Los proverbios, considerados por muchos como el epítome de la sabiduría humana, se remontan sin duda a la más remota antigüedad. Numerosos investigadores afirman, en este sentido, que antecedieron a los libros, e incluso a la escritura, ya que se transmitían oralmente aún antes de la invención de esta última. Por otra parte, los proverbios han tenido desde siempre una difusión universal. Se sabe con certeza que existieron en civilizaciones antiguas, tales como las de China, Egipto, la India y Persia, y naturalmente también en las culturas griega y romana. De modo especial, han dejado una profunda huella en las culturas árabe y hebrea.
Los proverbios constituyen, de hecho, una forma de literatura oral, en la que puede verse, en cierto modo, la madre de la literatura escrita. Por medio de ellos, el hombre logra resumir sus experiencias vivenciales en dichos cortos y sentenciosos, que se irán transmitiendo de generación en generación, trascendiendo a veces fronteras entre pueblos y barreras lingüísticas. Los investigadores son unánimes en afirmar, a este respecto, que muchos proverbios son comunes a pueblos distintos, en formas muy similares o con pequeñas variaciones.
Israel Cohen, en su monumental compilación de proverbios Ze leumat ze ("Uno frente al otro"), publicada en 1954, nos recuerda que todos los hombres están hechos de la misma arcilla: "Un mismo Dios nos creó y nos infundió su sabiduría. La naturaleza humana es una e idéntica. Orientales y occidentales, hombres de color o de piel blanca, todos son esencialmente iguales. El amor, el hambre y el temor ante la existencia son los primeros motores de todas los seres hechos a imagen y semejanza del Creador. Sin duda, el entorno civilizado o salvaje agregan un carácter específico a estos factores, pero ninguna civilización puede extirpar ni siquiera atenuar las pulsiones primordiales del ser humano. Por ello, los investigadores de los proverbios llegan a la conclusión de que existe gran parecido entre ellos. Un proverbio que ofrece un buen consejo reaparece, en una versión similar o en diferentes variantes, en distintos pueblos alejados unos de otros".
En todas partes se dan el amor y el desengaño, el pesar y el consuelo, el desconcierto y el consejo, la pesadumbre y el regocijo. En todas partes se intenta extraer lecciones de la experiencia, para transmitirlas al prójimo o legarlas a las generaciones futuras. Aunque parezca lógico, pues, que los mismos motivos reaparezcan en los proverbios de pueblos distintos, lo notable es que la formulación misma sea muy similar. Y en todas partes, los proverbios abarcan los diversos aspectos de la existencia del hombre y los distintos matices de su experiencia.
Nili Shupak, profesora de egiptología en la Universidad Hebrea de Jerusalén, y autora de un estudio comparado de las culturas del antiguo Egipto y el pueblo hebreo, ha demostrado en sus trabajos, múltiples influencias de la sabiduría egipcia faraónica en los escritos bíblicos. Un eco de ello puede encontrarse en el Primer Libro de Samuel (24, 13): "Como dice el proverbio de los antiguos: De los impíos saldrá la impiedad". Ignoramos quiénes serían estos "antiguos", pero en todo caso, los proverbios y los aforismos morales abundan en los escritos hebreos de todas las épocas, desde los Proverbios de Salomón, el Eclesiastés, el Libro de Job y los Salmos, hasta los Capítulos de los Padres. Los libros bíblicos más antiguos los cinco libros del Pentateuco y los de los Profetas están salpicados de expresiones que han cobrado significación proverbial. En el propio Pentateuco se encuentra una multitud de versículos sobre leyes, juicios y equidad que, convertidos en aforismos, han sido adoptados por los sistemas jurídicos de numerosos pueblos, además del pueblo judío. El Libro de los Proverbios, en particular, está constituido casi íntegramente por máximas morales, que atañen a todas las facetas de la existencia humana: la vida y la muerte, el trabajo, la naturaleza, las relaciones con las mujeres, la enfermedad, la actitud ante necios y sabios, el amor y los celos, y muchas más. La Biblia, traducida a centenares de lenguas, se ha difundido por el universo entero y hoy sus versículos se citan en todo lugar y ocasión; además, ha ejercido una influencia considerable en las religiones y civilizaciones de toda la humanidad: no en balde se le llama "Libro de los libros". Si antes señalábamos las raíces antiguas de los proverbios y su ubicuidad, quizás el mejor ejemplo de ello esté justamente en la Biblia, cuyas máximas morales y preceptos tienen hoy día carácter proverbial en el universo entero.
Nuestros antepasados atribuyeron gran importancia al proverbio, como vehículo para la transmisión del mensaje divino y como refuerzo a sus prédicas sobre equidad, amor al prójimo, ayuda mutua, amparo al huérfano y a la viuda, y rechazo del pecado. El midrash (comentario) al Cantar de los Cantares recomienda: "No tomes el proverbio a la ligera, que por él entiende el hombre la Torá (la Ley)" (81, 8). El enunciado lacónico de los proverbios hebreos en contadas palabras, a veces apenas dos, ayuda a retenerlos y facilita la trasmisión del concepto que encierran.
También el Islam otorgó gran importancia al proverbio como medio de transmisión de ideas y difusión de la moral, la sabiduría, el arrepentimiento y la meditación. En el propio Corán se encuentran ejemplos ilustrativos de la importancia que la cultura árabe otorga al proverbio. En la azora "La araña" (29, 43) se lee: "Y estas parábolas declararemos a los hombres, mas no comprenderán sino los instruidos".
Al igual que el judaísmo, se vale el Islam del proverbio para reforzar la fe y exhortar a una conducta moral. Así como ningún rabino perderá la ocasión de citar versículos de la Biblia, los midrashim, el Talmud o sus comentarios, tampoco un imán o un jeque musulmán hablarán o predicarán sin esmaltar sus palabras con citas del Corán o con los dichos de Mahoma o los primeros califas. Algunos citan estrofas de poemas que se han convertido en proverbios usuales, o bien hacen mención de máximas tomadas de antiguas compilaciones de la literatura tradicional árabe e islámica. El proverbio ocupa el centro de la experiencia religiosa, social y ética, y también folclórica y artística, en ambas culturas, con un grado de similitud entre ellas mucho mayor que el que puede encontrarse entre cualquier otro par de culturas vecinas. Es evidente que han existido influencias mutuas entre los dichos, refranes y proverbios de las dos culturas, más allá de las que ejercieron sus libros sagrados respectivos. Quién no conoce el versículo del Levítico: "y amarás a tu prójimo como a ti mismo" (19, 18)? Hoy es dicho común en boca de todos, por su elevado contenido moral y humano. Una máxima que Al-Nawawi en su libro Riad-a-Salajin ("Los huertos de los justos") atribuye a Mahoma, afirma: "Ninguno de vosotros será considerado creyente si no ama a su prójimo como se ama a sí mismo".
El famoso orientalista alemán Prof. Rudolf Zellheim escribe en su libro "Los proverbios árabes clásicos": "No cabe duda de que las máximas del Corán y dichos del Profeta eran empleados por los pueblos orientales en su vida cotidiana, cumpliendo la misma función de proverbios profanos que tuvieron las citas bíblicas en su tiempo".
En la Edad Media muchos proverbios árabes se tradujeron o adaptaron al hebreo. Así, el dicho árabe proverbial que afirma: "Ante la tribulación alcanza el hombre gloria o perdición" fue traducido al hebreo por el poeta judeoespañol Yehudá al-Jarizi, en su libro Tajkemoní, por "En tiempo de prueba y juicio mengua el hombre o se enaltece". Origen árabe tienen también los conocidos dichos: "Los perros ladran y la caravana pasa" y "Quien anda despacio anda lejos", que han sido traducidos al hebreo en términos idénticos a los del original. En otros muchos casos la traducción o la adaptación se hicieron en sentido inverso. Así, el conocido versículo de los Salmos (118,22): "La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo" fue adaptado) como "El pozo derruido y abandonado se convirtió en palacio esplendoroso". Las palabras del Eclesiastés (5, 9): "El que ama el dinero no se hartará de dinero" se reflejan en las de Mahoma: "Si tuvieran los hombres arroyos de oro, querrían tenerlos a pares". El dicho: (Capítulos de los Padres, 4,1) "Quién es el valeroso? El que contiene sus impulsos" también tiene su réplica en la admonición del Profeta: "Valeroso no es el que domina a otros sino el que se domina a sí mismo en momentos de ira".
Como ya hemos visto, los proverbios tienen raíces antiguas en hebreo. Además de su uso oral, muchos se anotaron por escrito ya en tiempos remotos, como lo demuestran los libros bíblicos antes mencionados, a los que cabe agregar el llamado Sirácida o Eclesiástico, un libro deuterocanónico de la época helenística, que abunda también en proverbios y máximas morales. En este sentido, el proverbio hebreo se integra en las corrientes culturales del antiguo sudoeste asiático. En el período postbíblico, el proverbio se hizo menos frecuente que otras formas de expresión. Quizás ello se debiera a dos causas principales: una, el carácter básicamente profano del proverbio, en un pueblo cuyo pensamiento y cuya habla se centraban en esencia en temas sacros; y la otra, el hecho de que después de la destrucción del Segundo Templo, el pueblo judío pasó a hablar otras lenguas. Se truncó así, en la lengua hebrea, la continuidad del desarrollo del proverbio como medio de expresión oral, y por las mismas causas, quizás no pocos proverbios cayeran en el olvido. Aunque en la literatura hebrea medieval era bastante usual citar proverbios, según lo ha demostrado Israel Davidsohn, con su importante compilación desglosada por temas, no son muchos los allí reunidos que siguen en uso hoy, y parte de ellos se han modificado de tal modo que no siempre resulta fácil reconocerlos. En otras lenguas habladas por los judíos, como el yidish y el judeoespañol, el proverbio se desarrolló de manera notable. Lo mismo sucedió entre los judíos de países de lengua árabe, como Irak, Egipto, Marruecos, Yemen y otros, que poseían un sinnúmero de proverbios propios, bien extraídos de la Biblia, bien adaptados del árabe, a los cuales agregaron otros muchos nuevos, por influjo de sus condiciones de vida específicas o su situación social. Investigadores judíos, mayormente de Israel, han recogido estos proverbios en numerosas colecciones, por temor a que se perdieran con el tiempo. El acervo así constituido, que se ha ido publicando en los últimos decenios, ofrece un vivo testimonio de la rica creatividad de las comunidades judías radicadas en los países árabes.
Desde que el hebreo ha vuelto a utilizarse como lengua hablada en la vida diaria, el uso de proverbios se ha hecho más frecuente. Muchos investigadores actuales, contradiciendo la opinión de los de la generación precedente, afirman al respecto que no sólo el hebreo siguió usándose a través de los siglos como lengua escrita, sino que nunca dejó de hablarse, y de hecho sólo se redujo en cierta medida su uso, tanto oral como escrito. En todo caso, nunca cesó la utilización del hebreo como lengua escrita, en especial en círculos rabínicos y academias talmúdicas. Desde el siglo pasado se han publicado diversas colecciones de proverbios hebreos y arameos, como la de Dukel, que en 1844 reunió 865 ejemplos tomados de la Biblia, el Talmud y los escritos rabínicos. Además, varias obras hebreas, aun sin ser antologías de aforismos, incluyen gran número de ejemplos procedentes de distintas fuentes. Tal es el caso del Séfer Ha-Agadá selección de narraciones extraídas del Talmud y los midrashim de J. N. Bialik y Y. J. Rawnitzky. Al final de esta importante obra aparece una lista alfabética de centenares de proverbios, con aclaración de las expresiones más difíles, en especial las arameas. De otro tipo es la obra monumental de J. Rabin y Z. Radai Otzar Ha-milim, un diccionario ideológico cuyos tres tomos contienen unas trescientas mil entradas, entre ellas millares de proverbios, giros y dichos, antiguos y modernos, aunque sin mención de las fuentes.
El proverbio árabe, por su parte, tiene una historia no menos larga y rica que la de su homólogo hebreo. Como ya queda apuntado, los refranes, máximas, dichos y poemas sapienciales tenían ya amplia difusión en el período preislámico, pero sin duda alguna se difundieron mucho más con el advenimiento del Islam. Los antiguos proverbios de los nómadas del desierto, que reflejaban su modo de vida peculiar y sus creencias paganas, se caracterizaban ya entonces por el uso frecuente de comparaciones y rimas internas, junto con un ritmo cadencioso. Muchas estrofas de poetas árabes del período preislámico y del período clásico se han convirtido en proverbios, que el pueblo recita o declama y los prosistas incluyen en sus escritos. Al aparecer el Islam, se les sumaron aforismos de índole moral, en una parte de los cuales pueden rastrearse raíces judías o cristianas. Durante la época de las conquistas musulmanas se incorporaron también a la lengua árabe proverbios tomados del rico tesoro cultural de los pueblos sometidos, a veces con un ropaje cristiano o persa. El conservadurismo cultural de los árabes y el afán de sus lingüistas por preservar todo lo antiguo revistiéndolo de un aura de santidad, han sido la causa de que los proverbios ancestrales no se hayan perdido, sino que coexisten con los de origen más reciente, tomados de los pueblos conquistados. Existe toda una serie de antologías de proverbios clásicos, pero en su mayoría, éstos sólo pueden entenderse en ediciones comentadas, porque al parecer ya antiguamente su significado exacto no estaba claro o era controvertido. A comienzos del período islámico, los árabes tenían especial predilección por los proverbios. El autor al-Kalkasendi escribe en su obra más famosa Subju al-Asha fi Sinaati al-Ansha ("La mañana del nictálope en el arte de la composición"): "Los proverbios perduran más que la poesía y son más respetables que el discurso. Nada es más usual que ellos ni alcanza difusión mayor que la que ellos logran, hasta el punto que se dice: más común que un proverbio".
En el siglo XX, y en especial a partir de los años 50, se ha desarrollado en todos los países árabes una intensa corriente de interés por los proverbios. Cada país aspira a documentar sus proverbios en su dialecto vernáculo, y a veces incluso en los diferentes dialectos regionales. Esta tarea suelen llevarla a cabo estudiosos aislados, que atraídos por la belleza de los proverbios, han realizado una labor cuidadosa de compilación, agregando en caso necesario explicaciones tales como la clase de situación en la que resulta apropiado el uso de cada uno de ellos. Una parte de las compilaciones están siendo utilizadas para estudios folclórico-sociales y para la investigación de la lengua hablada en sus distintas variantes. Otro campo en el que se está haciendo uso del material así reunido es el de los estudios sociológicos: a través de los proverbios, los investigadores tratan de definir el carácter y las costumbres de los distintos pueblos, así como las relaciones entre individuos y grupos sociales.
El proverbio se ha convertido, pues, en herramienta para el estudio filológico y literario de ambas lenguas, el hebreo y el árabe. Algunos investigadores tratan de traducir proverbios de una lengua a otra y de establecer un paralelo entre aforismos análogos extraídos de los libros sagrados de cada una de ellas, o bien de fuentes clásicas y de la lengua hablada. Se abre así ante los lectores hebreos y árabes un nuevo camino para conocerse mejor a través de sus culturas respectivas. Es éste un esfuerzo que merece ser alentado.
Traducción: Shlomo Gitai
* David Saguiv nació en Irak y llegó a Israel en 1951. Fue director del Servicio Israelí de Radiodifusión en árabe y agregado cultural en la Embajada de Israel en El Cairo. Es autor de varios libros, incluido un dicccionario hebreo-árabe, y traductor de textos de ficción y no ficción del árabe al hebreo y viceversa. Se dedica a la investigación del Islam contemporáneo en Egipto, en el Instituto Truman de Jerusalén.