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Cincuenta Años de Cultura en Israel |
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Cincuenta años de cultura en Israel - del "crisol de diásporas" a la "bullabesa"
por Asher Weill
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Una reseña de la historia cultural de cualquier país sobre los últimos cincuenta años mostraría enormes cambios - indudablemente un gran salto - y ciertamente más variedad que en cualquier otro período de cincuenta años en la historia. Con mucha mayor razón en Israel, donde ese período estuvo marcado por una serie de acontecimientos catastróficos que tuvieron - y siguen teniendo - influencia sobre la naturaleza y el carácter cultural mismo de esta joven pero antigua nación.
Israel en 1948: un país de 650.000 judíos; tan sólo tres años después del exterminio de seis millones de ellos en la Europa ocupada por los nazis. Un país en vísperas de ser invadido por cinco países árabes vecinos que intentaban aniquilarlo, o, en los términos de uno de los líderes árabes, "arrojar a los judíos al mar". Un país en pleno proceso para la absorción de los remanentes de la diezmada judeidad europea - despojados de todos sus bienes materiales y brutalmente arrancada de sus raíces culturales y lingüísticas, pero tratando de sobrevivir y crear una nueva vida en un pedazo de tierra que estaba dispuesto a aceptarlos.
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Cada una de las décadas que siguieron estuvo marcada por convulsiones políticas y sociales. La década de los cincuenta fueron los años de la inmigración masiva de judíos de los países árabes: de Marruecos, del Yemen, de Irak, junto con la llegada de decenas de miles de judíos de otros aproximadamente 75 países; y cada uno de ellos trajo consigo su propio lenguaje, su propio legado nacional y su propio bagaje cultural.
Los sesenta estuvieron marcados, por sobre todo, por la Guerra de los Seis Días de 1967, en la que todo un nuevo mito nacional y una sensación de euforia envolvió no sólo a la población judía de Israel, sino de hecho a toda la diáspora - y que fue destruido en gran medida recién por la Guerra de Yom Kipur en 1973 y cuyas consecuencias nos siguen acompañando, 24 años más tarde. Los años setenta y ochenta vieron las primeras y vacilantes tentativas de paz con el mundo árabe, comenzando con la histórica visita a Israel del presidente egipcio Anwar al-Sadat en 1977.
Asher Weill es el editor de Ariel - la Revista de Artes y Letras de Israel En la década actual aún estamos involucrados en la continua lucha por la normalización con al menos parte del mundo árabe, particularmente Egipto, Marruecos, Jordania y algunos estados del Golfo Pérsico. Pero el asesinato del primer ministro Itzjak Rabín en noviembre de 1995, el cambio de gobierno y la disminución del ritmo del proceso de paz son hechos que han tenido una influencia decisiva no sólo en la vida política del país, sino también en su desarrollo cultural.
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Mordejai Ardon: Hacia Jerusalem |
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La primera tarea que afrontó el joven estado, una vez que su seguridad física estuvo garantizada, fue la de revisar el sistema educacional existente y erigir una estructura que permitiera la creación de un solo pueblo israelí de la muy variada población que conformaba este nuevo estado. Se cometieron muchos errores en el proceso. Tomó mucho tiempo y costó algunas amargas experiencias captar que el objetivo no era un crisol, para emplear el concepto entonces usual, sino más bien una mezcla en la que cada individuo pudiera conservar orgullosamente su legado cultural en medio de una sociedad receptiva que aseguraba su lugar a cada uno, forjando una identidad cultural homogénea - una "bullabesa" de sabores individuales que se combinan para crear un todo armónico. Esa meta aún no ha sido alcanzada en su totalidad, pero es aceptada como el objetivo.
La reforma del sistema educativo estuvo estrechamente ligada con la necesidad de enseñar hebreo a los nuevos inmigrantes, que en su mayoría no tenían conocimientos previos del idioma. El hebreo, una de las más antiguas lenguas del mundo, prácticamente había muerto como idioma coloquial cotidiano. Su renacimiento fue en gran medida la obra de un hombre, Eliezer Ben-Yehuda (1858-1922) quien, junto con un puñado de adherentes, creó en una generación un "nuevo" y dinámico idioma que se convirtió en la lengua materna de los habitantes judíos de Eretz Israel.
El Comité del Idioma Hebreo, fundado por Ben-Yehuda, acuñó literalmente miles de nuevos vocablos y conceptos basados en fuentes bíblicas, talmúdicas y otras, para responder a las necesidades y exigencias de la vida en el siglo veinte. El dominio del hebreo pasó a ser una meta nacional" el lema en boga de aquel tiempo era "Yehudí, daber ivrit" (Judío - habla hebreo), una exhortación que fue inculcada ya a los niños en el jardín de infantes, a los escolares y a los adultos por igual. Se establecieron escuelas intensivas especiales para la enseñanza de hebreo, llamadas ulpanim, en pueblos, aldeas, kibutzim, y centros comunitarios a lo largo de todo el país.
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Shmuel Yosef Agnon |
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La época previa a la creación del Estado tuvo, por supuesto, una rica vida cultural propia, a pesar de la escasa población. La literatura floreció, encabezada por el poeta nacional Jaim Najman Bialik y el escritor Shmuel Yosef Agnón, que habría de recibir el único premio Nóbel de Literatura de Israel, en 1966. La Orquesta Filarmónica de Palestina, que posteriormente se convertiría en la Orquesta Filarmónica de Israel, fue fundada por el renombrado violinista de origen polaco Bronislaw Huberman, en 1936, y su concierto de estreno fue dirigido por Arturo Toscanini. La Academia de Artes Betzalel, que había sido fundada en Jerusalem por el profesor de origen búlgaro Boris Schatz todavía en 1906, ya había capacitado una generación de pintores, escultores, carpetistas y artesanos cuyos trabajos eran ampliamente apreciados e incluso habían sido exhibidos en el exterior. Pintores como Reuven Rubin, Anna Ticho, Mordejai Ardón, Yosef Zaritsky, Marcel Janco; los escultores Yitzjak Danziger, Avraham Melnikoff, Jana Orloff y otros empezaron a recibir reconocimiento internacional. El Teatro Habimá, fundado en Moscú en 1917, se había trasladado a Tel Aviv en 1931 y atraía una gran y cálida audiencia a sus presentaciones dramáticas, que ya habían comenzado a incluir obras de dramaturgos locales.
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La Orquesta Filarmónica de Israel |
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Pero los tiempos eran tiempos de cambio. Los primeros signos se presentaron en la literatura, con la obra de un grupo de escritores que fue conocido como la "Generación del Palmaj" (el Palmaj fue la fuerza de choque de la Haganá, precursora de las Fuerzas de Defensa de Israel). Estos escritores, que combatieron en la Guerra de la Independencia y que habían ingresado al panteón de la literatura israelí incluyen a S. Yizhar, Jaim Guri, Janoj Bar Tov. Benjamín Tammuz, Aharón Megged, Moshé Shamir y el poeta Yehuda Amijai. Las obras de estos escritores, que en su mayoría siguen activos, asumió frecuentemente la forma heroica que exigía la época. Ellos dictaron el tono para la creación artística también en otras áreas y pueden ser considerados como el punto de partida de la actividad cultural hebrea contemporánea.
Estos ídolos literarios fueron sucedidos por los escritores de la así llamada "Generación del Estado". Estos autores estaban profundamente influidos por la generación anterior y la creación del estado, y la lucha existencial durante su propia infancia eran aún sus principales preocupaciones. Varios de estos escritores han obtenido importante reconocimiento internacional y sus obras son ampliamente traducidas. Entre ellos se incluyen Amos Oz, A.B. Yehoshúa, Yoram Kaniuk y Aharón Appelfeld (la principal influencia en este último es la del Holocausto, aunque su obra, ubicada en escenarios europeos amorfos e intangibles, sólo contiene alusiones a los cataclísmicos acontecimientos de esa época).
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Pero los escritores de la "Generación del Estado" han pasado también la batuta literaria. Algunos escritores más jóvenes, ahora en sus cuarenta años de edad, como David Grossman, Meir Shalev y Yehoshua Kenaz continúan teniendo importante influencia en la escena literaria local, y son publicados también en el exterior. Un importante fenómeno en la escritura local actual es el predominio de las mujeres, cuya voz prácticamente no fue escuchada durante los primeros años del estado. Entre ellas se cuentan Shulamit Hareven, Amalia Kahana-Carmón, Shulamit Lapid, Batya Gur, la poeta Dalia Ravikovich y la difunta Yona Wallach.
Ahora presenciamos una nueva generación de escritores, esta vez de naturaleza muy diferente. Ya pasaron las antiguas preocupaciones por la construcción de la nación, la absorción de nuevos inmigrantes, la heroica obra de los pioneros en los kibutzim, el crisol de las diásporas, las preocupaciones existenciales con respecto al futuro del país. En lugar de ellas hay una nueva tendencia con menos preocupaciones espirituales - la buena vida, la búsqueda de la felicidad, la ridiculización de las causas "sagradas" - frecuentemente en un estilo literario surrealista, anárquico, iconoclasta y a veces incluso nihilista. Las cosas que interesan a estos escritores ya no son las causas por las cuales sus padres se atormentaron, sino las mismas cosas que preocupan a sus colegas en París, Londres o Nueva York. Entre estos escritores se cuentan Yehudit Katzir, Orly Kastel-Blum, Etgar Keret, Irit Linor, Gadi Taub y varios más, la mayoría de los cuales puede ser calificada como la "Generación Post-Sionista".
Como hemos visto, los padres fundadores de la cultura de Israel consideraron como imperativo nacional la creación de una sociedad en la que la individualidad étnica y los variados trasfondos culturales se integraran dentro de una sociedad "israelí" homogénea. Esa concepción es en gran medida cosa del pasado. Israel es una sociedad multicultural y ahora se acepta que el país solo se beneficie con la mantención de la individualidad cultural, mientras lucha por lograr una cultura israelí paralela que absorba y se enriquezca de las numerosas tendencias que forman el todo. Israel sigue siendo un país de inmigrantes - tan sólo entre 1989 y 1996, llegaron más de 600.000 inmigrantes de los países de la ex Unión Soviética, y siguen llegando alrededor de 60.000 por año. En la "Operación Moisés" de 1984-86 y la "Operación Salomón" de 1991, llegaron más de 30.000 judíos de Etiopía. Todos ellos, además de los miles de otros inmigrantes de todo el mundo, han aumentado la población del país en un 12 por ciento en sólo 6 años - imagínense a que Estados Unidos recibiera 30 millones de personas en el mismo período!
La llegada de más de medio millón de personas de la Ex Unión Soviética ha tenido un gran impacto en la vida cultural de Israel en todas sus facetas, pero por sobre todo en el campo de la música. (El chiste típico en el clímax de la última ola inmigratoria era que si un inmigrante ruso descendía del avión sin un violín bajo el brazo, probablemente era pianista). El país ha visto una proliferación de nuevas orquestas, conjuntos de cámara, coros y solistas, y lo que no es menos importante, la educación musical en el país se ha enriquecido inmensamente. No hay escuela o centro comunitario en el país que no cuente con un grupo propio de músicos que interpretan bajo el vigilante oído de un profesor de habla rusa. Parece probable que los próximos años verán jóvenes músicos, ya sea nacidos en Israel o en el exterior, que bajo la tutoría de inmigrantes de la Ex Unión Soviética se unan al selecto grupo de solistas israelíes como Yitzjak Perlman, Pinjas Zuckerman, Daniel Barenboim y Shlomo Minz, que han dejado su huella en las salas de concierto del mundo.
La ópera siempre ha tenido sus adherentes en Israel, incluso en los primeros días del estado. La Opera de Tel Aviv montó óperas en una variedad de idiomas e incluso fue el comienzo de un promisorio joven tenor español llamado Plácido Domingo. Pero la ópera recibió un enorme estímulo con la inmigración masiva rusa y con la apertura en 1995 de la magnífica sede de la Opera en Tel Aviv, en el Centro de Artes Escénicas Golda Meir.
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El Teatro Guesher |
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El teatro también se ha alejado de la imagen heroica, algo melodramática y estudiada del Habimá, la compañía nacional de teatro, en 1948. Teatros más nuevos, como el Cámeri, que celebra su 50o aniversario este año, los teatros de Haifa y Beer Sheva y el Khan en Jerusalem, se han unido al teatro nacional en la presentación de obras y normas de actuación, mucho más acordes a este tiempo y lugar, que reflejan la realidad y las preocupaciones de nuestros días. La más nueva compañía de teatro importante en el país es Guesher ("Puente"), que fuera fundada por inmigrantes de la Ex Unión Soviética - en un comienzo para proporcionar trabajo a actores inmigrantes que aún no dominaban el hebreo, y simultáneamente para responder a las necesidades culturales de una audiencia ruso parlante ávida de cultura. En un lapso de pocos años, Guesher empezó a montar obras en hebreo, con actores inmigrantes y otros nacidos en el país, y se ha convertido en una de las más innovadoras e interesantes compañías de teatro del país.
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Muchas de las producciones de teatro locales son de dramaturgos israelíes, y el público llena las salas para ver la última obra de autores como Janoj Levine, Yehoshua Sobol, Shmuel Hasfari o Hillel Mittelpunkt.
La danza es otra área que ha visto enormes cambios. Antes de 1948, la danza en el país era principalmente el campo de entusiastas intérpretes de bailes folklóricos, que estaban ocupados en crear un idioma de baile de un embrollo de influencias rusas, balcánicas y árabes locales, que se reunían en festivales regulares de danzas que comenzaron en 1944 en el kibutz Dalia. Desde entonces, han surgido varios grupos profesionales y escuelas de danza, siendo de destacar los grupos Batsheva y Bat Dor, la Compañía de Danza Contemporánea de los Kibutzim y el Ballet de Israel. De especial interés es la Compañía Kol Demamá, un grupo de danza moderna que incluye bailarines sordos y oyentes.
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El Museo Tel Aviv |
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Antes de 1948, el único museo en el país de alguna importancia era la pequeña colección arqueológica en la Academia de Arte Betzalel en Jerusalem. Pintores y escultores tenían pocos lugares para exhibir sus obras, y solían pasar mucho tiempo en el exterior, especialmente en París, para ser conocidos. En 1965, las artes plásticas en Israel recibieron un importante estímulo con la apertura del Museo Israel en Jerusalem. Este, el más grande y más importante museo del país, tiene muchas secciones, destacándose las de arqueología y judaica, que incluye colecciones de Betzalel así como el Santuario del Libro que alberga los Rollos del Mar Muerto; el ala juvenil Ruth; departamentos de fotografía y diseño, y por sobre todo, amplias colecciones de arte israelí moderno en exhibición permanente y en exposiciones temporarias, así como el mayor tesoro de esculturas del país en el Jardín de Esculturas Billy Rose. El Museo Israel ha sido acusado a veces de descuidar el arte israelí en favor del arte contemporáneo internacional, pero en los último años se han dado importantes pasos para ampliar las actividades del museo en esta esfera. Otras importantes instituciones en las que se puede contemplar arte moderno israelí son el Museo Tel Aviv, el Museo de Arte Ramat Gan, Mishkán Omanut en el Kibutz Ein Jarod, así como en pequeños museos a lo largo del país y en galerías privadas, que en su mayoría se concentran en el área de Tel Aviv.
Hace relativamente poco tiempo, Israel ha comenzado a desarrollar una industria cinematográfica. Antes de la creación del estado, el cine en el país se restringía casi únicamente a la producción de películas de propaganda para instituciones nacionales como el Fondo Nacional Judío. Si bien se realizaron unos pocos largometrajes en los primeros días del estado - es memorable una película llamada "La Colina 24 No Responde", en el tono heroico de aquellos tiempos - la producción cinematográfica comercial de calidad realmente se inició en las últimas dos décadas. Los más exitosos filmes tienden a presentar la vivencia israelí, el conflicto árabe israelí, temas relacionados con el Holocausto, más que temas internacionales.
Israel en 1948 era un pequeño pedazo de tierra con una minúscula población con una impresionante preocupación por los problemas de la supervivencia diaria y luchando por crear el marco para un estado independiente y viable. Cincuenta años mas tarde, es el hogar de una floreciente y vibrante vida cultural que incorpora numerosas formas de expresión humana. Ha surgido de un pueblo introvertido, centrado en sí mismo y culturalmente contenido, en una fuerza universalista, extrovertida, dinámica y multicultural. Sus artistas, escritores, bailarines y músicos han hecho un impacto muy superior a su número, y una creciente variedad de festivales y eventos internacionales, como el Festival Israel, la Feria Internacional del Libro en Jerusalem, el Festival Internacional de Poesía, el Festival de Danza de Carmiel y muchos otros han pasado a ser eventos de importancia en el calendario cultural mundial. En Israel mismo, la constante búsqueda de una identidad cultural se expresa por medio de una dinámica creatividad en una amplia gama de formas artísticas, apreciadas y disfrutadas por un gran número de personas - no como una actividad para unos pocos privilegiados, sino como parte esencial del diario vivir.
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