La añoranza de Sión y Jerusalén ha acompañado
al pueblo judío en su exilio durante más de 2,500 años,
desde los tiempos de Nabucodonosor y la Cautividad de Babilonia (598-537
AEC), y más tarde desde la conquista de Jerusalén y la destrucción
del Templo por las legiones de Tito en el año 70 EC, con las que
se inició la gran dispersión del pueblo judío. La
añoranza de Jerusalén se menciona más de mil veces
en la Biblia, en el Talmud y en las oraciones cotidianas y festivas. Su
expresión resumida de anhelo y esperanza puede encontrarse en esta
invocación de la Hagadá, el texto ritual que se lee en la
cena pascual: "El año que viene, en Jerusalén".
Algunas de las expresiones más emotivas de este sentimiento se deben
al Salmista:
"Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos,
y aun llorábamos, acordándonos de Sion. Sobre los sauces
en medio de ella, colgamos nuestras arpas" (137, 1-2).
"Si te olvidare, oh Jerusalén, olvídeseme mi diestra.
Péguese mi lengua al paladar si no te recordare, si no alzare a
Jerusalén a la cabeza de mis alegrías" (137, 5-7).
"Loa,
oh Jerusalén, al Eterno, Alaba a tu Dios, oh Sion" (147, 12).
El florecimiento del arte judío durante el siglo XVIII, que brotó
como una corriente impetuosa en el "Confín de Morada"
de los judíos de la Europa Oriental, se manifestó en todos
los campos de la creatividad. Los pintores comenzaron entonces a decorar
el interior de las sinagogas con pinturas murales, y entre sus temas predilectos
para esa infinidad de obras figuraban la Cautividad de Babilonia, Sion
y Jerusalén, como expresión de una nostalgia perdurable.
Las imágenes visuales de los Salmos, tales como "sobre los
sauces en medio de ella, colgamos nuestras arpas", estimularon la
imaginación de los artistas, que en sus obras representaron también
instrumentos musicales de su época -violines, trompetas y platillos-
utilizados por los kleizmers, los músicos judíos ambulantes
que tocaban en las fiestas judías y en las cortes de los nobles
polacos.
En 1760, un artista popular, Yehuda Leib, pintó en las
paredes de la sinagoga de Przedborz en Polonia, una ilustración
del versículo "Junto a los ríos de Babilonia",
en la que aparecen trompetas, un czymbal (instrumento de cuerda eslavo)
y un gran violín, sobre el fondo de una representación imaginaria
de Jerusalén, con pájaros revoloteando en el cielo. Otro
artista polaco de fines del siglo XVIII y principios del XIX, el multifacético
David Friedlander, que fue arquitecto, pintor y escultor, ilustró
el mismo versículo en las paredes de una sinagoga en Grojec con
un cuadro que parece contener todo lo imaginable. A la izquierda está
una Torre de Babel de cuatro plantas irguiéndose hacia el cielo.
Ciervos pacen en un prado y aves surcan el cielo, en un ambiente pastoral.
En el centro del cuadro está un árbol con arpas colgadas
de sus ramas, y a la derecha, Jerusalén, representada como una típica
villa polaca, de casas con techo de tejas, al estilo usual de la época
del pintor. Ambas sinagogas, la de Przedborz y la de Grojec, fueron incendiadas
en 1939, durante la invasión alemana. Centenares de sinagogas de
madera como éstas, con pinturas murales expresando la añoranza
por Sion, que conferían a las aldehuelas judías del Confín
de Morada, los shtetls, una fisionomía y un carácter propios,
desaparecieron consumidas por las llamas a comienzos de la segunda guerra
mundial.
A la representación de la añoranza por Sion solía
acompañar la de Jerusalén como ciudad de la esperanza. Durante
cerca de dos siglos se pintó el exilio babilónico en las
paredes de las sinagogas, y esta costumbre persistió hasta principios
del siglo actual. Muchas veces las pinturas iban acompañadas de
textos, tales como versículos de los Salmos. En dos paneles de los
años 20, uno en Roman, Bucovina, y otro en la sinagoga Kirznershe
(de los "hacedores de gorros de piel") en Iasi, Moldavia, existente
y en uso hasta hoy, están representados instrumentos similares a
los que tocaban entonces los kleizmers. Restos de tales pinturas pueden
verse aún en Rumania y Polonia, en sinagogas abandondas, con los
instrumentos nuevos junto a los tradicionales: el shofar o cuerno, la trompeta
y los címbalos, como en el caso de Roman, o en Wladowa, Polonia.
En 1740, Jaim Segal de Sluck decoró la sinagoga de Mohilev, Rusia
Blanca, con pinturas murales, y anotó en su parte alta Yerushaláyim
Ir Hakódesh ("Jerusalén, la Ciudad Santa"). Representó
a Jerusalén como una ciudad espléndida, con muchos palacios
y torres, y en su centro el magnífico edificio del Templo, con una
torre rematada por una corona, la ciudad eterna en la imaginación
del artista. Los murales se preservaron gracias al artista Eli Lissitzky,
que en 1916 hizo una copia exacta de ellos para acompañar sus recuerdos
de la sinagoga. Las pinturas aparecieron en 1923 en la revista berlinesa
Rimon-Milgroim. Fotos del techo y del interior de la sinagoga, tomadas
en 1910 por Rachel Wishnicer-Bernstein, pionera de la investigación
del arte judío, se publicaron por primera vez en "La historia
del pueblo judío", Moscú, 1914. La rara foto que aparece
aquí se encontró entre los papeles del famoso actor judío
Salomón Mijoels, una de las víctimas de la era estalinista,
y se conserva en el Archivo General del Pueblo Judío, de la Universidad
Hebrea de Jerusalén. La sinagoga de Mohilev, construida íntegramente
de madera, fue incendiada por los alemanes, junto con las demás
sinagogas de Rusia Blanca, en 1941. En otra obra de Yehuda Leib en Przedborz
("Junto a los ríos de Babilonia"), de 1760, Jerusalén
está representada como una ciudad de torres. Por aquel entonces
ese estilo ya se había convertido en tradicional.
Los murales de
la sinagoga de Jablonow, Galitzia, de 1727, muestran a Jerusalén
como una ciudad imaginaria, en la cual se yerguen torres. Palomas y animales
diversos adornan el paisaje, como corresponde a la Ciudad Santa. Al pintar
las torres, el artista se inspiró al parecer en el versículo
bíblico "Edificó también Uzías torres
en Jerusalén" (II Crónicas 26, 9). Estos murales polícromos
se reprodujeron en 1888 en litografías de J. Boehniak, A. Wierzblicki
e I. Gortz, que publicó Ludwik Wierzblicki en 1889, en un trabajo
de investigación sobre la sinagoga de Jablonov para la Academia
de Artes de Cracovia. La sinagoga se construyó alrededor del 1670
y fue destruida durante la primera guerra mundial.
En el siglo XVIII aparece
un nuevo elemento en la representación de las torres de Jerusalén:
las cúpulas bulbosas, como en la sinagoga de Kamianka Strumilova,
Polonia. Sin duda las cúpulas de campanarios de las iglesias rusas
ortodoxas sirvieron de modelo a los decoradores de sinagogas. El artista
Eliezer Zusman Katz, de Brody, que a buen seguro pintó sinagogas
en Galitzia, se llevó probablemente bosquejos de sus obras cuando
se le invitó a decorar sinagogas en Baviera. De 1732 a 1740 pintó
las de Colmberg, Bechhofen, Horb, Unterlimberg y Kirchheim, y allí
también coronó las torres de Jerusalén con cúpulas
en forma de bulbo, según los modelos traídos de su ciudad
natal. De las cinco sinagogas en las que Eliezer Zusman Katz desplegó
su arte, sólo dos han sobrevivido a la segunda guerra mundial: la
de Unterlimberg, construida en 1739, y la de Horb, que data de 1735. Los
paneles decorativos de esta última se conservaron en el museo Bamberg
y fueron donados en 1968 al Museo Israel, de Jerusalén. Desde entonces
se ha reconstituido la cubierta de la sinagoga en todo su esplendor. En
la parte superior izquierda de una de sus paredes está representada
Jerusalén, con sus murallas, sus torres y sus puertas, conforme
a la tradición de las sinagogas de Polonia. En Unterlimberg los
murales reflejan la influencia eslava en la juventud del artista, a través
de las torres y edificios coronados por cúpulas bulbosas.
Los artistas
judíos que vivían en los pequeños shtetls de la Europa
Oriental pintaron las murallas y puertas de Jerusalén, que jamás
habían visto, con la ingenuidad típica del arte popular.
Los murales de la sinagoga Nicolina de Iasi, Rumania, representan a Jerusalén
como una aldea. Las casas tienen tejados a dos aguas, y entre ellas se
ven las cúpulas de algunas sinagogas. Esa Jerusalén, situada
en medio de un prado lozano, está circundada por una muralla de
arquitectura indefinible. Estas pinturas imaginativas, de particular ligereza
y suavidad, quedaron destruidas para siempre por los demoledores unos días
apenas después de haberlas fotografiado el autor.
En un mural de
principios de siglo, que adornaba la sinagoga de Nyebilec, Galitzia, hoy
convertida en biblioteca pública, y también en una pintura
de la misma época de una sinagoga de Iasi, Jerusalén está
representada como una fortaleza, rodeada de imponentes murallas de sillería
con portones. Al interior, las casas tienen cúpulas redondas y rojas.
Por detrás, el Muro de los Lamentos ampara a la ciudad, y en un
panel se lee un versículo bíblico (Salmos 147, 2): "El
Eterno edifica a Jerusalén - A los desterrados de Israel reunirá".
David Friedlander, que decoró la sinagoga de Piotrkow en Polonia
a principios de siglo, representó a Jerusalén como una ciudad
oriental, con casas de techo plano y torres, una de las cuales era un minarete.
La inmensa muralla de Jerusalén en esa pintura se parecía
a las tapias de piedra con que cercaban los patios en Polonia, cuando la
piedra era aún un material de construcción fácil de
obtener. La sinagoga quedó destruida durante la segunda guerra mundial,
y con ella el mural, pero el edificio ha sido restaurado desde entonces
y en la actualidad sirve de biblioteca.
En la pared sur de una sinagoga
en Radovic, Bucovina, una pintura lleva la inscripción "La
Ciudad Santa de Jerusalén, pronto sea edificada y constituida".
Un edificio alto con una cúpula redonda ocupa el centro del mural.
A la izquierda están el minarete de una mezquita, el Muro de los
Lamentos y las murallas de la ciudad, con sus puertas y torreones, y el
barrio Bet Zion, rodeado de montañas profusamente arboladas. El
mural es copia de una obra pintada en los años 70 del siglo pasado
por el artista popular Jaim Shlomo Pinia de Safed, que estaba muy difundida
en las comunidades judías de la Europa Oriental, como "Recuerdo
de la Tierra Santa y sus límites", bajo la forma de litografías
impresas en Viena a fines del siglo XIX y en Turek, Polonia, antes de la
primera guerra mundial.
El Muro de los Lamentos, el único vestigio
del Templo de Jerusalén, tenía su lugar natural en los murales
de las sinagogas. El artista que decoró la sinagoga Nicolina de
Iasi representó el Muro en una pintura llena de imaginación.
Entre las torres, cara al Muro, oran judíos envueltos en sus talit
-sus velos de oración-, mientras a lo lejos se divisan las casas
de Jerusalén en un bosquecillo. En la sinagoga Kirznershe, de Iasi,
pintó también el Muro, dentro de una floresta en un paisaje
despejado. A la izquierda del mural, los hombres oran envueltos en sus
velos, y a la derecha oran las mujeres vestidas de negro.
La sinagoga del
camino de Sulitza, en Botoshan, Moldavia, era la de los carreros y los
cargadores. La sencillez ingenua y auténtica de los murales de esta
sinagoga refleja el carácter popular de quienes venían a
orar en ella. El Muro de los Lamentos aparece representado (con una inscripción
en yidish) como una pared de albañilería, con algunos árboles
detrás de ella y flanqueada por edificios de cúpulas rojas.
Ese motivo es frecuente en las pinturas del Muro en sinagogas. Su origen
debe buscarse al parecer en los sellos y membretes de diversas instituciones,
en ilustraciones de tapas de libros, y en pies de imprenta, todos los cuales
se confeccionaron o imprimieron en Jerusalén en el siglo XIX con
este mismo bosquejo esquemático del Muro de los Lamentos.
Los artistas
judíos que vivían en los pequeños shtetls de la Europa
Oriental pintaron las murallas y puertas de Jerusalén, que jamás
habían visto, con la ingenuidad típica del arte popular.
Los murales de la sinagoga Nicolina de Iasi, Rumania, representan a Jerusalén
como una aldea. Las casas tienen tejados a dos aguas, y entre ellas se
ven las cúpulas de algunas sinagogas. Esa Jerusalén, situada
en medio de un prado lozano, está circundada por una muralla de
arquitectura indefinible. Estas pinturas imaginativas, de particular ligereza
y suavidad, quedaron destruidas para siempre por los demoledores unos días
apenas después de haberlas fotografiado el autor.
En un mural de
principios de siglo, que adornaba la sinagoga de Nyebilec, Galitzia, hoy
convertida en biblioteca pública, y también en una pintura
de la misma época de una sinagoga de Iasi, Jerusalén está
representada como una fortaleza, rodeada de imponentes murallas de sillería
con portones. Al interior, las casas tienen cúpulas redondas y rojas.
Por detrás, el Muro de los Lamentos ampara a la ciudad, y en un
panel se lee un versículo bíblico (Salmos 147, 2): "El
Eterno edifica a Jerusalén - A los desterrados de Israel reunirá".
David Friedlander, que decoró la sinagoga de Piotrkow en Polonia
a principios de siglo, representó a Jerusalén como una ciudad
oriental, con casas de techo plano y torres, una de las cuales era un minarete.
La inmensa muralla de Jerusalén en esa pintura se parecía
a las tapias de piedra con que cercaban los patios en Polonia, cuando la
piedra era aún un material de construcción fácil de
obtener. La sinagoga quedó destruida durante la segunda guerra mundial,
y con ella el mural, pero el edificio ha sido restaurado desde entonces
y en la actualidad sirve de biblioteca.
En la pared sur de una sinagoga
en Radovic, Bucovina, una pintura lleva la inscripción "La
Ciudad Santa de Jerusalén, pronto sea edificada y constituida".
Un edificio alto con una cúpula redonda ocupa el centro del mural.
A la izquierda están el minarete de una mezquita, el Muro de los
Lamentos y las murallas de la ciudad, con sus puertas y torreones, y el
barrio Bet Zion, rodeado de montañas profusamente arboladas. El
mural es copia de una obra pintada en los años 70 del siglo pasado
por el artista popular Jaim Shlomo Pinia de Safed, que estaba muy difundida
en las comunidades judías de la Europa Oriental, como "Recuerdo
de la Tierra Santa y sus límites", bajo la forma de litografías
impresas en Viena a fines del siglo XIX y en Turek, Polonia, antes de la
primera guerra mundial.
El Muro de los Lamentos, el único vestigio
del Templo de Jerusalén, tenía su lugar natural en los murales
de las sinagogas. El artista que decoró la sinagoga Nicolina de
Iasi representó el Muro en una pintura llena de imaginación.
Entre las torres, cara al Muro, oran judíos envueltos en sus talit
-sus velos de oración-, mientras a lo lejos se divisan las casas
de Jerusalén en un bosquecillo. En la sinagoga Kirznershe, de Iasi,
pintó también el Muro, dentro de una floresta en un paisaje
despejado. A la izquierda del mural, los hombres oran envueltos en sus
velos, y a la derecha oran las mujeres vestidas de negro.
La sinagoga del
camino de Sulitza, en Botoshan, Moldavia, era la de los carreros y los
cargadores. La sencillez ingenua y auténtica de los murales de esta
sinagoga refleja el carácter popular de quienes venían a
orar en ella. El Muro de los Lamentos aparece representado (con una inscripción
en yidish) como una pared de albañilería, con algunos árboles
detrás de ella y flanqueada por edificios de cúpulas rojas.
Ese motivo es frecuente en las pinturas del Muro en sinagogas. Su origen
debe buscarse al parecer en los sellos y membretes de diversas instituciones,
en ilustraciones de tapas de libros, y en pies de imprenta, todos los cuales
se confeccionaron o imprimieron en Jerusalén en el siglo XIX con
este mismo bosquejo esquemático del Muro de los Lamentos.
"Obra de mis manos que me honra / Abraham Mendel hijo de Reb Shlomo
/ de Iasi en el año 5680 [1920]".
Al pie de la pintura anotó:
"El Sanctasanctórum con la Piedra Fundamental".
A principios
de siglo empezaron a llegar fotografías de la Tierra Santa a Europa
Oriental, y según ellas se pintaba el paisaje de Jerusalén.
Los monumentos del Valle de Cedrón: el Pilar de Absalón y
la tumba de Zacarías, están representados en la sinagoga
de Domrowa, cerca de Tárnow, Polonia. Las pinturas de las paredes
y el techo de esta sinagoga se han conservado en su mayor parte. Hace unos
años se inició su restauración, pero nunca se llegó
a terminar, y la sinagoga está hoy abandonada. Las obras de artistas
contemporáneos servían también de fuente de inspiración
a los pintores de sinagogas. Así, un paisaje de Jerusalén,
basado en un grabado del famoso artista Efraim Moshé Lilien, halló
su sitio en una de las sinagogas de Roman.
El último de los pintores
de sinagogas de Polonia fue Berl Fas. En 1930 concluyó la decoración
de la sinagoga de Rymanow, Galitzia. Sobre la entrada pintó un doble
panel. A la derecha había un paisaje con edificios titulado: "Tumbas
reales de la Casa de David". La sinagoga fue destruida a principios
de la segunda guerra mundial, pero sus ruinas aún están en
pie. Aunque quedaron sin techo ni ventanas, y sufrieron saqueos y destrucciones
después de desaparecer la población judía de la región,
misteriosamente subsisten hasta hoy, pintados en las paredes, varios fragmentos
y versículos del Talmud. Empero, todos los intentos hechos hasta
hoy para restaurar esa sinagoga han sido en vano.
Así terminaron
200 años de representación pictórica del exilio en
las sinagogas. En este afán, el pintor de la sinagoga de Bobowa,
Polonia, superó a todos los demás. Pintó toda la ciudad
de Jerusalén, rodeada por montañas y con muchas casas; en
primer plano colocó al Templo y la Cúpula de la Roca; y circundándolo
a todo, una pared de mampostería con una puerta monumental. Más
tarde, el edificio se convirtió en escuela de tejeduría y
bordado para niñas. Las paredes pintadas de la sinagoga se encalaron
íntegramente y el tabernáculo, una obra de artesanía
excepcional, se cubrió con una cortina, y así se preservó.
Ultimamente se retiraron los telares y el edificio se entregó alas autoridades judías. Los trabajos de restauración se han
iniciado desde entonces, y al ir quitando la capa de cal, han aparecido
partes de una pintura de Jerusalén con una cúpula dorada.
Se planea convertir el edificio en museo de la vida judía que antaño
floreció en la zona.
Sinagogas aún en uso en el antiguo Confín
de Morada judío de la Europa Oriental existen en Rumania y Moldavia,
y en los Cárpatos. En el resto de la zona, prácticamente
todas las sinagogas han quedado totalmente destruidas. Según hemos
visto, Jerusalén ocupó siempre un lugar preeminente en la
conciencia de los judíos, en el hogar y en la sinagoga. La perpetua
añoranza por Sion, Jerusalén y el Muro de los Lamentos nunca
desapareció de la conciencia de las comunidades locales que oraban
por la redención.
Succá de Tycczyn, Galitzia, principios del siglo XIX (existente)
Zu veyst ir dos land vu esróyguim
blíen?
Vu tzign esn bokser anstodt groz
Guebrótene táybelaj
guéntzelaj flíen glaij
in moyl arain?
Vu rózhinkes
vain tut flísn on a mos
Mit lulóvim álerlei zelinen
guedekt di dejer
Und mandeln vaksn oif yedn stekn.
Oy ahín, ahín,
ahín
Oy rébenyu guevald, guevald
Volt ij mir ahín
avek
Oy jotchbi take bald.
¿Conoces la tierra donde florecen los cidros*
Donde las cabras comen algarrobas en lugar de hierba
Y palomas y gansos caen asados en la boca
Donde el vino de pasas corre sin medida
Palmas de toda suerte cubren los tejados
Y almendras crecen en cada palo? Oy, para allá, para allá, para
allá Oy, rabino nuestro, socorro, socorro Quien pudiera irse para allá
Oy, ahora mismo, ya.
Traducción: Shlomo Gitai