"Mantenga la herida limpia!" dice todo manual de primeros auxilios. Es una instrucción básica que nos han enseñado desde la primera vez que nos raspamos la rodilla, y que convierte en absolutamente estremecedora la nueva terapia que está siendo desarrollada en Isarel. Qué terapia? Colocar cientos de larvas vivas en heridas que no se curan.
por Wendy Elliman
El hombre que cría y coloca las larvas es Kosta Mumcuoglu, nacido en Grecia, un parasitólogo e investigador asociado en la Escuela de Medicina Hadassa de la Universidad Hebrea en Jerusalem. Empezó a introducirse en la terapia de las larvas hace tres años atrás, cuando dos personas acudieron a él, en forma independiente, solicitando ayuda.
"Uno era un hombre de unos 75 años de edad, diabético, que ya tenía una pierna amputada debido a una infección", cuenta. "Había desarrollado una seria infección en su otra pierna, y estaba en peligro de perderla también. Tiene que ayudarme!, suplicó. Prefiero morir a que me amputen nuevamente. El otro fue un médico que trataba a pacientes ancianos con problemas de circulación en sus extremidades debido a la diabetes o a úlceras de presión que ni siquiera los más fuertes antibióticos habían logrado curar. Incluso la cirugía es inefectiva, me dijo. No puedo extraer cada pedazo de tejido infectado, y mientras haya tejidos infectados la herida no puede curarse y por lo general empeora. El final es invariablemente la amputación".
Con estos pedidos de ayuda resonando en sus oídos, Dr. Mumcuoglu empezó a leer todo lo que podía sobre la terapia de las larvas, algo de lo que había oído, pero nunca había visto. "La terapia de larvas - el uso de larvas de moscas para limpiar heridas - se practicaba hasta fines de los años 40, cuando el uso de los antibióticos y la mejor limpieza quirúrgica de las heridas la relegó al pasado", dice. "Antes, era un instrumento médico efectivo. El médico jefe de los ejércitos de Napoleón y un oficial médico en la guerra civil estadounidense notaron que los soldados cuyas heridas se infectaban con larvas tenían mejor resultados que los que no, porque las larvas de moscas destruían los tejidos muertos sin dañar los vivos. En la década del 30 y del 40 la terapia de larvas era empleada en más de 300 hospitales en los Estados Unidos".
La primera prioridad al revivir la terapia de las larvas fue encontrar la larva adecuada - un tipo que se alimentara de carne descompuesta o necrótica que impide la curación, pero que deja intactos los tejidos sanos. La otra prioridad fue preparar larvas asépticas, de modo de no agregar infección adicional a la herida.
Una vez que hubo elegido su insecto, el Dr. Mumcuoglu tomó un puñado de hígado podrido y salió afuera. "Inmediatamente fui asediado por todo tipo de moscas", cuenta, "pero yo buscaba la mosca de color verde metálico de dos alas. Agarré unas cuantas y las llevé adentro para iniciar una nueva colonia. Las moscas cooperaron, y cada una puso de 200 a 300 huevos". En cosa de días, los huevos se convirtieron en pequeñas larvas que Dr. Mumcuoglu crió en un medio durante 48 horas hasta que alcanzaron el tamaño que él necesitaba. Luego las esterilizó en una débil concentración de formaldehido - haciéndolas asépticas - las envasó y se dirigió hacia su paciente - el diabético de 75 años de edad. "Cuando vi su herida, no podía creer lo que mis ojos veían", cuenta. "No podía creer que en esta era de medicina moderna fuera posible algo tan terrible como eso. El pie del hombre estaba hinchado, rojo y hediondo, goteaba constantemente una pus amarilla, literalmente se estaba pudriendo". Con el número de larvas cuidadosamente calculado, proporcionalmente al tamaño y la profundidad de la herida, Dr. Mumcuoglu hizo deslizar unas mil larvas en la herida y las cubrió con una red, para mantenerlas en su lugar.
Dos días más tarde regresó al paciente. "A pesar de todo lo que había leído, fue difícil creer lo que estaba viendo", recuerda. "Las larvas habían trabajado como microcirujanos, comiéndose los tejidos descompuestos con la máxima precisión. Las reemplacé por larvas frescas. Al cabo de un par de días, los diferentes turnos de larvas habían removido toda posible fuente de infección". Debido al ciclo de vida de las larvas, deben ser reemplazadas cada pocos días. Cuando concluye la terapia, simplemente se las retira.
La pierna del hombre fue salvada, y al poco tiempo después Dr. Mumcuoglu trató al mellizo del paciente (también diabético y con una sola pierna) y también su pierna se salvó. Hasta la fecha ha empleado la terapia de larvas para tratar 60 heridas de 45 pacientes y todos se han curado.
Anualmente unos 1.000 israelíes deben ser sometidos a la amputación de una pierna, el 84 por ciento de ellos debido a la diabetes. En los Estados Unidos, el número anual de amputaciones de piernas es 80.000. La amputación, señala el Dr. Mumcuoglu, es un procedimiento muy costoso, económicamente, y en términos de dolor y sufrimiento. Incluyendo una protesis para reemplazar la extremidad, cada amputación de pierna cuesta alrededor de U$S 70.000. El costo de la curación de una herida con larvas es de aproximadamente U$S 260.
De regreso en el laboratorio, el Dr. Mumcuoglu ha observado más de cerca a estas larvas microcirujanas. Junto a sus colegas parasitólogos y mocrobiólogos, ha hallado que las larvas contribuyen a la curación de la herida en más maneras que removiendo los tejidos muertos e infectados. "Las larvas excretan tres sustancias diferentes que ayudan a la curación de los tejidos", explica. "Una es un tipo de antibiótico: el alimento de la larva es tejido descompuesto que contiene bacterias letales, de modo que se ha transformado en un antibiótico natural muy efectivo para protegerse contra ellas. Hemos probado estos antibióticos producidos por las larvas en diferentes tipos de bacterias resistentes a los antibióticos comunes y hemos descubierto que son muy eficientes".
El equipo investigador ha aprendido que junto con los antibióticos las larvas excretan sales, que cambian el pH en la herida haciéndolo menos ácido y más neutro. Las heridas se curan mejor en un medio de pH neutro. Y tercero, excretan una sustancia que parece impulsar el proceso de curación, a la vez de reforzar el sistema de inmunidad del paciente.
La humilde larva parece estar haciendo su glorioso regreso a los sistemas de curación. En una conferencia internacional realizada en Jerusalem en mayo pasado, tuvo un lugar de honor junto a las sanguijuelas y el tratamiento de veneno de abejas, mientras que 70 científicos de 11 países debatieron terapias que usan seres vivos para el tratamiento de las enfermedades. En lo que al Dr. Mumcuoglu respecta, éste es sólo el comienzo. Más adelante, sueña con una gama de tratamientos que deben ser investigados y desarrollados en un Centro Nacional de Bioterapia.