La musica arabe de al-Andalus

19 nov 1998
 Revista de Artes y Letras de Israel - 1998/105
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La música árabe de al-Ándalus

Pierrette Missika*

 
 

 

 

 

 

Según el escritor y filósofo francés Michel Leiris, la música es, de todas las artes, la que atañe más directamente a los sentidos, permitiendo al oyente pasar a un estado de embeleso, de éxtasis, o al de arrebato que los filósofos griegos denominaban "enthusiasmos" o inspiración divina. Lo que confiere a la música su poder es que se desarrolla en la dimensión temporal; es un arte que expresa una experiencia de tiempo, como si cada uno de sus instantes adquiriera significado sólo a la luz del siguiente, en una sucesión de momentos vinculados dentro de un ordenamiento predeterminado. Al Kindi, que murió en el año 873 y fue el primer filósofo árabe que escribió sobre música, sostenía que "se expande, se contrae y calma los movimientos del alma". Por su parte, el célebre musicólogo árabe al Farabi, nacido en el año 872, planteaba una teoría de la música puramente fisio-psicológica: "El hombre y los animales", decía, "guiados por sus instintos, profieren sonidos que varían según las emociones... A la inversa, esos sonidos, esas notas, despiertan las mismas pasiones, los mismos estados de ánimo en el oyente..."

Como forma de arte única en su género, cuyo conocimiento, además del amor por ella, se transmite exclusivamente por tradición oral, la música árabe de al-Ándalus no se interpreta en las salas de conciertos de Marruecos, sino en las celebraciones, a menudo reuniones familiares, en las que se entonan las canciones tradicionales. En esta creación viviente, movediza como las arenas del desierto, el músico es guiado por un maestro o por la comunidad musical anualmente presente en Fez o en Uchda.

Los textos a los que se ha puesto música están redactados en árabe clásico y datan del período comprendido entre los siglos VIII y XV. El árabe clásico, apenas comprendido por el público en general, sigue gozando de gran estima en los círculos culturales marroquíes. En lo que concierne a la poesía mística, a menudo relacionada con el sufismo, puede oírse fuera de las mezquitas, ya que en estas últimas no se canta, a diferencia de las sinagogas, donde los llamados piyutim (cánticos o poemas litúrgicos) forman parte del ritual. Varios son los temas que ocuparon a los grandes poetas andalusíes, entre ellos el amor cortesano, las devotas alabanzas al Profeta del Islam, las descripciones de los jardines andalusíes, de Sevilla y Granada o del Guadalquivir, o la nostalgia de los árabes por al-Ándalus después de la expulsión, paralela a los profundos anhelos de los judíos sefaradíes. Se escribieron ya en el árabe clásico (muwasha, forma poética de origen andalusí pero formulada en árabe clásico) ya en el dialecto andalusí de la época. El Ministerio de Cultura de Marruecos ha grabado la totalidad de los 14 modos musicales (24 en su origen, uno para cada hora del día) en la versión de grandes maestros.

En la Alhambra de Granada pueden verse, grabados en los muros, esos poemas compuestos por sus autores como resultado de su experiencia en España y cuyos textos, transmitidos por la música andalusí, siguen siendo conocidos por los marroquíes de hoy. Todo el sistema modal y musical andalusí, como el de la música judía de la Edad de Oro, está signado por la fecundación cruzada. Las primeras dinastías árabes en España llegaron con su propio bagaje cultural: un gran compositor desterrado por Harún al Rachid halló refugio en la corte de Córdoba. Los tañedores de laúd de la escuela iraquí estaban tan influidos por la música de Persia que algunos de los modos ostentan nombres persas; además, se pueden encontrar influjos musicales bizantinos, persas, españoles e incluso latinos.

Los poetas judíos escribían en árabe y en hebreo, utilizando las mismas estructuras poéticas. Rabí David Buzaglo, cantor litúrgico israelí, compuso piyutim en hebreo y en árabe, a veces con versiones alternativas en ambos idiomas (conocidas como matruz, o "bordados"), textos religiosos místicos compuestos por él e interpretados en los modos de la Edad de Oro de Sefarad. En la comunidad sefardí de Israel, sólo los que han estado en contacto con la obra de los grandes poetas (paytanim) han conservado una tradición hebrea. Como en la música andalusí de Marruecos, la instrucción es esencialmente oral y se transmite de oído a través de las generaciones. El paytán Émile Zrihen, por ejemplo, emplea todos los modos y melodías de origen andalusí. En Argelia, un musicólogo judío llamado Yafil Edmonde Natan realizó en 1927 una compilación de poesía cantada andalusí en todos los modos que sobrevivieron, con una transcripción fonética en hebreo. Rabí Attia compiló una antología musical andalusí-sefaradí en la cual la poesía árabe escrita en caracteres hebreos se complementaba con obras originales en hebreo adaptadas al sistema modal. En casos de divergencia de opiniones en lo concerniente a determinadas notas o matices musicales, los músicos árabes acudían a Rabí Buzaglo, que vivió en Marruecos hasta 1962, para que dictaminara; en las grabaciones locales del profesor Jaim Zafrani se conservan las melodías de Buzaglo.

Actualmente, hay en Israel dos categorías principales de "música étnica": la primera, representada a título de ejemplo por Amzalag Avi quien, como otros directores marroquíes de conjuntos musicales, ha expandido el elemento instrumental a dimensiones mayores que las habituales en la música andalusí, y la otra es la que representan grupos como "Bustán" o "Sfatayim", tendentes a una síntesis musical israelí.

Amzalag Avi, oriundo de Casablanca, donde su padre era paytán, recibió una formación clásica como flautista en la academia de música local. Apasionado admirador de la "música auténtica", comenzó por formar un quinteto, que incluía un intérprete de ud y uno de darbuka, con el cual grabó centenares de casetes. Hace unos años, cuando le pidieron formar una orquesta andalusí en Israel, elevó el número de ejecutantes a un total de 35, en el cual los músicos "étnicos", que no leen la notación musical, ceden la delantera a los "occidentales" que pueden seguir la partitura. Lejos de imitar la polifonía occidental, este conjunto aspira a una interpretación heterofónica en la cual se ejecutan simultáneamente distintas variantes de la composición.

Al igual que el renombrado grupo musical "Habrera Hativit"* dirigido por Shlomo Bar, también el conjunto "Bustán", que se especializa en música étnica y da un admirable ejemplo de coexistencia entre judíos y árabes, ha producido algunas relaciones musicales poco corrientes. A diferencia de "Habrera Hativit", el grupo "Bustán" incluye músicos árabes. Su arte es una síntesis original, una fusión de culturas y estilos diferentes de sus componentes originales. Casi todo su repertorio es obra de los integrantes del conjunto y generalmente se produce una lenta maduración a través de las repeticiones, a veces a partir de una idea musical simple. Los solos son especialmente importantes ya que, como en toda la música oriental, la improvisación es un elemento primordial.

Un grupo de formación reciente, "Sfatayim", de la población sureña de fomento Sderot, se siente más cómodo tocando música popular marroquí, con motivos étnicos adaptados a los ritmos modernos y textos plenos de nostalgia.

Hay un proyecto musical en el cual se desarrolla e interpreta poesía judía y árabe en el mismo modo andalusí y con las mismas melodías. Es una buena manera de rememorar una edad de oro en la cual ambos pueblos se dedicaban juntos al trabajo y la creación artística, respetando mutuamente sus diferencias culturales, aspirando a la perfección y exhibiendo una actitud de apertura espiritual que hacía posible el diálogo entre las dos culturas, hermanas en su anhelo y cercanas en la importancia suprema atribuida a los textos y en el énfasis puesto en la instrucción oral.


Traducción: Ayeleth Nirpaz

* Pierrette Missika es el seudónimo de una escritora nacida en Francia que vive en Israel desde 1966. Es periodista, crítica, poetisa y traductora y durante muchos años trabajó en la edición francesa de The Jerusalem Post.