Al cumplirse el centenario del Primer Congreso Sionista (1897-1997), y en
vísperas del jubileo del Estado de Israel (1948-1998), la
Organización Sionista Mundial está empeñada
intensivamente en revisar y actualizar sus premisas y en reestructurarse
organizativamente para dar respuesta a las cambiantes realidades, tanto en
Israel como en la diáspora.
Los más importantes eventos que han conducido a estos cambios son el
colapso de la Unión Soviética con todo lo que implica y la
inmigración masiva de la Ex Unión Soviética a Israel,
donde los recién llegados se han adaptado exitosamente desde el
punto de vista socio-económico. Dentro de una década
más, el potencial inmigratorio de la Ex Unión
Soviética probablemente se haya agotado; para entonces, Israel
será el hogar de la mayoría del pueblo judío.
El proceso de paz es no menos que una corriente de agua, porque si tiene
éxito, integrará al Estado de Israel en una textura de
relaciones normales con sus vecinos y con el sistema político
internacional.
Cambios adicionales han ocurrido y siguen ocurriendo en la estructura
social y las tendencias políticas en Israel y en la judeidad de la
diáspora.
Se puede decir que los cambios en la diáspora son parte de un
proceso de normalización: una sensación entre esos
judíos de estar en casa y la convicción de que el centro de
gravedad de sus actividades e intereses se encuentra en sus países
de residencia. Estoy hablando de la judeidad que vive en el mundo libre,
obviamente, pero uno debe tener en mente que la diáspora ya no tiene
grandes bolsones de infortunio. Si bien esta situación puede variar,
hoy en día no se prevé un cambio para mal.
Efectivamente, todos los hechos que he mencionado dan la sensación
de que debemos reexaminar nuestra situación y el propósito de
nuestras actividades desde la perspectiva de la realización del
sionismo.
Sobre el Síndrome "Post-sionista"
Comenzaré con unas breves palabras sobre el síndrome conocido
como post-sionismo, que sostiene que - por cualquiera que fueren las
razones - la empresa sionista ha o debería haber llegado a su
término. Intentaré por lo tanto examinar algunos aspectos
sobre la continuidad de la empresa sionista, tal como yo la veo.
El síndrome conocido como post-sionismo es muy complejo y de ninguna
manera uniforme.
Es de destacar, sus manifestaciones ideológicas representan un
pequeño círculo de adherentes. Aunque se los escucha
frecuentemente en los medios publicitarios: impresos y electrónicos,
reflejan las opiniones de elites que tienen poca influencia en la sociedad
israelí. No obstante, el post-sionismo es también un proceso
social y sociológico, y como tal es mucho más vasto y de
influencia de lo que tendemos a admitir; se manifiesta en muchos aspectos
de la política gubernamental y en las actitudes de algunos partidos
políticos.
Por eso, debemos analizar primero este fenómeno desde una
perspectiva ideológica. Existen dos tipos de ideología
post-sionista. La primera, ve al sionismo en forma favorable, incluso muy
favorable, pero llega a la conclusión de que éste ha logrado
todas sus metas y no le queda nada más por hacer. Después de
todo, la meta de normalizar al pueblo judío ha sido lograda, ya sea
exactamente de acuerdo a la visión de Herzl, o no. Por lo tanto,
debemos empezar ahora a luchar por las metas normales de las naciones que
viven con seguridad en sus estados, como ser elevar su nivel de vida y
promover el bienestar social y cultural.
El cambio en este sentido comenzó después de la Guerra de los
Seis Días (1967) cuando surgió la concepción de que el
Estado de Israel había demostrado haberse consolidado lo suficiente.
Ya no podía ser "arrojado al mar" y era hora de adoptar las
máximas medidas para lograr una normalización en las
relaciones con nuestros vecinos árabes. Como sabemos, esto
proporcionó el trasfondo de una controversia que se polarizó
en lo que se refiere a la naturaleza de las medidas requeridas.
De acuerdo con un segmento de la nación, la guerra despejó el
camino para la concreción de la meta utópica -o, si lo
prefieren, la meta "mesiánica" - del Estado de Israel. Ellos
esperaban ver la consolidación de un "gran Israel", con una
inmigración masiva de la ex Unión Soviética, que
permitiría a Israel llevar a cabo su meta de reunir a los exilios al
igual que consolidar la meta de la paz, dado que sus enemigos se
verían obligados a aceptar su existencia. El resto de la
nación consideraba que la paz debería ser lograda
inmediatamente con el fin de completar la empresa sionista, dado que Israel
había conseguido logros que le permitían negociar con sus
vecinos, llegar a compromisos que rectificaran la injusticia cometida con
el pueblo palestino, y así llegar a la meta de la
normalización. En su esencia, la paz era presentada como el objetivo
que culminaría la empresa y la función del sionismo.
El
post-sionismo que se definía a sí mismo de este modo
argüía, de hecho, que Israel debiera avanzar hacia la paz como una
culminación positiva de la empresa sionista. De acuerdo con esta
concepción, el sionismo ha logrado su objetivo y ya no tiene por
qué luchar.
El segundo tipo de ideología post-sionista es, en esencia, una
reencarnación de la ideología antisionista previa al
Holocausto y al estado.
Hasta el establecimiento del Estado, el movimiento sionista representaba
sólo a una minoría del pueblo judío y tenía la
oposición de diversos sectores del pueblo. Sus esfuerzos no lograron
por ningún medio ningún consenso general. Recién
después del Holocausto y del establecimiento del Estado tomó
forma un consenso pan-judío; recién entonces el sionismo
pasó a ser un asunto de concordancia que unió a todos los
segmentos de la judeidad, en Israel y en la diáspora.
Este consenso se mantuvo hasta la guerra de los seis Días.
Después, y especialmente después de la Guerra de
Atrición (1968-1970) y de la guerra de Yom Kipur (1973), se
empezó a escuchar ecos de una reevaluación respecto a la
rectificación del sionismo.
El principal factor en esta reevaluación fue la sensación
entre muchos jóvenes israelíes de que el sionismo
exigía un precio personal demasiado alto para ser cumplido,
especialmente de la juventud. En este contexto, el duro trauma de la guerra
de Yom Kipur debe ser tenido en mente. Muchos jóvenes llegaron a la
conclusión de que el precio era desproporcionadamente alto respecto
a su provecho personal en la obtención del objetivo nacional de un
estado judío, y desde ese punto de vista era necesario preguntarse
si el sionismo era correcto y verdadero en sus pretensiones. En otras
palabras, Era el sionismo una solución para los problemas o
dificultades del pueblo judío?
Más allá de la sensación de haber sido ofendidos
personalmente como individuos, estos jóvenes advirtieron que
aquellos que se habían liberado del círculo del miedo eran
los judíos de la diáspora, y si había judíos
que afrontaban el peligro de aniquilación y Holocausto, eran los que
vivían en Israel. Más aún, incluso si el Estado de
Israel podía impedir un Holocausto, como de hecho lo hizo en la
guerra de Yom Kipur, el precio era demasiado alto y los judíos
tenían otras opciones para sobrevivir.
Esto despejó el camino para la reevaluación de los otros
aspectos de la validez del sionismo; el alto precio de las guerras
revivió también el síndrome de la grave culpa respecto
a los palestinos, quienes habían sido heridos, aunque, en mi
opinión, no por un "pecado original" sionista. El debate respecto a
este asunto se reavivó, porque para esta gente era perfectamente
claro que había quedado una herida abierta que no permitía
que el conflicto llegara a su término.
Aparte de estos dos factores principales, el "post-modernismo"
estadounidense empezó a infiltrarse en Israel después de la
guerra de los Seis Días e hizo un fuerte impacto. Israel fue capaz
de evitar los efectos del post-modernismo hasta la guerra de los Seis
Días por medio de la aplicación de políticas sociales
y económicas dictadas por la necesidad de absorber masas de
inmigrantes. Estas barreras cayeron después de esa guerra, y la
influencia de concepciones políticas, sociales y culturales del
liberalismo estadounidense, posterior a la Segunda Guerra Mundial,
penetraron con gran impulso en la sociedad israelí.
Vale la pena tener en mente en este contexto que el sionismo, como
movimiento nacional democrático, se desarrolló teniendo como
trasfondo el patrocinio y la influencia de la filosofía nacional
democrática de la Europa Occidental. La doctrina democrática
liberal estadounidense, en contraste, es no-nacional y es, en gran medida,
anti nacional y extremadamente individualista. En su modelo básico,
considera al estado como perteneciente a sus ciudadanos, en contraste al
concepto de una nación-estado que pertenece a una nación como
ente histórico. Por eso, ve al estado como responsable del bienestar
y la felicidad de sus ciudadanos como individuos y no la supervivencia de
la nación como una entidad autónoma.
La adopción de estos conceptos de democracia liberal, la
aceptación de su carácter adjunto de individualismo y
competividad, y la sensación de que el Estado de Israel había
afectado a los palestinos - incluyendo a aquellos que eran ciudadanos
israelíes - causó la desintegración de la
concepción nacional básica a partir de la cual se
había forjado originalmente la democracia israelí.
Después de la guerra de los Seis Días se empezó a
oír alegatos de una contradicción sustancial entre el hecho
de que Israel fuera un estado judío y su carácter
democrático.
Conforme a este argumento, si Israel deseaba ser una democracia plena
debía cesar de ser un estado judío. El hecho de que
judíos vivan en Israel y posean la ciudadanía israelí
como individuos no debería tener nada que ver con la naturaleza
constitucional del estado en sí. Por lo tanto, Israel debería
ser el "estado de sus ciudadanos". Esta perspectiva obviamente tiene como
resultado la extinción de la esencia sionista de Israel, porque si
Israel no es judío, tampoco debe practicar políticas
sionistas para la absorción de inmigrantes judíos y cultivar
el judaísmo como modelo de identidad cultural y nacional.
Estas, más o menos, son las tesis básicas de la
ideología del post-sionismo.
La asimilación de los conceptos básicos de la democracia
liberal estadounidense y, por sobre todo, la adopción de los
conceptos sociales de dicha democracia, el distintivo carácter
económico del mercado libre, el abandono de los parámetros
socialistas en la política social que habían guiado a Israel
como país que absorbía inmigrantes hasta la guerra de los
Seis Días, y el precio por los aspectos de la integración
social en la educación y en el ejército, todo por el bien de
una ideología de desenfrenada competencia - todo lo cual
convirtió al post-sionismo en una forma de comportamiento social y
de política socio-económica.
En este contexto, sostengo que sólo unos pocos israelíes lo
consideraron como un abandono ideológico del sionismo. Por el
contrario: la mayoría consideró que el beneficio
económico individual se vería correspondido con avances en el
bienestar nacional, la absorción de la inmigración y la
integración en las escuelas, y esto marcaría la cima de los
logros sionistas.
Ha logrado el Estado de Israel sus objetivos?
Creo que el desafío del primer tipo de post-sionismo, aquel que
evita el anti-sionismo, debe ser tomado muy en serio. La cuestión es
esta: Ha logrado efectivamente el Estado de Israel sus metas, o aún
tiene un importante y sustancial objetivo por conseguir?
Se sostiene que el sionismo está muy cerca de lograr por lo menos
uno de sus objetivos principales. Mi opinión es que este argumento
tiene suficiente base. Si se define el sionismo en términos de la
doctrina política de Herzl, el Estado de Israel no logró su
meta política cuando fue establecido, pero la ha conseguido, o
está muy cerca de lograrlo, hoy en día.
Israel ya es el mayor centro judío en el mundo, y dentro de veinte
años muy probablemente será el hogar de la mayoría de
los judíos.
Los siguientes factores conducirán a eso:
- Israel recibirá a todos los inmigrantes que deseen venir de los
países de la Ex Unión Soviética y puede absorber a
aquéllos de otros lugares en los que los judíos aún
afrontan un cierto grado de penurias.
- Israel es demográficamente sano. Dado que experimenta un
crecimiento natural, su pirámide generacional es sólida.
Tiene una mayoría de gente joven y una minoría de ancianos. A
pesar de que la población judía no mantiene el ritmo de la
población palestina al respecto, también tiene un crecimiento
vegetativo.
En la judeidad de la diáspora, ocurre lo contrario: su
población está en rápida disminución debido a
la asimilación, producto de los matrimonios mixtos. No olvidemos que
la tasa de matrimonios mixtos en Estados Unidos ha superado el 50 por
ciento. Más aún, la judeidad de la diáspora no exhibe
un crecimiento vegetativo positivo. Dado que sus familias, salvo los
ultraortodoxos, tienen pocos hijos, cuenta con menos jóvenes y
más ancianos.
Así, la población judía de la diáspora
está disminuyendo, y en Israel está en desarrollo. Dentro de
veinte años, están tendencias harán que el Estado de
Israel sea el mayor, el más consolidado y el más estable
centro judío en todo el mundo, en todos los aspectos. Este es un
logro impresionante.
- El proceso de paz está llevando al desarrollo de relaciones
normales con los países de la región. Si el proceso culmina
con éxitos, el pueblo que vive en Sión se encontrará
finalmente viviendo en un sólido ambiente político. En base a
la realidad que crean estos factores, entre otros, uno puede decir que la
visión política de Herzl se ha hecho realidad. Lo mismo puede
decirse de la judeidad de la diáspora en el mundo libre, porque
Herzl consideraba que los judíos que no se trasladaran al estado
judío vivirían en condiciones similares a las que prevalecen
hoy en sus países de residencia.
Es de meditar que cuando se estableció el Estado de Israel incluso
la judeidad estadounidense estaba lejos de sentirse segura y en casa.
Desde esta perspectiva, si queremos aceptarla, la visión sionista ha
sido concretada en su sentido político.
Aquí, no obstante, está la gran ironía: cada vez que
los judíos logran obtener una normalización política,
afrontan un peligro totalmente diferente, un peligro que se ha mantenido en
las raíces de la empresa sionista y que puede haber sido el factor
decisivo en el despertar del movimiento.
A esta altura debemos examinar otras concepciones de sionismo,
especialmente el sionismo espiritual de Ajam Haam. A comienzos del siglo
XX, Ajad Haam diagnosticó dos grandes interrogantes para el pueblo
judío. Llamó a una la "cuestión de los judíos",
y a la otra la "cuestión del judaísmo". La "cuestión
de los judíos" era la opresión causada por el antisemitismo.
Esto no se refería sólo a los insultos y a las humillaciones
que los judíos eran víctimas en Europa Central y Occidental,
sino a los pogroms y el antisemitismo económico en Europa Oriental.
La principal fuerza impulsora era la terrible hostilidad que empujó
a multitudes de judíos a emigrar.
Las dificultades económicas llevaron al pueblo judío a un
proceso de proletarización dado que se les privó de toda
fuente de mantención en sus países de residencia. Esto redujo
a los judíos a una total miseria. La política del gobierno
ruso pretendía librar al país de los judíos,
promoviendo olas masivas de emigración, la mayoría a
América.
En cierta medida, el sionismo se constituyó sobre este incentivo
externo. Ajad Haam, sin embargo, creía que la Tierra de Israel no
podría proporcionar una respuesta a la miseria económica.
Decir a judíos hambrientos que vinieran a la Tierra de Israel era
como ofrecerles piedras en lugar de pan. A decir verdad, las condiciones
eran duras en aquellos años y los argumentos de Ajad Haam eran
justificables. Por eso, él recomendó la emigración a
Estados Unidos como la única solución viable.
Sea como fuere, Ajad Haam consideraba como tarea del sionismo afrontar la
"cuestión del judaísmo", no la "cuestión de los
judíos" - y la "cuestión del judaísmo" era la
asimilación. La asimilación se originó en el enorme
poder atractivo de la nueva y moderna cultura, de la que los judíos
querían ser parte. En otras palabras, la asimilación se
originó por las características muy positivas del nuevo
mundo. Ajad Haam asumió que si los judíos deseaban seguir
existiendo como un pueblo culturalmente diferente, deberían formar
una cultura nueva que mantuviera continuidad con su identidad y afinidad
con sus orígenes, pero que fuera receptiva a cualquier aspecto
positivo de la cultura moderna y aprovechara en su totalidad los logros
científicos, tecnológicos y humanísticos. Esto, no
obstante, hizo necesario la existencia de un estado en la Tierra de Israel,
porque esa cultura no podía ser creada en la diáspora. Todo
pueblo requiere de una patria y un marco autónomo dentro del cual
poder desarrollar una cultura completa y autosuficiente que responda a las
necesidades del diario vivir. Desde este núcleo Ajad Haam
planteó su doctrina sionista, que abogaba por el establecimiento de
un "centro espiritual" para el pueblo judío en Eretz Israel.
La pregunta que surge es, entonces, si el establecimiento y la
consolidación del Estado de Israel son también el
cumplimiento del ideal de Ajad Haam. ÀHa tomado forma una nueva identidad
cultural? Se ha detenido la asimilación?
Parece ser suficientemente claro que la respuesta es no. El síndrome
de la asimilación y la pérdida de la identidad judía
en la diáspora, mencionado anteriormente, es evidente para todos
nosotros. Sin embargo, creo, que la asimilación está teniendo
lugar en Israel también, con gran intensidad. Consecuentemente, no
es suficiente que los judíos vivan en su propio estado,
independiente y soberano en el que puedan determinar sus propias vidas para
que sirva de una barrera segura contra la asimilación. El
país sirve de marco, de instrumentos y de potencial, pero uno debe
tomar la acción, dedicarse a una empresa creativa y - antes que nada
- querer crear una nueva identidad cultural.
Uno puede, por supuesto, discutir la lógica del argumento sobre
asimilación en Israel. Esta, en su forma clásica es un
proceso que experimenta una minoría que vive en medio de una gran y
acomodada mayoría. La minoría es absorbida por la sociedad
mayoritaria, consciente y voluntariamente deja de lado las
características que la distinguen de la mayoría y desaparece.
Parecería que mientras vivan en su propio estado y hablen su propio
idioma, los israelíes no se pueden asimilar. No obstante, la cultura
post-modernista demuestra que eso es posible. El hecho de la yeridá
- la emigración de los jóvenes israelíes - y el modo
en que se adaptan a la cultura estadounidense ilustra este proceso. Los
emigrantes israelíes preservan únicamente una limitada
identidad cultural judía y se sienten como en casa en el ambiente
cultural estadounidense. Ya estaban adaptados a ella, es decir que incluso
en Israel sus raíces judías eran débiles y no se
sentían comprometidos con la historia judía, las fuentes
judías y el modo judío de vida. Incluso en Israel crearon una
cultura actual adquirida a través de los medios de
comunicación directamente de la cultura estadounidense. Quien
así lo desee puede pasear en Israel por los paisajes de cultura
extranjera y encontrar símbolos asimilatorios en una serie de
valores: políticos, éticos, sociales, creativos, espirituales
e incluso lingísticos.
Nuevamente, creo que la mayoría de los judíos
israelíes son aún de orientación tradicional o
nacional. La mayoría está firmemente arraigada en el legado
de su pueblo y no desea desvincularse de él. La mayoría
aún valora una vida nacional, una identidad nacional, valores
nacionales y una cultura nacional. No obstante, la dinámica de la
asimilación ha producido un fuerte impacto, afectando primeramente a
"la calle" y luego introduciéndose en lo doméstico. Dado que
el proceso ha causado un importante impacto en la vida familiar y escolar,
puede afectar las bases sobre las cuales la gente es educada y sobre las
cuales se preserva y desarrolla la cultura nacional y la tradicional.
El principal objetivo del sionismo hoy:
construir el centro espiritual
Si este análisis es correcto, la conclusión simple es que el
principal objetivo del sionismo hoy, ahora que el estado judío es un
hecho irreversible, es construir el centro espiritual.
Qué debe hacerse para construir el centro espiritual?
Yo considero que ésta es una empresa constitutiva, educacional y
creativa.
Primero y antes que nada es la lucha por la judeidad y la identidad
judía del Estado de Israel. Esta lucha es el quid de la
campaña de hoy, dado que la pregunta es si Israel seguirá
siendo un estado judío y democrático en el sentido que se
establece en la Declaración de la Independencia, es decir, en el
mismo sentido en que Israel es definido como el estado de todo el pueblo
judío.
Esta definición es base de algunas legislaciones como la Ley del
Retorno. El significado de la Ley del Retorno es que considera a todos los
judíos en su calidad de judíos ciudadanos potenciales de
Israel y los invita a repatriarse. En el momento de aterrizar en Israel,
los judíos gozan del privilegio, reservado para ellos, de ser
ciudadanos de su propio país. Además de la Ley del Retorno,
fue firmado un convenio entre Israel y la Organización Sionista
Mundial y la Agencia Judía, que las declara representantes
legalmente reconocidos de los intereses de la judeidad en Israel.
El estatuto convenido dice, entre otras cosas, que "El Estado de Israel se
considera una creación de todo el pueblo judío, y sus puertas
están abiertas, en conformidad con las leyes del país, a todo
judío que desee inmigrar a él... El objetivo del crisol de
diásporas es central en las tareas del Estado de Israel y del
Movimiento Sionista en nuestros días, requiere constantes esfuerzos
del pueblo judío en la diáspora y por lo tanto el Estado de
Israel espera individual y colectivamente, que participen en la
construcción del Estado y en la facilitación de la
inmigración masiva de judíos a él, y considera
necesario unir a todas las agrupaciones judías tras esta meta".
Esta ley, que otorga a la Organización Sionista Mundial su status en
Israel, convierte a Israel en un estado sionista, es decir, el estado de
todo el pueblo judío.
Esta misma concepción es evidente en la aprobación de la Ley
de Yad Vashem. De acuerdo con este estatuto, la función de Yad
Vashem es extender una "ciudadanía de recuerdo" en Israel a todos
aquéllos exterminados en el Holocausto. En otras palabras el Estado
de Israel se considera como el estado de todas las víctimas del
Holocausto. Son sus ciudadanos. En esta ley, el Estado de Israel cumple el
papel simbólico de redentor de la historia judía y de la
memoria histórica y tal acción expresa profunda
afiliación e identificación con el legado judío.
En la raíz de estas leyes se encuentra el compromiso del Estado y su
responsabilidad por toda la judeidad, tanto en virtud de ser el lugar en el
que se manifiesta la identidad judía colectiva, como por medio de
una continua conexión con los orígenes del pueblo. La
Declaración de la Independencia destaca la visión de los
profetas de Israel como fuente y base de los conceptos sociales
fundamentales y de ciertas perspectivas nacionales y democráticas.
Israel es democrático no por ser una idea exógena sino por su
asociación con los principios de justicia y las visiones de paz de
los profetas, es decir, el apego a las fuentes judías y fidelidad a
su visión.
Esto nos presenta una monumental tarea sionista: asegurar que Israel se
mantenga como un estado judío en los sentidos anteriormente
mencionados y que implemente este compromiso en sus procesos educacionales,
creativos y espirituales. Este imperativo debe dictar los mensajes
culturales de las escuelas estatales y demás instituciones
educativas.
Otra incógnita es la siguiente: cómo puede interrelacionarse
el Estado de Israel con la judeidad de la diáspora?
Las relaciones hasta ahora han sido representadas entre actores
políticos por un lado y actores económicos del otro, con la
exclusión de una elite intelectual, la juventud y la gente
común. Entre paréntesis, uno debería ser consciente de
que la vasta mayoría de los judíos de Estados Unidos nunca ha
visitado Israel. Un muy pequeño grupo de judíos lo visita
casi todos los años y los miembros del liderazgo judío vienen
a Israel más de una vez por año, como parte de sus
actividades. La gran mayoría de los judíos estadounidenses,
no obstante, son absolutamente ajenos a Israel. No evitan visitar otros
países; viajan a todo tipo de destinos, pero no a Israel.
Por lo tanto, es importante crear una infraestructura apropiada en Israel
para una amplia actividad educacional y cultural con encuentros creativos
entre intelectuales judíos y grupos de jóvenes judíos,
aquí en Israel, y encuentros con judíos comunes que
podrán visitar Israel y observar algo representativo de la cultura e
identidad judías, es decir, los valores espirituales y judíos
que uno encuentra aquí.
En bien de la realización personal, aquellos que deseen preservar su
identidad judía y criar a sus hijos como tales, deberían
aprender hebreo. Judíos que carecen de un idioma común
están desligados no sólo de aquéllos de nosotros que
vivimos en Israel, sino también de las fuentes literarias del legado
judío, Carecen del idioma cultural común que necesitamos como
pueblo.
El hebreo debiera ser también un lenguaje de cultura, y para que eso
ocurra, la educación en Israel debe centrarse - como ha dejado
absolutamente de hacerlo - en una socialización cultural. La
educación hoy en día se dedica únicamente a la
socialización vocacional. Solamente en el marco preescolar o en
primero y segundo grado el foco en la socialización cultural se
mantiene aún, porque los niños pequeños son incapaces
aún de estudiar ciencias, computación y otras disciplinas que
pertenecen al campo vocacional de la competencia social.
Así es como enfrentamos el desafío de recrear y restablecer
el lenguaje cultural compartido. Este es el significado comprehensivo,
inclusivo de un "centro espiritual".
Desde el establecimiento del Estado de Israel, el movimiento sionista se ha
comunicado sólo con los judíos de la diáspora, no con
los de Israel. Ha dejado de ser un movimiento israelí. Aquí
es sólo una burocracia. Más aún, el israelí no
elige los líderes y delegados a las instituciones del movimiento
sionista; simplemente los designa por medio del mecanismo de las elecciones
a la Knéset. Como movimiento sociocultural que se dedica a
actividades educacionales y culturales, y recauda donaciones para sus
objetivos, no existe un movimiento sionista en Israel.
Es hora que los judíos israelíes se den cuenta que no son
más pobres, y quizás son más ricos, que muchos de la
judeidad de la diáspora. Es tiempo que los israelíes,
también, contribuyan a empresas educacionales y culturales
judías por medio de una campaña de recaudación de
fondos sionista en Israel.
He presentado mi propuesta en líneas muy amplias, que distan mucho
de ser un programa. Me parece, no obstante, que el mensaje central, en un
año dedicado al sionismo, debe ser el siguiente: la misión
del sionismo, que apenas hemos empezado a llegar a él, es la
creación de un centro cultural con sus bienes culturales, y la
preparación de los instrumentos educacionales y culturales
requeridos.
* Eliezer Schweid es profesor de filosofía judía en la
Universidad Hebrea de Jerusalem y fue laureado con el Premio Israel.