Ecos de la nueva literatura hebrea en la cultura arabe

19 nov 1998
 Revista de Artes y Letras de Israel - 1998/105
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Ecos de la nueva literatura hebrea en la cultura árabe

Sasson Somekh*

 
 

 

 

 

 

En el mundo árabe musulmán de la Edad Media, tuvo lugar una simbiosis cultural: bajo la égida árabe, la cultura judía abrevó en la sabiduría de ese tiempo y tomó de ella formas, conceptos e inclusive temas centrales. Este contacto produjo nobles frutos y dio a la cultura hebrea algunos de sus más grandes escritores y filósofos. La poesía hebrea alcanzó entonces alturas desconocidas desde los días del Antiguo Testamento, y lo mismo ocurrió con la filología, la literatura y la filosofía.

En la época moderna, la situación es totalmente distinta. Tanto la literatura árabe como la hebrea despertaron en el siglo XIX de un sueño de centurias, absorbieron influencias e ideas del mundo que las rodeaba, y cada una de ellas floreció y se desarrolló por separado. Desde el comienzo, ambas reflejaron los sentimientos de movimientos nacionales mutuamente antagónicos, los cuales, desdichadamente, combatieron entre sí durante muchos años y todavía no han llegado a una coexistencia cultural cuyos resultados puedan expresarse a través de obras literarias.

Durante muchas décadas, el mundo árabe no conoció la existencia de una literatura hebrea moderna, porque ésta se desarrollaba fundamentalmente en la atmósfera de la cultura europea. Cuando el centro de la cultura y la literatura hebreas se trasladaron a Eretz Israel, sobre todo después de la Primera Guerra Mundial, el mundo árabe se identificó con el lado palestino. Los árabes se negaron a aceptar a la sociedad judía en Eretz Israel como entidad con la que se pudiera entablar un diálogo, o en la que fuese relevante interesarse. Con raras y casuales excepciones, durante el período de entreguerras no se tradujeron al árabe obras literarias hebreas. Las creaciones de autores como Bialik y Tchernijovsky, Brenner y Agnón, Smilansky y Burla, fueron muy raramente leídas o comentadas en círculos árabes.

Con todo, la comunicación literaria no requiere necesariamente una atmósfera de comprensión y coexistencia. En teoría, se puede mantener un diálogo literario antagonista y polémico cuando los elementos de una de las culturas pueden funcionar en el espacio intertextual de la otra por vía de "respuesta" o "reacción", aun cuando el mismo constituya virtualmente un diálogo de sordos. La condición para un diálogo de esas características es que cada una de las partes posea al menos un conocimiento básico, aunque sea superficial y distorsionado, de las obras literarias de la otra parte. En lo que respecta a los árabes, esta condición no se cumplía.

La situación cambió con el establecimiento del Estado de Israel en 1948, especialmente con respecto a la minoría palestina que permaneció dentro de las fronteras del estado judío, punto al que retornaré más adelante. Durante dos décadas, sin embargo, el mundo árabe, incluidos los palestinos que vivían fuera de Israel, no tuvo conocimiento de la cultura que se desarrollaba en el nuevo estado. Excepciones a esta regla fueron los contados especialistas en lengua hebrea, principalmente en universidades como las de El Cairo y Ain Shams en Egipto, y en las instituciones militares y propagandísticas. Ocasionalmente, diarios y revistas publicaban comentarios sobre literatura hebrea, siempre en un marco hostil y negativo que presentaba a dicha literatura como representación de un enemigo y de una entidad política artificial. Fuese deliberadamente o por ignorancia, existía habitualmente una confusión entre literatura "israelí" y "judía", y entre las obras de escritores hebreos y las de escritores judíos en otras lenguas. Un buen ejemplo es el libro Sobre la literatura sionista, del escritor palestino Ghassan Kanafani, publicado en Beirut en 1967, que pone de manifiesto su irreconciliable hostilidad y mezcla indiscriminadamente áreas e idiomas; tres años después apareció un libro parecido del poeta palestino Muin Beseso. Ambos autores se caracterizaban por su desconocimiento del hebreo y porque toda su información provenía de fuentes secundarias. No es de extrañar que Yael Dayán (que escribe en inglés) ocupara en esos libros un lugar destacado, junto con Israel Zangwill, Arthur Koestler, Leon Uris e inclusive George Eliot. Esos estudios no mencionaban a casi ninguno de los escritores israelíes importantes.

Tras la Guerra de los Seis Días en 1967, comenzaron a aparecer en periódicos y revistas egipcios, sirios e iraquíes traducciones literarias del hebreo, casi siempre de poesía, realizadas en su mayor parte por profesores universitarios. Su publicación estaba destinada a probar una de las siguientes hipótesis, y a veces ambas: que la literatura hebrea es racista y antiárabe; y/o que la misma literatura hebrea contiene expresiones antisionistas y anti-israelíes, obra supuestamente de escritores judíos de origen oriental que se sentían oprimidos y frustrados por los que consideraban un estado judío "centroeuropeo". Son ejemplos de esto las traducciones realizadas por el hebraísta egipcio Dr. Ibrahim al-Bahrawi, que aparecieron en diarios egipcios y en su libro Literatura sionista contemporánea, publicado en El Cairo en 1972. Esta tendencia continuó en el material seleccionado para traducción en las décadas de los 70 y los 80, especialmente orientado a acentuar las resquebrajaduras de la entidad sionista tal como se reflejaban en su literatura y en la crítica interna. Por ejemplo, el libro de S. Izhar Kirbet Khiza fue traducido al árabe más de una vez, al igual que su cuento "El prisionero"; también se tradujo el libro de David Grossman El viento amarillo; El camino a Ein Jarod de Amos Keinán fue traducido y publicado en la revista Al-Karmil, dirigida por Mahmud Darwish.

En 1988 apareció en Beirut una segunda traducción de Kirbet Khiza por el ex ciudadano israelí Tawfiq Fayyad. En su prefacio, Fayyad escribe: "No ocultaremos el hecho de que la traducción árabe de este relato no responde al deseo voluntario de conocer la literatura hebrea, sino más bien al de poner en términos claros el conflicto entre nosotros. Por lo tanto, consideramos el texto como una denuncia, sin dejarnos llevar por el poder de la literatura, que es capaz de hacer llorar hasta a los asesinos".

En los últimos quince años es decir, desde el acuerdo de paz entre Israel y Egipto ha comenzado a producirse un cambio. Investigadores dentro o fuera del marco de las universidades han publicado una serie de libros sobre escritores israelíes e inclusive han traducido algunas obras como muestra. Se han dedicado artículos especiales a autores como Bialik, S. Izhar, Itzjak Orbaj-Orpaz, el poeta Yehuda Amijái y otros autores menos conocidos. La posición que adoptaron los autores de los artículos y libros vis-à-vis la mayoría de estas obras es por lo general distanciada, y continúa anclada en la hostilidad y en la negativa a aceptar la legitimidad de la experiencia israelí. Apenas existe un tratamiento objetivo del tema, con la posible excepción del libro del Prof. Ali Abd el Rahman Attia de la Universidad de Ain Shams, sobre la historia del periódico Ha-Shilóaj, basada en su tesis doctoral para la Universidad de Londres.

Otro trabajo de traducción, que puede considerarse "objetivo", es la antología de fragmentos de literatura hebrea moderna traducidos por el escritor egipcio Abd al-Munim Salim, publicado en El Cairo en 1978. Hasta donde yo sé, es el primer libro de ese tipo publicado en el mundo árabe. Las selecciones pueden no ser suficientemente representativas, y la información que proporciona acerca de los autores israelíes no es siempre exacta, pero la importancia del libro reside sobre todo en el hecho mismo de su publicación y en el momento en que la misma tuvo lugar.

En un breve prefacio, el traductor (que no es especialista en lengua o literatura hebreas) informa al lector que en un congreso internacional del Pen Club, en 1975, se encontró con el escritor israelí Aharón Megged, y éste le dio el material que luego tradujo al árabe. En esa época, nos dice Salim, se topó con la conocida barrera (lo que él denomina "el tradicional muro de piedra"), o sea, el rechazo oficial de todo elemento positivo en Israel y la resistencia ante toda publicación al respecto en Egipto; en consecuencia, se le impidió publicar sus traducciones. Con el tiempo, el hielo se derritió un tanto, y su colección de traducciones vio la luz.

Sería injusto juzgar al traductor con criterios puramente artísticos, debido a las difíciles circunstancias en que realizó su trabajo. Los textos incluidos en la antología no se tradujeron directamente del hebreo sino del inglés. En realidad, todo el material provenía de una antología de traducciones preparada por Richard Flanz y publicada en 1974 por el capítulo israelí del Pen Club (inclusive la solapa de la versión árabe está copiada del libro israelí). Como es de imaginar, existen discrepancias en las traducciones por la falta de contacto directo del traductor con los textos originales hebreos. Los nombres de los autores, así como los de personajes y lugares en los relatos, están distorsionados a menudo hasta lo irreconocible. Por ejemplo, Izhar aparece como "Ishar" o "Izar", Janoj Bartov como "Hanosh Bartof", y Amijái se convierte en "Amihi". La falta de familiaridad del traductor con la vida y la literatura de Israel puede demostrarse con el siguiente ejemplo: Una de las poetas incluidas era Siham Dawud, quien escribe en árabe. Sus poemas, tomados de la antología en inglés, no fueron publicados en el árabe original, como habría sido lógico, sino retraducidos de la versión inglesa que, a su vez, se basaba en una traducción hebrea...

Durante los dos o tres últimos años se han evidenciado signos de cambio: la editorial Dar al-Arabiyya, dirigida por Amín al-Mahdi, ha iniciado una serie de traducciones, de las que han aparecido ya dos novelas: Mi Mijael de Amos Oz (publicada en Egipto como Janah y Mijael) y Victoria de Sami Mijael. La primera fue traducida por el egipcio Rafat Foudah y la segunda por el israelí Samir Naggash. El editor precede cada libro con un prólogo ideológico en el que trata de justificar la traducción de literatura israelí fundamentalmente en términos políticos; sin embargo, también hay en ellos alguna justificación literaria. En su prefacio a la novela de Amos Oz, Al-Mahdi escribe: "Admito que me invadió una sensación muy extraña cuando leí este libro para decidir si publicarlo o no. Era la primera vez que leía una obra literaria hebrea. Confieso que cuando comencé mi lectura no era imparcial, porque Mi Mijael es el producto de una literatura rival, y nuestra editorial cree que la normalización de las relaciones con Israel debe basarse en la paz total en todos los frentes... Pero a medida que leía página tras página, me sentí arrastrado por el mundo de la novela y por el placer de conocerlo, o, para ser más específico, por todo lo que tenía que ver con Janah. Qué sensación tan extraña fue sentirme así respecto de un personaje hebreo".

Durante los tres primeros meses de 1995, se produjo en Egipto un hecho sorprendente. La importante revista literaria mensual Ibda, dirigida por Ahmad Abdal-Muti Higazi (el más destacado poeta egipcio actual) dedicó tres números consecutivos enero, febrero y marzo de 1995 a la literatura israelí. Se incluyeron traducciones, artículos sobre el tema y comentarios de escritores e intelectuales egipcios en torno a la normalización de las relaciones culturales con Israel. Un lector israelí difícilmente se sentiría satisfecho ante el conterido (salvo algunas traducciones muy buenas, y algunos de los artículos, sobre todo los traducidos del hebreo). La mayor parte de lo escrito por los profesores universitarios egipcios se basaba en el principio de "conoce a tu enemigo" y mostraba poco interés por la literatura en sí. Por ejemplo, en un artículo sobre la poesía de Nathan Alterman, el Dr. Ahmad Hammad destaca las tendencias políticas derechistas del autor y su simpatía por el movimiento político en pro del "Gran Israel" a fines de los años sesenta, pero olvida la actitud humanitaria de Alterman, por ejemplo la que evidencia en su poema sumamente crítico sobre lo que pasó en Kafr Kassem.** Los comentarios de los escritores egipcios, que no conocen suficientemente la literatura hebrea, se oponen generalmente a la idea de normalización. Característico en este sentido es el artículo "Estudiar el tema, sí, por supuesto; normalización, no, nunca!", del conocido escritor Idwar al Kharrar. El compilador es algo menos extremista, y en sus editoriales en los tres números de Ibda enumera una serie de condiciones cuya implementación por parte de Israel podría producir un cambio de actitud en el lado árabe.

Pasemos ahora a la literatura árabe dentro de Israel. Durante los primeros años del estado, la minoría árabe desconocía la lengua y la cultura hebreas, pero fue adquiriendo conocimiento, voluntariamente o no, tanto por el sistema educativo israelí como por el contacto con la población judía. Actualmente, la mayoría de los miembros de la segunda y tercera generación de árabes israelíes dominan perfectamente el hebreo y muchos prefieren leer el diario en ese idioma y mirar las noticias hebreas en la televisión. Cada vez hay más árabes israelíes familiarizados con la literatura hebrea, generalmente a través de la escuela. A menudo, los escritores árabes israelíes de la primera generación se quejaron amargamente de que ese conocimiento fuera resultado de la coerción: el conocido poeta palestino Mahmud Darwish, quien estudió en escuelas israelíes, declara que "...estábamos sometidos a un lavado de cerebro cultural. En la escuela nos dimos cuenta de que se nos enseñaba más sobre Theodor Herzl que sobre el profeta Mahoma. Los poemas de Bialik eran mucho más numerosos que los de al-Mutanabi [uno de los poetas árabes clásicos]. Teníamos que estudiar la Biblia, pero el Corán no figuraba...".

Con todo, parecería que Darwish, e indudablemente muchos otros como él, internalizaron lo que aprendieron. Un hebraísta egipcio, el Dr. Gamal al-Rifai, en su libro La influencia de la cultura hebrea en la poesía palestina, publicado en El Cairo en 1992, demuestra de modo convincente que la poesía de Darwish, quien es considerado el mejor poeta palestino de la actualidad, contiene muchos motivos del Antiguo Testamento y de las obras de Bialik, y que de hecho en sus poemas tiene lugar un diálogo intertextual. Muchas creaciones de autores árabes israelíes, tanto en prosa como en verso, dan testimonio de diálogos semejantes. Por ejemplo, el cuento "El fuego" de Naji Zahir, nacido en Nazareth, cuenta la historia de un joven árabe que está haciendo el amor con una mujer judía en un bosque del Keren Kayémet cuando estalla un incendio, a consecuencia del cual el joven es detenido e interrogado. Se trata obviamente de una variación o reacción al conocido cuento de A. B. Yehoshúa "Frente a los bosques". Reacciones similares pueden encontrarse en la poesía de Samij al-Kassem y en los cuentos de Emil Jabibi, Riad Baydas y otros. Desde hace algo más de diez años, unos cuantos escritores árabes israelíes comenzaron a escribir en hebreo; el más destacado es Antón Shammmás, autor de Arabescos, novela ya traducida al inglés y a otros idiomas, pero aún no al árabe.

En cuanto a la traducción de literatura hebrea al árabe dentro de Israel, la situación es totalmente diferente de la de los países vecinos. Desde los comienzos del estado, judíos llegados de países árabes comenzaron a traducir la literatura hebrea; entre ellos se destacan los nombres de Ezra y Meir Haddad, Tuvia Shamoush, Eliahu Agasi y Aharón Zakai. Durante los años sesenta se les unieron árabes israelíes como Rashad Hussein, Mahmud Abassi, Salman Natour, Zakki Darwish, Antón Shammás y Mahmud Ghanayim, quienes tradujeron obras representativas. De ellos merecen destacarse tres nombres: el ya fallecido poeta Rashad Hussein, que en 1966 publicó una espléndida antología de prosa y poesía de Bialik, esta última vertida según las reglas de la prosodia árabe; Antón Shammás, quien tradujo obras seleccionadas de David Avidán, Yehuda Amijái y otros; y Mahmud Ghanayim, quien en 1984 tradujo El amante de A. B. Yehoshúa, y muchos otros textos en prosa y verso para el periódico Mifgash-Liqa que dirigió durante los 80 (el propósito de esta revista era publicar textos en hebreo y árabe junto a sus respectivas traducciones; lamentablemente, apareció en forma esporádica, y en los últimos números su calidad estaba muy deteriorada). Conviene mencionar a otros dos traductores en el área de la poesía: Salman Masalha y Naim Araidi.

Me he ocupado aquí de traducciones importantes, sobre todo las de calidad superior. Existen también traducciones apresuradas hechas por personas cuyo conocimiento del idioma original no es bueno, y cuyas traducciones de poemas no alcanzan el nivel de las que hemos mencionado. En realidad, nunca se lanzó un proyecto comprehensivo de traducciones, aunque existieron ciertas promesas al respecto. La mayoría de las traducciones se han hecho sin un plan general, y la selección de los textos ha sido a menudo casual. Hace algunos años, el Instituto Israelí para la Traducción de la Literatura Hebrea comenzó a ocuparse de las traducciones hebreo-árabes, y ha buscado activamente en los países árabes editoriales interesadas en publicar literatura hebrea traducida. En 1995 el Instituto organizó una convención en la que participaron varios traductores egipcios, totalmente dedicada a la cuestión de las traducciones de literatura hebrea al árabe. Con vistas a dicha convención, el Instituto preparó una excelente selección de traducciones realizadas por profesionales expertos. Mahmud Kayyal, quien tuvo a su cargo la versión árabe de la obra, está preparando actualmente en la Universidad de Tel Aviv la primera tesis de doctorado sobre el tema de la traducción de literatura hebrea al árabe en las últimas décadas.

Hay que señalar, sin embargo, que las traducciones hechas en Israel durante las décadas de los 80 y los 90 han llegado sólo al público local, y que casi ninguna de ellas cruzó las fronteras ni fue leída en los países vecinos. Por ende su repercusión literaria debe buscarse en la obra de escritores locales, y, como mostramos antes, semejantes repercusiones no faltan.

En resumen, puede decirse que aun cuando los ecos de la literatura hebrea que nos llegan desde el mundo árabe son pocos y generalmente negativos, al menos existe un reconocimiento de facto de la existencia de la literatura hebrea moderna, como literatura autónoma que posee sus propios logros. Se está traduciendo al árabe a un ritmo creciente aunque todavía lento, y las traducciones mejoran con el tiempo, al igual que los estudios sobre las mismas en los países árabes. Aun si los tres números de Ibda dedicados a la literatura hebrea no adoptaron una actitud particularmente positiva, constituyen indudables testimonios de que la cultura árabe no puede ignorar la existencia y vitalidad de dicha literatura, y de que hay, en Egipto y en otros países árabes, personas deseosas de escuchar, y quizás, con el tiempo, hasta de interesarse en un diálogo literario.


Traducción: Florinda F. Goldberg

* Sassón Somekh es el actual director del Centro Académico Israelí en El Cairo y titular de la cátedra Halmos de Literatura Árabe en la Universidad de Tel Aviv. Nació en Bagdad y en 1968 obtuvo su doctorado en la Universidad de Oxford. Entre sus libros cabe mencionar "El ritmo cambiante: un estudio de las novelas de Naguib Mahfouz" y "Género y lenguaje en la literatura árabe moderna".

** La aldea de Kfar Kassem fue atacada en 1956 por fuerzas israelíes en un intento de eliminar una infiltración terrorista.