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Sensibilidad transcultural y participaciףn de los padres

26 jan 1999
 REVISTA SHALOM, 1998 / No. 1
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Sensibilidad transcultural y participación de los padres

por Yvonne Lipman

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para Janette Hirschmann, experta en educación preescolar en el MCTC, Myanmar (Birmania), era territorio familiar, pues ella ya había enseñado allí en dos talleres, en 1991 y en 1994 (ver Revista Shalom 1991-2 y 1995-3).

Debido al éxito de los talleres anteriores, el gobierno de Myanmar, junto con UNICEF, había solicitado un nuevo taller, esta vez para examinar el lugar correspondiente a la participación de los padres en la educación, y para ayudar a quienes cuidan niños a desarrollar su propia sensibilidad en cuanto al trasfondo cultural del niño preescolar y de sus padres.

Michal Finkelstein, una trabajadora social israelí, se unió a Janette para formar el equipo. Aun cuando ésta fue la primera misión de Michal para MASHAV, ella puede afirmar que es una trabajadora de MASHAV de "segunda generación": su padre, el ingeniero hidrólogo Elisha Kally (ver artículo en Shalom 1995-1), también ha representado a MASHAV en el extranjero en muchas misiones.

El nuevo taller fue ofrecido a instructores, jefes de centros de cuidado diurno, padres y trabajadores de la salud, y trató materias fundamentales referentes al desarrollo humano. A diferencia de la mayoría de los programas de desarrollo infantil, éste se centró, no sólo en el niño, sino en "los otros dos ángulos del triángulo": los padres y sus necesidades de desarrollo, y los cuidadores de niños, sus necesidades y expectativas.

Antes de dejar Israel, Janette y Michal enviaron cuestionarios preliminares a los participantes, y partieron a Myanmar con un esbozo preliminar del programa, lo suficientemente flexible como para ser adaptado a la realidad que encontrarían. Todo el taller fue muy experimental, y utilizó el drama y el arte "para hacer llegar el mensaje". Se efectuó una sesión adicional con altos funcionarios de ONGs, para que también ellos tomasen conciencia de los problemas.

En base a ese exitoso taller en Myanmar, Janette y Michal compusieron un fundamental Manual de Educación para Padres. Desde entonces, el equipo ha conducido en dos oportunidades talleres similares en Israel, para dos grupos culturales bastante diferentes; una vez para un grupo de maestros de preescolares en guarderías privadas en el sector árabe, y la otra, para un grupo de inmigrantes etíopes, habitantes de un campamento de casas rodantes, que Michal puede divisar desde su ventana en Haifa.

Estos talleres tuvieron mucho éxito y ecos muy positivos, y si lo permiten los fondos disponibles, se realizarán nuevamente en el futuro. Al observar los elementos que han permitido a un mismo programa operar tan exitosamente con tres grupos tan diferentes, está claro que su estructura básica tiene una validez universal.

El programa desarrolla métodos únicos, que capacitan a los participantes para abordar materias delicadas. Elabora canales de comunicación y cooperación entre los padres y los cuidadores de los niños. Proporciona un marco dentro del cual pueden adquirirse conocimientos, clarificar sentimientos y quizás resaltar los cambios en las prácticas de la cría de niños. Al hacer esto, también aumenta la conciencia de las necesidades personales de desarrollo de los padres adultos y de los cuidadores.

El programa de los maestros de párvulos árabes comenzó por ayudarles a expresar sus propias necesidades, antes de pasar a examinar las necesidades de los niños y sus padres. Se concentró en la comunicación entre padres y cuidadores, un aspecto desgraciadamente ausente en programas relativos a la participación de los padres en la educación. Los maestros tenían realmente conciencia de que ésta era la primera vez que un programa interno de capacitación había sido dirigido hacia sus sentimientos, más que hacia sus habilidades.

En forma similar, el taller de los padres inmigrantes etíopes (en realidad de madres, pues es posible que los padres deban ser atendidos separadamente), estaba basado en la legitimación de sentimientos. Estas familias necesitaban ayuda para adaptarse a la sociedad israelí, pero aun más que eso, necesitaban apreciar el valor de la riqueza cultural que habían traído consigo, y asentar su propia estima. Se les alentó a hablar, dibujar y hacer modelos de educación familiar en Etiopía (todo a través de un excelente traductor verbal amárico-hebreo), y sobre todo, a legitimar su pasado y su propia crianza por medio de recuerdos de infancia, cantos y canciones de cuna. La construcción de collages, el uso de movimiento y drama, les ayudó a expresar sus sentimientos y opiniones en relación a la crianza de niños pequeños.

En la segunda fase del curso, cuando se desarrolló la cohesión del grupo y las mujeres comenzaron a sentirse cómodas con el equipo y sus métodos, se les pidió que trajeran a sus bebés y pequeñuelos. El énfasis pasó de los recuerdos de su infancia a la crianza de sus propios niños, y a ayudarles a equilibrar las habilidades congnitivas, sociales, emocionales y motoras, que el niño en su integridad necesita de acuerdo a las expectativas de la moderna sociedad actual.

Janette y Michal condujeron además un taller complementario de una mañana para trabajadores comunitarios, de bienestar social y de educación, psicólogos y maestros de hebreo, que trabajaban con la comunidad de inmigrantes etíopes. Aquí, ellas se concentraron en la cuestión de qué es lo que le ocurre a la gente que pasa de sociedades tradicionales a modernas. Al mismo tiempo, los participantes tuvieron la oportunidad de encontrarse con sus colegas, manifestar sus expectativas y aunar su experiencia.

Tuvieron cuatro encuentros con los cuidadores de niños. Lentamente, a través de la dramatización de papeles y las artes plásticas, se expresaron sentimientos, expectativas, y afloraron problemas. La reacción positiva de los cuidadores puso de relieve su satisfacción por haber tenido la oportunidad de expresar sus sentimientos, aunque esto fue difícil para ellos al comienzo. Expresaron su deseo de crear comunicación entre los padres y ellos mismos, a fin de cimentar la comprensión y conocimiento mutuos, que mejorarían el entorno educativo común de los niños, y quedaron sorprendidos al saber que en realidad, los padres habían expresado la misma esperanza de una mejor comunicación.

Janette y Michal presentarán nuevamente su programa en marzo de este año en el MCTC en Haifa, ante un grupo internacional de educadores, enfermeras y trabajadores sociales dedicados a la primera infancia, en un curso de cuatro semanas. Éste se centrará en la comunicación entre las tres aristas del triángulo padre-niño-cuidador, e incluirá visitas a parvularios en zonas en donde operan programas con participación de padres.

Israel comenzó su existencia estatal reuniendo a judíos de todos los rincones de la tierra y adoptó una filosofía inicial del "crisol". Cincuenta años después, el asunto de la identidad étnica y la sensibilidad cultural se discute aquí mucho. Las propias experiencias de Janette como una nueva inmigrante joven, aunadas con sus muchos años de trabajo en educación de primera infancia en el MCTC, la han hecho consciente de las diversas culturas. Michal ha conocido otro aspecto del tema, al vivir temporariamente en medio de culturas diferentes, cuando el trabajo de su padre la llevaba de país en país, y ahora, en tanto que adulta, al investigar poblaciones en la transición de sociedades tradicionales a modernas. Tanto profesional como personalmente, ellas componen un equipo formidable!

 
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