Tarjetas postales judםas

19 nov 1998
 Revista de Artes y Letras de Israel - 1997/104
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Shaná Tová! - "Feliz Año Nuevo"
Tarjetas postales judías
Una moda que arrebató a Europa hace cien años

Rachel Schnold

 
 
Lejaim, hermano! Que Dios nos depare un año de buena fortuna, salud y larga vida!


Si te hace falta algo para tu subsistencia, si te falta dinero para la dote de la novia, hoy la cajera del cielo está realizando todos los deseos de los judíos. Todos recibirán sus regalos.


Ya vienen los días de la luz y la felicidad. Dios te colma con Su abundancia. Las cubas se colman de su bondad - y estamos dispuestos a recibirla.


Este Año Nuevo, todos tus deseos son sorteados en la lotería. La suerte será propicia para todo lo que tu corazón desea.


Oh, Médico celestial, que cura todas las penas! Dadnos buena salud en la abundancia, dadnos fuerzas renovadas!


Comprando gallinas para el Día del Perdón.

Se acerca el fin de la desdicha, la pena y la desesperanza. Dios allana el camino con buenos deseos y flores.


Benditos sean, nuestros hijos! El el próximo año seréis la gloria de nuestro pueblo, seréis los abanderados!
 

Leshaná tová tikatevu, "Que sean inscritos para un Feliz Año Nuevo", la bendición hebrea que se oye a menudo en Rosh Hashaná, el año nuevo judío, se escribía ya en el siglo XIV. En esa época, Rabí Jacob Ha-Leví ben Moshé Moellin, propuso que se añadiera en toda carta que se enviara antes del nuevo año, en el mes de Elul (agosto-septiembre), y la costumbre se perpetuó durante cientos de años hasta hoy en día. La gente se viene enviando tarjetas de felicitación para el año nuevo desde la primera mitad del siglo XIX, pero ya antes existía la costumbre aunque adoptaba otras formas.

Las primeras tarjetas postales se produjeron en Viena el 1 de octubre de 1869, pero no se hicieron realmente populares hasta que aparecieron en Alemania, hacia 1889, las primeras postales con ilustraciones. Su popularidad se debió sobre todo a la reducción que suponían en el franqueo enviar una tarjeta postal cuesta la mitad de lo que vale una estampilla para una carta y a la influencia del desarrollo de los nuevos procesos fotográficos. La circulación de tarjetas alcanzó su cota más alta entre 1898 y 1918, cuando la moda de enviar postales causaba furor en toda Europa. Las primeras destinadas al público judío fueron unas tarjetas de felicitación de Rosh Hashaná sin ilustraciones que se imprimieron en Alemania hacia 1879. Cuando aparecieron las tarjetas ilustradas, hacia 1897, su uso se generalizó debido también a las grandes olas de emigración de judíos procedentes de Europa oriental al continente americano. Ya entonces, eran algo más que un mero medio para comunicarse; coleccionarlas se convirtió en una afición y se vendieron álbumes especiales para colocarlas y conservarlas.

A principios del siglo XX, el centro de la imprenta y la industria editorial hebrea de Polonia y Rusia estaba en Varsovia. Había muchas imprentas judías tales como Yehudia, Altneuland, Lebanón, Sinai, Central y S. Resnik. La demanda creciente de tarjetas postales provocó una aguda competencia, que produjo una amplia colección de tarjetas de distinto estilo y contenido. Muchos editores, sobre todo en Europa oriental, se mantuvieron apegados a la tradición judía. En los países de habla alemana, el estilo y el contenido de las tarjetas eran menos específicamente judíos y representaban, entre otros motivos, inventos y novedades como el aeroplano o el zepelín.

Las postales no eran caras, estaban al alcance de cualquiera y desde la última década del siglo XIX hasta finales de los años treinta del actual, constituyeron un importante medio de comunicación, sobre todo entre miembros de la familia que quedaron atrás en Europa oriental y los que habían emigrado a tierras lejanas. Sin duda, las que circularon en América hicieron sentir a los recién inmigrados la nostalgia del viejo mundo y de su ciudad natal. También fueron fuente de educación y entretenimiento y ocasionalmente persiguieron fines propagandísticos en una época en que los periódicos ilustrados estaban todavía en estado embrionario y los libros con fotos no eran fáciles de conseguir.

La mayoría de las postales que ilustran este artículo fueron impresas por la editorial Yehudia de Varsovia entre 1912 y 1918. Originalmente, formaban parte de un álbum único en su género que contenía 249 postales y se encontró durante unas obras en las ruinas del guetto de Varsovia. Este álbum se conserva en la Biblioteca Nacional de Varsovia. Muchas de las postales están firmadas por el artista Jayim Goldberg que murió en el Holocausto. Son fotografías de estudio que reflejan la vida judía de principios del siglo XX que combinaba la adhesión a la tradición judía con el mensaje del sionismo. Unas describen el envío mismo de felicitaciones y otras expresan los ideales del movimiento sionista, así como la emigración a los Estados Unidos, que son dos temas que acaparaban la atención del pueblo judío en la época. Algunas tienen un sesgo humorístico, otras un aire romántico. Un tema dominante es el del ciclo anual de la vida judía y muchas tarjetas describen escenas de la vida cotidiana o ilustran ocupaciones o profesiones típicamente judías.

Para preparar una postal, el primer paso consistía en arreglar el escenario. Los "actores" posaban en un estudio que reproducía el interior de una casa judía; el artista completaba la foto retocándola y dibujando en ella elementos adicionales. Al final, se le agregaba un poemita de felicitación en yídish. Por lo general, se editaba en tres versiones: en colores, en sepia y en blanco y negro.

Las fotografías de estudio y los dibujos añadidos a mano de las tarjetas nos ayudan a familiarizarnos con la vida judía de Polonia. Las fotos tienen una valor documental inequívoco y resultan peculiares porque representan un tipo de arte popular que estaba muy extendido entre los judíos, pero que, a la vez, dependía en gran medida de los métodos de producción en masa de la época. Nos dan una idea de lo que era la vida de los judíos en Polonia tal como la veían sus contemporáneos: las modas y la forma de vestir, el talante de la gente y sus gustos culturales, los artistas y figuras destacadas que la gente en general consideraba importantes y cuyas obras y retratos se elegían para decorar las paredes de los hogares.

A principios de siglo, algunos círculos religiosos de Alemania y Polonia criticaron la adopción de modas "foráneas" y, sobre todo, el derroche de dinero que acarreaba. Pero lo difundida que estaba la circulación de estas tarjetas y la variedad de estilos, son prueba de que había grandes sectores de población judía, tanto entre la que llevaba un modo de vida tradicional como entre la que no, que las enviaban y disfrutaban con ellas. Hoy son, en muchas ocasiones, la única documentación que queda de un objeto de arte que se perdió o de un edificio destruido durante la Segunda Guerra Mundial.


Tarjetas de Año Nuevo diseñadas por Jaim Goldberg, publicadas por Publicaciones "Yehudia", Varsovia, 1912-1918 (textos traducidos del Yiddish)

Traducción: Raquel Sperber