El estudio arquitectónico de las sinagogas se apoya, entre otros factores, en el examen comparado con los lugares de culto de otras religiones. La comparación con las iglesias es casi obligada, ya que las primeras iglesias y las primeras sinagogas aparecieron en la misma época y en un mismo entorno geográfico, hasta tal punto que a veces resulta difícil decidir quién influyó en quién.
En el caso de las mezquitas, la situación es diferente puesto que aquí la precedencia histórica está clara, de tal modo que por lo menos al comienzo, la dirección en la cual se ejerce la influencia no deja lugar a dudas. Sin embargo, a medida que se van fijando pautas, y las costumbres van cobrando arraigo, se empiezan a observar también, allí donde coexisten casas de oración de las dos religiones, influencias en dirección opuesta, es decir sinagogas o elementos de las mismas, que reflejan el influjo arquitectónico de las mezquitas.
Muy poco se ha escrito hasta la fecha acerca de las sinagogas en tierras del Islam, tanto en el entorno mediterráneo como en el Asia central u oriental. Contrariamente a los países europeos, cuya arquitectura estuvo dominada durante siglos por la piedra, los materiales de construcción utilizados en el Oriente y en el norte de Africa madera, adobe y morteros blandos no resistían los embates del tiempo, y por ello las sinagogas se tenían que demoler y reedificar una y otra vez. Al tratar de restaurar las sinagogas, y sobre todo de reconstruirlas, los constructores tuvieron que enfrentarse más de una vez a la oposición de las autoridades religiosas, en especial en países islámicos. Con todo, casi siempre se pudo encontrar un gobernante liberal o un juez de mente abierta que acertara a circunvenir las prohibiciones religiosas, lo que permitió a los judíos edificar o renovar sus sinagogas en casi todas las épocas.
En contraposición a las sinagogas de Europa que fueron construidas de materiales duraderos y muchas de las cuales inclusive algunas muy antiguas subsisten hasta nuestros días, las de Oriente rara vez rebasan los cien o ciento cincuenta años; esta circunstancia dificulta sobremanera el estudio de su evolución arquitectónica. Sin embargo, la cultura oriental, contrariamente a la europea, no considera inapropiado que un edificio nuevo, destinado a reemplazar a otro deteriorado por el tiempo, sea copia exacta del que viene a sustituir, de modo que aún tratándose de un edificio reconstruido, su estilo refleja fielmente el de la antigua construcción desaparecida.
Muchos de los países orientales se caracterizan por un clima especialmente cálido; así sucede en Irak, en parte de Africa del Norte y en varios países del Asia central. Por eso se da en ellos un fenómeno que no existe en los países de Europa: el de las sinagogas a cielo abierto. Ya en la época de la Mishná y el Talmud (primeros siglos d.e.c.) encontramos en estos países sinagogas, que por distintas circunstancias o razones, no están techadas. En los siglos posteriores vuelven a aparecer en toda la región mediterránea y en el Asia central, por consideraciones climáticas y quizás debido también a prohibiciones impuestas a los judíos por la religión musulmana. Sea como fuere, este tipo de construcción reaparece en distintos lugares y épocas, y bajo diferentes condiciones climáticas, pero siempre en el ámbito mediterráneo o en el Asia central.
Hay que tener en cuenta que esta clase de planificación refleja una concepción de la sinagoga distinta de la que tenían los judíos de Europa: en Oriente no era sólo casa de oración, sino lugar de reunión social, educativo y cultural. En otras palabras, los patrones culturales específicos de aquellos países influyeron en el uso que se dio allí a la sinagoga y, por ende, en su diseño.
Cuando Esdras retornó a Jerusalén, en el siglo V a.e.c., trajo consigo algunas costumbres que los judíos habían adoptado al parecer durante la cautividad de Babilonia. En Mesopotamia, donde el clima es caluroso y húmedo, era común desde tiempos antiguos, celebrar los actos públicos al aire libre o en edificios sin techar. Según relata el Libro de Nehemías (8, 1-3): "Y dijeron a Esdras el Escriba que trajese el libro de la Ley de Moisés... y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la Puerta de las Aguas". Para Esdras, por lo tanto, una plaza de la ciudad era un lugar perfectamente adecuado para dar lectura a la Ley de Moisés ante una gran congregación. La plaza toma el carácter de lugar público apto para actos litúrgicos, continuando lo que quizás ya fuera habitual entre los desterrados en Babilonia. Confirmación de ello puede encontrarse en la Mishná, tratado Meguilá (3, 1): "Los habitantes de la ciudad que han vendido la plaza de la ciudad, pueden con su precio comprar sinagogas; si venden una sinagoga, compran un forro para un Libro de la Ley; si venden un Libro de la Ley ...". Tenemos ahí la prueba de que se adscribe a la plaza pública una cierta santidad, menor que la de la sinagoga, pero santidad con todo.
Las sinagogas antiguas de Eretz Israel posteriores a la destrucción del Segundo Templo, comprenden muchas veces un patio incorporado, a manera de atrio, adyacente al edificio. Los templos nabateos construidos en la parte norte de Transjordania entre el siglo I a.e.c. y el siglo III d.e.c., como el templo de Sia en el Haurán y el de Sur en Al-Leja, en el Bashán, así como el templo cananeo de Baal Shemin, en Kedesh, en la Alta Galilea, no son sino grandes patios rodeados de columnatas rematadas por un tejadillo, en tanto que el centro del patio permanece sin techar. Este atrio precede al santuario, un edificio relativamente pequeño, al que se accede desde el patio por una puerta central, o a veces, como en Kedesh, por dos puertas laterales practicadas en la fachada, por las que sólo podían entrar
los sacerdotes. El culto, de carácter orgiástico, se desarrollaba en el atrio; al "santo de los santos" situado dentro del edificio, accedían sólo los allegados a la divinidad.
De hecho, también el Segundo Templo de Jerusalén, que susbsistió desde el siglo V a.e.c. hasta el siglo I d.e.c., estaba rodeado de patios sucesivos, de grado tanto mayor de santidad cuanto más próximos estaban al Santo de los Santos. Los patios estaban rodeados de pórticos techados, que según el Talmud eran "a modo de basílicas". Sin entrar en el detalle del uso específico de cada patio, está claro que allí también desempeñaban un papel litúrgico y ceremonial, relacionado con las funciones de los sacerdotes del Templo; es decir, que el culto al aire libre también existía en Jerusalén.
Las sinagogas antiguas de Eretz Israel, de los siglos I a VIII d.e.c., tenían en su mayoría planta basilical, con un patio rodeado de columnas, a manera de peristilo, al frente o a un lado del edificio. El patio era también usual en los templos de otras religiones, donde además de los usos profanos cumplía funciones sacras.
El Talmud babilónico, en el tratado Baba Batra 3b, explica que los amoraítas Marimar y Mar Zutra demolían la sinagoga cada invierno y construían la de verano, y al fin del verano la volvían a demoler y construían la de invierno. Aparece aquí, pues, un concepto interesante: el de sinagogas de verano frente a otras, distintas, de invierno. El tratado Berajot 8a del Talmud babilónico relata que "Rav Amí y Rav Así dos de los últimos amoraítas, aunque tenían trece sinagogas en Tiberíades, solían orar entre las columnas, en el mismo lugar donde enseñaban". "Entre las columnas" parece designar aquí al peristilo a cielo abierto, ya mencionado antes, que permitía dedicarse al estudio de la Ley y a la oración hasta bien entrada la tarde, antes de que anocheciera por completo.
En la ciudad de Dura-Europos, a orillas del Éufrates, existió en la antigüedad una gran comunidad judía, a partir del período de florecimiento de las comunidades babilónicas. La ciudad fue destruida a mediados del siglo III, y con ella su espléndida sinagoga. Ésta tenía también un patio adyacente al recinto destinado a la oración. Otra característica interesante es la existencia, dentro de la sinagoga, de un nicho ornamentado, que señala el lado hacia el cual deben orientarse los fieles al orar, al igual que el mihrab de las mezquitas (un concepto arquitectónico que aparecerá 400 años más tarde y que en este contexto constituye un anacronismo). Al lado del nicho había una especie de púlpito elevado, al que se accedía por una escalera de piedra y que, haciendo el mismo uso anacrónico de los términos, podría calificarse de semejante a un mimbar de mezquita.
Los conceptos de sinagoga de verano y sinagoga de invierno no estarían claros de no ser por la existencia en Alepo, Siria, de una sinagoga así constituida, que viene funcionando desde el siglo VI o VII hasta nuestros días. Esta sinagoga es muy similar a aquéllas cuyos vestigios se han excavado en Galilea y que datan de la época de la Mishná y el Talmud. La de Alepo se construyó, al parecer, a finales del siglo VI. Un viajero cristiano que la visitó en 1625, dijo que "era famosa por su belleza y por sus antigüedades" y la describió en estos términos: "La sinagoga es un patio cuadrado sin techar... a la derecha hay una sala grande que sirve para los rezos en invierno, cuando hace frío o llueve, en tanto que el gran patio sirve para los rezos en días templados ...". Las dos sinagogas se llaman hasta hoy de invierno y de verano. En medio del patio hay un estrado, y en el extremo sur se encuentran tres nichos para los rollos de la Torá. Está claro, pues, que la sinagoga a cielo abierto tiene un origen muy antiguo.
Esta sinagoga tiene, además, algunas características peculiares, que recuerdan a las mezquitas, como el estrado central del patio, muy similar a las construcciones erigidas sobre pozos del patio de las mezquitas, el púlpito elevado para tocar el shofar, parecido a un mimbar de mezquita, o la existencia de varios nichos, usual en estas últimas.
Las primeras mezquitas datan de mediados del siglo VII. La mezquita que se estableció en el año 635, en Basora, Irak, consistía en un simple cuadrilátero trazado en el suelo, sin ninguna edificación. Por la misma época, en Kufa, también en Irak, se delimitó el ámbito de la mezquita por un método singular: un hombre arrojó una lanza en cuatro direcciones, señalando así las cuatro esquinas de un rectángulo; para cercar este "recinto", se plantaron cañas a lo largo de sus costados. Con el tiempo se construyó a su alrededor una columnata coronada por un techo, con lo que se formó un patio a cielo abierto circundado por un peristilo. En Damasco, el antiguo templo de Júpiter, convertido por el emperador Teodosio en iglesia, fue reconvertido en mezquita.
El Islam fue desde su inicio una religión itinerante, propia del desierto, que se extendió como religión conquistadora desde la península arábiga hacia el norte, ramificándose luego a Jerusalén y Damasco hacia el oeste y a Mesopotamia hacia el este. Una religión siempre en camino no se detiene a levantar templos espléndidos ni construcciones permanentes: se contenta con simples recintos a cielo abierto o bien echa mano de los templos edificados por otras religiones.
El área de expansión del Islam es esencialmente una región calurosa y árida. En Babilonia, y aún más en Asia Menor, era usual desde tiempos antiguos construir casas de vivienda y edificios públicos alrededor de un patio interno o una plaza. El espacio a cielo abierto que quedaba en el centro, rodeado de pórticos, se utilizaba para reuniones privadas o actos públicos.
La mezquita primitiva era el foro del Islam naciente, el lugar de encuentro y de reunión, en el cual se adoptaban decisiones importantes y se fijaban reglas de conducta para aquella sociedad musulmana incipiente. Mahoma, al restaurar La Kaaba en La Meca y edificar las primeras mezquitas en Medina, recurrió al talento de artífices coptos y a los miembros de la tribu judía Banu Qurayza, que eran expertos en construcción. Al principio los musulmanes al orar se orientaban hacia Jerusalén, lugar del sacrificio de Ismael (que en la tradición del Islam reemplaza al sacrificio de Isaac), pero cuando Mahoma comprobó que los judíos se oponían a sus doctrinas, decidió cambiar la orientación de las oraciones hacia La Kaaba en La Meca.
En la primera mezquita construida por el propio Mahoma en Medina, una de la paredes, llamada qibla, que está orientada al norte, indicaba inicialmente la dirección de la oración hacia Jerusalén, pero después de su ruptura con los judíos hizo añadir una segunda qibla orientada al sur, hacia La Meca, y desde entonces el lugar se conoce como Masdjad al-Qiblateyn, "Mezquita de las dos qiblas". Así es como nació la qibla o "muro de orientación" de las mezquitas.
A principios del siglo VIII se agregó una hornacina en ese muro, el mihrab, hacia el cual los fieles dirigen sus plegarias. Cuando el califa Omar Ibn Abdel-Aziz hizo restaurar la mezquita de Mahoma en Medina, contrató a obreros coptos que introdujeron la noción de nicho de oración o gomha. Sin embargo, contrariamente al nicho de las sinagogas o de las iglesias, el de las mezquitas está vacío y cumple sólo el papel de "receptáculo" de las oraciones, hacia el cual se orientan los fieles en su rezo.
No está claro si fueron las sinagogas, las iglesias, o ambas, las que influyeron en las mezquitas. En todo caso, como ya se ha dicho, en la sinagoga de Dura Europos existió un nicho (en el cual se colocaba, al parecer, el tabernáculo con los rollos de la Torá, cuando se introducían en la sinagoga), y junto a él, un púlpito para el predicador. Esta asociación de nicho de oración y púlpito se reproduce en las mezquitas con el mihrab y el mimbar. En las mezquitas hay, además, una tarima de madera frente al mihrab la diqa para quienes corean las respuestas a los rezos del imán. También en las sinagogas es usual un estrado de madera la bimá, lo que podría ser indicio de influencias mutuas. Junto a la diqa está el sillón del lector, que nos recuerda la "cátedra de Moisés" de la sinagogas antiguas, mencionada en el Evangelio (Mateo, 23, 2).
Encontramos, pues, en las mezquitas diversos detalles y accesorios de carácter ritual, análogos a los que existieron precisamente en las sinagogas. La religión incipiente, que consideraba a los "Pueblos del Libro" como sus aliados, no vió óbice en adoptar en sus casas de oración, elementos del culto copiados de las de judíos y cristianos.
El patio es en muchos casos el elemento principal de la mezquita, constituyendo a veces la mezquita misma. El patio comprende algunos otros elementos característicos, como el pozo o la fuente que tiene en el centro, y que se ubica allí para detener la impureza, al igual que el rito de descalzarse antes de acceder al ámbito reservado a la oración. En las sinagogas se encuentra también un pozo, y la costumbre de descalzarse al entrar susbsiste hasta hoy entre los judíos del Yemen.
Como puede observarse en algunas sinagogas de épocas más recientes, la construcción del centro del patio, aunque parecida al remate de la fuente en las mezquitas, sirve de hecho de tribuna de oración. Así sucede en la sinagoga al aire libre de Alepo y en algunas de Irak. En Alepo hay en el patio un lugar elevado, conocido como beit-hatekiá (lugar para tocar el shofar o cuerno), idéntico al mimbar de las mezquitas.
En la misma sinagoga hay varios nichos, semejantes a un mihrab, que sirven de tabernáculos para los rollos de la Torá. En algunas mezquitas se encuentran también varios mihrab; en tales casos, algunos tramos de pared de la qibla se asignan a familias de notables, cada una de las cuales tiene su propio nicho de oración en la qibla.
La base de la arquitectura islámica se encuentra en el edificio de vivienda. Visto desde el exterior, éste se presenta como un muro sin aberturas; la vivienda se desarrolla de cara adentro, abierta a un amplio patio interior. La posada árabe para caravanas, o caravasar, se construye según la misma pauta, con un gran patio interior, a cuyo alrededor se alinean los cuartos donde duermen los viajeros mientras que el centro se reserva a los camellos.
En toda la arquitectura islámica se encuentra esta configuración: un espacio central a cielo abierto, hacia el cual se abren cuartos abovedados, con portales de arcos. Este mismo tipo de construcción se encuentra en las mezquitas (ya se ha señalado que las primeras mezquitas se atuvieron a este modelo), en las madrasa, o escuelas coránicas, en los baños públicos y en las viviendas particulares. Las sinagogas de los países musulmanes se construyeron conforme a este mismo patrón.
Las sinagogas a cielo abierto se encuentran en todos los países de Oriente Medio, en el norte de Africa y en el Asia central, con formas variables y por razones diferentes. En Babilonia, hoy Irak, se reproduce una y otra vez un mismo esquema. La antigua sinagoga Salat-al-Kabiri de Bagdad dataría, según la tradición, del comienzo del exilio y habría sido construida con arcilla traída de Jerusalén por Joaquín, último rey de Judá. Por estar hecha de arcilla y adobe, se deterioraba de vez en cuando y tenía que reconstruirse, lo que sucedió por última vez en 1885. Conforme a la costumbre oriental el nuevo edificio se hacía siempre idéntico al antiguo, en especial en el caso de una sinagoga tan venerada por su antigüedad, de modo que cabe suponer que el edificio actual es copia fiel de la sinagoga antigua.
Rabí David Sason, en su libro Masá Bavel ("Viaje a Babilonia"), escribe que la mayoría de las sinagogas de la ciudad se parecían a aquélla: un gran patio cuadrado sin techar, en cuyo centro había un estrado, grande y alto, sombreado por un tejadillo sostenido por columnas de madera. El patio estaba circundado por salitas llamadas heijalot (santuarios), techadas con cúpulas de piedra y cerradas por tres costados, con el cuarto costado abierto al patio. Alrededor de las paredes de cada sala corría un poyo, en el cual se sentaban los fieles, en las salas que miraban al oeste. Además, cada heijal tenía nichos en los que se guardaban los rollos de la Torá. En el centro de la pared orientada cara al oeste estaba la sala principal, ocupada por el presidente de la comunidad de Bagdad, con tres nichos que contenían los rollos de la Torá más preciados.
Alrededor del estrado había también grupos de asientos al aire libre, que se designaban con el mismo nombre de "heijalot". Todo el espacio que rodeaba el estrado estaba sin techar, ya que en Bagdad, las lluvias son muy infrecuentes. En los raros días de lluvia, tendían esteras entre el techo del estrado y los de las salas laterales.
Las salitas orientadas al este y la parte posterior de las de los costados norte y sur estaban divididas en dos pisos, reservándose el piso alto a las mujeres. Cuando la asistencia de mujeres era grande, las que no cabían allí subían al techo de la sinagoga. El uso del techo como lugar de oración ya se menciona en el Talmud: "Rabí Yehudá y Shemuel estaban una vez en el techo de la sinagoga de Shaf Ve-yatib en Nehardea...". En otras palabras, la congregación utilizaba todas las partes del edificio para fines acordes con sus necesidades.
La arquitectura de la mayoría de los edificios públicos de Babilonia se basaba en este esquema de patio interior rodeado de cuartos abiertos al patio. El mismo esquema, que predominaba también en viviendas y posadas, es ideal para un país muy caluroso: las salas abiertas al patio gozan a un tiempo de ventilación y sombra; el patio, por su parte, ofrece un amplio espacio donde pueden congregarse grandes grupos, mientras que los grupos pequeños pueden reunirse en las salas laterales. La oración se realizaba en días hábiles en pequeños minianim (grupos de diez varones), utilizando las salas laterales, en tanto que en días festivos, toda la congregación se apretujaba en el patio para participar en una oración conjunta.
En las sinagogas de Asia central, y especialmente de Kurdistán, se repite este patrón de gran patio abierto que sirve de lugar de oración, con un tabernáculo techado en su centro y salas de oración a su alrededor. En Kurdistán, el patio central está rodeado de una galería, con techo y columnas de madera, en lugar de salitas abovedadas como en Bagdad. En la pared de fondo de la galería se abren nichos donde se guardan los rollos de la Torá. Los materiales de construcción utilizados en Kurdistán no son duraderos, pero pueden reemplazarse con facilidad, de modo que estas sinagogas se han reconstruido repetidamente. Las que existen actualmente son idénticas a las de tiempos pasados, pero de construcción relativamente reciente. Durante el presente siglo algunos de los patios se han techado, dejando sólo por encima del estrado un tragaluz, que suele estar cubierto por una vidriera.
En Afganistán existen aún sinagogas antiguas, que se caracterizan por un diseño básicamente bizantino: son de planta cuadrada y están cubiertas por una cúpula apuntada, que se apoya en cuatro arcos. En otros casos, el techo de la sinagoga está constituido por una cúpula alargada, sostenida por dos grandes arcos diagonales, de perfil rebajado y apuntado (diseño que recuerda el de las mezquitas de derviches bakteshía y mawlawía). El estrado de madera ocupa a veces el centro del recinto; otras, está adosado a la pared occidental la orientada a Jerusalén, en la cual se abre el tabernáculo con los rollos de la Torá. En otras épocas, el tabernáculo era un pequeño recinto en el cual se conservaban los rollos de la Torá, protegidos por estuches redondos de madera.
Estas sinagogas tenían también un amplio patio delantero, que se usaba para distintos fines. En su centro había generalmente un estrado, lo que parece indicar que en los días calurosos del verano se usaba como lugar de oración.
Del Asia central retornamos a Europa. Sicilia estuvo bajo dominio árabe durante siglos. Después de su reconquista por los cristianos, el emperador Federico II en el siglo XIII expulsó a los musulmanes, y las mezquitas quedaron abandonadas. Los judíos que fueron a establecerse en la isla pidieron permiso al emperador para construir sinagogas. Se les denegó el de erigir nuevos edificios, pero se les permitió utilizar lugares de culto abandonados. Al parecer, los judíos convirtieron algunas mezquitas en sinagogas, en distintos lugares de toda Sicilia. Así lo confirma el relato de un viajero judío, que describe dos sinagogas sicilianas*.
Rabí Obadia de Bertinoro, que recorrió la isla, escribe así: "Entramos en Messina y ellos tienen una sinagoga con un atrio sin techar en el centro y cubierto por los cuatro lados. Dentro de la sinagoga surte una fuente". Lo mismo sucedía en Palermo, si bien allí, además del atrio abierto con una fuente en el centro, había en el costado oriental una gran sala con columnas, cuadrada, de 40 por 40 codos (23 por 23 metros), que tenía en su lado oriental una pequeña "capilla" donde se guardaban los rollos de la Torá, con una construcción de madera en su centro, que era el estrado para el oficiante. Las dos descripciones corresponden de hecho a dos tipos de mezquitas: en Messina, es la de tipo totalmente abierto sin recinto techado, al igual que las mezquitas antiguas de Basora o de Kufa en Mesopotamia, en tanto que en Palermo, la construcción recuerda los modelos norteafricanos de Kairuán o de El Cairo.
La más antigua sinagoga de Africa del Norte es la de Fustat, el barrio antiguo de El Cairo. Al parecer, en un principio hubo en aquel lugar una iglesia melquita, que en el siglo IX pasó a servir de sinagoga. Se trata de una construcción de planta basilical, con una galería para las mujeres que rodea el edificio por tres costados. El conjunto es muy similar a las iglesias coptas o católicas antiguas, como la iglesia de Muallaka, contigua a esta sinagoga. El edificio actual fue reconstruido a principios de siglo sobre las ruinas de una sinagoga antigua. Según descripciones de distintos viajeros, esta última se parecía mucho a las sinagogas e iglesias antiguas de Galilea, lo cual resulta verosímil dada la proximidad cronológica entre ellas.
En Tunicia, era rasgo común de muchas sinagogas el tener un amplio peristilo delante de la entrada. El local de oración solía tener planta basilical, con ventanas en la parte alta de la nave central, formando una especie de triforio. Tal era el caso de la sinagoga de Hara Zeguira, en la isla de Djerba. En algunos casos, las columnas y los arcos que se apoyaban en ellas no se orientaban hacia el tabernáculo sino transversalmente, como en la gran sinagoga de Túnez o en la de Hara Kbira, en Djerba. El gran peristilo, donde se acomodaban, al parecer, parte de los fieles, se fue convirtiendo con el tiempo en un recinto techado que tenía a veces un patio interior por donde entraba la luz.
En conclusión, cabe decir que si bien en los comienzos del Islam se aprecia una influencia arquitectónica de la sinagogas en las primeras mezquitas, con el tiempo esta tendencia se va invirtiendo, y más tarde se observan influencias recíprocas. Hubo también casos en los que las casas de oración de un culto pasaron a ser usadas por los fieles del otro, lo que conllevó un cambio de función pero no de diseño arquitectónico.
Traducción: Shlomo Gitai
* David Cassuto, nacido en Florencia en 1937, es un arquitecto especializado en edificios públicos en Jerusalén, incluida la restauración de de la Sinagoga Italiana en el centro de la ciudad. Desde 1993 forma parte del consejo municipal de Jerusalén y es vicealcalde de la ciudad; tiene a su cargo la cartera de Cultura.