El Jardín de Ciencias Clore es el primer museo de ciencias al aire libre en el mundo. Ubicado en el campus del Instituto Científico Weizmann en Rejovot, el Jardín Clore presenta una variedad de innovaciones en el diseño de museos.
por Daniela Ashkenazy
Aprovechando los secos veranos de Israel y sus inviernos relativamente moderados, todo el Jardín de Ciencias Clore está "alojado" en un hermoso parque de 9000 m2. Salpicado de macizos de flores y serpenteados senderos, el Jardín Clore contrasta agudamente con el diseño parco y eficiente de los museos de ciencia de todo lugar, incluso en los más modernos de ellos.
El Jardín de Ciencias Clore, con un costo de U$S 3 millones, abrió sus puertas al público en marzo de 1999. Alrededor de 50 modelos y mecanismos demuestran principios científicos, principalmente en el área de la física. Tomó tres años construir el Jardín y ya se están elaborando planes para ampliarlo con 50 exhibiciones adicionales que ilustren principios de otras ciencias.
El museo al aire libre evolucionó de la dedicación que ha brindado el Instituto Weizmann durante 40 años a cultivar los contactos entre científicos con orientación hacia los jóvenes y jóvenes con orientación hacia la ciencia. Hoy en día, unos 200 científicos del Weizmann participan en programas extracurriculares semanales, campamentos de verano o competencias nacionales de matemáticas y física en los que participan anualmente unos 20.000 alumnos de secundaria. Se espera que el museo al aire libre, que naturalmente amplía estos programas, atraiga a unos 150.000 visitantes por año.
Algunas de las exhibiciones son copias a tamaño gigante de modelos que se encuentran en otros museos. La más alta es una escalera flexible de 15 metros. De posición fija en un extremo, un aparato de este tipo se emplea universalmente para enseñar, directamente, sobre la oscilación o propagación y movimiento de las ondas.
El museo es mucho más que una colección de copias ampliadas de modelos didácticos. Siete patios, el equivalente al aire libre de las alas de un museo convencional, se dedican a diversos aspectos de la ciencia y los fenómenos naturales. El espacio abierto ilimitado brinda la oportunidad de ofrecer experiencias de aprendizaje, incluyendo algunas en las que los alumnos pasan a ser parte integral del artefacto.
El TrampoLuna (ver foto) parece una variación de la vara giratoria. Los visitantes dan vueltas estando atados en un asiento especial que les permite mecerse libremente a lo largo de un pasillo levemente cónico. Debido al ángulo de suspensión del cable frente al poste de apoyo, la persona siente solamente la sexta parte de su peso normal mientras gira en el aparato, creando la sensación de caminar sobre la luna.
Otro interesante aparato es el Boyo, un artefacto empleado para demostrar cómo se almacena la energía mecánica. El Boyo es, en esencia, un yoyo tamaño gigante. Montado sobre una plataforma de 12 metros, un disco con un cable enrollado alrededor de su eje responde como lo haría cualquier rueda. Cuando un visitante agarra y tira de las manillas que cuelgan en el extremo libre del cable, el yoyo rota elevando al operador por el aire mientras el yoyo permanece en su cuna.
Tanto el TrampoLuna como el Boyo son parte del Patio del Espacio del parque, que también incluye un Columpio Lunar especial. El columpio está balanceado para trabajar en cámara lenta, como si estuviera en la superficie de la luna. El Patio del Agua incluye un Canal de Ondas que demuestra cómo se forman las olas, y una Cámara de Remolinos en la que se crean remolinos y se los puede observar de cerca.
Giroscopios y otros artefactos, una virtual miscelánea de máquinas de impulso se encuentran en el Patio del Movimiento. Aquí un tocadiscos humano permite a los visitantes jugar con la ley de la conservación de la masa angular. Para las personas con mente científica esto significa que la rapidez de una masa rotante depende de la distancia del volumen de su masa del centro de la rotación de la fuerza. Un lego comprende esta ley cuando ve un patinador olímpico girando como un trompo.
Una de las muestras más populares en el Patio de las Ondas y las Comunicaciones es un par de espejos acústicos, de dos metros de diámetro. Su forma parabólica recoge y refleja las ondas de sonido permitiendo a un par de "conspiradores" conversar en murmullos estando a treinta metros de distancia uno del otro.
El hecho de que el museo sea al aire libre permite aprovechar la energía solar como elemento integral y natural de varias muestras. En el Patio de la Energía y el Medio Ambiente hay un modelo simplificado pero totalmente operativo de una torre solar. Requiere cinco visitantes que trabajen en tándem para reunir la energía. En la fuente solar la altura del agua es función de la intensidad de los rayos del sol y de la dirección de los paneles solares, que los visitantes pueden manipular para ver los efectos.
La muestra más novedosa para aprovechar el sol no tiene nada que ver con energía solar. El Arco Iris Completo usa el sol y un rociador para crear un arco iris al instante de presionar un botón. El objetivo no es solamente crear asombro, sino demostrar que un verdadero arco iris completo es un círculo y no un arco. El arco iris que vemos en el cielo simplemente queda cortado por la superficie de la tierra. Aquí, la parte "oculta" se revela desde una plataforma de observación especial en donde los visitantes se pueden parar.
Otros clásicos modelos de enseñanza han sido modificados al agregárseles un toque de humor. En el Patio de la Música, por ejemplo, el significado de la resonancia se ilustra con varios pedazos de roca volcánica traída de las Alturas del Golán. Estos trozos de basalto han sido rebanados a intervalos iguales como un pan, o cortados de modo que recuerdan una papa cruda cortada para papas fritas. Cuando se golpea con un martillo, cada sección vibra con su propia frecuencia natural.
El último patio es el Patio de los Pequeños que contiene una modesta colección de atracciones para los chicos que han acompañado a sus hermanos mayores al Jardín de Ciencias Clore. Juegos como una plataforma que se balancea y una pila de bloques para armas triangulares están destinados principalmente a mantener a los niños entretenidos y alejados de los juguetes reales.