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Ariel 105- Palabras del Editor

19 nov 1998
 Revista de Artes y Letras de Israel - 1998/105
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Palabras del Editor

Asher Weill

 
 

 

 

 

 

Jerusalén, Julio 1998


Las relaciones entre los judíos y el Islam son prolongadas y fluctuantes. Los árabes atravesaron los países del Creciente Fértil y todo el Medio Oriente, incluida Palestina, en el siglo VI, y conquistaron la Jerusalén bizantina en el año 638 Fueron derrotados por los Cruzados en 1099, pero el Reino Latino de Jerusalén sobrevivió apenas 100 años, hasta que el Islam recuperó el control de la Tierra Santa, después de la victoria del general kurdo Saladino en la batalla de los Cuernos de Hittin, sobre el Mar de la Galilea, en 1187.

Bajo el dominio árabe, los judíos -junto a los cristianos- fueron considerados dhimmi (infieles) y vivían en situación de inferioridad, pero protegidos. Fue bajo el dominio musulmán cuando los judíos lograron alcanzar uno de los períodos más florecientes de su historia cultural, la llamada "Edad de Oro" de España, desde comienzos del siglo XI hasta aproximadamente un siglo antes de su expulsión de España, en 1492.

Con los inicios del sionismo político a fines del siglo XIX comenzaron más de 100 años de conflicto, en los que dos movimientos nacionales diametralmente opuestos, lucharon por la hegemonía sobre la misma franja de tierra a orillas del Mediterráneo. No obstante, la inflexible enemistad entre ambos pueblos pareció finalmente llegar a su fin cuando el presidente de Egipto Anwar al-Sadat visitó Israel por primera vez en 1977, y en los 20 años siguientes a las relaciones pacíficas con Egipto se incorporaron Jordania, Marruecos y algunos países del Golfo, con la sincera esperanza de que la paz se haría permanente, a pesar de los intentos de los extremistas de ambas partes por frenar el proceso de normalización.

A pesar de los retrocesos y cambios en la política gubernamental, ese deseo de paz constituye aún la preocupación y el anhelo básicos de la mayoría de los integrantes de ambos bandos del conflicto histórico.

Los lazos culturales entre árabes e israelíes crecen en muchas direcciones, y algunas de ellas se reflejan en la presente edición de Ariel. Israel no forma parte de Europa, sino que se halla totalmente inmerso en el Medio Oriente. Gran parte de nuestro legado cultural puede tener sus orígenes en las primeras olas migratorias de Europa del Este, pero tenemos que aceptar que nuestro lugar natural se halla en el núcleo cultural, étnico y social del Medio Oriente, en estrecha contigüidad con nuestros vecinos árabes, incluidos los palestinos, en la tierra prometida por Dios a nuestros antepasados.

 
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