Cuidados de enfermerםa para las mujeres- mבs que un mero asunto de salud

1 may 1999
 REVISTA SHALOM, 1999 No. 1
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Cuidados de enfermería para las mujeres:
Más que un mero asunto de salud

 
 

 

Bracha Gal (der.): se insta a las enfermeras a implicarse activamente en el proceso educativo

Foto: Karen Benzian

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Etapas en la vida de la mujer: de la adolescencia a la vida adulta, del embarazo a la maternidad, de la menopausia a la vejez

Foto: Karen Benzian

  por Ruth Seligman

"En nuestro curso Cuidados de enfermería para las mujeres durante el ciclo de su vida, teníamos varios objetivos", dice su directora, Bracha Gal. "Queríamos examinar las diversas etapas en la vida de una mujer: desde la adolescencia a la juventud adulta, desde el embarazo y el proceso del alumbramiento a la preparación para la maternidad, desde la menopausia y post-menopausia a la ancianidad, y mostrar el papel de la enfermera en cada una de estas áreas, en las que ella es una educadora, como asimismo quien proporciona cuidados, con la capacidad de influir y moldear actitudes.

"Igualmente importante, deseábamos enseñar el cuidado de la mujer desde un punto de vista integral, ir más allá de los problemas estrictamente médicos y ocuparnos de las fuerzas que afectan las vidas de las mujeres, ya sean de naturaleza política, sociológica, económica, psicológica o geográfica".

El curso, dado del 17 de junio al 7 de agosto de 1998, en la Escuela Académica de Enfermería Dina, contigua al Centro Médico Rabin (ex Hospital Beilinson), fue realizado con los auspicios de MASHAV, el Centro de Cooperación Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, y Kupat Jolim Clalit, el principal seguro de salud en Israel, que provee cuidados médicos al 80% de su población. Se utilizaron los servicios de las Divisiones de Enfermería en el Centro Médico para Mujeres, ubicado en el Centro Médico Rabin, los Servicios Comunitarios de Salubridad del Ministerio de Salud de Israel y Kupat Jolim Clalit.

Bracha Gal, Directora de la División de Maternidad en la Escuela de Enfermería Dina, fue quien tuvo la idea del curso y programó su currículo, basándose principalmente en su experiencia en el Centro Médico para Mujeres. El curso fue extremadamente comprehensivo, planeado y ejecutado minuciosamente. Los temas tratados incluyeron la adolescencia femenina, planificación familiar, educación sanitaria y su fomento, cuidados prenatales, partos a alto riesgo, diabetes en mujeres embarazadas, preparación al parto, evaluación fetal y vigilancia del feto, niños prematuros, partos anormales, desapego y creación de nexos, embarazos múltiples, depresión post-parto, amamantar, maternidad temprana, tumores malignos en mujeres en edad de reproducción, carcinoma cervical, enfermedades venéreas, sexualidad femenina, contracepción, menopausia, teoría y filosofía de la enfermería y su ética.

El trabajo en el aula fue complementado con visitas a todos los departamentos del Centro Médico para Mujeres en donde, con los ojos muy abiertos y fascinadas, las participantes quedaron impresionadas por todos los departamentos de esta instalación con las técnicas más avanzadas, pero especialmente por la sala de partos, cuyo sistema de alta tecnología incluye monitores fetales computarizados, que envían información inmediata a la estación de enfermeras y a la oficina del médico; la unidad de IVF (fertilización in vitro), en donde vieron cómo ovarios, óvulos y embriones son extraídos y congelados, y la unidad de resonancia magnética, especializada en la detección precoz de anomalías, amniocentesis y tumores pélvicos.

Al observar estas unidades, Elizabeth Amen Abi de Camerún, partera desde 1976, no pudo evitar la comparación entre su trabajo y el de las parteras en Israel. "Nuestro trabajo es mucho más manual y tedioso. No tenemos realmente tecnología, ni equipo para resonancias, por ejemplo. Sólo recientemente hemos comenzado la vigilancia fetal con un fetoscopio. Tampoco tenemos goteo controlado por máquinas, sino que debemos contar el goteo con nuestro reloj".

Las participantes no se frustraron por su contacto con esta alta tecnología. Por el contrario, todas se entusiasmaron por lo que vieron. Tal como lo dijo Kokopeta Ngari de las Islas Cook, Vicedirectora de la Escuela de Enfermería del Hospital Karotonga: "Fue simplemente maravilloso ver el sistema central de control computarizado y percatarme de cuán rápidamente los doctores y enfermeras pueden ser alertados cuando algo va mal. Similarmente, aun cuando no tenemos clínicas de fertilidad, fue extremadamente interesante ver en acción las de acá y aprender sobre nuevas técnicas, tales como la IVF".

"Y a pesar del hecho de que no tenemos la misma clase de tecnología avanzada de aquí, hay mucho de lo aprendido que me puede servir en mi país, como la idea de los programas de detección precoz. Nosotras vemos, por ejemplo, una multitud de pacientes con cáncer cervical, pero generalmente sólo cuando la enfermedad está en una etapa avanzada. Aquí aprendí cuán importante es establecer programas de detección precoz y lo mucho que podemos y debemos hacer para alentar a las mujeres a venir a examinarse".

Sus visitas en profundidad al Centro Médico para Mujeres, dieron a las participantes la oportunidad de observar algo más que sólo nuevas técnicas. Para muchas, estas visitas pusieron de relieve lo que Angela Dinu, de Rumania, una partera en el Hospital Clínico Filantropía de Bucarest, definió como la atmósfera igualitaria de la sala de partos en Israel y en otros aspectos del cuidado de los pacientes. "En Rumania hay una barrera entre médicos y enfermeras, una jerarquía precisa: médicos, parteras, enfermeras, con el médico a la cabeza. El hecho de que aquí cada uno aprecie el trabajo de los otros, en el equipo, crea una atmósfera maravillosamente cálida y significativa, una que da a la partera más status y respeto de lo que vemos corrientemente".

Hae Won Kim, de Corea del Sur, profesor y tutor asistente (director), del Departamento de Enfermería de la Escuela de Medicina en la Universidad Kwandong, en la ciudad de Kangrung, expresó una opinión semejante: "Aun cuando nuestra experiencia clínica es similar en muchas formas a lo que he encontrado en Israel, nosotros no tenemos la misma franqueza ni respeto mutuo que en Israel. Aquí los médicos, parteras y enfermeras trabajan juntamente sin ninguna sensación de que una persona es más importante que otra".

El curso tuvo otro componente significativo, uno que fue más allá del material técnico presentado. "Al poner de relieve a las mujeres", explica Gal, "deseo dar al campo de la salud de la mujer la importancia y reconocimiento que se merece y habitualmente no recibe. Al hacerlo así, espero que el status de las mujeres avance también en otras esferas". Con este fin, el grupo se reunió con dos de las más importantes activistas y defensoras de los derechos de la mujer: Naomi Chazan, miembro de la Knéset de Israel (su Parlamento), y Marcia Friedman, ex miembro de la Knéset. Ambas mujeres explicaron los logros obtenidos por las mujeres en Israel, como asimismo, las áreas en las cuales queda todavía mucho por hacer: tal como la de los abusos domésticos.

Uno de los focos de interés del curso fue el día pasado en un refugio para mujeres maltratadas, en donde su directora, Ruth Resnick, una veterana defensora del derecho de las mujeres a tener el control de sus vidas, dio un seminario, en el cual se explicaron en detalle los problemas de la mujer maltratada y sus implicaciones y consecuencias sociológicas y psicológicas.

Para muchas de los participantes, el concepto de los refugios era nuevo. Como Abi dijo: "Estoy muy impresionada por la forma en que Israel está tratando de luchar contra la violencia en el hogar. En mi país, Camerún, la tratamos sólo al nivel de asistencia social, es decir, haciendo que las mujeres informen de la situación a las autoridades de asistencia social, pero eso está lejos de una solución, dado que hay muy poco que estos trabajadores sociales puedan hacer, excepto, en casos extremos, sugerir el divorcio. Aquí en Israel, vemos cómo este asunto es tratado mucho más en serio de lo que nosotros hacemos y deberíamos hacer. Sin embargo, hemos tenido recientemente algunos abogados que van por ahí explicando a las mujeres sus derechos, pero necesitamos ampliar esta actividad".

Igualmente quedó impresionada por su visita al refugio Ingrid García, de Guatemala, enfermera jefe en una clínica gubernamental de salud en San José, Pinula. "Fue emocionante ver cómo Israel está aumentando la concienciación de su sociedad ante el problema de la mujer maltratada. En mi país tenemos una sociedad muy machista y hay mucho prejuicio y discriminación hacia las mujeres -con menores oportunidades para el estudio y menos posibilidades de salir a trabajar, dado que nuestras mujeres tienden a tener grandes familias. Las mujeres en las aldeas, por ejemplo, tienen por término medio más de ocho niños, mientras que en las ciudades, en donde las mujeres tienen mejor educación, la tasa es menor, generalmente sólo tres niños por familia". García expresó reconocimiento a su gobierno, que ha hecho un esfuerzo para fomentar familias más pequeñas.

"Sin embargo, nuestros problemas son más agudos en aquellas aldeas no fácilmente accesibles. En las ciudades tenemos un sistema bastante bien desarrollado de salud, educación y servicios. Por ejemplo, vamos a las escuelas e instruimos a los alumnos sobre buena higiene, educación sexual y el uso del preservativo. También hemos instituido recientemente un nuevo programa para inocular a la gente vacunas, por ejemplo, contra la hepatitis. Pero es en nuestras aldeas", repitió, "en donde hay problemas serios, tales como una alta incidencia de tuberculosis y otras enfermedades respiratorias, debido a pobre higiene y sanidad".

Para García, así como para muchos de los participantes, su visita a una aldea beduina fue una experiencia reveladora. "Allí, en medio del desierto, los beduinos, todavía algo nómadas, tienen acceso a una moderna clínica de salud, un modelo de lo que podríamos hacer por nuestras aldeas remotas". Dinu se hizo eco con una expresión similar. "También nosotros tenemos el problema de dar cuidados en nuestras aldeas rurales alejadas. Una unidad de salud, tal como la que vimos establecida para los beduinos, podría servirnos también a nosotros de modelo, suministrando cuidados a gente que no ha gozado con anterioridad de prácticas de salud moderna".

Al planificar el curso, Gal tenía conciencia de que el programa sería intenso. Sin embargo, con sus títulos de BA y MA en enfermería de la Universidad de Tel Aviv, en donde está completando ahora los requisitos para su doctorado, ella no es una novata en el mundo de la educación. "Tanto como estudiante que como educadora, creo en la habilidad de los individuos para aprender y absorber material, incluso uno nuevo y difícil".

Gal tuvo más de 90 candidatas para su curso y eligió un tercio de esa cifra. "Todas eran mujeres con cargos de influencia y responsabilidad, que serían capaces de transmitir a otros el material e ideas presentadas aquí. Al enseñar a las maestras, yo sabía que algunas de las candidatas no eran instructoras o maestras propiamente, pero todas eran enfermeras experimentadas, con la responsabilidad de guiar e influir en sus colegas jóvenes". Angela Dinu es un caso así. "Con todos los instructores instándonos constantemente a que nos implicáramos activamente en el proceso educativo, alentando el feedback y el diálogo, yo misma adquirí valiosas ideas sobre cómo transmitir el material".

Dado que Gal cree firmemente en el aprendizaje activo, no pasivo, un componente importante del curso fue un trabajo final, presentado a la conclusión de los estudios. Habiendo pedido con antelación a las participantes que trajesen estadísticas de sus propios países, ella juntó luego a las estudiantes en parejas, cada una de diferente país, y les pidió la preparación de un trabajo que comparase las similitudes y diferencias entre las costumbres de los nacimientos en sus respectivos países.

Gal programó el proyecto con tres objetivos en mente. "Primero, comprendemos que las participantes aprenden la una de la otra, tanto como de nosotros, y deseábamos dar una estructura a este intercambio de información. Segundo, su contacto con costumbres multiculturales les ayuda a poner de relieve e identificar sus propios problemas. Tercero, les dimos algunas valiosas habilidades técnicas, por ejemplo, cómo usar una biblioteca; una primera experiencia para algunas de ellas. Asesoradas por el director de nuestra biblioteca, se les mostró cómo preparar los resúmenes preparatorios a la investigación. También se dieron algunas clases sobre el uso del ordenador".

Mientras hacían su investigación, las participantes aprendieron cómo identificar las razones de las similitudes y diferencias, concentrándose en las temas políticos, económicos, geográficos y sociológicos que daban un significado concreto al fundamento del curso: su enfoque y énfasis en ver a las mujeres desde un punto de vista integral, de observar cómo factores diferentes se entrelazan para dar forma a actitudes y costumbres.

Para su trabajo, la pareja de Abi fue una participante de Polonia. "Ambas notamos los cambios que se están produciendo en nuestros respectivos países. Yo, por ejemplo, le informé cómo han cambiado bastante dramáticamente las costumbres de nacimiento en Camerún. No hace mucho, las abuelas de las muchachas embarazadas las ayudaban y cuidaban en sus hogares, sin cuidados prenatales adecuados y daban a luz en casa con parteras tradicionales. Hoy, la mayoría de las mujeres dan a luz sus bebés en el hospital.

"Sin embargo, como no tenemos un sistema de seguro nacional, la gente debe pagar por todos los servicios médicos, incluso medicamentos. El resultado: las mujeres que no tienen dinero para un parto en el hospital, siguen dando a luz en casa, pero traen a sus niños al hospital para las vacunas por las cuales el estado paga".

Abi encontró "muy impresionante" la idea de la medicina socializada y que su falta es "uno de los más serios problemas de mi país. Sin embargo", agregó, "nuestra situación sanitaria ha mejorado. Si hace 30 ó 35 años, las mujeres no comprendían la importancia de las vacunas, hoy sí lo hacen, gracias en gran parte al trabajo de varias organizaciones femeninas, que dan charlas sobre los beneficios a que la gente tiene derecho".

Abi es una ardiente activista comunitaria. Es presidenta de la Asociación de Parteras de su país y vicepresidenta de la Asociación de Mujeres de Camerún, como asimismo de otros grupos femeninos. "A través de esas organizaciones, estamos informando a las mujeres de sus derechos, y no sólo en el campo de la salud. Como resultado, ha habido un lento, pero dramático cambio en el status y posición de las mujeres en Camerún. Si antes el status de las mujeres era bajo, hoy en día tenemos mujeres en nuestro Parlamento, algunas incluso encabezan ministerios y otras encabezan grandes organizaciones. Nuestras mujeres también tienen mejor educación que en el pasado; con muchas de ellas yendo al extranjero a conferencias internacionales, de donde regresan con ideas que tratan de introducir en el Parlamento".

Un cuadro diferente fue pintado por Kim, cuya compañera fue una mujer de Vietnam, "donde nuestras situaciones son bastante similares. En ambos países, el status de las mujeres es un asunto que todavía no sido tratado adecuadamente. En Corea del Sur, sin embargo, nuestras enfermeras son relativamente poderosas y la Asociación de Enfermería Coreana está trabajando para reducir la brecha entre los sexos: las desigualdades en salario y oportunidades de trabajo. No obstante, las viejas costumbres desaparecen con dificultad. Incluso las mujeres con educación alta, por ejemplo, todavía quieren sólo hijos, dado que la nuestra es una sociedad tan dominada por el macho, y los hombres son considerados más importantes que las mujeres".

Al combinar el material estadístico que ella trajo consigo con las percepciones psicológicas que obtuvo en el curso, Kim siente que a las mujeres de Corea del Sur les falta recorrer un largo camino para conocer, utilizar y apreciar sus fuerzas. "La mayoría están todavía atadas a las formas convencionales y tradicionales de pensar, que ve a las mujeres únicamente como amas de casa. El resultado: la mayoría de nuestras enfermeras son solteras, un 80% completa sólo el programa de enfermería de tres años para enfermera titulada y sólo un 20% se enrola y completa el curso académico universitario de cuatro años.

Hubo una respuesta muy positiva de las participantes del curso. Dinu, por ejemplo, quien tuvo como compañera a una mujer de Tailandia, encontró "muy excitante aprender sobre otros países y sus diferentes culturas. En Rumania", dijo, "la posición y status de la mujer son bastante buenos. Tenemos los mismos salarios que los hombres, y las mismas oportunidades para la educación superior. Muchas mujeres tienen doctorados, especialmente en las ciencias: desde la biología a la genética. En Tailandia, sin embargo, la posición de la mujer es diferente. En muchas formas, están subordinadas en gran medida a los hombres, dado que, por tradición, deben obedecer a sus maridos".

Dinu cree que ha aprendido un montón en el curso. Como miembro de la Asociación de Parteras de Rumania, participa activamente en el desarrollo de programas para mujeres, como asimismo, para jóvenes en la escuela secundaria, "adonde vamos regularmente para dar información sobre planificación familiar, educación sexual y enfermedades venéreas". Su estadía en Israel ha reforzado su convicción de que "estamos moviéndonos en la dirección correcta". Ella informó también sobre un nuevo programa, todavía en su etapa de planificación, en el cual, -consciente de que muchas mujeres no tienen tiempo de asistir a programas ni conferencias-, se darán ahora charlas en casas particulares, reuniones de tres a cuatro mujeres por vez, para discutir una variedad de temas: desde sexualidad a detección precoz del cáncer.

Para reforzar el enfoque multicultural del curso, las parteras israelíes del hospital adoptaron a las participantes y las hospedaron durante varios fines de semana. "Queríamos", dice Gal, "dar a nuestras estudiantes la percepción de lo que es la vida en Israel, no sólo haciendo giras por sitios históricos, arqueológicos y religiosos, las cuales, por supuesto, hicimos, sino también permitiéndoles experimentar de primera mano cómo es la vida en un hogar israelí".

Esta faceta del programa, de hospitalidad en el hogar, fue recibida con gran entusiasmo. "Las estudiantes estuvieron fascinadas por estas visitas", dijo simplemente Gal. "Muchas encontraron increíble cómo vivimos tan naturalmente en un país, que antes de venir aquí, ellas habían visto, sólo en términos estereotipados, como un lugar cargado de violencia, actos terroristas y escaramuzas militares". Así como dijo Ngari, "yo pensaba que había mucha guerra en Israel, pero no la hay. Aquí me siento muy segura. Y hay que agregar a esto la emoción de estar en la Tierra Santa, lo que ha hecho definitivamente de ésta una experiencia que nunca olvidaré".

Gal admite que tenía grandes expectativas de este curso, "las cuales", dice con orgullo justificado, "se cumplieron con gran éxito. Nuestras participantes estaban extremadamente motivadas para aprender; eran un grupo serio y dedicado que invirtió tanto en sí mismo como lo que invertimos nosotros".