta es diferente sino también la manera de
alcanzar esta meta, como la manera de seguir avanzando, de conducir las
negociaciones.
Insistimos en tres principios fundamentales en el curso de las
negociaciones, tanto sobre Hebrón como en el acuerdo que
seguirá al de Hebrón.
El primero es el principio de la reciprocidad. Establecimos el principio
de la reciprocidad - en un documento oficial - como un principio
básico para la continuación del proceso de las negociaciones
del status permanente. Esto es ahora una parte integral del acuerdo. Ambas
partes convinieron en una lista de compromisos mutuos y clarificaron que
el cumplimiento del acuerdo, el cumplimiento de los compromisos de una
parte, dependerá del cumplimiento de la otra parte. No conozco otra
interpretación de la palabra "acuerdo". Un acuerdo que obliga
sólo a la parte israelí, donde sólo Israel da y la
parte palestina recibe, no es un acuerdo. Un acuerdo en el que ambas
partes aceptan el compromiso mutuo de cumplir con las obligaciones... esto
es un acuerdo. Lo que tenemos hoy en los documentos ante ustedes en el
arraigamiento y la formalización del principio de reciprocidad, por
primera vez desde [que fueron firmados] los acuerdos de Oslo.
El segundo tema importante que fue clarificado en los acuerdos y los
documentos logrados en el curso de estas negociaciones es que la
implementación de los redespliegues será una decisión
israelí que no será una cuestión a ser negociada con
los palestinos. Esta decisión debe cumplir con las consideraciones
de seguridad de Israel, como Israel las considere apropiadas. Será
Israel el que determine la naturaleza y el alcance de los tres
redespliegues - no sólo el primero y el segundo, sino
también el tercero. Esta es también la manera en que Estados
Unidos interpreta el acuerdo. Y creo que es una distinción muy
importante. Para nosotros, para la Knéset entera, debe haber un
concenso absoluto sobre la suprema importancia de que Israel pueda
definir, de acuerdo a su propia comprensión, las necesidades de
seguridad del Estado de Israel, y llevar a cabo los redespliegues
siguientes de acuerdo a este entendimiento.
El tercer logro, fuera de la reciprocidad y la definición
israelí de los redespliegues, es el cronograma. Creo que esto no es
algo independiente. Al contrario: nos da campo para maniobrar, campo para
probar la realidad, campo para probar la reciprocidad en el cumplimiento
del acuerdo.
Estos tres elementos son un cambio significativo, y un cambio para bien,
comparado con nuestra situación de no hace mucho tiempo, hace
sólo unos meses. Estabamos en medio de un avance casi incontrolable
hacia las líneas de 1967. De aquí a nueve meses
habríamos podido encontrarnos casi en esas fronteras, con un tema
único quedando en efecto en la agenda: Jerusalem. Esta
situación - digo esto tanto a la oposición como a la
coalición - la hemos cambiado completamente. Conduciremos las
negociaciones, con el tiempo, la habilidad y la libertad de maniobra
política que no teníamos antes. Conduciremos las
negociaciones con cuidado, de manera responsable y con discreción.
Estoy convencido de que nuestras metas de preservar Jerusalem, preservar
la profundidad estratégica, preservar la habilidad de Israel de
defenderse a sí mismo, y un acuerdo apropiado con los palestinos...
Estoy convencido que estas son las metas que apoyan una gran
mayoría de israelíes, y que la gran mayoría del
pueblo apoya el curso que he tomado, insistiendo en la reciprocidad y la
seguridad.
En términos prácticos - no en la Corte de La Haya, sino en
la corte de la opinión internacional, y no sólo en la
opinión internacional - hasta hace poco era un presupuesto, casi un
axioma, que el único tema en la agenda era un acuerdo en el que
Israel debe cumplir con sus compromisos y que la otra parte no debe nada.
Todos sus compromisos fueron ignorados. Lo que tenemos ahora en la
comunidad internacional, firmado con un sello oficial, es un acuerdo que
es obligatorio, en el que el principio de la reciprocidad es claro.
Estos acuerdos contienen mejoras importantes también en el tiempo
que tendremos para alcanzar el objetivo que queremos lograr, que creo que
es compartido por todos los miembros de la Knéset. Creo que la gran
mayoría de la gente apoya este curso.
Creo con todo mi corazón que esta es la única manera de
lograr la aspiración que todos compartimos: paz con seguridad, paz
por generaciones y no por un año, paz para nuestros hijos y
también para nuestros nietos. Después de que terminen las
discusiones, después que se disipe el humo y se asiente el polvo,
creo que lograremos estas metas.