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La Cooperaciףn Tיcnica Costa Rica - Israel

26 jan 1999
 REVISTA SHALOM, 1998 / No. 1
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La Cooperación Técnica Costa Rica - Israel

Manuel E. Lopez Trigo
Embajador de Costa Rica en Israel

 
 
Llegada a Haifa, 1964

 

 

 

 

 

 

Primer campo de trabajo del Movimiento Nacional de Juventudes: el Presidente de Costa Rica, Francisco J. Orlich (con sombrero) de visita, López Trigo al frente derecha
 

Una soleada mañana de mayo del ya lejano año de 1964, ancló en el puerto de Haifa, procedente de Nueva York, el S.S. Shalom, lujoso transatlántico de la empresa Zim Lines, propiedad del Gobierno de Israel. A bordo del barco venía un bullicioso grupo de jóvenes latinoamericanos becados por el Gobierno de Israel y la Organización de Estados Americanos, a participar en el II Curso para Dirigentes Juveniles del Exterior, que se efectuaba con los auspicios de la Gadná* (entrenamiento pre-militar juvenil), en el norte de Tel Aviv.

Seis costarricenses formábamos parte de aquel grupo que pletórico de entusiasmo juvenil y enormes expectativas, se aprestaba a iniciar una verdadera aventura del espíritu en un país nuevo que, mientras enfrentaba serias dificultades de todo orden, generosamente había decidido compartir sus experiencias y conocimientos con otros pueblos también comprometidos en el noble afán de construir un futuro de libertad, justicia y bienestar.

El Estado de Israel, entonces con sólo dieciséis años de existencia, era para nosotros motivo de profunda curiosidad y enorme admiración.

Veníamos a una realidad absolutamente desconocida que nuestras mentes inquietas asociaban a extraordinarias gestas históricas, a la fuente de las creencias religiosas de nuestros mayores y a tremendos desafíos del presente. Veníamos al encuentro de un pueblo luchador que en un acto de justicia histórica, tras superar incontables sufrimientos durante millares de años, había logrado restablecer su Hogar Nacional en la Tierra Prometida.

La sociedad israelí de la época -mayoritariamente conformada por judíos* llegados apenas decenios, lustros o años atrás desde todos los rincones de la Diáspora- se caracterizaba por su indomable espíritu pionero.

Ese pueblo que valerosamente construía su propia realidad nacional, añorada durante dos milenios, era capaz de todo esfuerzo, de todo sacrificio y de toda privación para alcanzar su objetivo supremo; la austeridad era, por tanto, otra de sus características básicas.

Animados por un fuerte afán de conocimiento y comprensión, rápidamente establecimos contacto con una realidad y un pueblo que mucho nos intrigaban. Para ello hubimos de vencer - gracias a la ayuda de nuestros instructores y a la solidaridad que sin tardar surgió entre los compañeros - las barreras del idioma, de la cultura y de la distancia.

Siempre he apreciado la ocasión que tuve, muy temprano en mi vida, de conocer aquella realidad única, de construcción de un proyecto nacional, que ya no existe más. En ese sentido mis compañeros y yo fuimos privilegiados, pues pudimos empaparnos, en el Israel de entonces, del espíritu pionero típico de las grandes gestas de la humanidad, de la actitud austera que claramente distingue entre lo esencial y lo superfluo, y de un claro sentido de compromiso con las causas nobles que persiguen objetivos superiores.

El curso en el que participamos, mucho más prolongado que los actuales, se caracterizó por un sentido pragmático que sigue siendo, como constato cada vez que me encuentro con los becarios costarricenses que vienen al país, signo distintivo de los programas de capacitación que auspicia el Gobierno de Israel.

El curso propiamente dicho y, en un sentido más amplio, nuestras vivencias de todo orden en el marco de la colectividad israelí, sembraron en nuestros corazones y mentes juveniles, inquietudes, valores y conocimientos que nos acompañarán por siempre.

Durante el desarrollo del curso, la representación costarricense elaboró el ante-proyecto de creación del Movimiento Nacional de Juventudes de nuestro país. Inmediatamente después de nuestro regreso a Costa Rica, lo sometimos al conocimiento de importantes autoridades nacionales y líderes políticos que sin dilación nos dieron amplio y sincero respaldo.

Por razones de elemental justicia y profunda gratitud, menciono aquí a los principales dirigentes nacionales de la época, que con su apoyo hicieron posible el nacimiento del MNJ: Don Francisco J. Orlich, Presidente de la República; Don Daniel Oduber Quirós, Ministro de Relaciones Exteriores y Culto, luego también Presidente de la República; Don Virgilio Calvo Sánchez, Jefe de la Fracción Parlamentaria del Partido Republicano; Don Mario Quirós Sasso, Ministro de la Presidencia, y Don Rodolfo Solano Orfila, Presidente de la Asamblea Legislativa, todos ellos lamentablemente fallecidos, el último hace poco tiempo, y Don Alberto F. Cañas Escalante, Jefe de la Fracción Parlamentaria del Partido Liberación Nacional, más tarde Ministro de Cultura, Juventud y Deportes y actualmente Diputado a la Asamblea Legislativa; Don Christian Tattembach Iglesias, Jefe de la Fracción Parlamentaria del Partido Unión Nacional, y Don Alfonso Carro Zúñiga, Ministro de Trabajo.

Todos esos altos dirigentes nacionales respaldaron con gran entusiasmo el trabajo del Movimiento en su etapa inicial. Y con todos ellos coincidimos en la tesis de que en Costa Rica era urgente estimular el desarrollo de la organización juvenil, no sólo con el fin -para decirlo brevemente- de ofrecerles a los jóvenes oportunidades de formación extra-curricular y de adecuado aprovechamiento del tiempo libre, sino también -y esto era esencial- para abrirles espacios de participación en la vida de sus comunidades y de la nación, como corresponde a toda sociedad democrática que aspira a seguir siéndolo.

Gracias al impulso derivado de nuestras vivencias israelíes y al apoyo político obtenido, rápidamente terminamos de afinar el ante-proyecto de creación del Movimiento, que nació poco después, a principios de 1965, como órgano adscrito al Ministerio de la Presidencia.

El Primer Consejo Directivo del Movimiento Nacional de Juventudes fue integrado por un delegado del Ministerio de Educación Pública (Prof. Lía Gómez de Brenes), uno del Ministerio de Trabajo (Pbro. Francisco Herrera Mora) y tres destacados dirigentes juveniles de la época que habían participado en cursos en Israel:

Carlos B. Corrales Solano (I Curso, 1962), quien tras desempeñar varios importantes cargos públicos y diplomáticos, se dedica ahora, enteramente, a sus actividades profesionales como abogado; Gonzalo E.

Fajardo Salas (II Curso, 1964), quien más tarde sería Ministro de Economía y actualmente Diputado a la Asamblea Legislativa, y Germán J. Serrano Pinto (II Curso, 1964), posteriormente Ministro de Trabajo y, en el período 1990-1994, Primer Vice-Presidente de la República.

Quien esto escribe, participante como queda dicho en el II Curso para Dirigentes Juveniles del Exterior, tuvo el honor de ser el Director General del Movimiento en aquella etapa inicial, y Edgar Ugalde Alvarez (II Curso, 1964), actualmente Embajador en Nicaragua, el primer Subdirector.

A poco de establecido el Movimiento, arribaron a Costa Rica dos asesores asignados a ese proyecto por el Gobierno de Israel. Recuerdo vívidamente el día que recibimos, en nuestro Aeropuerto Internacional, a Modehai Hatzor (quien posteriormente se convirtió en el Director del Centro para Estudios Cooperativos y Laborales, en 1969 hasta su jubilación en 1992, con dos interrupciones), y Abraham Hatzamri (quien estuvo en el puesto de Director del Centro en 1974-78), a quienes algún tiempo después se unió Aharon Barnea.

Esos buenos amigos pusieron sin reservas, durante cuatro años, su valiosa experiencia y el espíritu pionero que todavía transpiraba su pueblo, al servicio de la juventud costarricense. Al mismo tiempo dieron a conocer a su país y contribuyeron, como pocos, a fortalecer los excelentes lazos de amistad tradicionalmente existentes entre Costa Rica e Israel.

El primer grupo de asesores israelíes fue reemplazado por Shmuel Aviram y Eitan Sela, al término de cuya misión fue suspendido por largos años aquel importante programa de asistencia técnica. Ahora el MNJ cuenta, otra vez, con el apoyo de un técnico israelí, Shmuel Ben-Gal (ver Shalom 1997-2), quien como sus distinguidos predecesores dedica grandes afanes a la modernización y el progreso de la institución.

Con naturales altibajos en su desempeño histórico, el Movimiento Nacional de Juventudes sigue prestando servicios a la juventud costarricense que, como la del mundo entero, demanda atención y respaldo continuados de la sociedad y sus instituciones, así como de la cooperación internacional, para hacer frente a los retos de la época.

En 1970 fui nombrado Director General de Juventud en el nuevo Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, y Presidente del Consejo Directivo del Movimiento. Esos hechos, unidos a una larga asociación personal con temas de juventud y voluntariado en el campo internacional, me han permitido seguir de cerca la evolución del Movimiento y, en general, de la problemática juvenil. Por eso puedo apreciar el valor de la cooperación israelí en esta área.

A raíz de mi participación en el II Curso para Dirigentes Juveniles del Exterior, establecí y desarrollé nexos con ciudadanos e instituciones de Israel. Tal circunstancia, reforzada por algunas visitas al país a lo largo de los años, me ha permitido, desde entonces, mantenerme en contacto, especialmente a través de organizaciones e iniciativas ligadas a la cooperación internacional y las relaciones bilaterales, con la cambiante realidad de esta nación singular.

Por ejemplo, fui miembro de las juntas directivas de la Asociación Shalom de Costa Rica y del Instituto Cultural Costarricense-Israelí, que son, en esencia, expresiones de cooperación internacional. La primera, como organizaciones semejantes en otros países, agrupa a los ex-becarios de Israel, promueve vínculos de amistad e intercambios de experiencias entre ellos -con frecuencia a partir de preocupaciones atinentes a los requerimientos del desarrollo nacional- y apoya iniciativas orientadas a preservar y fortalecer las relaciones bilaterales. El segundo es parte de una red latinoamericana impulsada por el Instituto de Relaciones Culturales Israel-Iberoamérica desde Jerusalén, opera con respaldo oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores y, como sus entidades correspondientes en nuestros países, trabaja en favor de las relaciones entre Israel y América Latina; su labor trasciende el ámbito cultural en cuanto reconoce -y procura exaltar- el determinante apoyo que la región latinoamericana ha brindado al pueblo judío en horas cruciales de su historia.

Estas experiencias del pasado y las que ahora he logrado acumular como Embajador de Costa Rica en Israel, son sin duda valiosas y útiles. Ellas me facilitan una visión amplia y comprensiva de los meritorios esfuerzos israelíes en punto a cooperación internacional, me permiten apreciar el beneficio que le reporta a mi país la capacitación que en diversas áreas reciben aquí muchos costarricenses, y me dan elementos de juicio para evaluar crítica y respetuosamente, cuando se me invita a hacerlo, los distintos programas.

Son ciertamente dignas de reconocimiento y gratitud las acciones de Israel en este campo. Impresiona saber que este pequeño país ya a noviembre de 1995 había recibido -y brindado capacitación en distintos campos- a 50.000 becarios extranjeros. Y la cifra sigue creciendo...

Enorme mérito tiene este esfuerzo, que se ve ampliado y fortalecido por numerosos cursos "móviles" que expertos israelíes dictan en distintos países receptores de su asistencia técnica, en áreas como agricultura, cooperativismo, dirigencia juvenil, educación, etc. Así, muchos miles más de ciudadanos de países en desarrollo, se benefician directamente de esta acción. Ellos, como los becarios que vienen a Israel, adquieren nuevos conocimientos y experiencias de gran utilidad para el cumplimiento de sus responsabilidades, por lo general asociadas con las necesidades y aspiraciones de sus pueblos.

Mucho puede aprenderse de un país que con menos de medio siglo de existencia, escasos 23.000 Kms.2 de extensión territorial y una población de apenas 5.863.000 habitantes, se ha construido un lugar en el mundo y conquistado altas cumbres de progreso y bienestar. En efecto, con un ingreso per-cápita superior a $16.000 anuales, una excelente infraestructura de todo orden, avances notables en los dominios de la ciencia y la tecnología, un poderío militar ampliamente reconocido y admirables índices de educación y salud, Israel es, en punto a desarrollo, un ejemplo a imitar.

Por otro lado, también Israel -sin que esto invalide en modo alguno lo anterior- se beneficia en algún grado de sus programas de cooperación, en cuanto éstos le permiten aprender de las experiencias ajenas, cultivar las relaciones bilaterales y proyectar al mundo una imagen positiva, de nación solidariamente comprometida con el destino de otros países.

No puedo terminar este breve comentario sin dejar constancia de mi profunda gratitud personal a dos personas que me iniciaron en el conocimiento de Israel y de su pueblo, y que han contribuido de manera determinante a forjar, entre esta nación y la mía, sinceros y sólidos lazos de amistad y cooperación: el Ing. Abraham Meltzer, prestigioso profesional y empresario costarricense que durante años ha servido con dignidad y acierto el cargo de Cónsul Honorario de Israel en Costa Rica, y el Lic. Elhanán Harlev, israelí de origen latinoamericano que con discreción y señorío ha dedicado su vida, tanto en el servicio público como en la actividad privada, a la construcción del sueño sionista.

Resumiendo, me permito afirmar, con conocimiento de causa, que en materia de cooperación internacional Israel es un prístino e inspirador ejemplo de solidaridad e inteligencia. Ojalá las grandes naciones desarrolladas efectuaran, en este campo, un esfuerzo comparable, que surtiría sin duda efectos muy positivos para los países pobres y para el avance de la justicia en el mundo.


* Este mismo curso fue ofrecido durante muchos años en el Centro de Estudios Cooperativos y Laborales para América Latina, España y Portugal (en la actualidad, la División de América Latina y el Caribe del Instituto Internacional-Histadrut).


** La sociedad israelí está compuesta en la actualidad por 81,2% de judíos (más de la mitad nacidos allí, el resto procedente de unos 70 países a través del mundo), 17,1% de árabes, quienes son en su mayoría musulmanes, y también beduinos y cristianos, y un 1,7% de drusos, circasianos y otras comunidades.

 
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