Es para mi un honor presentar hoy el nuevo gobierno ante la Kneset y los
ciudadanos de Israel, un gobierno que conducirá por un nuevo curso
al Estado de Israel.
Tengo la fortuna de ser el primer premier de Israel que nació luego
del establecimiento del estado.
La generación de los fundadores luchó para establecer el
estado y construir sus simientos. Nuestra generación enfrenta otros
desafíos.
Estamos ante una coyuntura crítica de nuestra historia. Durante
más de 2.000 años de exilio, generaciones de judíos
lucharon para retornar a la patria perdida.
Ahora, luego de fundar el estado, nuestra principal tarea es asegurar,
reestablecer y desarrollar la patria que recuperamos.
Hemos recibido la antorcha, la generación que nació con la
fundación del estado en 1948 y la década del cincuenta, la
generación que puso fin al sitio de la Guerra de los Seis
Días y repelió el asalto conjunto de la Guerra de Yom Kipur.
Tenemos la responsabilidad de acarrear la antigua esperanza de generaciones
hacia el próximo siglo. Tenemos el privilegio de convertir el
sueño en realidad.
Hemos prometido que este será un gobierno de renovación, que
seguirá un nuevo rumbo.
No estamos hablando de cambios cosméticos, del mismo paquete con
otro envoltorio, sino de un cambio fundamental, profundo y sustancial, que
hará avanzar firmemente a Israel hacia sus objetivos.
De hecho, el nuevo gobierno será un gobierno de nuevos rumbos; en
primer lugar, en lo que respecta la seguridad y la paz.
Es posible lograr una paz verdadera con nuestros vecinos. No es una tarea
fácil, pero está a nuestro alcance. Necesitamos paciencia,
determinación y persistencia para lograr este objetivo.
Queremos una paz estable y duradera, no un acuerdo temporario o
efímero. Queremos una paz que dure para nuestros hijos y nuestros
nietos, no sólo para los periódicos de mañana.
Esa paz se basa principalmente en la seguridad de Israel y sus ciudadanos.
La prueba de los acuerdos de paz es la seguridad, y en esto no haremos
ningún compromiso. No comprometeremos la seguridad de los ciudadanos
de Israel, ni toleraremos ataques contra nuestros hijos - ya sea en
Jerusalem o en Hebrón, en Tel Aviv o en Ariel, en Kiriat Shmona o
Kfar Darom.
La realidad que heredamos no es simple. En los últimos años,
la situación de la seguridad se ha deteriorado en todo el
país y en sus fronteras. Para detener este deterioro hemos de luchar
contínuamente contra el terrorismo.
Aquellos que practican el terrorismo han de saber que recibirán una
dura respuesta. Me refiero no sólamente a los terroristas mismos
sino a sus patrones y aquellos que los envían, a sus operativos y
sus colaboradores.
La seguridad es esencial si queremos progresar hacia acuerdos de paz
verdaderos con nuestros vecinos.
Nuestros interlocutores deben saber que si desean avanzar en esta
dirección, deben cumplir a cabalidad sus obligaciones.
También deben saber que, de ser necesario, las FDI y las fuerzas de
seguridad tendrán plena libertad de acción, cuando sea
necesario, para combatir el terrorismo.
Deseo hacer un llamado a nuestros vecinos de la Autoridad Palestina y
decirles: en base a la garantía de la seguridad, estamos dispuestos
a comenzar una verdadera asociación con ustedes para la paz, la
cooperación y buenas relaciones de vecinos.
El gobierno de Israel negociará con la Autoridad Palestina a
condición de que ésta cumpla con todas sus obligaciones. Las
negociaciones tratarán sobre la implementación del acuerdo
interino y los temas del acuerdo permanente, que permitirá a ambas
partes vivir en paz y seguridad.
Tengo fe en que el acuerdo del status permanente será verdadero,
siempre y cuando se cree un equilibrio entre dos necesidades
básicas: mínima intrusión israelí en las vidas
de los palestinos y máxima seguridad para Israel en vista del
terrorismo y las amenazas de guerra.
Debemos crear una nueva realidad, que nacerá de las necesidades
comunes de los israelíes y los palestinos.
Es la falta de seguridad lo que causa los cierres, la parálisis y el
estancamiento económico. Con seguridad podremos proveer libertad de
movimiento, una economía abierta y prosperidad para todos.
Sr. presidente de la Kneset, miembros de la Kneset:
Claramente, debemos primero reforzar el círculo inmediato de paz.
El gobierno de Israel obrará para reforzar sus lazos con Egipto y
Jordania. En mis conversaciones con el presidente Mubarak de Egipto y el
rey Hussein de Jordania, expresamos nuestro deseo mutuo de trabajar juntos
para profundizar, ampliar y fortalecer la cooperación y lazos mutuos
entre nuestros países.
Trabajaremos para elevar el nivel de las relaciones con otros estados
árabes que tienen vínculos con Israel: Qatar, Omán,
Marruecos, Túnez y Mauritania.
Sr. Presidente de la Kneset:
El principal objetivo de este gobierno será ampliar el
círculo de paz con nuestros vecinos, al tiempo que salvaguardamos
los intereses vitales de nuestro país.
Desde este podio me dirijo a los líderes de todos los países
árabes con un llamado de paz. Exhorto especialmente a nuestros
vecinos más cercanos, al presidente sirio Hafez Assad, el presidente
del Líbano Elías Harawi, el rey Fahd de Arabia Saudita y
todos los demás líderes árabes.
Vengan, conduzcamos negociaciones directas de paz, negociaciones sin
condiciones previas que lleven al Medio Oriente a una era de estabilidad y
prosperidad.
Esta es la clave: sin condiciones previas. Cada parte podrá exponer
sus puntos de vista y posiciones sin requerir que la otra parte acepte esas
posiciones de antemano.
No impondremos nuestros puntos de vista sobre ustedes, así como
ustedes no impondrán sus puntos de vista sobre nosotros. Nos
sentaremos a negociar seriamente, con prudencia y responsabilidad para
lograr un acuerdo.
Declaro aquí que me opongo a la descripción del Islam como el
principal enemigo de Israel y Occidente, luego del colapso de la
Unión Soviética. A las discusiones políticas entre
Israel y los países de la región debemos agregar un
diálogo entre el judaísmo y el Islam. Extendemos nuestra mano
en señal de paz no sólo a nuestros vecinos árabes,
sino a todos los países musulmanes y pueblos islámicos.
No estamos en conflicto con el Islam. Nuestra lucha es contra fuerzas
militantes que utilizan una distoricionada interpretación del Islam
como herramienta para la violencia, el odio y el derramamiento de sangre.
El nuevo gobierno trabajará para fortalecer nuestras relaciones
internacionales. Nuestras relaciones con Estados Unidos seguirán
siendo la piedra fundamental de nuestra política exterior.
Consideramos positiva la contribución de Europa al proceso
político y esperamos que continúe la amplia
cooperación entre Israel y Europa en las esferas política,
económica y social.
Paralelamente, fortaleceremos nuestras relaciones con la Federación
Rusa y otros estados de la CEI, así como los países de Asia
Oriental y América Latina.
Desde la Conferencia de Madrid hemos encontrado muchos socios en Asia y
Africa; obraremos para impulsar nuestras relaciones y cooperación
con éstos.
Israel considera positiva la contribución de muchos países al
proceso político entre Israel y sus vecinos. Pero sólo los
socios en las negociaciones podrán determinar su contenido, ya que
éstos serán quienes tendrán que vivir con sus
consecuencias.
El gobierno que presento hoy ante la Kneset será también un
gobierno de nuevos rumbos en lo que respecta a la esfera
socio-económica. No se hablará más de
privatización, mercado libre y franca competencia - sino que
tomaremos pasos significativos en esa dirección.
Sin libre economía no podremos aprovechar el enorme y maravilloso
potencial humano que poseemos, que fue mejorado cualitativa y
cuantitativamente por la gran inmigración de los últimos
años.
Sólo alentando la empresa privada y utilizando todas las habilidades
de cada uno de nuestros ciudadanos podremos continuar absorbiendo
inmigrantes.
Sólo a través de una economía de libre mercado
podremos resolver los problemas sociales de Israel, porque una
economía libre, saludable y pujante nos proveerá los recursos
para solucionar los serios problemas sociales, que han empeorado en
años recientes.
Los problemas son graves: hay poblados en desarrollo que lograron avanzar,
pero he visitado otros donde encontré graves problemas de pobreza y
desempleo.
He visitado poblados árabes en la Galilea y vi aguas negras
corriendo por calles sin andenes ni iluminación.
No sólo existen problemas en la periferia. En una reciente visita a
una ciudad establecida del centro del país, conocí a una
anciana que no tenía para comprar comida.
No podemos aceptar esta situación.
No podemos volver a nuestros asuntos, como si no hubiera pasado nada, luego
de contemplar tal fenómeno.
Miembros de la Kneset, existe una solución. Podemos aliviar las
dificultades; podemos ofrecer un verdadero futuro a la gente sin esperanza.
Pero primero debemos solucionar los problemas básicos de la
economía israelí: gastos descontrolados, una deuda nacional
descomunal, una inflación que está levantando su fea cabeza y
amenaza con desbocarse.
Así como una familia no puede vivir con una deuda que crece sin
control, un país no puede continuar con una deuda nacional
creciente.
Debemos enfrentar estos problemas. Como primer ministro, considero la
solución de los problemas económicos como una tarea central.
Daremos forma a una política que estabilice el mercado y produzca
verdadero crecimiento y prosperidad. Para esto es necesaria la
privatización de amplio alcance, el desmantelamiento de monopolios,
el fomento de las iniciativas y la creación de un clima competitivo.
El problema no es sólo cómo dividir la torta de los recursos
nacionales. El verdadero desafío es hacer que la torta sea
más grande.
Por lo tanto, nuestra política será antes que nada impedir
que continue el deterioro, detener al crecimiento de la deuda nacional y
poner la economía en un nuevo carril que avance hacia adelante.
Podemos convertir a Israel en una de las principales economías del
mundo.
Caballeros, miembros de la Kneset:
Este también será un gobierno de nuevos rumbos en la esfera
de la educación y la cultura.
En años recientes se ha hablado mucho sobre la democracia, con
justificación o sin ella. Es nuestro deber inculcar los valores de
la tolerancia y el respeto mutuo; promover una cultura que acepte las
decisiones de la mayoría, al tiempo que respeta los derechos de la
minoría.
La Biblia judía dio al mundo el gran ideal de la dignidad humana. "A
imagen y semejanza de Dios fue creado el hombre". Los pocos que no pueden
comprender esto recurren al extremismo y la violencia, y el caso extremo
fue el horrible crimen del asesinato del primer ministro Itzjak
Rabín, bendita sea su memoria.
Profundizaremos el diálogo entre todos los sectores de nuestra
nación; llegaremos a conocernos uno al otro y aprenderemos a
respetar y entender al prójimo. Además de aceptar la
decisión de la mayoría, respetaremos el derecho de las
minorías de protestar sin titubeos y sin miedo.
Pero, más que nada, debemos recordar que un pueblo se une e
reincorpora alrededor de su cultura, su patrimonio y sus valores
nacionales. El nuevo gobierno inculcará los valores del patrimonio
judío en la educación, la cultura y los medios de
comunicación.
Los valores del patrimonio judío deben servir como una poderosa
fuente de inspiración en todos los aspectos de nuestra vida.
El fortalecimiento de nuestros vínculos con los valores eternos del
pueblo de Israel, sl tiempo que enfatizamos los valores de la democracia,
la libertad y la decencia humana, nos permitirá crear una sociedad
saludable, capaz de enfrentar formidables desafíos y realizar
objetivos sionistas.
El sionismo no ha muerto, aunque haya algunos que escriben la palabra entre
comillas. Contamos con una juventud maravillosa, dispuesta a movilizarse
para realizar tareas nacionales.
Alentaremos este espíritu. Alentaremos el asentamiento pionero en la
Tierra de Israel: en el Neguev, en la Galilea, en Judea y Samaria y en el
Golán. Los colonos son verdaderos pioneros de nuestros días,
y merecen nuestro apoyo y apreciación.
Pero, sobre todo, debemos proteger a Jerusalem, la eterna capital del
pueblo judío, indivisa bajo soberanía del Estado de Israel.v
Miembros de la Kneset:
Durante el período de esta Kneset, conmemoraremos el
quincuagésimo Día de Independencia del Estado de Israel y el
comienzo del siglo veintiuno.
Lograr los objetivos nacionales que las recientes generaciones del pueblo
de Israel se propusieron - la reunión de los exilios y su
absorsión en la patria, la colonización de la tierra y su
construcción, la independencia económica y una sociedad
saludable, lograr la paz y la seguridad - el logro de todas estas metas
depende de nuestra fe, nuestra voluntad y nuestra determinación.
Nosotros, la generación que nació luego de la
fundación del estado, tenemos la gran responsabilidad de continuar
el proyecto sionista y realizarlo. Recemos para que seamos merecedores de
la gran responsabilidad que asumimos.
Hemos llegado a los días por los que generaciones de judíos
rezaron esperanzados. El sueño judío ha sido realizado, el
pueblo judío ha recuperado su independencia. Con nosotros fueron
cumplidas las palabras del profeta Amós: "Y levantaré el
tabernáculo caído de David".
Y, con la ayuda de Dios, permanecerá en pie por siempre.