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Television en Israel - 1995

20 dic 1998
 Revista de Artes y Letras de Israel - No. 99-100, 1995
 ARTES VISUALES |  MUSICA |  TEATRO |  DANZA |  LITERATURA |  ARQUITECTURA |  CINE |  ARQUEOLOGIA |  TELEVISION |  PRENSA
 
     
La situación de las artes en Israel en 1995: Televisión

Yuval Elizur

 
 

 

 

 

  El año de l994 marcó un parteaguas en la influencia que la televisión ejerce en la conformación de la imagen de la sociedad israelí y el ordenamiento del programa nacional. Despues del dominio exclusivo del canal de la televisión oficial durante casi un cuarto de siglo en la pequeña pantalla de los hogares de Israel, en la que se contaba con una programación única de siete horas diarias, ahora se le presentaba al público una rica selección de cuarenta canales en una docena de idiomas distintos. El Canal Uno (estatal) debe ahora compartir su influencia con dos competidores poderosos: el Canal Dos y Cablevisión, que durante l994 penetraron dentro de una porción considerable del mercado israelí. Despues de los que parecían interminables retrasos, debidos, sin lugar a dudas, a tácticas retardatorias adoptadas por los jefes de la televisión oficial, el Canal Dos, un canal comercial, finalmente dio comienzo a sus transmisiones en noviembre de l993. El efecto catalizador de esta nueva competencia estaba tambien íntimamente ligado al hecho de que en l994 las compañías de cablevisión terminaron los trabajos de instalación de la infraestructura necesaria para iniciar sus transmisiones de modo que cerca de un 90 por ciento de los hogares del país pudiera recibir las transmisiones. (Sólo quedan algunas regiones de poca densidad de poblacion que requieren soluciones técnicas especiales).

Para mediados de l994, cerca de 720,000 hogares israelíes tenían ya la posibilidad de ver en sus pantallas los programas de cablevisión. La penetración promedio de las compañías de cablevisión es de un 60 por ciento; en algunas áreas, como el norte de Tel-Aviv, Jolón, Bat-Yam y Guivatáim, excede ya el 70 por ciento. El impacto profundo de estos eventos en el desarrollo de la cultura de esparcimiento y, algunos dirían, en la solidaridad nacional y la "democracia de participación" en el acontecer del país es patente.

La pasión del público israelí por la televisión ha sido confirmada por las estadísticas de años anteriores. Un estudio sobre la "cultura de esparcimiento" en Israel que fue realizado a comienzos de los años '90, mostró que la mayoría de los israelíes pasa aproximadamente la mitad de su tiempo libre frente a la pantalla. Esto es más, aunque no muchísimo más, del promedio en otros países occidentales. Una investigación anterior, realizada en noviembre de l987, en medio de una larga huelga de los trabajadores de la Autoridad de Emisiones de Radio y Televisión de Israel (AERTI), descubrió que en un día cualquiera de entresemana, el 87 por ciento de la población miraba la televisión. Aproximadamente un 75 por ciento de los espectadores veía el programa principal de noticias Mabat (Perspectiva) diariamente. En comparación, un 80 por ciento del público escuchaba la radio entre semana a pesar del bajo costo de los aparatos y de la posibilidad de escuchar la programación al mismo tiempo que se realizaba alguna otra labor, como manejar el automóvil o en el trabajo. El estudio de l987, realizado por el Instituto Gutmann de Investigaciones Sociales, tambien mostró que a pesar de las alternativas existentes, además del Canal Uno (como emisiones experimentales del Canal Dos, estaciones del extranjero y las transmisiones de Cablevisión), el 21 por ciento de los cuestionados afirmó categóricamente "estar molesto por la huelga". Un 60 por ciento dijo que durante la huelga "el público no había tenido acceso a suficiente información sobre los eventos" y un 57 por ciento afirmó que, debido a la huelga, no había en el país un "suficiente escrutinio de lo que estaba haciendo el gobierno".

Los años de la oferta escuálida han quedado atrás. Los aficionados a la televisión israelí pueden ahora escoger de entre una riquísima variedad de programas asequibles donde sea. En el pasado los televidentes tenían pocas opciones. Si estaban descontentos con las pocas horas de programación diaria que ofrecía en sus emisiones el canal de la televisión oficial, podían, con una antena apropiada, captar en las estaciones vecinas los programas ofrecidos tanto en árabe como en lengua inglesa en Jordania, Egipto, Chipre y el sur de Líbano.

Actualmente existen dos canales en competencia. Cada uno transmite programas durante aproximadamente nueve o diez horas diarias, incluyendo las anteriormente horas sacrosantas del sábado. Cada canal tiene su propio departamento de noticias y cada uno transmite su noticiario importante a las ocho p.m. La competencia entre los dos canales puede advertirse en el número de programas originales producidos especialmente por cada canal para su público. Quienquiera que no esté satisfecho con la programación puede, si se subscribe a cualquiera de las tres compañías de cable, escoger de entre más de 40 canales que transmiten en inglés, ruso, alemán, turco, francés, español, hindi e italiano, además de los canales especiales con programas para niños, aficionados al deporte, adictos a la música pop, amantes de la naturaleza y los canales dedicados a la familia y al cine. La recepción de la transmision de estos programas es generalemente excelente. Sin embargo, no todos aceptan con beneplácito esta revolución de la televisión. Algunos se lamentan que la naturaleza de los programas y la utilización de comerciales y publicidad, han pauperizado las posibilidades de la televisión como instrumento de educación social. La situación actual, dicen, remite a la condición que existía hace 30-40 años cuando David Ben-Gurión, el Primer Ministro de Israel, y muchos otros, intelectuales y hombres de acción por igual, vociferaban en contra de lo que consideraban como el efecto pernicioso que la televisión iba a tener sobre le economía y la sociedad israelíes.

Uno de los escépticos es el Prof. Elihu Katz, quien presidiera el grupo que fundó la televisión israelí. El profesor Katz imprimió a la televisión estatal un sello especial al dirigirla durante los primeros veinte meses de existencia, de julio de l967 a marzo de l969. Katz teme que la proliferación de canales implique la perdida de la "agenda nacional" cuya función fue uno de los principales objetivos de su existencia. Teme que no pueda servir eventualmente como factor unificador del público alrededor de metas de interés nacional.

Cuando un 60 por ciento o más de los israelíes prendía su televisor cada noche sintonizando el canal que transmite el programa de noticias Mabat, muchos de ellos incluso desconectaban el teléfono para que no se les interrumpiera en el proceso de mirar y escuchar la perspectiva de los eventos del día. Un alto porcentaje solía mirar, también sin fallar, el semanario de entrevistas políticas Moked (Enfoque), de modo que los tópicos que se debatían en estos programas se convertían en pivote del "discurso nacional". La gente miraba el programa Mabat no sólo para enterarse de lo que aconteció, sino para sentirse que estaba in en los encuentros sociales de los viernes por la noche, o en la conversación con sus colegas de trabajo o amigos.

No todo el mundo comparte el pesimismo del Prof. Katz. Otros arguyen que un solo canal, con un programa único de noticias, implicaba el peligro potencial de "lavado de cerebro", en tanto que una variedad de programas significa una pluralidad de opiniones y enfoques. Katz no está de acuerdo. El sostiene que los estudios realizados prueban que la televisión no cambia la opinión de la gente, sino simplemente proporciona material e ideas para el debate. Una democracia con alto índice de participación requiere la creación de plataformas comunes para la discusión. Pero si existe una plétora de plataformas, al ciudadano se le hace difícil entablar un diálogo en los mismos términos con la familia, con sus amigos o compañeros de trabajo.

El profesor Katz está convencido de que, ahora, menos gente mira los noticiarios que cuando miraban Mabat como única fuente de información televisada. Cree que muchos israelíes van a convencerse de que están exentos de participar en la "hora cívica" diaria, y esto va a tener efectos perniciosos. Otros creen que, en conjunto, Israel va a salir ganando en la mengua de la obsesión de mirar televisión que ha caracterizado al país hasta ahora.

La televisión llegó muy tarde al público israelí por consideraciones económicas y sociales de envergadura. Ben Gurión se oponía firmemente a su introducción, a pesar de las recomendaciones de un comité que él mismo estableció en l95l. Le disgustaba el componente de diversión de la televisión y temía que éste estimularía el materialismo y propiciaría un rampante consumismo entre la juventud de la nación. Leví Eshkol, el Ministro de Finanzas, pensaba que, en virtud de que la televisión iba inevitablemente a promover un alto nivel de vida, debería ser postergada en Israel indefinidamente.

Tales actitudes, recordemos, eran parte de la concepción convencional que estaba en boga durante el régimen de austeridad a principios de los años '50 y aún después, cuando un refrigerador era considerado como artículo de extremo lujo que debía ser tasado con el máximo arancel posible. Se creía, por tanto, que la televisíón ocasionaría gasto superfluo oneroso primordialmente en dos áreas: a) se requería moneda extranjera para adquirir los miles de aparatos de TV y b) se generaría una atmósfera de consumismo exacerbado aunque se prohibieran los anuncios publicitarios. Otro tipo de oposición se gestó en los círculos ultra-ortodoxos. La televisión mostraría al público a mujeres vestidas en forma poco modesta y se transmitiría diversión incompatible con la moralidad judía. Aún ahora, después de décadas de haberse introducido la televisión en el ambiente israelí, decenas de miles de familias ultra-ortodoxas se abstienen de adquirir aparatos de televisión. Cuando el Rabino Shmuel Pinjasi, miembro del partido ultra-ortodoxo Shas fue nombrado Ministro de Comunicaciones, se rehusó categóricamente a aceptar la responsabilidad de todo aquello que se relacionara con la televisión.

Los círculos religiosos declararon una guerra aún más enconada contra la introducción de programación los sábados. En los primeros tiempos de la televisión israelí, las Autoridades de Transmisión de Radio y Televisión hubieran tolerado, quizás, el apagón del sistema durante el Shabat. Sin embargo, con la anuencia de la Suprema Corte de Justicia, las Autoridades de Radio y Televisión decidieron, en contra de la voluntad de la Primer Ministro Golda Meir, no suspender las transmisiones los viernes por la noche (el comienzo del sábado hebreo). En virtud de que operaba el principio de status quo en todos los asuntos referentes a la religión en Israel, la televisión israelí ha transmitido desde entonces los siete días de la semana, imitando las transmisiones de radio, para las que ya existía un status quo similar desde los días del Mandato Británico. La televisión en Israel ha tenido siempre no sólo detractores, sino tambien defensores. Políticos, periodistas y muchos educadores urgían su introducción, aún cuando ésta fuera "controlada" con moderación. En l955 otro comité público recomendó nuevamente la introducción de la televisión en Israel. Con el transcurso del tiempo las autoridades de Israel también consultaron a tres organismos: la UNESCO, la Unión de Transmisión Europea y la Corporación de Transmisión Canadiense. Todos los expertos unánimamente recomendaban la introducción de la televisión en Israel. Durante la recesión que precedió a la Guerra de los Seis Días, con el crecimiento económico detenido casi por completo, el debate sobre la televisión se desvaneció, en espera de tiempos mejores para reaparecer en la agenda de prioridades nacionales.

Fue casi por accidente que el Prof. Katz jugó un papel tan importante en la etapa formativa de la televisión israelí. Unas cuantas semanas antes de la Guerra de los Seis Días, en junio de l967, él y el difunto Prof. Luis Gutmann, fundador del Instituto de Investigaciones Sociales que lleva su nombre, enviaron un memorándum a Israel Galili, el Ministro encargado del aparato de Información del gobierno. Era el periodo correspondiente a la espera tensa, cuando las nubes de guerra se cernían sobre la nación y los dos expertos en cuestiones sociales propusieron que se examinara el nivel de la moral del público y el poder de sobrevivencia del pueblo.

Katz, profesor de sociología y fundador del Instituto de Comunicaciones de la Universidad Hebrea de Jerusalén, dijo a Israel Galili que, el gobierno de Israel, al carecer de un medio influyente como la televisión para transmitir su mensaje, se encontraba en una posición desventajosa en la batalla por el apoyo de la opinión pública, tanto dentro del país como en los países vecinos. En los países árabes la televisión era ya muy popular. En Israel, en ese entonces, cerca de 30,000 hogares contaban con aparatos de televisión y podían ver lo que estaban transmitiendo los países árabes. Muchos de estos aparatos eran propiedad de árabes israelíes que atrajeron un "bombardeo" hostil de propaganda anti-israelí.

Entonces, en las vísperas de la Guerra de l967, los líderes de Israel se percataron, de pronto, que a pesar de toda su planeación minuciosa ante la posibilidad de una confrontación militar con los estados árabes, habían descuidado un elemento de importancia crucial. Carecían de un medio eficaz para responder a la propaganda nefasta del presidente egipcio Gamal Abdul Nasser y el líder palestino Ahmad Shuqueiri, quienes, en arengas incendiarias, "prometían" que "arrojarían a los israelíes al mar". Todo raciocinio en contra de la televisión fue desechado. El Prof. Katz y su equipo recibieron la misión casi imposible de introducir transmisiones de televisión en hebreo y árabe en el lapso de unos cuantos meses. La meta era refutar la propaganda virulenta de los árabes. El Prof. Katz y su equipo lograron su objetivo en el espacio de ocho meses. La primera transmisión de la televisión israelí fue la emisión "a control remoto" del desfile de las fuerzas armadas el Día de la Independencia de l968. Más adelante, el Prof. Katz admitía que si hubiera sabido de antemano lo complicado y problemático que era transmitir un desfile militar, hubiera escogido un evento diferente como premire para su equipo entusiasta, pero inexperto.

El equipo fue instalado en un edificio de cinco pisos ubicado en Romema, un barrio en el área occidental de Jerusalén. Erigido en la década del '60, el edificio se había proyectado como sede de la bolsa de diamantes que albergaría también los talleres de talladores de brillantes que se mudarían a la capital. Pero, la industria diamantera se quedó en la región costera. El edificio, que era inadecuado para albergar tanto talleres de tallado como estudios de televisión fue renovado. Muy pronto albergó a un personal que llegó de todas las partes del país, de escuelas y estudios, y de estaciones veteranas de televisión en todo el mundo.

Su primera tarea fue la de iniciar transmisiones en lengua árabe. La meta inmediata: modificar la imagen militarista que Israel estaba adquiriendo como corolario de su victoria aplastante en la Guerra de los Seis Días. Una gran variedad de programas presentaba los logros del país en materia de agricultura, servicios de salud, educación y la participación en la conformación de la vida de familia entre los árabes de Israel. Su éxito fue bueno, a juzgar por las miles de cartas que llegaban a los estudios de televidentes en países vecinos, muchos de los cuales pedían consejo en la solución de problemas personales. Uno de los programas más populares era un show semanal para niños llamado "Sami y Susu". El éxito del programa fue tal, que se tuvo que agregar subtítulos en hebreo, para que el gran número de niños israelíes fascinados por el mismo pudiera seguir la serie.

Desde su concepción, los costos eran exorbitantes. Katz se sintió aterrado cuando se enteró de lo que costaba un programa de entretenimiento local de media hora: sin mucho escarceo, podía alcanzar un costo de l5,000 dólares, mientras que la adquisición de derechos de transmisión de programas extranjeros costaba una cincuentava parte de esa cifra. Entonces, nos explica con tristeza en un ensayo en el que resume brevemente su experiencia en la televisión israelí, conoció el sabor de aquella frase que acuñaron: "lo que no puedes comprar, no lo produzcas".

No había nada intrínsecamente reprensible en la utilización de programas comprados en el exterior. Aún en un país tan conocedor del importante papel social de la televisión, como promovedora del renacimiento cultural, del proceso de amalgamar en "el crisol de las diásporas" a la población de inmigrantes provenientes de muchos países y construir una nación, había necesidad de mantener "las ventanas abiertas al mundo", aunque fuera tan sólo para respirar otros aires después de un aislamiento regional prolongado. Además, llenar el espacio de transmisión cada noche, durante siete días de la semana, hubiera sido casi imposible sin el material importado, como los westerns, comedias y otras piezas de teatro de los Estados Unidos y de la Gran Bretaña, programas de misterio y detectives y de variedades.

Pero, desde su perspectiva como sociólogo, tenía que tomar en cuenta la estructura y función de la televisión nacional en el sentido más amplio, particularmente en países pequeños y jóvenes. El problema primordial consistía en cómo explotar este medio tan costoso, suministrar información y moldear la cultura, y evitar, al mismo tiempo, las trampas y los fracasos. Algunos de los peligros más obvios son, a su juicio, la tendencia poderosa a preferir lo marginal, la imitación superficial de lo americano, y la politización de la vida en Israel.

Según anotan los estudiosos de sociología, otro de los graves riesgos es el exagerado énfasis en la dimensión personal en la política, de modo que se prefiera al político con "personalidad televisiva" al que transmite un mensaje con base en principios y valores. El proceso electoral es muy distinto en la era de la televisión. Los políticos pueden encontrar ventajoso el poder "llegar" a más electores mediante una "visita" a sus hogares al través de la pantalla de televisión. El riesgo estriba en que lo trivial puede asumir una importancia exagerada, o en que el político de turno proyecte una imagen de sí completamente falsa.

Todavía no puede apreciarse con claridad si los fundadores de la televisión israelí tuvieron o no éxito en su forma de combatir estas tendencias. Los expertos en comunicaciones saben que los peligros no se confinan exclusivamente a la televisión. Aún sin la tele, en la "Aldea Global" de McLuhan, la insularidad, aunque sea deseable, no es una opción real, especialmente en países pequeños pero con una diversidad cultural tan rica como Israel.

La esencia que da un carácter distintivo a la televisión en Israel y su influencia en la sociedad, puede apreciarse en la clara preferencia del público israelí, favor que se reafirma con cada levantamiento estadístico, por los programas de noticias y los que se basan en entrevistas. No es fortuito que los planificadores del Canal Dos, al buscar la mejor manera de atraer televidentes, optaron por los programas de entrevistas y comentarios sobre eventos de actualidad en vez de la adquisición de series dramáticas de importación. Los israelíes muestran cada vez menos interés en tales series, ya que de cualquier manera son asequibles en cablevisión. En la investigación realizada en l987, durante la huelga de la AERTI, el 59 por ciento de los interrogados dijo que extrañaban muchísimo los programas de noticias y un 33 por ciento se quejó de que se les estaba privando de entrevistas sobre temas de actualidad en la televisión. No obstante, solamente el l9 por ciento del público se mostró descontento por no poder mirar los costosos programas de entretenimiento de producción local que se transmiten los viernes por la noche. Si dividimos la televisión en tres categorías -entretenimiento, cultura y noticias- resulta que lo que los israelíes extrañaron más durante la huelga fueron los programas de noticias, seguidos por los de cultura, con los de variedades en tercer lugar. Otro descubrimiento, resultado de éste y otros estudios realizados en ese entonces, fue que la mayor parte de la población israelí se sentaba frente a sus aparatos de televisión cada noche y veía, casi sin interrupción, hasta el final de las emisiones alrededor de la 1 a.m.

Se puede decir que el inmenso interés del televidente israelí por programas de noticias y de actualidad refleja una comprensión profunda de la política, particularmente en cuestiones relativas a asuntos internacionales y de seguridad nacional? En un estudio que realizó en l990 la Dra. Ora Grabelsky, especialista en educación para adultos, se halló que un gran número de israelíes no comprende cabalmente oraciones clave en las noticias que se transmiten por radio y por televisión; ésto era más evidente en programas de trasfondo político que en los relativos a asuntos económicos. Los televidentes llenaban las lagunas mediante un sistema de compensación en el que ellos proveían su propia interpretación, que era imaginativa y frecuentemente "creativa", cuando se trataba de ideas que no les eran familiares.

El estudio de la Dra. Grabelsky nos ayuda a entender otro fenómeno relacionado con la reacción del público a la huelga de la AERTI de l987. Las respuestas eran frecuentemente función de la edad y el nivel educativo del cuestionado. La gente más joven y la menos educada estaban menos atadas a los programas de noticias. En contraste, todos los sectores de la población compartían una marcada preferencia por programas de entretenimiento producidos localmente en vez de series importadas. Se pensaba que los israelíes eran adictos a las telenovelas y melodramas como "Dallas" y "Dinasty". Hasta un líder de apariencia tan severa como el difunto Primer Ministro Menajem Beguin, no había tenido empacho en confesar que era un televidente regular de la serie "Dallas". Las compañías de cablevisión decidieron transmitir por eso un melodrama sudamericano en la hora sagrada del noticiario Mabat en el canal israelí.

Investigaciones de opinión pública prueban que los gustos y preferencias de los televidentes no han cambiado y que tampoco existe ninguna contradicción entre su interés en melodramas y su preferencia por emisiones sobre asuntos de actualidad y de entretenimiento local. Las tres compañías que recibieron la franquicia para transmitir al través del Canal Dos (cada compañía tiene dos días de emisión a la semana, el séptimo se rota entre ellas) optaron, con base en las investigaciones que solicitaron, por la misma fórmula de programas que giran en torno a las noticias y las entrevistas sobre asuntos de actualidad. La inserción de espacios de entretenimiento, con la participación de artistas israelíes, en programas de entrevistas sobre asuntos de actualidad como Popolítica en el Canal Uno y el de Dan Shilón en el Canal Dos, también concuerda con los resultados de estas investigaciones.

Quizás debido a la influencia de la CNN, estación que llega a casi 750,000 hogares en Israel, y quizás por la creencia de que el israelí sufre de hambre de noticias, ambos canales se han mostrado dispuestos a hacer a un lado su programación regular para favorecer la cobertura de historias al instante de su acontecer. Esto va más allá del evento, porque abarca reacciones, comentarios y reportaje del desarrollo del suceso.

Así se procedió, por ejemplo, el 4 de mayo de l994, cuando Israel y la OLP firmaron el acuerdo por el que Israel se retiraba de la Franja de Gaza y Jericó; y una semana después, en la noche del l0-ll de mayo, cuando ambos canales dedicaron la velada a la cobertura de los resultados en las elecciones de la Histadrut (Confederación de Trabajadores), en la que el candidato retador Jaim Ramón salió victorioso; y en noviembre de l994, cuando Israel y Jordania firmaron un acuerdo de paz. Incidentalmente, ambos canales compiten no sólo en la cobertura de eventos especiales, sino también en la programación regular de entrevistas. En algunas noches, las mismas personalidades aparecen en ambos canales, escurriéndose de un estudio al otro.

El que ambos canales se desvivan por satisfacer la curiosidad del público cuando se presentan eventos de envergadura quita hierro a los argumentos del Prof. Katz relativos a la influencia de la televisión en el establecimiento de una "agenda nacional". La lección que imparte el profundo cambio que se ha producido en la posición de la televisión israelí es que no sólo no fija la agenda nacional, sino que más bien sigue sus pasos. En tanto que el público israelí muestre interés por un tópico específico, la televisión reflejará ese interés. Esto es igualmente aplicable tanto a la televisión estatal como a la comercial.

Katz concede que cuando se trata de eventos mayores, ambos canales disciernen la agenda nacional y le dan expresión cabal. Pero piensa que ésto no es suficiente. A él le gustaría que la televisión tuviera un papel central en la inducción de la sociedad a una mayor participación democrática en la vida nacional.

Los estudios muestran que, en los primeros años, la Televisión de Israel configuró la agenda nacional aun en el campo del entretenimiento. Series dramáticas producidas por la BBC, tales como "The Forsythe Saga", eran tan populares que los eventos públicos y sociales eran programados de tal forma que no colidieran con la proyección de cada nuevo episodio. Actualmente, los israelíes ya no se dejan arrastrar por un programa de televisión. Sea como fuere, la proliferación de programas impide ahora que la masa de televidentes se ate obsesivamente a un programa en particular.

En qué radica, entonces, la diferencia entre los dos canales en la formación de la imagen de la sociedad israelí? Algunos arguyen que el Canal Uno está constantemente sujeto a luchas políticas que preceden el nombramiento de sus cuerpos ejecutivos y la aprobación de sus presupuestos, y que ésto obedece inevitablemente a su carácter oficial y lo mantendrá sujeto al partido político en el poder. Otros sostienen que esta subordinación de la televisión israelí está declinando.

La estructura actual de las autoridades de ambos canales de televisión, una como organismo estatal y la otra como empresa pública, con la especificidad de que ambas tienen que responder ante comités nombrados de antemano que supuestamente funcionan como cuerpos de directores independientes, es la resultante de una legislación a la que se llegó despues de compromisos políticos, presiones y recomendaciones de comisiones públicas. Las presiones conflictivas causaron tal retraso en las operaciones del Canal Dos que, finalmente, éste inició sus transmisiones regulares al mismo tiempo que la cablevisión hacía su entrada en el escenario.

Ya en el curso de los primeros años de la televisión israelí, cuando apenas era posible sufragar las demandas económicas de este nuevo medio, se había manifestado la necesidad de un segundo canal. Era obvio que un segundo canal no podía ser subvencionado por el estado o al través de la imposición sobre el público del pago de una segunda cuota por licencia. La solución, se acordó unánimemente, era que este canal tendría que ser comercial, y se financiaría con la venta de publicidad como en otros países.

La demanda de un segundo canal surgió no sólo del apetito del público, ansioso de una variedad más grande de programas. Los expertos decían que sólo al través de la competencia se podrían alcanzar niveles más altos de producción y contenido. Los especialistas en ciencias sociales miraban con preocupación las presiones que los dos grandes campos políticos estaban ejerciendo sobre la televisión estatal. Sólo si se abolía el monopolio de un solo canal, argüían, sería posible librar al medio del "abrazo de oso" de los políticos y erradicar las quejas de parcialidad que ambos bandos voceaban, invocando criterios de independencia periodística y artística para las emisiones de televisión.

Uno de los grupos que se oponían a la idea de establecer un segundo canal era el de los propietarios de periódicos. Sostenían que el volumen de publicidad existente era insuficiente para sostener a un segundo canal de televisión y la supervivencia de una prensa independiente en Israel. La experiencia de otros países, incluyendo algunos de Europa Occidental, mostraba que la prensa escrita, como guardián de los procesos democráticos, no podía compartir esta prerrogativa con la televisión, ya que había recibido un golpe severo en sus ingresos cuando partes substanciales de los presupuestos de publicidad fueron transferidos a la televisión.

Los oponentes a la existencia de un segundo canal tambien refutaban el argumento de que la competencia mejoraría necesariamente la calidad de la programación. Si la experiencia de otros era significativa, decían, los niveles se verían afectados cuando ambos canales trataran de ganar los estrados de popularidad. Además, se decía, la publicidad, especialmente la que se relaciona con productos de importación, incrementaría el consumo y crearía el gusto por los artículos de lujo. Los temores más serios provenían de la publicidad comercial destinada a los niños. Esta publicidad podía crear la confrontación entre padres e hijos, ya que los menores no comprenderían que sus padres simplemente no podían sufragar los gastos y satisfacer sus deseos de adquirir productos vistos en la televisión.

Se presentaba también la cuestión de quién iba a controlar el segundo canal. Los funcionarios de la AERTI y varios políticos querían que cualquier otro canal fuese parte integral de la Autoridad. Esta, decían, era la única forma de evitar desperdicio, duplicidad de funciones (por qué, por ejemplo, era necesario enviar dos equipos de reporteros y técnicos a cubrir un solo evento?) y aseguraría que no se discriminase al canal oficial. Otros exigían que elementos de la iniciativa privada fueran autorizados para operar el nuevo canal y que éste se financiara exclusivamente con ingresos publicitarios.

En l985, una comisión pública encabezada por el ex-Director General del Ministerio del Interior, Jaim Kubersky, recomendaba el establecimiento de una autoridad pública separada para este nuevo canal, que seguiría el modelo de la Autoridad de Transmisiones Independiente que estaba operando en la Gran Bretaña. La Comisión Kubersky rindió un informe que no fue adoptado y el proyecto de ley que formulaba no fue presentado al Parlamento para su discusión. No obstante lo anterior, después de algunos años de cabildeo intenso y de luchas políticas, el principio postulado en este informe se adoptó finalmente, para formular el establecimiento de un cuerpo público separado que manejara la televisión comercial. La cablevisión ya no pasó por tantas tribulaciones, en virtud de que su operación se hizo viable al través de una enmienda legislativa que privatizaba el sistema israelí de telecomunicaciones.

A pesar de que existe un comité público para controlar los niveles de programación de cablevisión, su intervención ha sido casi nula. El único encuentro que han tenido las compañías de cable con las instituciones al iniciar sus trabajos acabó en la negativa a su solicitud de transmitir comerciales inmediatamente.

Si las empresas de cable recibieran permiso de transmitir publicidad comercial, sus ganancias, de por sí enormes, se verían incrementadas. La televisión por cable es altamente lucrativa y lo será aún más cuando se complete el proceso de afiliar suscriptores. En contraste, las ganancias del Canal Dos aún están en duda. Es cierto que los intereses económicos que se han invertido en las franquicias anticipaban pérdidas iniciales, pero en algunas áreas han sido mucho mayores de lo que se esperaba.

En vista de que cuatro grupos compitieron por tres de las franquicias disponibles en el Canal Dos, y en virtud de que cada grupo quería impresionar al comité de selección, cada uno de los grupos contrató a cuantas "estrellas" pudo del mundo de la televisión y los espectáculos y se comprometió a producir programas caros sobre temas actuales y proveer, además, programas de periodismo investigativo. Pero antes de finalizar el primer año, los receptores de las franquicias se vieron obligados a recortar gastos, y a renunciar a algunas de sus "estrellas". También cancelaron programas de investigación de presupuesto costoso. Los ganadores fueron los programas de diversión popular. Y a pesar de que es aún relativamente temprano para sacar conclusiones definitivas, algunos expertos pronostican que los espectáculos baratos van a hacer a un lado a los programas de calidad que requieren más presupuesto.

Entretanto, el público israelí no da señales de queja de que el Canal Dos no haya cumplido sus promesas. Los escrutinios han mostrado que a las nueve p.m., después de la emisión de Mabat en el Canal Uno, se registra un cambio masivo a los programas ligeros del Canal Dos. Después de las nueve p.m., hay noches en las que al menos se dan dos televidentes que miran el Canal Dos por cada uno de los que se mantienen fieles al Canal Uno.

En sus planes de negocios los tres ganadores del concurso por el Canal Dos previeron pérdidas durante el primer año de operaciones. Hay indicadores que muestran que este pronóstico se ha cumplido y que las pérdidas de dos de las compañías han sido considerablemente mucho más altas de lo anticipado. No obstante, a pesar de estos resultados, reina un sentimiento general de satisfacción entre los inversionistas y tambien en el público, en cuanto a los logros de la televisión comercial de Israel durante su primer año de operaciones.

Mientras que la audiencia televidente no ha abandonado de ninguna manera al Canal Uno, que está haciendo valerosos esfuerzos para retener sus espectadores, ha manifestado que también quiere al Canal Dos. Lo quiere lo suficiente como para hacerlo económicamente viable. Los anunciantes, quienes transfirieron en l994 más del 20% del total de sus presupuestos a la televisión comercial (a expensas de los periódicos y los anuncios de carteles), también están satisfechos de los resultados. De ahí que los fondos transferidos a la publicidad por televisión aumentarán en los años venideros.

Shulamit Aloni, la entonces Ministro de Comunicaciones y Cultura, no estaba del todo satisfecha con la programación del Canal Dos. Cuando se firmaron los concursos para la concesión de las licencias a las primeras estaciones locales privadas de radio, Aloni expresó su desencanto y dijo que esperaba que, a diferencia de la televisión comercial, la radio comercial no diera rienda suelta a una sobredosis de programas de concurso de salón y de premios animados por el sólo propósito de atraer una audiencia.

Poca satisfacción ha generado también el nivel de las emisiones por cablevisión. Las compañías de cable, que según algunos críticos recibieron, de hecho, "una licencia para imprimir billetes", han evadido su obligación de producir programas originales, particularmente de noticias locales, que requieren inversión.

El Informe Anual del Contralor del Estado número 44, publicado en Mayo de l994, criticó severamente a las empresas de cable por no haber cumplido con su obligación de emitir programas originales. No obstante, a pesar del Informe, todo parece indicar que los detentadores de las franquicias de emisión por cable no sufrirán presiones para que produzcan los programas originales a los que se comprometieron.

Cabe mencionar que los ingresos estatales por las franquicias de cable son minúsculos. En l993 fueron de seis millones de dólares, y aun esta cifra implicó un incremento mayor sobre el ingreso de años anteriores. En contraste, los ingresos de las empresas de cable exceden en la actualidad los 250 millones de dólares anuales, suma que aumentará considerablemente cuando se les permita transmitir publicidad comercial.

Tanto el Canal Dos como las compañías de cablevisión se contemplan a sí mismos como los competidores del canal de televisión estatal. La AERTI no sólo tiene el derecho exclusivo de recaudar la suma anual de 120 dólares por hogar que posee un televisor, sino que también incrementa sus ingresos al vender spots de radio y proyectar "anuncios de servicio" y "patrocinios de programas" en la televisión. Esta publicidad en la estación estatal de televisión está formalmente prohibida, y está considerada por las empresas que tienen las franquicias del Canal Dos como una flagrante circunvolución del reglamento. Los "anuncios de servicio" están ostensiblemente destinados a promover causas de interés nacional, tales como la preservación del agua, la prevención de accidentes de tráfico o la compra de productos agrícolas de cultivo doméstico. Los "patrocinios de programas" son aparentemente una forma de contribuir a la AERTI, pero de hecho, los patrocinadores se encargan de asegurar que su nombre sea repetido varias veces y el beneficio que ésto les reporta equivale indudablemente al de una publicidad convencional.

Aún no está del todo claro qué van a hacer los televidentes israelíes con la cornucopia que representa el lanzamiento del Canal Dos y la expansión de la cablevisión. Consecuentemente, resulta difícil predecir el carácter y la forma que tomará la televisión israelí en la segunda mitad de la presente década. No obstante, hay signos evidentes que el Canal Uno y el Canal Dos van a desarrollar sus propios caracteres distintivos al reducir áreas de competencia y producir su línea exclusiva de programas. La programación de la cablevisión y los hábitos de sus televidentes se hallan también en una etapa formativa.

Para concluir, la variedad y abundancia de que disfrutará el televidente israelí en los años próximos, no le llevará necesariamente a pasar más tiempo frente a la pantalla. Tampoco conducirá inevitablemente a la generación de programas de mejor calidad o a una influencia más profunda de la televisión en la conformación de la "agenda nacional". Muchos creen que el crecimiento exponencial de la televisión va más bien a aminorar el tiempo que se dedica a mirarla. Al parecer, no veremos recurrir al ardor con que el israelí común recibió a la televisión cuando ésta inició sus transmisiones en l968.

Traducción: Ana Flaschner

 
 
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