El Profesor Richard Isralowitz, un amigo del Departamento Spitzer de Trabajo Social de la Universidad Ben Gurión, y miembro del Kibutz Revivim en el Negev, una tarde hace algún tiempo, al intuir con perspicacia mi perversidad, no se acercó a mí furtivamente con un entusiasta: "Oye! Esta tarde, seis meses de trabajo darán su fruto. Qué magnífica historia podría ser ésta!" En vez de eso, cuando estábamos pasando por la cafetería, observó de improviso: "Si te es posible, ven a mi oficina a las 4:30 esta tarde. No hay tiempo ahora para detalles, pero puedes estar seguro que me lo vas a agradecer".
Sabiendo que en 1992 y 1993, Isralowitz había pasado un tiempo en Eritrea en una misión para MASHAV (el Centro de Cooperación Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel), USAID y NIRP (el Programa de Investigación Israel - Países Bajos), cuyo objetivo era explorar posibles vías de cooperación entre Israel y Eritrea, ya tuve una idea bastante formada de lo que podía tratarse. El propósito de Isralowitz era examinar áreas en las cuales Israel podría facilitar el establecimiento de empresas de pequeña envergadura en la relativamente nueva economía, o en el sector agrícola de Eritrea, en donde la pericia técnica israelí podía producir frutos (ver artículos pertinentes en Shalom 1996-2 y 1997-3).
Durante su estadía allí, notó el aparentemente excesivo número de ancianos ciegos. Más tarde, al mencionar su observación al Dr. Gideon Rosenthal, oftalmólogo del Centro Médico Soroka de Beer Sheva, a Isralowitz le sorprendió aprender que, por lo menos un 65% de todos los africanos negros mayores de 60 años, sufren de cataratas y ese problema es considerado la norma en la vejez. Aun cuando las técnicas avanzadas en cirugía con láser extirpan cataratas en forma segura y barata, y restauran parcial o totalmente la visión perdida, daba la impresión que un procedimiento estándar en los países desarrollados de Norteamérica, Europa Occidental, Israel y el Lejano Oriente, permanecía dolorosamente fuera de alcance en el África del sub-Sahara.
Desde la década de los setenta y en especial durante los seis últimos años, la población de inmigrantes judíos etíopes en Israel ha aumentado a más del doble, y llega a 60.000. Aun cuando esta comunidad atraviesa, en su conjunto, considerables dificultades relativas a la inmigración a otro país, los jóvenes están adaptándose a los recientemente escogidos nuevos lugares con un mínimo de dificultades. Los ancianos, sin embargo, son menos flexibles y algunos tienden a rehuir los servicios de salud y otros servicios de la sociedad israelí moderna, lo que produce ciertos problemas. Richard Isralowitz observó que estos ancianos, nuevos inmigrantes a Israel de África Oriental, podrían probablemente sufrir el mismo porcentaje de problemas oftálmicos.
Resuelto a que la población etíope anciana de Israel, desarraigada a avanzada edad para emprender un peligroso viaje, llegase realmente a ver Jerusalén, que durante generaciones había permanecido viva en los corazones de su pueblo, Isralowitz estaba decidido a que no sufrieran de innecesaria ceguera. Pasó el próximo medio año haciendo intensivos contactos. Probablemente su encuentro más curioso fue con el Servicio Nacional de Salud. No tenía él conciencia, le dijeron los administradores, que el período normal de espera para cirugía de cataratas era de un año por lo menos? Más aún, muy pocos nuevos inmigrantes etíopes habían sido enviados por sus médicos al Servicio de Salud. Muy pocos!
"Verdad", insistió el científico social de la Universidad Ben Gurión, "pero todos los que se ocupan del problema saben que las cataratas están muy difundidas en esta población. Por qué no formular un programa especial para llegar a ellos?"
"Profesor Isralowitz, somos gente muy ocupada. Si ellos mismos no vienen a quejarse, eso significa algo. En lo que a nosotros concierne, el problema no existe".
Afortunadamente, Isralowitz no es alguien que se desalienta fácilmente. Durante los meses siguientes, una subvención para planificación lo llevó a contactar la Asociación para el Avance de la Familia y la Infancia Etíope en Israel (AAFIE), el único programa de absorción administrado por los mismos inmigrantes etíopes. La Municipalidad de Beer Sheva también aceptó ayudar, dando subsidios que cubrirían el costo de lentes, y el Departamento de Trabajo Social de la Universidad Ben Gurión seleccionó algunos de sus estudiantes etíopes más prometedores, para que entrevistaran a los beneficiarios potenciales en amárico, su lengua materna.
A las 5:00 de esa tarde, nuestro convoy de dos autos se detuvo delante de un edificio de apartamentos, en un barrio modesto de la periferia oeste de Beer Sheva. De los vehículos emergió el grupo que Isralowitz había reclutado trabajosamente durante los meses precedentes: tres oftalmólogos, un optometrista y una enfermera - todos voluntarios - llevando camillas portátiles, cartones ópticos y equipo variado.
Subimos un piso y nos encontramos con un grupo de 40 ancianos esperando pacientemente en el salón, sentados en sillas plegables, o de pie junto a una mesa cargada de botellas de refrescos y galletas. Las mujeres vestían sus típicas vestimentas blancas y sueltas; los hombres con trajes más formales o túnicas tradicionales. La mayoría se veían frágiles. Unos pocos eran completamente ciegos.
Moviéndose entre ellos, explicando, traduciendo, reconfortando en amárico, las jóvenes estudiantes traductoras mostraban agilidad y competencia. La brecha generacional era simplemente espectacular, y sin embargo, la atmósfera era calurosa, íntima, confiada.
Conducidos por el Dr. Rosenthal, el personal médico de algún modo se abrió camino a través de la repleta habitación, para instalar su equipo en las habitaciones interiores del apartamento. Entre los más entusiastas estaba la Dra. Valentina Assa, una oftalmóloga originaria de Bulgaria, que había llegado a Israel hacía cuatro años. Su misión era examinar la visión, la retina y la presión intra-ocular con un oftalmoscopio. Por qué había venido, al final de un largo día en el hospital?
"Me encanta trabajar con gente, toda clase de gente. Esa es la pura y simple verdad". Menos de diez minutos después de llegar, ya estaba examinando a su primer paciente.
Se anunció el nombre de un nuevo paciente y una mujer de 60 años fue escoltada a un cubículo. Con la ayuda de una estudiante traductora, contestó preguntas acerca de su visión y salud general, para reclinarse luego sobre una mesa, mientras el oftalmólogo le examinaba atentamente los ojos con fuerte iluminación.
En una habitación adjunta, Ofer Avneri, un optometrista de 33 años de la fuerza aérea, quien había venido desde Tel Aviv, estaba examinando la visión de un hombre de 62 años, que miraba fijamente un cartón con E mayúsculas de diversos tamaños y configuraciones. Cualquiera podía darse cuenta que el hombre necesitaba urgentemente gafas para leer. Le probaron diversas lentes hasta que se encontró una que le permitió discernir la penúltima línea de abajo. Avneri comentó más tarde: "Que yo ayude a estos nuevos inmigrantes parece ser simplemente lo más correcto".
Shmuel Yilma, el subdirector de AAFIE, estaba radiante de silenciosa satisfacción. Había hecho su camino de Etiopía a Israel hacía 15 años. "Qué maravilloso es dar a estos ancianos la oportunidad de ver nuevamente. Videntes, van a ser mucho más capaces de transmitir una tradición cultural que, de otra manera, desaparecería probablemente en esta sociedad de ritmo acelerado. Usted sabe, hablamos largamente cuando los abordamos y les explicamos para qué es todo esto y los alentamos a venir a la clínica el día fijado".
Sin previo aviso, un hombre relativamente corpulento de unos cincuenta años, rodeado por una estudiante y el veterano activista Shmuel Yilma, comenzó a gritar en el corredor. Algo había salido de control. La Dra. Assa apareció por otra puerta e intervino con autoridad. Lo tomó por los hombros y lo llevó dentro de su pieza para examinarlo inmediatamente. Nadie hizo objeciones. El día había sido un triunfo de la buena voluntad demasiado grande como para permitir que una perturbación momentánea lo ensombreciera.
Un mes más tarde, después de otra sesión en la que se seleccionó un segundo grupo de etíopes, trabajadores comunitarios visitaron a cada una de las personas visualmente impedidas a fin de explicarles el procedimiento médico y disipar sus miedos. Poniéndose a tono con el espíritu de esta empresa, el Servicio Nacional de Salud de Israel aceleró los trámites para que los turnos de cirugía, se concretaran en asunto de semanas! Hoy, más de un año después, no sólo hay docenas de ancianos inmigrantes en Beer Sheva que usan lentes, sino docenas más que estarían ahora sufriendo de visión limitada, de no haber sido por la exitosa cirugía de láser y la implantación de lentes correctores inter-oculares, y que gozan al ver con sus propios ojos a sus nietos y biznietos jugando.
Una nota final sobre este esfuerzo es que Richard Isralowitz, con el apoyo de la Sra. Susi Smetana de los Estados Unidos, y el de la organización internacional Proyecto Visión, dirigida por el Dr. Stephen Kutner, ha establecido una unidad móvil modelo para tratamiento oftalmológico fuera del hospital, que atiende a gente anciana a través de la región del Negev. En el proyecto de Isralowitz participan también la Jefa del Departamento de Oftalmología del Hospital Soroka, Dra. Tova Lifshitz, y el Subdirector de Servicios Médicos para el Negev, Kupat Holim Klalit, Dr. Tzvika Liss.
La ejecución de la "simple idea" de un hombre, en la región del Negev de Israel, está dando a muchos ancianos inmigrantes, que una vez habían estado confinados a la oscuridad, una segunda oportunidad para ver. Y, lo que ninguno había pensado al comienzo del proyecto, es que este esfuerzo está convirtiéndose en una base importante para la comunicación y cooperación entre aquellos palestinos e israelíes que comparten la necesidad de ayudar a otros necesitados de mejor visión. Hace pocos meses, representantes de agencias de salud palestinas, que incluían a la Sociedad de la Medialuna Roja, viajaron largas distancias para discutir sus necesidades y en qué forma Richard Isralowitz y su equipo podrían ayudarles. El proyecto Visión del Negev no ha perdido de vista a quienes más lo necesitan: los ancianos, pero está ampliando sus miras para hacer de la región un lugar mejor para vivir. Quizá simplemente el contar de nuevo esta historia pueda ayudar a restaurar la visión que en otros se ha agotado.