El papel internacional que juegan actualmente las ONGs (Organizaciones No Gubernamentales), es parte integral, e incluso a veces, un factor dominante, en la forma que las naciones interactúan. Sin embargo, allá por los años sesenta, cuando el Instituto Afro-Asiático de Estudios Cooperativos y Laborales fue establecido en Tel Aviv por la Histadrut (la Federación General del Trabajo de Israel), el Instituto constituía un marco de trabajo único por la amplitud de su esfera y también por su contenido.
Akiva Eger fue el segundo director del Instituto (ahora es el Instituto Internacional-Histadrut, cerca de Kfar Saba), durante sus años de formación, un período que correspondió con el auge del movimiento cooperativo israelí. A los 84 años, ese miembro del kibutz Netzer Sereni - nacido en Alemania, quien llegó a Israel en 1935 - sigue siendo un firme creyente en la utilidad de los marcos cooperativos, a pesar del debilitamiento del kibutz, del moshav, y del movimiento sindical en Israel en general.
Al mirar hacia atrás, Eger recuerda los acontecimientos que impulsaron la fundación del Instituto, y el ambiente especial reinante durante los dos primeros decenios de su funcionamiento, cuando él ejerció como director (1960-80).
"Israel era un joven país en desarrollo, compuesto por diferentes tribus, por así decirlo, sin una infraestructura altamente desarrollada, con desiertos, pero pocos recursos naturales, un rápido crecimiento de población, su problema de forjar un idioma y una base cultural comunes - problemas que existen en muchos países en vías de desarrollo, que como Israel, han alcanzado recientemente su independencia. Lo que hizo único a Israel", hizo hincapié, "fue que Israel tenía una fuerte organización laboral - la Histadrut - que por necesidad, llegó a jugar históricamente un papel crucial - pasado y presente - en el desarrollo de la nación en tanto que pueblo y en tanto que entidad política y económica. No fue sólo un sindicato".
Israel trató de ampliar sus vínculos con otros países y de formar núcleos de futuros activistas y promotores en otros países en desarrollo, quienes estarían familiarizados con Israel; los países en vías de desarrollo buscaban respuesta a sus problemas. A mediados de la década de los cincuenta, Israel y el papel único de la Histadrut comenzaron a despertar interés en esas naciones; primero en Birmania e India, y también en algunos países africanos, como Malí, Senegal y Nigeria, y posteriormente, en otros lugares del mundo.
Junto con los lazos diplomáticos, uno de los catalizadores fue la presencia de Solel Boneh, la corporación de construcción de la Histadrut, que ganó algunas grandes licitaciones internacionales en Birmania, Ghana y Nigeria. Otro fue la relación con los primeros expertos agrícolas israelíes enviados a países tales como Senegal. "El contacto despertó la curiosidad de ver Israel de primera mano. Además", agregó Eger, "los israelíes que fueron enviados al extranjero, desarrollaron relaciones personales y, siendo por naturaleza de carácter franco y hospitalario, invitaron a sus colegas africanos y asiáticos a visitarlos en Israel".
Esta cualidad fue la que coloraría, en gran medida, una de las poco usuales características del currículo y del ambiente que se desarrolló en el Instituto Afro-Asiático: programas que fueron más allá de las aulas y trabajos de curso, y proporcionaron a los alumnos experiencias directas de la vida y quehaceres en los colectivos israelíes, introduciendo a los participantes dentro de los hogares y los corazones de israelíes corrientes, a través de un marco de tutores de grupo, y una red de ciudadanos israelíes, que se voluntarizaron para "adoptar" a participantes durante su estadía.
Los tutores no sólo ayudaron a los participantes con sus estudios, sino que actuaron como mentores y guías, confidentes y compañeros, permitiendo a los estudiantes del Instituto conocer otros aspectos de la sociedad israelí.
El Instituto se formó teniendo por trasfondo los contactos con diplomáticos israelíes, expertos, emisarios y contratistas; contactos que estimularon las peticiones de visitar Israel. En previsión de la llegada de individuos, y posteriormente de delegaciones, recibidos por la Histadrut o el Ministerio de Relaciones Exteriores, se trazaron itinerarios y comenzaron a tomar forma los primeros cursos. Algunos fueron financiados por la Cancillería, otros fueron patrocinados por otros organismos tales como fundaciones, gobiernos occidentales u organizaciones internacionales, o por el país del participante.
En 1957, hubo tres misiones que marcaron hitos: una delegación de organizadores sindicales del sector agrícola de Malí, y otras dos de miembros jóvenes del movimiento cooperativo (ashrams), y del movimiento de reforma agraria de la India, que fueron huéspedes de la Sección Diplomática (actualmente la División Internacional), de la Histadrut; estas misiones echaron las bases de la institucionalización de estos programas.
"Estos tres seminarios, con sus recorridos, obtuvieron una enorme publicidad, que dio origen a una ola de pedidos para asistir a seminarios similares en Israel", dice Eger. "El interés no se refería sólo a la agricultura israelí y marcos económicos, sino también a las instituciones sociales y culturales operadas por la Histadrut, inclusive organizaciones deportivas y femeninas".
En la Histadrut se dieron cuenta de que se necesitaba un marco organizado regular, que reemplazara las visitas esporádicas, que requerían cada vez planificación especial, personal y cambios de local. Lo que se necesitaba era un marco y equipo permanentes, que podrían ganar experiencia y mantener los vínculos con los egresados. Así tomó forma la idea del Instituto Afro-Asiático: la organización de seminarios internacionales, que reunirían a participantes de decenas de diversos países en vías de desarrollo y a muchas organizaciones diferentes, a universitarios, activistas sindicales, miembros de cooperativas y funcionarios gubernamentales, durante un seminario más amplio e intenso de tres meses de duración en Israel.
El primer seminario de tres meses se realizó en 1958. Atrajo a 60 becarios de 17 países en vías de desarrollo, tanto de habla francesa como inglesa. El programa fue llamado por los organizadores: "Seminario Afro-Asiático de Cooperación". La Histadrut organizó el seminario y el Ministerio de Relaciones Exteriores, MASHAV en ciernes, proporcionó los fondos. El éxito del seminario, a pesar de complejos problemas logísticos, inclusive el de la comunicación en un ambiente multilingüe, dio origen a nuevas olas de pedidos de países en desarrollo. En 1965, comenzó el primer curso en-el-lugar, a objeto de proporcionar contacto adicional con los solicitantes de cursos.
Mientras que, con el curso del tiempo, los seminarios posteriores fueron divididos en de habla inglesa y de francesa (con un equipo completamente separado para los de habla española: el Centro para Estudios Cooperativos y Laborales para América Latina, España y Portugal), desde un comienzo, los seminarios del Instituto Afro-Asiático fueron diferentes, en entorno y estructura, a los programas de ayuda occidentales que - aclara Eger - eran más doctrinarios.
La experiencia israelí era percibida por el personal del Instituto "como un laboratorio para desarrollo socioeconómico y no como una doctrina o modelo fijo para otros", dijo Eger. Más aún, el plan de estudios era mucho menos estructurado y teórico, y mucho más abierto y de orientación práctica. Y el equipo del Instituto - administradores y tutores, y profesores escogidos entre lo más granado en su campo en Israel - consideraban que la interacción personal con los israelíes - instructores, tutores, colegas y ciudadanos corrientes, fuesen intelectuales o gente común, pobladores urbanos o rurales, de profesiones independientes o asalariados - era no menos importante que el currículo mismo del curso.
Akiva Eger cree que estos dos factores: la falta de una actitud paternalista y el enfoque integral de la experiencia israelí, fueron los factores clave en el éxito del Instituto en las dos décadas durante las cuales él lo dirigió.
"Integral" fue interpretado no sólo como un acceso a la mayor cantidad posible de aspectos de la sociedad israelí. Los primeros cursos fueron realizados en el Centro Educativo para Activistas de Movimientos Laborales de la Histadrut, en el norte de Tel Aviv. Con financiación de la AFL-CIO (la organización central del movimiento sindical norteamericano), la Histadrut comenzó en 1961 la construcción de instalaciones especiales para albergar las oficinas, dormitorios y aulas del Instituto, contiguo al Centro. Sin embargo, los participantes del curso continuaron comiendo en el Centro, que servía sólo comidas vegetarianas, rememora Eger. Los tutores, que veían como su "obligación" el hacer que sus protegidos tuvieran una comida con carne, por lo menos una vez a la semana en la Tierra de la Leche y de la Miel, llevaban sus grupos a Beit Lessin (un centro cultural operado por la Histadrut, que servía comidas baratas con carne), para asegurarse de que los becarios no tuvieran nada de qué quejarse...
Con el correr del tiempo, fue variando la composición de los países participantes. Mientras que en la primera década (1958-1968), las dos terceras partes de los becarios provinieron de África, con la guerra de Yom Kippur de 1973 y la cancelación de las relaciones diplomáticas de los países africanos con Israel, durante la segunda década, los países asiáticos pasaron a ser el grupo dominante. A pesar de que durante los primeros tres años Israel financió los cursos, el Instituto no se convirtió en una carga para los presupuestos fiscales. La participación se convirtió rápidamente en una propuesta rentable: los gobiernos u organizaciones de los participantes cubrieron los costos con sus propios presupuestos u obtuvieron becas de fuentes occidentales o internacionales; la "inversión" aseguró candidatos de alto nivel. En efecto, el 65% de los egresados del Instituto eran universitarios, de 30 a 40 años de edad, en su mayoría.
Cuando se esparció la noticia de los seminarios, otros países de América Latina y del Caribe presentaron solicitudes. Además, los seminarios atrajeron a países líderes de economías en vías de desarrollo del Lejano Oriente. Posteriormente, cursos especiales de introducción al modelo de desarrollo del movimiento laborista israelí, que vincula el sindicalismo con empresas cooperativas propiedad de la Histadrut, atrajeron estudiantes hasta de países desarrollados en Europa y el Lejano Oriente, incluso de países como Alemania, Italia, Suecia, Singapur, Corea y Japón. En reconocimiento al creciente carácter mundial del cuerpo de estudiantes, el nombre del Instituto Afro-Asiático fue cambiado en 1994 a Instituto Internacional-Histadrut.
Israel se benefició no solamente en el plano diplomático, sino también tuvo un aumento de su comercio con países en vías de desarrollo, indica Akiva Eger. Él reveló también, que aún en períodos de tensión y en ausencia de relaciones diplomáticas formales, continuaron llegando a Israel candidatos para participar en los cursos del Instituto. La creciente demanda por cursos israelíes sobre cooperativas agrícolas, sindicalismo y marcos económicos cooperativos, son una probada señal del éxito. El Instituto, que no es una entidad separada, sino parte integral del propio desarrollo de Israel, cuenta entre sus egresados a jefes de estado, ministros, líderes sindicales nacionales, periodistas, profesores y conferencistas en instituciones de enseñanza superior: los constructores de sus sociedades.
Esta carta fue recibida por Zvi Galor, Director Académico, Instituto Internacional-Histadrut:
Querido Sr. Galor,
Gracias por sus saludos y felicitaciones con motivo de mi nombramiento como Ministro de Finanzas. Desearía también agradecer a S.E. Esther Efrat Smilg, Embajadora de Israel ante Nepal, por informar al Instituto.
Todavía recuerdo aquellos buenos días que pasé en el Instituto Afro-Asiático. Mi conexión con el Instituto es, desde entonces, un recuerdo de la amistad y la cooperación de desarrollo entre nuestros dos países. Siento profunda alegría al saber que el Instituto ha sido reestructurado y ampliado para servir las necesidades geopolíticas y socio-económicas de países en diferentes regiones del mundo. Los enfoques de este nuevo Instituto para formación en liderazgo, desde la perspectiva de construir una sociedad de derecho, impulsar el desarrollo y promover cambios sociales y económicos, merece reconocimiento. Yo espero y creo que el Instituto tendrá éxito en sus esfuerzos y contribuirá a la causa del progreso, justicia social, libertad humana y amistad internacional.
Tel Aviv, Haifa, Ramat Gan y el kibutz que visité durante mi estadía en Israel deben haber cambiado junto con la modernización de Israel. Recuerdo también al Sr. Akiva Eger y las discusiones que mantuvimos durante mi estadía. Transmítale, por favor, mis saludos y mejores deseos.
Finalmente, desearía expresar mi gratitud al Instituto y a los miembros de esa familia, por las felicitaciones y buenos deseos que me manifestaron. Le deseo lo mejor en su acción y la prosperidad de Israel.
Con cálidos saludos, atentamente,
Rabindra Nath Sharma
Ministro de Finanzas
Gobierno de Su Majestad
Bagdurbar
Katmandú
Nepal