Todo aquél que retorna a Israel después de un tiempo, con toda seguridad se detiene a contemplar el paisaje a lo largo de las rutas del país y vuelve a mirarlo después de un momento, porque evidentemente éste ha cambiado.
por Daniella Ashkenazy
Hasta no hace mucho, los bosques plantados por el Keren Kayemet LeIsrael (el Fondo Nacional Judío, una institución para el desarrollo de las tierras que se especializa en la forestación, el mantenimiento de los parques y el mejoramiento de las tierras) solían constar de una sola clase de árboles que creaban verdes paisajes de coníferas plantadas en prolijas hileras hasta donde alcanzaba la vista (en total, el KKL ha plantado cerca de 200 millones de árboles que cubren unas 140.000 has.). Pero ahora los bosques plantados por la mano del hombre en todo el país han adoptado un nuevo aspecto, más "natural".
Nina Amir, agrónoma de la división forestal del KKL, señala que este cambio ha sido impulsado por una serie de factores. Los dos grandes catalizadores fueron el hecho de que una sola clase de plantas favorece la rápida difusión de plagas y que la interminable capa de agujas de las coníferas ayuda a la propagación de los incendios forestales. Cierto número de bosques ha sufrido por ello, en especial la zona boscosa que bordea la ruta No 1, la principal arteria de circulación desde la planicie costera a Jerusalem, que fuera en primer término devastada por una plaga y a continuación asolada por un incendio y que actualmente se encuentra en estado de rehabilitación. La adopción de plantaciones combinadas en la última década ha generado también un cambio en los objetivos: los bosques del KKL ya no están destinados a producir madera para Israel, sino solamente lograr paisajes verdes y buenas técnicas de administración de los suelos. El resultado consiste no sólo en prácticas agronómicas más atinadas sino también en mejoras estéticas. Ahora se mezclan diferentes clases de árboles como pinos, con pistachos y olivos entre los que ocasionalmente se intercalan altos cipreses, creando el conjunto un efecto de bosque "natural".
Aun las undulantes y yermas colinas al norte del Néguev que reciben en el verano a los viajeros que se trasladan hacia Beer Sheva en el sur, cuentan en el presente con una serie de minúsculos y verdes oasis. Una de las razones de esta espaciosa vegetación es que la tierra finamente granulosa del Néguev no absorbe con rapidez el agua, lo que trae como consecuencia un efecto conocido como "desagüe". Este fenómeno ha sido convertido en una ventaja adaptando una técnica de ingeniería utilizada por los antiguos agricultores nabateos miles de años atrás. La hondonada se divide en diferentes áreas, unas que generan el desagote y otras que lo reciben, en las cuales el agua se filtra hasta las napas subterráneas. Como resultado de ello se pueden ver ahora hileras de tamariscos y otras especies resistentes allí plantadas en línea o en "hoyas", con otras variedades, como el eucalipto y la acacia naturalmente irrigadas por el terreno circundante en los lluviosos meses de invierno, que le proporcionan al subsuelo la humedad suficiente como para mantener cierto número de árboles durante todo el año. Todo esto forma parte de un programa en curso, delineado e implementado por el KKL y conocido como "sabanización".
Pero el cambio más sorprendente es sin duda el que se observa en el paisaje en las ciudades. En el pasado era habitual ver isletas de tránsito y cruces de caminos cubiertos de césped y flores, algo importado de la Europa rica en lluvias. Pero en los últimos años el panorama que se observa junto a las principales rutas del país, en especial en las áreas urbanas, ha sufrido una revolución. La creciente conciencia de que Israel es un país semiárido con limitados recursos hídricos ha generado una serie de novedosas soluciones.
Por ejemplo, a lo largo de la autopista Ayalón, que atraviesa el área metropolitana de Tel Aviv, se han realizado en algunos terraplenes plantaciones experimentales de bloques de plantas de follaje que no necesitan irrigación, de diferentes colores y texturas, algunos de ellos formados por tupidos cactos que cubren el suelo y que requieren muy pocos cuidados y nada de riego artificial. Una de las transformaciones más gratas y sorprendentes es la que se observa en varios cruces en la autopista Gueha al este de Tel Aviv, en la cual uno de los paisajistas más innovadores de Israel ha hecho un uso artístico de la grava. El plan más ambicioso es el del cruce de Aluf Sadé (ver foto), en el cual los círculos o triángulos que semejan un anfiteatro, ubicados entre la ruta y las rampas de salida, han sido rellenados con cuadrados de grava mezclados con la vegetación, que crean un agradable efecto de "jardín japonés".
Además del asombroso efecto visual, el uso de grava lista y accesible cumple dos finalidades: reduce significativamente el consumo global de agua en el paisaje y disminuye también el costo de los equipos de mantenimiento en los jardines, ya que hay menos áreas verdes para segar y desbrozar (las zonas de grava pueden ser fumigadas con herbicidas).
Más aún, se sabe que la grava es un material excelente para evitar la erosión de los terraplenes que forman parte de cada cruce de ruta. La grava y otras formas de rocas utilizadas como "elementos verdes" han sido dispuestas también entre los árboles que se encuentran en las isletas de tránsito, en lugar del césped.
Otro aspecto original de Israel son los "árboles artificales" bidimensionales que bordean la autopista este-oeste que cruza los suburbios del sur de Tel Aviv y las zonas urbanizadas de Rishón Letzión y Bat Yam. La autopista está bordeada por ramilletes de mallas metálicas bidimensionales cuyos contornos tienen forma de árboles y que se adhieren a los muros de contención de la autopista. En la estrecha base de algunos de estos "árboles" se han plantado enredaderas alimentadas por tuberías de riego por goteo. Al tratar de trepar por los estilizados enrejados con forma de árbol, las enredaderas irán cubriendo sus contornos hasta semejar un bosque vivo y palpitante.