Hace pocos años el nuevo embajador de un país de Europa
occidental presentó sus credenciales al Presidente del Estado de
Israel. Tras una breve ceremonia oficial, ambos sostuvieron el usual
intercambio de palabras de cortesía. De pronto el Presidente
miró su reloj, pidió perdón a su huésped y
encendió el aparato de radio sobre su escritorio.
El embajador esperó pacientemente mientras el Presidente escuchaba
lo que sin duda era un noticiario y luego apagó la radio.
"Qué pasó?", preguntó el embajador. "Nada",
contestó el Presidente, un poco sorprendido. "Pensé que si
usted encendía el receptor, debía tener para ello un motivo
especial", observó el diplomático. "No", dijo el Presidente.
"Se trata de un reflejo condicionado. Si no escucho las noticias, me siento
nervioso durante toda una hora, hasta el próximo noticiario...".
Los visitantes en Israel suelen asombrarse a menudo por la aparentemente
compulsiva necesidad de los israelíes, de escuchar las noticias. El
Eclesiastés puede haber afirmado que "Nada hay nuevo debajo del
sol", pero los israelíes creen lo contrario: hora tras hora escuchan
el noticiario, casi con una mística convicción de que el
día de hoy es diferente del de ayer. Y el mundo parece estar de
acuerdo, por lo menos en lo que concierne a Israel: en relación con
su tamaño, Israel es la mayor fuente de noticias del mundo entero.
De ningún otro país se reportan los sucesos tan copiosa y
detallamente a los telespectadores y radioescuchas.
Los israelíes son también ávidos lectores de diarios.
Hasta la década de 1960 la prensa impresa era el principal proveedor
de noticias cuando Kol Israel -Radio Israel-, la única
estación en esos días, transmitía sólo dos o
tres noticiarios por día. Los diarios, como veremos más
adelante, servían también como comentaristas
ideológicos de los sucesos corrientes. Los últimos
años han sido testigos del papel cada vez más prominente de
la radio y la televisión, aunque Israel cuenta aún con uno de
los mayores índices de lectores de prensa escrita entre la
población adulta.
La historia de la prensa hebrea en Israel se inició casi un siglo
antes de la restauración estatal y de hecho, varias décadas
antes de la fundación del Movimiento Sionista. La prensa hebrea en
la entonces Palestina se inauguró con la publicación del
semanario jerosolimitano Halevanón, en 1863. Sus fundadores fueron
Ioel Moshé Salomon (luego fue uno de los fundadores de Petaj
Tikvá) y Michel Cohen, ambos mitnagdim*. Unos seis meses
después apareció el primer número de un segundo
semanario jerosolimitano, Hajavatzélet. Su director, el Rabino
Israel Bak, instaló también la primera imprenta hebrea en
Jerusalem. Hajavatzélet sirvió de vocero del movimiento
jasídico en la Tierra de Israel. Reinaba una feroz hostilidad entre
los dos semanarios y sus directores no vacilaban en denunciar uno al otro
ante las autoridades turcas, por presuntas actividades políticas
ilegales. El resultado final fue que las autoridades clausuraron ambos
periódicos.
Sólo en 1870 se permitió la reaparición de
Hajavatzélet, publicado por Israel-Dov Frumkin, yerno de Bak. El
revitalizado semanario lanzó inmediatamente una campaña
contra el sistema de la jaluká, es decir, la dependencia casi
absoluta del Viejo Yishuv (la comunidad judía en la entonces
Palestina) de donaciones de filántropos del exterior.
Varios nuevos semanarios vieron la luz en años subsiguientes, pero
todos fracasaron. Sólo Hajavatzélet continuó
floreciendo. Frumkin fue sometido a un jérem -excomunión de
la comunidad ortodoxa judía-, pero no se amilanó y
siguió publicando artículos militantes. Una de sus exigencias
fue que los miembros veteranos de la comunidad prestaran ayuda a los
refugiados de Rusia que habían arribado al país
después de los pogromes de los años '80. Frumkin luchó
también en favor de los inmigrantes yemenitas que eran objeto de
explotación por parte de los agricultores en las colonias
judías.
En 1882, el hombre que sería distinguido como "revivificador de la
lengua hebrea", Eliézer Ben Yehudá, arribó a la Tierra
de Israel. Los lectores de Hajavatzélet ya lo conocían por
sus colaboraciones desde París donde estudiaba. Apenas llegó
al país se unió al personal de redacción, pero
soñaba con fundar su propio periódico que le permitiera
presentar sus propios puntos de vista. Su sueño se hizo realidad en
1885, cuando tomó posesión de otro semanario, Hatzví,
("El Ciervo"). A diferencia de Hajavatzélet, el semanario de Ben
Yehudá se orientaba más hacia las noticias y se atenía
menos a los artículos de fondo. De hecho, conforme a Ben
Yehudá, Hatzví era un "cotidiano que aparecía una vez
por semana". Sea como fuere, muy pronto se convirtió en el
órgano del Nuevo Yishuv (la población judía de la
Tierra de Israel, después de la creación del Movimiento
Sionista) y de los adeptos sionistas en general. Al mismo tiempo
asistió a Ben Yehudá en su esfuerzo para propagar un hebreo
nuevo, hablado. Fue en Hatzví donde miles de palabras renovadas o
acuñadas por Ben Yehudá y sus colegas aparecieron impresas
por primera vez.
En 1901 Ben Yehudá recibió por fin un permiso de las
autoridades turcas para publicar su propio periódico y Hatzví
se transformó en Hashkafá. El nombre, que significa "Enfoque"
o "Punto de Vista", reflejaba la ambición de Ben Yehudá de
emular a la prensa extranjera, en la que abundaban nombres tales como The
Observer en Inglaterra y Observateur en Francia. A partir de 1904,
Hashkafá se publicaba dos veces por semana.
La Segunda Aliyá (ola de inmigración judía a la Tierra
de Israel), que se inició en 1904, estaba en gran medida compuesta
de fervientes socialistas. Como tales, sentían poca simpatía
por el burgués Ben Yehudá y su periódico, que contaba
con el apoyo financiero del Barón Edmond de Rothschild, a quien
veían como gran enemigo ideológico. En 1907 los activistas
del movimiento Hapoel Hatzair ("El Joven Trabajador") fundaron un semanario
que llevaba el nombre de dicho movimiento y tres años
después, los Poaléi Sión ("Trabajadores de
Sión") comenzaron a publicar otro semanario, Haajdut ("La Unidad").
Esas publicaciones emprendieron una acometida ideológica y entre sus
colaboradores figuraron David Ben Gurión, Itzjak Ben Tzvi, A.D.
Gordon y muchos otros líderes del Movimiento Sionista en el
país.
Jerut ("Libertad"), semanario con sede en Jerusalem que comenzó a
publicarse en 1909, editado por Jaim Ben-Atar, era considerado el vocero de
la comunidad sefardí en la ciudad. En 1910, Ben Yehudá
reaccionó fundando el primer cotidiano en la Tierra de Israel, Haor
("La Luz"). El director responsable era su hijo, Itamar Ben Aví, que
había retornado de Francia donde fuera periodista durante varios
años.
Eliézer Ben Yehudá fue criticado a menudo por su
"sensacionalismo", expresado sobre todo en titulares sumamente llamativos.
Pero, semejantes objeciones palidecían frente a las impugnaciones
contra su hijo. Acusado de fomentar un periodismo barato e irresponsable,
Ben Aví no se apocó: cuanto más lo atacaban, tanto
más propendía al sensacionalismo. Introdujo también
mejoras técnicas en Haor y le dio una apariencia externa similar a
la de los periódicos modernos en el exterior.
Los años de la Primera Guerra Mundial fueron ruinosos para la prensa
hebrea en la Tierra de Israel. Sólo Jerut (convertido en cotidiano
en 1912), continuó apareciendo regularmente. Sin embargo,
después de la conquista británica de Palestina a fines de
1917, muchas personas exiliadas por los turcos retornaron al país.
Se inició la Tercera Aliyá y el yishuv creció con
rapidez.
En 1919 un grupo de escritores jerosolimitanos comenzó a publicar un
diario llamado Jadshot Haaretz ("Noticias del País"). Sus primeros
editores se sucedían rápidamente, hasta que el diario
trasladó su sede a Tel Aviv y el Dr. Moshé Glickson fue
nombrado director en jefe (cargo que desempeñó por espacio de
14 años).
Ben Yehudá fue uno de los fundadores de Jadshot Haaretz, pero pronto
comprobó que no tenía un lenguaje común con sus
colegas. El padre se incorporó entonces a su hijo y le ayudó
a materializar el sueño de ambos: el establecimiento de un cotidiano
hebreo, Doar Haiom, que desde el inicio trataba de emular al famoso diario
inglés del que había tomado el nombre, el "Daily Mail".
La mayoría de los directores y cronistas de Haaretz (este nombre es
una reducción de Jadshot Haaretz), eran de origen ruso y
seguían una tradición liberal-democrática. El diario
no estaba subordinado a ningún dictado político y se esmeraba
en adoptar un papel conciliatorio en las enconadas controversias
políticas que estallaban a menudo en el yishuv. Pero Doar Haiom
adoptaba una posición más militante y nacionalista. A fines
de 1928, Zeev Jabotinsky asumió el cargo de director durante un
breve período, en que el diario fue el órgano del Movimiento
Revisionista que él encabezaba.
La izquierda política en la entonces Palestina no contó con
un periódico cotidiano propio hasta 1925, cuando Davar (que puede
traducirse como "evento" o "palabra") fue fundado por la Histadrut
(Federación General del Trabajo). Su director, Berl Katzenelson, era
un preeminente líder e ideólogo del movimiento laborista.
Katzenelson dedicó mucho empeño y reflexión a dicho
diario; su suplemento literario de los días viernes atrajo a los
más importantes escritores y poetas de la época.
Davar imprimió su sello a la etapa siguiente en la evolución
de la prensa hebrea en la Tierra de Israel. Fiel a la tradición
política de Europa Oriental, el Yishuv se dividió en
numerosos partidos. Cada uno de éstos consideraba un sagrado deber
la fundación de su propio diario, creyendo -también por
influencia de la tradición política oriental europea- que un
cotidiano era el medio más efectivo para impulsar los intereses e
ideología del partido, y asegurar que los adeptos recibieran el
adoctrinamiento educativo "correcto".
El Movimiento Revisionista, luego de fracasar en sus intentos de convencer
a Itamar Ben Aví que transformara su diario en su vocero,
fundó Haam ("El Pueblo") en 1931, pero a los pocos meses fue cerrado
por las autoridades británicas. Los revisionistas fundaron entonces
Haiardén ("El Jordán") y en 1938, Hamashkif ("El
Observador"). Zeev Jabotinsky fue un constante colaborador en esas
publicaciones, entre cuyos directores cabe mencionar a Ben Tzión
Netanyahu, padre de Benjamín Netanyahu, actual líder del
Partido Likud.
Los Sionistas Generales trataron primero de encontrar su hogar en Haaretz.
Cuando el partido se dividió en 1936, el ala derecha fundó su
propio diario, Habóker ("La Mañana"). Similarmente, el
Movimiento Religioso Nacional Hamizraji, estableció un diario,
Hatzofé ("El Espectador").
Una famosa anécdota en la historia de la prensa hebrea se refiere a
Baruj Karú, director nocturno de Habóker. En agosto de 1945,
al día siguiente del lanzamiento de la bomba atómica sobre
Hiroshima, la prensa del mundo entero, incluso la de la entonces Palestina,
publicó la noticia bajo grandes titulares. Pero no Habóker,
que destacó en su primera plana un debate del comité central
del Partido Sionista General. Cuando los asombrados colegas pidieron a
Karú que explicara las razones periodísticas de su
decisión, contestó: "Sabía que el Presidente Truman no
me reprendería por el títular. Pero sabía
también que Israel Rókaj (un líder de los Sionistas
Generales) se enfurecería si el debate en el comité central
no aparecía por la mañana debajo de él".
Karú, por supuesto, llevó las cosas al absurdo. Pero el
cuento refleja la esencia y propensión de una gran parte de los
principales periódicos en el período del Mandato
Británico y, de hecho, durante las primeras dos décadas que
siguieron al advenimiento del Estado de Israel en 1948.
Los desmanes árabes en 1929 originaron una enorme demanda de
noticias. Un ímpetu adicional en esa misma dirección se
produjo en 1933, tras el acceso de los nazis al poder en Alemania; otro
tanto ocurrió ese año a raíz del asesinato de Jaim
Arlozoroff, joven y prominente líder sionista, en la playa de Tel
Aviv. El crimen que costó la vida a Arlozoroff dejó profundas
llagas en los campos políticos del país, que no cicatrizaron
hasta el día de hoy. Cada bando buscaba expresar sus puntos de vista
-y "guiar" a sus adeptos- en el tumultuoso debate. Para ello hacía
falta, naturalmente, un periódico.
Haaretz, el único diario serio que no estaba sujeto a ninguna
autoridad partidista, fue adquirido en 1937 por Shlomó-Zalmán
Schocken, un multimillonario judío alemán que sentía
pasión por la alta cultura (le pagaba un salario regular al
más prestigioso escritor hebreo de los tiempos modernos, S.I.
Agnón, por derechos de publicación de sus obras en todo el
mundo). Schocken puso el diario en manos de su hijo Guershom (Gustav)
Schocken, que fue su director durante varias décadas.
Doar Haiom, de Ben Aví, experimentó muchas vicisitudes. A
pesar de su personalidad controversial (era agresivo, solía
participar en riñas a puñetazos y abundaban los rumores sobre
su vida privada), Ben Aví era reconocido como director original y
creativo. Sus titulares estruendosos y tonos sensacionalistas no eran
aceptados completamente por la prensa, pero sin duda influyeron en ella.
Otras innovaciones técnicas y editoriales que introdujo, fueron
paulatinamente adoptadas por la prensa partidista.
Doar Haiom, por ejemplo, fue el primer diario matutino en Palestina. Hasta
entonces, todos los diarios aparecían a mediodía. La
razón no era comercial sino técnica: el servicio
telegráfico en el país era sumamente caro y oneroso. Los
informes de la agencia Reuters a Egipto por medio del telégrafo,
vaya el caso, llegaban a Palestina por tren! Sólo en 1929
comenzó Reuters a transmitir informes telegráficos directos
al país. Ben Aví fue el primero en aprovecharlos para
publicar su diario en horas de la mañana.
Cuando Doar Haiom dejó de aparecer, en 1936, tras 17 años de
existencia y una larga agonía, parecía evidente que la mayor
parte de la población judía en la Tierra de Israel aún
quería leer periódicos ideológicos que no sólo
le informaran sobre lo que ocurría, sino que orientaran
también su manera de pensar.
Pero el sueño de un cotidiano no ideológico de gran
circulación, nunca se desvaneció. Hacia fines de la
década de 1930, un inversor llamado Kumarov estableció el
primer vespertino en el país, Iediot Ajaronot ("Ultimas Noticias"),
procurando emular el formato del Evening Standard londinense. No obstante,
pronto tropezó con dificultades financieras y se vio forzado a
vender el diario a Yehudá Mozes, un opulento vendedor de tierras,
muy instruido, que veía en el periódico tanto un pasatiempo
interesante como una inversión financiera a largo plazo.
En vísperas del establecimiento del Estado de Israel, el país
contaba con una floreciente y vibrante prensa hebrea, en su mayoría
en manos de los partidos políticos: Davar pertenecía a Mapai;
Al Hamishmar ("En Guardia"), a Mapam; Habóker, a los Sionistas
Generales; Hamashkif, a los Revisionistas; Hatzofé, al Partido
Religioso Nacional; Hamodía ("El Informante"), al ultraortodoxo
Agudat Israel. En 1947 el Partido Comunista, que hasta entonces editaba un
semanario, comenzó a publicar un cotidiano llamado Kol Haam ("La Voz
del Pueblo").
El hecho de que la prensa se hallara en manos de partidos políticos
convenía tanto a los diarios como a los periodistas. Pues el peso
económico era sobrellevado por los partidos y las consideraciones de
circulación y venta desempeñaban un papel apenas secundario.
Sólo Haaretz y Iediot Ajaronot estaban libres de la dependencia
partidista.
Unos tres meses antes del advenimiento estatal, tuvo lugar en Iediot
Ajaronot lo que se conoció como el "putsch". El director en jefe del
diario, Azriel Carlebach, un brillante publicista y hombre de prensa
considerado entonces como el periodista de más ascendiente en el
país, junto con decenas de reporteros, redactores y miembros del
personal de imprenta abandonaron repentinamente Iediot Ajaronot y
establecieron un nuevo vespertino, Maariv ("Atardecer"), fundado por Oved
Ben Amí, banquero e inversor de Netania. Los desertores
creían que Iediot Ajaronot se desmoronaría, pero no fue
así. Yehudá Mozes y su hijo Noaj desplegaron ingenio y
tenacidad, llenaron las vacantes producidas y continuaron publicando con
gran esfuerzo el vespertino. En los años subsiguientes y, de hecho,
hasta el día de hoy, la rivalidad entre Maariv y Iediot Ajaronot
habría de convertirse en uno de los ejes principales en derredor del
cual gira la prensa israelí.
La enorme afluencia de nuevos inmigrantes a comienzos de la década
de 1950, alteró categóricamente la faz de Israel. La prensa
partidista se movilizó para "educar" a los recién llegados e
inculcarles la cultura política dominante. En ese contexto,
Mapái, el partido mayoritario, fundó una cadena de diarios en
la lengua nativa de los inmigrantes y dos periódicos en hebreo
simple, Omer ("Palabra") y Lamatjil ("Para el Principiante"). El
experimento no tuvo mucho éxito. Los nuevos inmigrantes se sintieron
discriminados en relación con la población veterana y la
prensa partidista, tanto en sus propias lenguas como en hebreo, les
resultó inatractiva.
La suposición de que cada partido "debía" contar con su
propio periódico se volvió virtualmente axiomática en
ese período, e incluso los partidos pequeños invirtieron
grandes esfuerzos organizativos y financieros para establecer sus
respectivos diarios. Ajdut Haavod áfundó Lamerjav ("Al
Espacio") y el Partido Progresista, public óZmanim ("Tiempos").
Durante un breve lapso, el minúsculo partido ultaortodoxo
Poaléi Agudat Israel editó dos cotidianos: Hakol ("La Voz"),
de corta vida, en Jerusalem y Shearim ("Puertas") en Tel Aviv.
La dura mano del censor militar actuó con todo rigor en esos tiempos
y a veces silenció efectivamente a la prensa. Escándalos
políticos y de seguridad militar fueron acallados. Cuando a mediados
de los años '50 la policía egipcia arrestó a varios
jóvenes judíos acusándolos de cometer actos de
sabotaje encomendados por el Mosad (Servicio de Seguridad General
israelí), se ordenó a la prensa escribir que esas
inculpaciones eran infundadas, a pesar de que los directores sabían
lo contrario. Muchos periodistas se indignaron por ese estado de cosas. Las
autoridades respondieron con una invención sofisticada, sin paralelo
en ningún otro país democrático: constituyeron la
Comisión de Directores de Diarios. Esta comisión
todavía existe, aunque su posición y poder declinan
constantemente y aumentan los llamados pidiendo su abolición. El
comité se reúne con frecuencia para escuchar informes
preliminares de altos funcionarios del gobierno, a condición de que
las noticias no se publiquen sin previo acuerdo.
En la lucha contra la censura le cupo un importante papel al semanario
ilustrado Haolam Hazé ("Este Mundo"). Fue fundado en los años
'40 bajo el nombre de Tesha Ba'erev ("Las Nueve de la Noche") por Uri
Kesari, periodista francófilo que quería apartarse de la
pesada prensa ideológica y centrarse más en los aspectos
ligeros de la vida: modas, diversiones, entretenimientos, etc. En 1950 la
revista fue comprada por dos jóvenes periodistas, Uri Avneri y
Shalom Cohen.
Avneri, oriundo de Alemania, había luchado en su juventud en las
filas de un grupo clandestino. Después de la guerra se
incorporó al Haaretz como editorialista pero ambicionaba fundar un
periódico que reprobara el orden prevaleciente bajo la égida
de Mapái, al que consideraba corrupto y corruptor de los ideales por
los cuales sus camaradas habían sacrificado la vida. Shalom Cohen,
nacido en Egipto, creía como Avneri que Israel debía
integrarse en el mundo árabe circundante. En poco tiempo Haolam
Hazé despertó la animadversión del orden instituido y
del entonces Primer Ministro, David Ben Gurión. La revista revelaba
casos de corrupción, escándalos políticos y sexuales,
atacaba a políticos respetados con ferocidad sin parangón y
predicaba la adopción de una política externa e interna
completamente distinta a la línea oficial.
Desde el punto de vista periodístico, Haolam Hazé se vio
influenciado por dos grandes semanarios: el Time norteamericano y el Der
Spiegel alemán (cuyo fundador, Rudolph Augstein, había sido
amigo de infancia de Avneri). Fue la primera publicación de noticias
en Israel que imprimía grandes fotos y estaba diagramada
creativamente. Cada palabra que aparecía en la revista era revisada
por Avneri, Cohen y jóvenes correctores, para quienes Haolam
Hazé fue su primera experiencia en el periodismo. Algunos de ellos,
tales como Silvie Késhet y Ziva Yariv, sobresaldrían luego en
otros periódicos. La revista fue también la primera en
animarse a publicar fotografías de mujeres desnudas, hecho hasta
entonces inaudito en el puritano Israel. En las décadas de 1950 y
1960, Maariv controlaba virtualmente el mercado de los diarios y su
circulación más que duplicaba la de todos los otros tomados
en conjunto. Haaretz, por su parte, fortaleció su posición
rectora entre los habitantes acomodados, los políticos, los hombres
de negocios y la intelectualidad. La prensa partidista continuaba siendo
fuerte, pero su poder se iba reduciendo. Iediot Ajaronot quedaba muy
atrás. Se lo consideraba sensacionalista, indigno de confianza. Sin
embargo Noaj Mozes y su primo, Dov Yudkovsky, un sobreviviente de Auschwitz
que fue nombrado director administrativo y que puso de relieve notable
destreza periodística y organizativa, no se impacientaron. Saldaron
los grandes déficits del vespertino vendiendo para ello bienes de la
familia y se valieron de los beneficios que les dejaba el "Toto", una
empresa para fomentar apuestas a los partidos semanales de fútbol
que Iediot Ajaronot trasplantó de Italia.
Yudkovsky intuyó que el "Segundo Israel" -apelativo que se endilgaba
a los nuevos inmigrantes- vivía alejado de las instituciones
israelíes, incluso de la prensa, y previó que una vez que
fuesen absorbidos en el país, esos recién llegados
querrían leer un diario no identificado completamente con el orden
establecido. Gracias a la intuición de Yudkovsky y a que
entrevió qué habría de interesar al público
israelí, Iediot Ajaronot fue el primer diario de Israel con una
sección de deportes cotidiana y un suplemento especial de deportes
en víspera de los sábados. Esa sección atrajo a los
lectores jóvenes y con el andar del tiempo causó la
desaparición de las publicaciones deportivas que existían
antes.
Los diarios independientes se fortalecieron como resultado de la
situación económica mejorada del país en los
años '60. Su circulación aumentó y las ganancias
provenientes de avisos se multiplicaron. Por otra parte, la
declinación de los diarios partidistas se vio acelerada porque no
podían hacer frente a los nuevos desafíos e imperativos.
Maariv continuaba siendo el cotidiano principal, pero Iediot Ajaronot ya lo
seguía muy de cerca. El equipo Mozes-Yudkovsky lanzó ahora
otra innovación: contrató periodistas talentosos ofreciendo
altos sueldos. También prestó más atención al
contenido revisteril y al entretenimiento. Al mismo tiempo, amplió
la sección de noticias. Reporteros como Ieshayahu Ben Porat y
Shlomó Nakdimón publicaron primicias políticas que
sacudieron el país, y Baruj Nadel fue el primero que hizo periodismo
de investigación y denunció la corrupción oficial.
Aharón Bajar, que se inició en Haolam Hazé, introdujo
un nuevo estilo en la prensa hebrea -personal, mordaz, sarcástico- y
se convirtió en el columnista más popular del país.
Noaj Mozes inició una serie de proyectos promotores de
circulación, tales como un atlas que se agregó a los
suplementos del día viernes, libros a precios módicos, etc.
Además del éxito comercial, esos proyectos añadieron
prestigio y miles de lectores a Iediot Ajaronot.
El proceso de cambio de aspecto de la prensa israelí se
aceleró aún más en la década de 1970. La Guerra
de Yom Kipur, en 1973, contribuyó a la democratización y
aperturismo de los medios de información. Los periodistas que antes
de la guerra habían promovido el mito del ejército
israelí invencible, inmune a los errores, tuvieron que hacer un
serio examen de conciencia. Los ataques lacerantes contra los dirigentes
del país, que antes eran patrimonio exclusivo de los
periódicos de los partidos de oposición, se volvieron
legítimos e incluso deseables en los diarios de circulación
masiva. Los años del '70 marcaron la finalización del proceso
que hizo de Iediot Ajaronot el cotidiano de mayor circulación en el
país a expensas de Maariv, que parecía haberse estancado.
En 1976 hubo un intento de obstruir el éxito de Iediot Ajaronot.
Eliézer Zhurabin, propietario de la próspera agencia de
avisos Dájaf, junto con otros prominentes hombres de negocios,
fundó un diario vespertino titulado Haiom Hazé ("Este
Día"), que pretendía emular al Bild alemán: ser una
publicación multitudinaria, sensacionalista, propensa sin
reticencias a la derecha política. Moshé Dayán, que
dos años antes había sido obligado a abandonar el cargo de
Ministro de Defensa como resultado de grandes demostraciones de protesta
por su papel en los yerros de la Guerra de Yom Kipur, fue nombrado director
en jefe.
Al principio, tanto Maariv como Iediot Ajaronot temieron al nuevo
competidor, pero pronto comprendieron que sus aprensiones eran infundadas.
Zhurabin rehusó reconocer a sus empleados como trabajadores
permanentes, condición laboral de la que virtualmente disfrutaban en
ese entonces todos los periodistas del país. Zhurabin tuvo que
contratar reporteros y editores sin experiencia, lo cual se reflejó
claramente en la calidad del producto. El diario dejó de aparecer a
los cuatro meses.
En la década de 1980, Iediot Ajaronot logró una
circulación y ganancias sin precedentes. El fenomenal éxito
se vio empañado por el fallecimiento de Noaj Mozes en un accidente
automovilístico (1986), las desavenencias en la familia que se
produjeron después del deceso y la renuncia inesperada de Yudkovsky,
quien pasó a Maariv, que había sido comprado por el magnate
judío-británico Robert Maxwell, quien dos años
después resultó ser un delincuente y murió en
circunstancias misteriosas.
Un hecho notable en los años '80 fue la edición de
periódicos locales vinculados con los cotidianos. La red Schocken,
creada por los propietarios de Haaretz, entrañó el primer
esfuerzo serio en ese sentido y le siguió Iediot Ajaronot. Esa
prensa local ofreció a las empresas medianas y pequeñas la
posibilidad de insertar avisos poco costosos. También introdujo un
nuevo estilo de redacción, directo y audaz, a veces temerario y
brutal. El florecimiento de los periódicos locales y el éxito
comercial de Iediot Ajaronot, motivó que un grupo de industriales
creara otra cadena de publicaciones locales tituladas colectivamente Rejov
Rashí ("Calle Principal"). Pronto descubrieron, empero, que la
prensa no podía administrarse como un fábrica de medias, de
fideos o de metales y cerraron la cadena tras sufrir considerables
pérdidas.
Mucho más interesante y serio fue el intento de Amós
Schocken, hijo del propietartio de Haaretz, que quiso fundar un vespertino
que pudiera apoderarse de una parte sustancial de las ganancias de Iediot
Ajaronot. Este nuevo diario, Jadashot ("Noticias"), era un
"periódico de periodistas": vibrante, a veces muy atrevido y otras,
demasiado arrogante. Sea como fuere, no encontró la fórmula
del éxito y a fines de 1993, nueve años después de su
fundación, dejó de aparecer.
Una concisa reseña de la prensa diaria israelí en la
actualidad, presenta el cuadro siguiente:
Iediot Ajaronot: Sin duda el cotidiano de mayor difusión en el
país. Su director, Moshé Vardi, que estudió relaciones
internacionales en Londres, es el hijo del extinto Herzl Rosenblum, quien
dirigiera el diario desde 1948 hasta 1986. La circulación del
vespertino asciende a 350.000 ejemplares los días hábiles y a
más de 600.000 los viernes (fines de semana). Los éxitos se
ven anublados por las amargas disputas entre los propios miembros de la
familia Mozes, aunque por ahora predomina el principal accionista,
Aharón Mozes, hijo de Noaj.
Maariv: Su presente circulación -unos 150.000 ejemplares los
días hábiles y 250.000 los fines de semana- indica una
significativa recuperación en los últimos tres años.
En este período Maariv ha sufrido una serie de fluctuaciones, que
afectaron tanto a sus dueños como a su política editorial.
Maxwell nombró director en jefe a Yudkovsky. Tras la muerte del
primero, Maariv fue adquirido por Yaakov Nimrodi, que hizo una gran fortura
en Irán durante el reinado del Shah. Su hijo Ofer, jurista graduado
en la Escuela de Administración Empresarial de Harvard,
prefirió asumir la dirección administrativa del vespertino en
vez de incorporarse a las cuantiosas empresas de su padre. Cuando los
Nimrodi compraron Maariv, Dov Yudkovsky fue reemplazado por Dan Margalit,
veterano reportero (que se acreditó una de las mayores primicias en
la historia del periodismo israelí: reveló las cuentas
bancarias ilegales de Lea Rabin en Washington, lo que forzó el
alejamiento de Itzjak Rabin de la jefatura del gobierno de Israel en 1977).
El actual director es Yaakov Erez, ex cronista militar del diario.
La estrategia de Maariv consistió en emular casi en todo a su gran
competidor. Adoptó un formato tabloide e introdujo color en sus
páginas de noticias (tal como ya lo habían hecho Iediot
Ajaronot en 1984 y también Jadashot desde su primer día de
existencia.
Haaretz: Su circulación es de aproximadamente 50.000 ejemplares los
días hábiles y 60.000 los fines de semana, pero su influencia
trasciende en mucho lo que sugieren las cifras. El director, Janoj Marmari,
de profesión artista gráfico y ex satírico, sigue una
línea tradicional: evita todo sensacionalismo, las ilustraciones
gráficas son al estilo antiguo y publica muchas noticias del
exterior. El formato de Haaretz le permite incluir en una sola
página el doble del material que contienen Maariv o Iediot Ajaronot.
El matutino se siente orgulloso de su página editorial, cuyos
artículos son leídos asiduamente por los modeladores de
decisiones en Israel.
La línea política de Haaretz es tradicionalmente de
oposición (Menájem Beguin dijo cierta vez cuando
ejercía el cargo de Primer Ministro, medio en broma y medio en
serio: "El último gobierno que contó con el apoyo de Haaretz
fue el Mandato Británico...").
Davar y Al Hamishmar, que pertenecen respectivamente a la Histadrut
(Federación del Trabajo) y al partido político Mapam, no han
sido capaces de detener su constante declinación en las dos
últimas décadas. Son matutinos con una circulación de
menos de 10.000 ejemplares cada uno, y de no ser por las abultadas
subvenciones partidistas que reciben, habrían dejado de existir hace
mucho tiempo. Cuentan, sin embargo, con varios reporteros talentosos y a
veces publican excelentes comentarios de opinión. Davar tiene
también una sección semanal de sátira política
llamada Davar Ajer ("Otra Cosa"), que posiblemente sea la mejor de su
índole en el país. El director de Al Hamishmar, Tzvi Timor,
es uno de los comentaristas económicos más destacados de
Israel. No obstante, por el momento no parece que ambos matutinos puedan
sobreponerse a su prolongada crisis y, después del cambio de
dirigentes operado en la Histadrut, Davar se ve amenazado por una inminente
clausura.*
The Jerusalem Post: Es un matutino en lengua inglesa, pero forma parte
integral del escenario periodístico israelí. Fue fundado por
Guershon Agrón (Agronsky), elegido luego alcalde de Jerusalem.
Durante mucho tiempo el diario apoyó lealmente a los gobiernos de
Mapái/Laborismo pero, desde hace cuatro años, fue comprado
por el grupo canadiense Hollinger, cuyos puntos de vista son nacionalistas
de derecha. A raíz del cambio radical que se operó, varios de
los periodistas más descollantes tuvieron que alejarse. La
circulación del Jerusalem Post es reducida, sólo unos 15.000
ejemplares cada día hábil y 40.000 los fines de semana, pero
su influencia sobrepasa esos números pues lo leen la comunidad
diplomática acreditada y todos los corresponsales extranjeros
apostados en el país. El diario publica semanalmente una
edición internacional que leen sobre todo los suscriptores
judíos en el exterior. La tirada de esa edición semanal llega
a 40.000 ejemplares.
Hatzofé, Hamodía, Iated Neemán, Yom Leiom: La
circulación total de estos diarios, que pertenecen a varios partidos
religiosos, no llega a los 5.000 ejemplares. No pretenden prestar la gama
de servicios normales de un cotidiano, sino que sirven primordialmente de
voceros de sus partidos políticos y líderes espirituales.
Globes, Telegraph: Se trata de dos cotidianos financieros relativamente
nuevos (el primero fue fundado hace cinco años, el segundo en 1993),
claramente basados en el Financial Times londinense. El director de Globes
es Adam Baruj, jurista que antes desempeñara cargos importantes en
Iediot Ajaronot y Maariv, y ejerció considerable influencia en el
estilo de muchos periodistas jóvenes. El director deTelegraph,
Matti Golán, fue director de Haaretz. También fue el primer
director de Globes.
Los dos diarios financieros son distribuidos al anochecer en los hogares de
los suscriptores. La venta al público en los puestos para
periódicos implica sólo una pequeña parte de la
tirada. Todavía es prematuro evaluar su fuerza e influencia en el
complejo general de la prensa israelí.
La antaño clara división de la prensa israelí entre
matutinos y vespertinos ha dejado de existir. En los años '80, tanto
Maariv como Iediot Ajaronot arribaron a la conclusión de que cerrar
la edición de un diario por la mañana no se ajustaba a la
lógica económica. Actualmente, todos los cotidianos, excepto
los financieros, cierran su edición a las dos de la madrugada y son
puestos en venta a tempranas horas de la mañana.
La prensa israelí actual es viva, dinámica y libre. El
gobierno aún trata de ejercer alguna influencia, pero en forma
más cuidadosa y sofisticada que en el pasado. A mediados de la
década de 1980, los censores militares ordenaron la clausura de
Jadashot durante cuatro días, ya que el diario imprimió sin
permiso una fotografía de dos terroristas llevados presos por dos
agentes para ser interrogados en el Servicio de Seguridad General, aunque
conforme a un comunicado oficial ambos "habían muerto a consecuencia
de sus heridas". Finalmente el "affaire" se convirtió en un tremendo
escándalo político y el gobierno aprendió la
lección de una manera dolorosa. La cooperación entre la
prensa y el gobierno aún existe cuando se trata de temas delicados
respecto a los cuales hay un consenso nacional, tales como la
inmigración desde "países en apremio". Sin embargo,
también en esos casos la experiencia enseña que si la prensa
no publica lo que acaece, los políticos, que gozan de inmunidad
parlamentaria, lo difunden por su cuenta.
Desde los años '70 la radio y la televisión pasaron a ser
serios competidores en el suministro de noticias. Después de la
Guerra de Yom Kipur, Kol Israel comenzó a transmitir unos veinte
noticiarios por día. Galey Tzahal (la radio del ejército) fue
la primera que intercaló en sus programas breves
"noticias-relámpago". La TV estatal (Canal 1) se limitaba hasta hace
poco a un solo noticiario por día, pero ahora transmite
además noticias matutinas y un boletín a media noche. La
estación de televisión comercial (Canal 2), que
comenzó a funcionar a fines de 1993, cuenta por su parte con su
propio noticiario. Otro tanto puede decirse en relación con Erev
Jadash ("Nueva Tarde"), exitoso programa informativo de la
Televisión Educativa. Además, la televisión de cables
proporciona el acceso instantáneo a la CNN, BBC y Sky News,
así como a diversos programas de noticias en muchas otras
lenguas.
La televisión comercial de Israel se encuentra aún en
pañales y su impacto no es todavía previsible. Probablemente
se apoderará de una parte de los beneficios que la publicidad brinda
a los diarios, especialmente a Iediot Ajaronot y Maariv. Ambos vespertinos,
asimismo, son importantes socios de dos de las tres compañías
comerciales de televisión.
En líneas generales, el desarrollo de la prensa israelí en el
pasado y su situación en el presente, reflejan el trayecto recorrido
por la empresa sionista y el Estado de Israel en los últimos 70
años: de una pequeña comunidad imperturbable en sus ideas,
con una rígida cultura política europea-oriental en la que
predominaba la ideología, a un estado democrático donde la
cultura política es más pluralista y cercana, por su
espíritu, a la de Europa Occidental.
Traducción: Bar Kojba Málaj