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Ayalב Raz - La moda en Eretz Israel

6 jun 1999
 Revista de Artes y Letras de Israel - 1998/107-8
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La moda en Eretz Israel
Qué usábamos a principios de siglo

Ayalá Raz

 
 
Dos niñas de la familia Yelín de Jerusalén, principios del siglo XX

 

 

 

 

 

 

Mujer del Viejo Yishuv vistiendo un mandil

 

 

 

 

 

 

Dibujo de E.M. Lilien, 1902

 

 

 

 

 

 

Otra versión de la misma vestimenta, 1906

 

 

 

 

 

 

Grupo de líderes en una población judía temprana, 1914. Nótese la variedad de tocados occidentalles y orientales

 

 

 

 

 

 

Eliezer y Jemdá Ben Yehudá (primero y segunda a la derecha). Jemdá fue la primera mujer que escribió sobre moda en la prensa local

 

 

 

 

 

 

Miembros de la organización de autodefensa, Hashomer, Kfar Saba, 1910

 

 

 

 

 

 

Dos jóvenes pioneros judíos que muestran la influencia de la vestimenta árabe, principios del siglo XX

 

 

 

 

 

 

Tres jóvens pioneras del Kibutz Degania

 

 

 

 

 

 

Dos caballeros de la joven Tel Aviv

 

 

 

 

 

 

Una joven pionera en pose de retrato cuidadosamente elaborada. Su ropa evidencia una fuerte influencia rusa

 

 

 

 

 

 

Pantalones de montar de influencia británica, y camisa con el cuello polaco "Subotsky"

 

 

 

 

 

 

Ropa usada por los pioneros del Kibutz Degania en la segunda Aliyá, caracterizada por un descuido deliberado y un diseño casi unisex

 

 

 

 

 

 

En la granja femenina de Kineret. Nótese la corbata, que indica la igualdad entre los sexos

 

 

 

 

 

 

La pareja Moyal de Iafo el día de su boda

 

 

 

 

 

 

El Sr. Valero, banquero de Jerusalén, con chaqueta de estilo occidental y fez turco

 

 

 

 

 

 

En la festividad de Shavuot, jóvenes vestidas de blanco, con guirnaldas de flores y hojas, principios de los años 1920

 

 

 

 

 

 

Jóvenes del Kibutz Degania, 1929

 

 

 

 

 

 

Fotografía de estudio de principios del siglo. La "muchacha" en traje árabe bordado y el "muchacho" en Kumbaz, Kefía yAkal
 

A fines del siglo XIX, mientras en Occidente se disfrutaba de una etapa de desarrollo acelerado, los asentamientos judíos de Palestina estaban sumidos en la pobreza y el retraso e iban a la zaga de las tendencias del mundo moderno. El país estaba en gran medida desierto y olvidado. Por las pocas rutas pavimentadas entre las grandes ciudades pasaban las diligencias, que eran la forma de transporte usada por las personas de recursos. En las áreas rurales, la gente se trasladaba de un lugar a otro por caminos polvorientos, a pie o a lomo de burro. A principios del siglo XX, la población de Palestina llegaba a medio millón de habitantes judíos y árabes. Los judíos, que no llegaban al diez por ciento de la población, se concentraban básicamente en las grandes ciudades, con un pequeño número de agricultores en las colonias.

La ciudad más grande del país era Jerusalén, con cerca de la mitad de la población judía, que vivía mayoritariamente a intramuros de la Ciudad Vieja. En 1860 se empezó a construir Mishkenot Shaananim, el primer barrio nuevo judío a extramuros, que evolucionó muy rápidamente reforzando la presencia judía en la ciudad. La calle Iafo era la más comercial. Pequeñas tiendas, generalmente de judíos y árabes cristianos que hacían sus negocios uno al lado del otro, cubrían todas las necesidades de los residentes de la ciudad.

Jerusalén era también el centro de la actividad cultural del país. La Academia de Bellas Artes Bezalel, creada por el Prof. Boris Schatz en 1906, era el eje de la vida cultural: promovía acontecimientos sociales, organizaba las celebraciones de Janucá, Purim y Lag Baomer, las ceremonias sabáticas y las exhibiciones gimnásticas, y patrocinaba también obras de teatro, conciertos y veladas literarias.

Iafo seguía en importancia a Jerusalén en su carácter de puerto principal y terminal de trenes. La mayoría de sus residentes vivían en condiciones de hacinamiento. Las tiendas de sus calles principales vendían artículos para el hogar, mercería, telas, zapatos y una limitada selección de ropa importada. A principios de siglo, Iafo tenía unos 30.000 habitantes, 5.000 de los cuales eran judíos. De acuerdo con el censo realizado en 1905, había diez posadas judías, siete restaurantes y una cafetería. La mayoría de sus habitantes se dedicaban al comercio, y una cantidad considerable estaban empleados en tareas de costura y tejido. Además, había tres empresas que producían herramientas para maquinarias, cuatro peluqueros, tres músicos, seis médicos, dos dentistas, un abogado y... 26 mendigos!

Iafo alardeaba también de una escuela de música y otra de dibujo y arquitectura, y lecciones gratuitas de corte y confección. Fuera de Iafo se empezaba a construir los nuevos barrios judíos; los primeros fueron Nevé Tzédek y Nevé Shalom. En 1909 se fundó Ajuzat Báit, que con el tiempo pasó a ser Tel Aviv.

La Segunda Aliyá (ola inmigratoria) empezó a fines de 1903. Consolidó las bases de la colonización judía en Eretz Israel y añadió unos 35.000 judíos a la población. Pero la Primera Guerra Mundial y sus decretos subsiguientes, el hambre y las expulsiones del país, asestaron un duro revés al impulso de desarrollo. Los nuevos inmigrantes dejaron de llegar, la comunidad padeció hambre y enfermedades y la población judía, que en vísperas de la guerra había llegado a 85.000 personas, se vio grandemente reducida, por lo que en 1918 sólo quedaban 56.000 judíos.

Entre 1875 y fines de la Primera Guerra Mundial no hubo muchos cambios en la forma de vestir de los habitantes del país: los diversos grupos de población se distinguían por su ropa tradicional. Al describir la vestimenta que usaban, no debe olvidarse que era una época de contrastes y oposiciones. El país era el hogar de diferentes grupos étnicos, radicalmente distintos entre sí, no sólo en su posición económica sino también en sus creencias religiosas, países de origen, formas de vida y concepciones filosóficas. Una gran pobreza, resultado de la decadencia y debilidad del gobierno turco, coexistía con las novedades y la ilustración traídas de Europa por los inmigrantes judíos, mientras que las tradiciones centenarias entraban en conflicto con los nuevos valores culturales progresistas.

En aquel entonces, las ciudades más grandes del país - Iafo, Ramla, Tiberíades, Haifa y Jerusalén- tenían una capa reducida de gente acomodada, tanto judíos como árabes, cuyas mujeres podían permitirse adornos lujosos, tales como zapatos de tacón alto de brillante raso especialmente encargados de Beirut, costosas sedas importadas de Europa y vistosas sombrillas para el verano traídas de París. En contraposición, los habitantes de las aldeas árabes y la gran mayoría de los residentes de las ciudades (judíos y árabes) vivían en la pobreza y la necesidad. Para ellos, la ropa no era más que protección contra el sol y el frío, y no un lujo o consentimiento.

En algunas de las colonias apoyadas por el Barón de Rothschild, los habitantes disfrutaban de relativa prosperidad y bienestar, mientras que otros se encontraban sumidos en un constante estado de escasez. La más rica de todas era la pequeña aldea de Zijrón Iaacov, que a principios de siglo era el centro en el que todos los residentes de los alrededores compraban ropa y otros artículos. "La tienda de ramos generales aspiraba a ofrecer todos los artículos deseados por los habitantes de la colonia y a vender cualquier género buscado por el habitante de la ciudad, hasta ropa de seda y satén se podía encontrar allí" (David Yelín, "De Dan a Beer Sheva").

Los habitantes más pobres del país eran los pioneros, que habían creado los primeros asentamientos colectivos. Eran realmente desposeídos que carecían de todo; por eso, convirtieron su pobreza en bandera, ostentando su ropa raída y sus pies descalzos. Estos pioneros se consideraban nativos del país y querían mezclarse con el nuevo medio. Una de las formas de lograrlo fue integrando elementos orientales en su vestimenta: "El kibutz nos ha enviado las mismas camisas para todos, los mismos pantalones, la misma kafía1 y la misma abaia2" (Itzjak Tabenkin, "Aquí, en esta tierra").

La adopción de la ropa del Medio Oriente y su fusión con la de la población judía se adecuaban también a la concepción filosófica de Bezalel, la Academia de Arte de Jerusalén que contribuyó a modernizar la imagen de los judíos en Eretz Israel. Tal como la veía Bezalel, la mujer judía debía tener un aspecto oriental, usar exótica ropa oriental y muchas joyas. Generalmente se la representaba como una pastora que recién hubiera emergido de las páginas de la Biblia. Según ese mismo concepto, el hombre típico de la Tierra de Israel tenía un aspecto oriental, generalmente originado en el Yemen, usaba largos aladares, vestía una túnica rayada y un turbante arrollado a la cabeza.

La visión de Bezalel halló cauce de expresión en los cuadros de Efraim Lilien y Abel Pann, que describían la exótica belleza de la mujer oriental. Debe hacerse notar que esta belleza estaba muy alejada de la apariencia real de las jóvenes pioneras que habían inmigrado de Rusia y del aspecto de las mujeres de Tel Aviv, orgullosas de su estilo de vida y vestimenta occidentales.

En fotografías de esa época tomadas en los estudios de Krikorian y Raad en Jerusalén y Sabonji en Iafo, las mujeres de los primeros años del siglo XX aparecen ataviadas con vestidos árabes bordados y portan sobre la cabeza un jarro de arcilla o una cesta de mimbre. Los hombres de esas fotografías visten ropa árabe, con la kafía y el akal3 negro a la cabeza y una shabría4 al costado.

En aquel período había dos actitudes ante la moda en Eretz Israel. Por una parte estaban los habitantes de las colonias que se vestían de acuerdo con los últimos dictados de la moda de París. Estos colonos, acomodados y con una situación financiera estable, fueron muy influidos por la ropa de los funcionarios del Barón de Rothschild, que gozaban de viajes regulares a la gran París y regresaban con telas vistosas, trajes de corte impecable y revistas de moda actualizadas en el equipaje. Por otra parte estaban los pioneros descalzos, que despreciaban los refinamientos de la ropa burguesa que simbolizaba todo lo opuesto a su ideología. "He ocultado mis vestidos de seda en el fondo de la maleta y reemplazado los zapatos elegantes por chinelas sencillas. Mi vestimenta consistía en un vestido liso de algodón y una kafía con un akal en la cabeza" (Jaia Tabenkin, "Aquí, en esta tierra").

Esta dualidad se expresó ya en el primer artículo sobre la moda en la Tierra de Israel, escrito por Jemdá Ben Yehudá (la segunda esposa de Eliézer Ben Yehudá, que revivió la lengua hebrea)5. "Ésta es la primera vez en mi vida que la moda es tema de discusión en la prensa en lengua hebrea. Escribo estas líneas con real temor y temblor. Quién no habrá de burlarse? Quién no habrá de reírse de mí? Quién no habrá de condenarme? Y quién sabe si no me excomulgarán también a mí?" (Jemdá Ben Yehudá, Hashkafá, 1904).

La pregunta ya se formulaba: Cuál es la ropa adecuada para los judíos de Palestina? El Barón de Rothschild consideraba que la vestimenta apropiada para los judíos en Eretz Israel era la abaia. Por esa razón compró a Eljanán Bulkin (que a fines del siglo XIX había instalado una fábrica de ropa tradicional) 300 abaiot para los campesinos de sus colonias. Para su desazón, la prenda fue adoptada en una sola colonia, Ekrón, en la que los once campesinos fundadores cambiaron su ropa al estilo europeo por las abaiot, como resultado de lo cual se los apodó "Las once Abaiot". En todas las otras colonias, los agricultores se aferraron firmemente a su ropa europea, negándose a satisfacer el capricho del Barón.

Al examinar las características de la ropa en Palestina desde fines del siglo XIX hasta fines de la Primera Guerra Mundial, se debe tomar en cuenta los diferentes grupos de población local en aquel tiempo: los árabes que vivían en ciudades y aldeas; los distintos tipos de judíos en las ciudades antiguas como Jerusalén, Iafo y Tiberíades; los residentes de las moshavot (las colonias del Barón); los pioneros de la Segunda Aliyá (fundadores de las aldeas colectivas y los kibutzim) y finalmente, los primeros habitantes de Tel Aviv.

La ropa en el Viejo Yshuv

El "Viejo Yshuv" es el nombre genérico de los judíos que vivían en Palestina, tanto askenazíes como sefarditas, que al doblar el siglo residían principalmente en las ciudades santas: Jerusalén, Jebrón, Tiberíades y Safed. Generalmente trabajaban en diversas artes y oficios o en el comercio, y algunos vivían de la jalucá (caridad proveniente del exterior). Por sus estrechas relaciones con los árabes locales, su vestimenta habitualmente combinaba elementos orientales y occidentales. No eran una población homogénea desde el punto de vista económico, y su ropa daba cuenta de ello. Quienes se encontraban en una posición más holgada, como los comerciantes, abogados, farmacéuticos y médicos, vestían al estilo europeo con ropa confeccionada con telas finas por los mejores sastres locales y las modistas más solicitadas. Sin embargo, la mayoría de las mujeres de aquella época sabían coser y confeccionaban casi toda la ropa que ellas y sus familias necesitaban, encargando a las modistas solamente la ropa más complicada o de fiesta. Una de estas modistas era Issa Tourjemán de la calle Altabuna de Jerusalén, que gozaba de gran reputación por sus habilidades. Se la apodaba La Mograbía ("la marroquí") por su país de origen. Issa cosía vestidos de novia que eran lo mejor de la moda contemporánea, y elegantes kumbaz6 para árabes y judíos.

En el libro de Yaacov Yehoshúa "Infancia en la Vieja Jerusalén", hallamos una amena relación de la ropa del Viejo Yshuv: "En aquellos tiempos Jerusalén era tolerante y sus habitantes de diferentes orígenes étnicos usaban la ropa característica de sus países de origen. Los sefarditas en especial daban a esto gran importancia y realmente descollaban por la ropa típica de sus países de procedencia... pero los habitantes de los nuevos barrios de Jerusalén, tanto judíos como no judíos, eran más europeos e introducían la ropa europea en sus vidas. Los maestros (hombres y mujeres) de las escuelas Alliance Israélite y Evelina de Rothschild servían de símbolo y ejemplo. También las revistas de modas, que llegaban varias temporadas después, eran una especie de guía para la moda de nuestras madres y hermanas". En realidad, le dernier cri de París llegaba a Eretz Israel dos años después de hacer furor en la capital francesa.

Las mujeres del Viejo Yshuv usaban habitualmente vestidos largos, cuyos talles ajustados con la ayuda de una diestra estilización destacaban el pecho y acentuaban la cintura. La parte superior del vestido era sumamente intrincada y generalmente fusionaba frunces, pliegues, encaje, botones, cintas y complicados bordados a mano. "Aunque los vestidos de nuestras madres y hermanas eran sencillos, estaban maravillosamente bordados. Las niñas empezaban a aprender a bordar a los seis o siete años. Empezaban con bordados simples y seguían hasta dominar los más complicados" (Yaacov Yehoshúa, ibid.).

Los vestidos tenían mangas largas con muchos frunces en la amplia parte superior, que se angostaba gradualmente hacia la muñeca, donde terminaba en alforzas con botones. Estas mangas reminiscentes de la pierna de carnero eran conocidas por su nombre francés, gigot. El cuello era alto y ajustado, adornado con encaje fruncido o con un sobrecuello. La falda era amplia, llegaba hasta los tobillos y terminaba con dos o tres hileras de alforzas. Las faldas eran lisas en la parte de adelante, y el generoso relleno de la parte de atrás estaba formado por varias capas. En la parte de adelante, la falda llegaba hasta el piso, para continuar con una pequeña cola atrás. Debajo de la falda se usaban cinco o seis enaguas sobre un corsé ajustado. La espalda del vestido se acentuaba por su forma al bies, con más cantidad de material. Más llena en la espalda que de frente, el efecto de la silueta erguida se basaba en la forma de la letra "S". Se acostumbraba acentuar la cintura con un cinturón de cuero o de la misma tela del vestido. Vestidos como éstos estaban de moda entre las mujeres sefarditas y askenazíes del Viejo Yshuv desde 1875 hasta 1910, y los cambios sólo empezaron a producirse en la segunda década del siglo XX.

Debe mencionarse que casi todas las mujeres del Viejo Yshuv eran observantes de la religión, por lo que su vestimenta era modesta y conservadora. En verano preferían el blanco y usaban colores claros, y en invierno colores oscuros en diversos tonos de pardo y azul. El color de la ropa indicaba también la edad de la mujer y su situación familiar. Algunas mujeres particularmente osadas usaban rojo o verde, mientras que las mayores preferían el gris, beige o azul grisáceo. El negro era el color de la ropa de luto. Las telas más usuales para los vestidos eran generalmente de algodón, como la batista o la fina popelina para el verano, y el raso, la tafeta o la seda gruesa para el invierno.

Las mujeres de esta época usaban también faldas con blusas. Las blusas eran de la más fina batista blanca, en un estilo romántico con bordados que exigían mucho trabajo manual. Se las usaba con faldas oscuras que requerían mucha tela, cortadas en varias piezas o al bies y adornadas con detalles a la moda, como plisados, alforzas abotonadas, botones asimétricos y cintas de raso. Casi todas las faldas se ensanchaban hacia el orillo. "A nuestras madres les gustaba ajustarse la cintura, por lo que usaban blusas que pudieran angostarse y faldas amplias con pliegues y plisados" (Yaacov Yehoshúa, ibid.). Las blusas y vestidos se cerraban con botones y el borde derecho (que significa la sabiduría) cubría el izquierdo (el espíritu demoníaco), para resguardar su modestia y moralidad: la mano derecha es "La mano fuerte", que es también el nombre de un libro de Maimónides, mientras que el lado izquierdo es "el otro lado" - el cabalístico sitra ajra o "Campo de Satán"- el lado de los malos deseos.

Generalmente, sobre el vestido o la falda se usaba un delantal, que además de su finalidad práctica era considerado un resguardo contra el mal de ojo. Los sábados y festividades las mujeres usaban siempre un delantal blanco planchado y almidonado, que indicaba que eran excelentes amas de casa. Los zapatos eran de tacón alto, atados con lazos y generalmente negros. Las medias eran negras o de color, cosidas a mano con fino hilo de algodón. Llegaban hasta las rodillas, donde se las sujetaba con bandas de goma que quedaban ocultas debajo de la falda.

Y qué había debajo de esa ropa? La ropa interior femenina incluía calzones orlados de encaje, y encima de ellos una especie de manga fuertemente atada a la cadera y a los tobillos. Encima de ella usaban dos o tres enaguas de seda o batista blanca (y a veces de color). Como sostén usaban el mitaniko, que era una especie de camisola abotonada. El corsé contenía balliances, finas tiras de metal que lo sostenían firmemente hasta los muslos. En una etapa posterior fueron reemplazadas por láminas de hueso de ballena forradas que se introducían dentro de la tela. El corsé se ceñía a la cintura para que ésta pareciera más pequeña y exageraba el tamaño del busto, por lo que dificultaba la respiración. Las enaguas eran rectas adelante y cortadas al bies en la parte de atrás y, con la ayuda de varios cojines distribuidos en la zona de la cadera, añadían volumen a la silueta femenina.

Debemos recordar que en aquella época las mujeres delgadas no eran consideradas atractivas y que la ropa debía "engordarlas" para ayudarlas a encontrar marido. "Cómo se las arreglaban nuestras madres para casarse si eran muy delgadas? También había solución para esto... debajo de la falda usaban toda clase de almohadillas y cojines y rellenaban la zona del busto con algodón, para que luciera realmente vistoso, es decir, los pechos debían sobresalir como cañones de fusil" (Yaacov Yehoshúa, ibid.). Las ancianas de Jerusalén aún recuerdan una falda voluminosa conocida como melako, rellena con algodón.

La ropa interior era invariablemente blanca, de donde proviene el término hebreo levanim ("blancos"), y constituía la parte esencial de la dote de todas las jóvenes casaderas: su cantidad y calidad indicaba la situación económica de sus padres. Los camisones eran extremadamente modestos, con mangas largas y cuellos cerrados, confeccionados con fina batista, bordados y adornados. Eran de corte muy generoso, en absoluto no adheridos al cuerpo. Siempre eran blancos y las delicadas cintas rosadas o celestes que los adornaban les daban un aspecto romántico.

En invierno, las mujeres usaban una capa oscura sobre el vestido. Generalmente eran grises, largas hasta los tobillos, con un cuello pequeño y ranuras en los bordes para poder sacar las manos por ellas. En algunas ocasiones vestían elegantes abrigos de lana confeccionados por un sastre en base a los patrones traídos por las mujeres que llegaban de Europa.

Las mujeres sefarditas de Jerusalén solían usar un largo abrigo negro y se cubrían la cabeza con un fichu, un mantoncillo de encaje que les cubría la frente y llegaba hasta los hombros. Cuando visitaban la casa de parientes o amigas, la dueña de casa tomaba el fichu con sus propias manos y lo guardaba. Cuando la visita quería retirarse, la anfitriona trataba cortésmente de retenerla un rato más, "amenazándola" con no devolverle el fichu si no se quedaba para beber otra taza de té. Las mujeres sefarditas se cubrían también con un gran chal de lana con flores o dibujos geométricos de vivos colores, de 1,20 m x 1,20 m, con flecos en los bordes. El chal servía como accesorio de moda y también para abrigarse cuando hacía frío.

La influencia oriental en la ropa de aquella época se percibe en varias prendas tradicionales usadas por las mujeres de la comunidad sefardita. Por ejemplo, el lizar, una espcie de manto parecido a una sábana pequeña con bordados en los bordes, con el que las mujeres se cubrían los hombros y la cabeza. Estaba también la imalía, también conocida como javerá ("amiga"), que era un vestido negro de dos piezas. La parte superior tenía la forma de una capa y la falda amplia llegaba hasta el piso. Las mujeres sólo lo usaban cuando caminaban por las callejuelas de la Ciudad Vieja de Jerusalén, y se cubrían el rostro con un fino pañuelo negro, para evitar que los extraños las incomodaran.

A principios de siglo las mujeres usaban el cabello largo y recogido en un moño o chignon en lo alto de la cabeza. El cabello no se estiraba, sino que se recogía delicadamente, dándoles un aspecto suave y femenino. Este peinado era particularmente popular entre las jóvenes, y hasta las mujeres ultraortodoxas lo adoptaron para sus pelucas. Provenía de Europa y se lo conocía como el peinado "a la María Antonieta".

Las mujeres casadas usualmente se cubrían el cabello por razones de religión y tradición. Las mujeres askenazíes usaban pequeños sombreros encasquetados en lo alto de la cabeza y sujetos con horquillas o atados con un lazo. Eran de fieltro o paja, adornados con encaje y cintas, frutas y flores.

Las mujeres sefarditas usaban distintas clases de pañuelos para cubrirse la cabeza. Por ejemplo el mandil, que medía 70 x 70 cm, era de fino algodón o seda. Sus botones estaban decorados al crochet o con bordado de aguja y a veces tenía una guarda estampada a mano alrededor de los bordes. Había un mandil especial para las ocasiones festivas, llamado iazme. El iazme floreado y con flecos era típico de las mujeres de Jerusalén. Antes de casarse, las jóvenes usaban una sharfa, una especie de cofia liviana bajo la cual recogían sus bucles con lazos de diferentes colores. Las casadas jóvenes usaban un mandil o un iazme de tonos claros, mientras que las mujeres mayores preferían colores oscuros.

Encima del mandil generalmente usaban otro pañuelo. Era más grande y anudado atrás, y las puntas pendían en la parte de adelante, a ambos lados de la cara, o a veces se ataban adelante. Las mujeres de los Balcanes usaban la nakolka, un pañuelo grande y colorido plegado en triángulo que sujetaban con un pasador de sombrero. Cuando llovía se cubrían los zapatos con galochas de goma y portaban un paraguas. También usaban guantes de lana tejidos con cinco agujas.

Las joyas de oro y plata indicaban la posición económica de las mujeres. La joyería típica de este período incluye cadenas, brazaletes, broches, sortijas y diferentes clases de medallones, algunos de ellos engarzados con piedras preciosas. "A nuestros padres les gustaba consentir a sus esposas con esos regalos, que eran también una forma de depósito contra los malos tiempos. Cuando la muerte se aproximaba, nuestras madres legaban sus joyas a sus hijas y nueras" (Yaacov Yehoshúa, ibid.).

Las orejas de las niñas se perforaban apenas nacían, tarea que quedaba a cargo de la comadrona. En los pequeños orificios se insertaba un hilo blanco que algún tiempo después era reemplazado por un arete de oro con forma de pequeña lenteja.

Y qué usaban los hombres? Los hombres del Viejo Yshuv se dividían en dos grupos: uno que usaba ropa oriental, por influencia del gobierno turco en el país, y otro que se vestía a la moda europea, copiando a los nuevos inmigrantes de Europa, a los representantes del Barón de Rothschild y a los funcionarios sionistas que estaban en estrecho contacto con los países de Occidente.

Casi todos los hombres sefarditas del Viejo Yshuv vestían al estilo oriental. Descendían de familias que habían vivido en el país durante generaciones, cuya cultura y estilo de vida se parecían en gran medida a los de la mayoría de los hombres del Medio Oriente. Este estilo combinaba la chaqueta occidental con el kumbaz oriental, los angostos pantalones europeos con el tarbush (fez) árabe. Es interesante destacar que este estilo se volvió más popular después de 1914, cuando se decretó que sólo quienes poseían ciudadanía turca podían permanecer en el país. Como consecuencia de esa norma, Meir Dizengoff, el primer alcalde de Tel Aviv, empezó a presentarse en público con la cabeza cubierta por un fez. La ropa usada por el hombre sefardita incluía el shako, una especie de chaqueta similar a la europea pero más larga y con abotonadura más alta, para que la abertura del cuello fuera más corta. El shako se llevaba sobre un kumbaz rayado o liso, y cuando hacía frío se usaba encima de él un abrigo largo de lana, llamado aljuba.

Los hombres que vestían al estilo occidental usaban un traje europeo de tres piezas: chaleco, pantalones largos y una chaqueta más corta que el shako. El traje era de un solo color, en tonos de gris, azul oscuro o pardo, o con rayas muy finas sobre un fondo claro u oscuro. A veces usaban pantalones de color claro con una chaqueta oscura. Las norma del vestir europeo era la camisa blanca, con diversos tipos de cuello. Los había redondos, alzados y otros alzados en la nuca y doblados hacia abajo en la parte delantera. Los puños de la camisa siempre sobresalían de las mangas de la chaqueta. Los pantalones se sostenían con tirantes y no con cinturones. Los había angostos, sin pinzas ni pliegues en la cintura, y las piernas muy angostas generalmente terminaban en bocamangas (mangettes).

Se solía reservar ropa diferente para uso cotidiano y los días de fiesta, y la gente común generalmente conservaba su ropa limpia para el sábado y las festividades. "Los sábados por la noche cepillaban la ropa, la plegaban y guardaban en cajas de madera hasta el sábado siguiente" (Yaacov Yehoshúa, ibid.).

Los judíos sefarditas "solían usar una túnica blanca y pantalones de algodón que les servían de ropa interior y exterior. Sobre la túnica llevaban el talit pequeño (manto ritual), sobre él el chaleco (mantián) y encima un caftán, que en realidad era el típico kumbaz de la región, sujeto con una fanja. El estrato superior de la ropa era el damar (o farmalía), un abrigo corto que llegaba a la cadera. Así se vestían en las casas. Cuando salían, usaban un largo y bellamente cosido abrigo, la aljuba, y un fez en la cabeza" (S. Avizur, "La vida cotidiana en Eretz Israel en el siglo XIX").

Otra descripción de la ropa masculina del Viejo Yshuv, en Tiberíades, es la detallada en el libro del Dr. Hillel Yafe, "Un médico llega a Tiberíades": "Docenas de visitantes solían pasear alrededor de las murallas, vestidos con ropa festiva o largas túnicas de seda con pantalones blancos de algodón, y toda la ropa se destacaba por su pulcritud. Sus aladares y barbas eran largos... todos los sábados por la noche, docenas de judíos solían reunirse, con sus turbantes y ropas sabáticas, envueltos en abrigos livianos de todos los colores del arco iris".

Todos los hombres, sin excepción, usaban sombrero. Había una amplia gama: el fez turco de color rojo oscuro con una borla negra, los sombreros de fieltro de Europa (burnetta) o los sombreros de paja de alas anchas en diversos estilos: el ala alzada en un solo lado o en los dos, o alas sin alzar. El dandi que se preciaba de su ropa usaba un sombrero de paja francés, chato y más ancho (canotier) y guantes, aún en verano.

El sombrero era también un indicador confiable de la pertenencia social de quien lo portaba. El fez, hombre leal al gobierno turco; el sombrero de fieltro se asociaba con los "occidentales" moderados; el sombrero de paja, los dandis; la gorra con visera (el término usual era el francés casquette), antagonistas; el sombrero de corcho se asociaba con los cosmopolitas; los que no usaban ningún sombrero declaraban así, públicamente, que eran revolucionarios pioneros.

Las corbatas de la época eran las habituales (conocidas localmente como "arenque" por su forma de pescado), anchas o angostas, de lazo o con presillas, confeccionadas con tiras de material más anchas en el centro y angostas en los extremos, ceñidas dos veces alrededor del cuello y anudadas adelante en papillon ("mariposa", término usado en Israel hasta hoy en día). La corbata era generalmente de seda y había varios modelos, a rayas o a cuadros. Los zapatos de los hombres eran usualmente negros (a veces blancos) y acordonados. Conocidos como mashis, una palabra árabe que significa zapatos de paseo, podían tener la pala alta o baja. Para completar el retrato de la elegancia masculina, el hombre portaba un bastón y llevaba un reloj con cadena de oro en el bolsillo del chaleco.

Los hombres se arreglaban el cabello escrupulosamente: después de aplicarse brillantina, se peinaban con gran cuidado. Muchos de ellos se dejaban crecer mostachos y las barbas se tornaban cada vez más populares. Así es como describió Jemdá Ben Yehudá el peinado masculino en su columna sobre la moda en Hashkafá: "Hay cambios en el peinado masculino: el cabello se parte en dos con una raya al medio. La barba se arregla al estilo Rey David y los mostachos crecen al estilo cepillo de dientes. Sin embargo, últimamente se pone cada vez más de moda rasurarse la barba y el mostacho. Esto sólo queda bien a un hombre de cara redonda, pero no a los de rostro huesudo y delgado".

La ropa en las moshavot

Después de los pogromes de 1881 en Rusia, muchos judíos buscaron refugio en otras partes. De los pocos que eligieron como destino Eretz Israel, la mayoría eran sionistas o, como se los llamaba en aquel entonces, "Amantes de Sión" (Jovevei Tzión). En su mayoría estaban en la flor de la edad, eran casados y tenían familias, y eran tradicionalistas en cuanto a la religión. Entre ellos había también un pequeño grupo de estudiantes solteros, librepensadores que querían generar un cambio social.

Entre los que llegaron en esta "Primera Aliyá" había un número significativo que arribó con sus familias y pertenencias. La vida no era fácil en aquellos días y los nuevos inmigrantes de las colonias pasaron tiempos difíciles. El Barón Edmond de Rothschild, que emprendió la tarea de fomentar la colonización judía en la Tierra de Israel, tomó bajo su amparo algunas de estas colonias (entre ellas Rishón Letzión y Zijrón Iaacov), les brindó apoyo económico y creó empresas productivas. Una de las primeras fue una hilandería de seda que usaba materia prima local. Creada en Rosh Piná en 1882, dio empleo a unas 80 personas. La fábrica operó hasta 1908 y suministró fibra de seda a la industria textil local.

Durante el período de la depresión económica, las colonias del Barón peranecieron sumidas en la pobreza y escasez. Pero en los años de bienestar, la situación cambió por completo y la vida se volvió lujosa. Cuando el Barón visitó Zijrón Iaacov, aclaró que le irritaba el estilo de vida dispendioso de los colonos e instruyó a sus funcionarios para que quitaran todos los artículos de lujo de la tienda y los reemplazaran por bienes más sencillos y menos costosos. Los habitantes se habían acostumbrado a la abundancia y no estaban dispuestos a renunciar a ella, por lo que encontraron una "solución". Cada vez que oían que el Barón estaba por visitar la colonia, vaciaban la tienda de los artículos de lujo y tan pronto como se iba, los devolvían a los estantes.

Si algo era considerado necesario y no estaba disponible en la colonia, se lo encargaba al cochero que viajaba varias veces por día a Iafo con su diligencia. "Los colonos solían rodear al cochero y lo importunaban con sus pedidos para que les trajera de Iafo las cosas que no podían conseguir en la aldea... se podía ver una mujer que le pedía que consiguiera una docena de botones y otra que quería hilos de coser de diversos colores o agujas de diferentes tamaños" (Eitán Belkind, "Así era").

Los comités de colonización hacían todos los esfuerzos posibles para ocultar la abundancia, a fin de que no despertara envidia. Por ejemplo, el Comité de Colonización de Rishón Letzión publicó en 1882 la siguiente norma: "Los residentes de la colonia deben tratar, en la medida de lo posible, de evitar la ropa de seda y cualquier clase de joyas, aún los sábados y festividades, y todos los excesos suntuosos y lujosos". En su libro "El primer año", Shlomó Tzémaj fue muy crítico en su descripción de la vestimenta femenina en las colonias del Barón: "Las mujeres parecen verdaderamente extraordinarias y encantadoras, como si se hubieran vestido para una fiesta. Están estrechamente encorsetadas y envueltas en vestidos largos, pesados y plisados, diseñados de acuerdo con los dictados impuestos por Jemdá Ben Yehudá, que desde las páginas de Hashkafá, en las alturas de Jerusalén, determina qué está de moda".

Rishón Letzión y Zijrón Iaacov aparentemente competían por el título de "Pequeña París", tal como lo describe Mordejai Rafaelowitz en su libro "Eretz Israel y las colonias", publicado a fines del siglo XIX: "No hay ninguna colonia más grande o más hermosa que Zijrón Iaacov. Todo lo que existe en una gran ciudad se encuentra en ella, y el estilo de vida de sus agricultores es como el de los habitantes de la ciudad. Predomina la atmósfera francesa y todos los que la visitan la llaman la París de Eretz Israel".

El caso de Rishón Letzión fue expuesto por Lifsha Segal-Zalmanson en su libro "Infancia en Rishón Letzión": "Por algo se conocía a Rishón Letzión como pequeña París. Las mujeres eran muy elegantes en las ocasiones festivas, con sus amplios vestidos adornados con tules y encajes que acentuaban sus talles estrechamente encorsetados. Se cubrían la cabeza con sombreros elegantes y vistosos y usaban peinados altos, salpicados de pequeñas peinetas resplandecientes y horquillas doradas y plateadas para atraer la mirada y cautivar el corazón. En las tardes de verano, cuando salían a pasear por el bulevar de la colonia, se protegían el rostro con blancas sombrillas de encaje".

En verdad, muchas fotografías de esa época muestran a las mujeres de las colonias con sus elegantes vestidos a la última moda. Los talles estaban primorosamente trabajados, con alforzas y finas costuras combinadas con bandas de encaje y complicados bordados a mano. Las mangas, que seguían la moda de París, eran infladas en la parte superior y se angostaban paulatinamente hacia la muñeca. Los cuellos eran altos, ajustados y adornados con encaje. Las faldas de los vestidos incluían muchos materiales, generalmente estaban cortadas al bies o en franjas, y la "cintura de avispa" brindaba testimonio de la importancia atribuida al corsé.

Sara Aaronson, la heroína de "Nili", el movimiento judío secreto de inteligencia que ayudó a los ingleses en la guerrra contra los turcos, estaba también acostumbrada a vestir a la última moda, y fue una de las primeras en prescindir del corsé. La ropa que preparó para cambiarse" cuando los turcos llegaron a arrestarla, antes de suicidarse (y que todavía puede verse en el cuarto de baño de la casa Aaronson en Zijrón Iaacov)* era realmente el último grito de la moda en París. Una de las modistas de Pétaj Tikvá en aquel entonces era Jana Orlov, que se había capacitado profesionalmente nada menos que en París. En ese entonces llegó a la conclusión de que el hierro y la piedra la atraían más que el hilo y la aguja, por lo que decidió estudiar escultura y dejar la costura profesional.

Podemos saber de la elegancia de la ropa masculina en las colonias a partir de la descripción de Segal-Zalmanson: "Los hombres solían asistir a las reuniones del comité de la colonia con corbata y trajes de tres piezas, y un pañuelo que asomaba del bolsillo anterior. Las gafas cumplían también con las últimas exigencias de la moda, y el bastón formaba siempre parte del conjunto". ("Infancia en Rishón Letzión").

Las fotografías de la época dan la fuerte impresión de que los hombres no iban a la zaga de las mujeres en elegancia. Los trajes estaban cuidadosamente cortados según los últimos dictados de París, con solapas anchas adornadas en los bordes con cintas al bies. Las camisas tenían cuellos altos con aberturas redondas, que se aseguraban a la camisa con dos botones. A los hombres de las colonias les gustaba usar trajes blancos y gorras con visera, con corbatas punteadas o escaqueadas. En su libro "El primer año", Shlomó Tzémaj nos da una idea de la enorme diferencia entre la ropa usada por los "campesinos" y por los jerosolimitanos: "Alrededor de la mesa había varios judíos jerosolomitanos. Cenaban en vestido talar a rayas verticales de azul pálido o gris plata. En el otro extremo de la mesa había varios agricultores de Ekrón y Guedera con trajes y túnicas de telas entretejidas con hilos de seda, cuyo cierre tenía dos pequeñas borlas en forma de flores de acacia. Traían sombreros blancos de corcho con viseras redondas para dar sombra a la cara".

En otra parte del libro, Tzémaj describe de qué manera uno de los colonos se presentó con un traje de montar a la moda: "Los pantalones eran anchos en el muslo y ajustados por debajo de la rodilla". En fotografías de la época realmente vemos ejemplos de esos pantalones conocidos como breeches o jodhpurs, que terminaban debajo de la rodilla con un dobladillo abotonado. En otras fotografías podemos ver hombres que visten elegantes trajes de noche con una corbata de lazo negra o blanca, adornados con joyas delicadas que incluían un reloj de oro con cadena y una sortija de oro. El cabello de los hombres estaba cuidadosamente peinado y la mayoría se dejaba crecer la barba y largos y pendientes mostachos rizados.

La ropa de los pioneros

Los pioneros (jalutzim) inmigraron de Rusia a Palestina después de los pogromes de Kishinev de 1903 y 1905. Eran jóvenes, sionistas e idealistas y venían a construir en el país una nueva sociedad de igualdad y justicia. En esta Segunda Aliyá, que se prolongó durante diez años, desde fines de 1903 hasta el verano de 1914, llegaron al país aproximadamente 14.000 judíos, pero sólo unos pocos miles eran pioneros. A pesar de que la epopeya nacional de Israel les consagra un sitial de honor como portadores de la nueva imagen del judío en Eretz Israel, cabe notar que nunca fueron más que un pequeño porcentaje de la población. Muchos de ellos provenían de hogares acomodados, con una amplia educación que había influido en su ideología social. Creían en el trabajo judío, en cultivar la tierra, en conformarse con poco y en la igualdad entre los sexos, y estaban convencidos de que con el fervor de su fe podrían cambiar el mundo.

Las jóvenes de la Segunda Aliyá, bien educadas y provenientes de buenos hogares, habían absorbido las nuevas ideas de liberación femenina de las ideas revolucionarias en boga en su tiempo y de la literatura rusa, y cuando llegaron a Palestina estaban decididas a implementarlas. Cuando estas jóvenes pioneras llegaron al país, portaban en su equipaje la moda que usaban en sus hogares: vestidos largos y entallados con mangas largas y cuellos altos, blusas adornadas con fino encaje, enaguas largas y corsés para modelar el cuerpo según los dictados de la moda. Había también zapatos de paseo cuidadosamente empacados y medias de seda, artículos considerados esenciales en el guardarropa de las jóvenes europeas de buena familia.

Sin embargo, en muy poco tiempo entendieron la urgente necesidad de modificar la vestimenta europea para adaptarla a su nueva forma de vida. El trabajo pesado en el campo y en la casa -pues querían igualdad en el trabajo- requería ropa totalmente diferente de la que habían traído consigo. Por eso, la ropa fina pasó una "conversión profesional": las mangas se acortaron por encima del codo, el cuello alto se transformó en tirilla redondeada, los talles prescindieron de los cinturones ajustados y empezaron a usar un delantal, completo o de medio largo, sobre el vestido o la falda. Posteriormente, no sólo las mangas se acortaron, sino también los vestidos, que adoptaron un cuello bajo o masculino.

La nueva ropa de las pioneras reflejaba su filosofía social, que les imponía preferir la practicidad a los adornos. Los corsés y otras prendas femeninas fueron desterrados y su lugar fue ocupado por prendas totalmente masculinas, como los pantalones, la corbata y el casquete. Los cambios evolucionaron gradualmente. Cuanto más tiempo estaban en el país, más fuertemente se identificaban con la necesidad de colonizarlo y más deseaban ser como los hombres en todo, incluso en la forma de vestir. Un detalle interesante de este tiempo fue la costumbre de las pioneras más "osadas" de usar corbata. A su manera, marchaban codo a codo con las sufragistas de Occidente que luchaban por derechos iguales a los de los hombres.

La corbata no fue la única prenda masculina usada por las pioneras. En los escritos de Alexander Zaid podemos seguir el proceso por el cual empezaron a usar pantalones: "Llegamos a Séjera a las diez de la mañana... nadie reconoció a Tzipora, que traía pantalones de hombre... Una vez que comprobaron que quien estaba allí era realmente ella, le rogaron que permaneciera con esa ropa y estaban tan encantados con esa original forma de vestir que finalmente Tzvi Becker cosió pantalones de trabajo en el mismo estilo para todas las mujeres, y todas los usaban orgullosas".

Así, las ventajas y comodidad que sentían las mujeres al trabajar en pantalones no empezaron en Europa durante la Primera Guerra Mundial, como se suele pensar, sino que se originaron con las pioneras judías en la Tierra de Israel, a principios del siglo XX.

Para trabajar, las mujeres usaban un sombrero de ala ancha con el objeto práctico de protegerse del sol ardiente, y en sus ratos de ocio usaban un casquete -que hasta entonces era considerado una prenda netamente masculina- para recalcar la igualdad de derechos. El peinado de aquellos tiempos, con el cabello largo recogido a la María Antonieta, no era el más adecuado para las pioneras prácticas, que creían en la igualdad. Por lo que, también en esto, las pioneras se adelantaron a la moda universal al cortarse las trenzas en un corte juvenil que en Europa sólo se puso de moda a principios del siglo XX.

En una de las fotografías tomadas en Kinéret (una granja totalmente basada en el trabajo femenino) las muchachas usaban vestidos con talles muy similares a la rubashka (la blusa rusa con cuello asimétrico, cerrado con una hilera vertical de botones y adornado con un bordado a mano a lo largo del borde). La rubashka era la ropa típica de los pioneros y no es casual que más tarde fuera adoptada también por las mujeres.

La ropa de los pioneros era muy simple y práctica, y comprendía varias prendas. La rubashka se usaba de varias formas: recogida dentro de los pantalones con una faja ancha (como los campesinos árabes) o fuera de ellos, con faja o sin ella. En lugar de la faja, a veces usaban un cinturón ancho de cuero pardo o negro. En lugar de la rubashka, en ocasiones usaban una camisa con bolsillos en la parte delantera, algo parecida a lo que ahora se conoce como "camisa safari", o una camisa de hombre con cuello redondo que se usaba fuera de los pantalones.

Los zapatos usados por los pioneros de la Segunda Aliyá eran de corte alto en cuero tosco y las botas típicas llegaban a las rodillas, pero pocos podían permitírselas. La mayoría eran tan pobres que se veían forzados a compartir un par de zapatos con otras cinco personas, y los que andaban descalzos improvisaban diversas soluciones. Por ejemplo, Itzjak Ben-Zví, que fue el segundo presidente del Estado de Israel, se hizo sus propias sandalias cortando un pedazo de goma para las suelas y atándolas con correas a los tobillos.

En invierno generalmente usaban un abrigo corto o una especie de chaqueta, remanente de las prendas que habían traído del hogar paterno. En ocasiones festivas especiales o cuando ejercían alguna función representativa solían usar corbata. La doctrina de la vida comunal había decretado el traspaso de la ropa del guardarropa personal de cada miembro del grupo al pozo común para uso de otros miembros. Por ello, la ropa pasaba de uno a otro y con el uso constante estaba siempre raída, rasgada y descolorida. Eso mismo pasó a estar de moda, como una forma de identificación con la escasez de medios. La pauta de su código de vestimenta era la negligencia deliberada. Ésta era una declaración social de rebelión contra las normas y las instituciones establecidas.

La moda en los primeros tiempos de Tel Aviv

El 11 de abril de 1909 se realizó el acto oficial del primer sorteo de terrenos en Tel Aviv. En aquel entonces toda la región era una enorme duna de arena, sin rastros de haber estado habitada y sin ningún árbol o casa que asomara en el vacío. En 1918, tan sólo nueve años después, ya había allí un gran barrio con muchas casas de uno o dos pisos, calles pavimentadas, una torre de agua, la Escuela de Música Shulamit y el cine-teatro Edén.

Casi todos los habitantes de Tel Aviv eran laicos y de clase media y llevaban una vida confortable en casas espaciosas y equipadas con las últimas novedades: grifos de agua corriente, hogares de carbón de leña, una estufa Primus de hojalata para cocinar y un cajón aireado que hacía las veces de refrigerador. El elegante mobiliario era importado de Europa y la vajilla de porcelana llenaba las vitrinas de los aparadores.

Los telavivenses vivían al estilo burgués, con grandes comidas familiares, paseos vespertinos por el bulevar Rothschild y la ocasional asistencia a la proyección de una película en el cine Edén. Los niños estudiaban en el Gymnasium (escuela secundaria) Herzlía y la Escuela de Música Shulamit y jugaban en las calles del barrio. Los habitantes de Tel Aviv no apoyaban el socialismo y no les interesaba mejorar el mundo. Sus aspiraciones se centraban en crear un lugar placentero y cómodo, en el que ellos y sus hijos pudieran disfrutar de la buena vida.

Las mujeres de Tel Aviv se vestían a la última moda y, a juzgar por las fotografías de Avraham Soskin, el fotógrafo de la pequeña Tel Aviv, su color favorito era el blanco. Ya fuera en celebraciones, fiestas o actos o en un paseo vespertino por la playa, las mujeres de Tel Aviv solían usar vestidos blancos bordados y adornados, completando el atavío con un parasol y guantes al tono.

En fotografías de la época, las mujeres de Tel Aviv parecen muy tranquilas y serenas, quizás porque habían abandonado el corsé ajustado y alguna ropa interior pesada, para desplazarse con más comodidad.

Además, las mujeres de Tel Aviv abandonaron gradualmente sus grandes sombreros decorados con frutas y flores, como escribiera Jemdá Ben Yehudá: "La decoración para sombreros - plumas y pájaros enteros y lazos asombrosamente grandes". En primer lugar, las mujeres acabaron con los pájaros y las plumas, después de eso hicieron a un lado los sombreros, haciendo hincapié en el hecho de que eran seculares, tenían una filosofía de vida liberal y apoyaban la idea de la liberación femenina.

Otro elemento de la moda femenina que hizo su primera aparición en Tel Aviv fue el traje "sastre". Incluía una falda más bien larga y una chaqueta con solapas, se inspiraba en el traje masculino y simbolizaba la lucha de las mujeres contra las restricciones y limitaciones de la ropa femenina usual.

Los vestidos y trajes de las mujeres de Tel Aviv eran cosidos por modistas locales, que usaban materiales importados de Beirut o París. Una de las tiendas que vendían telas importadas era Scheinberg, que se encontraba en el barrio de la Colonia Alemana. Los botones se compraban en Iafo. Jemdá Ben Yehudá atribuía gran importancia a ese detalle de la moda: "Se debe prestar atención a los botones, porque una gran parte del efecto del vestido depende de ellos"...

Las jóvenes usaban vestidos blancos adornados con encaje, largos hasta las rodillas, con medias tejidas al tono. Calzaban zapatos abiertos con tiras abotonadas. En la fiesta de Shavuot se ponían guirnaldas de flores en la cabeza y se ceñían la ropa con collares y cinturones de hojas. Para ir a la escuela, las niñas usaban un uniforme que incluía un delantal de alpaca negra con bandas muy anchas en los hombros sujetas en la parte delantera. Este delantal había recibido la influencia de la ropa rusa y era muy similar al sarafán ucraniano, que era el símbolo de las niñas recatadas de esa generación.

A partir de 1918, los vestidos y faldas se acortaron, dejando por primera vez al descubierto los zapatos, que previamente habían estado completamente ocultos bajo las faldas largas. Esto produjo un gran desarrollo de la industria del calzado y las tiendas empezaron a vender zapatos en gran variedad de colores y estilos. Los zapatos de las mujeres de Tel Aviv eran iguales que los de las mujeres de Jerusalén y las colonias, porque todos seguían los dictados de la moda publicados en Hashkafá: "Los zapatos mejor vistos hoy en día son verdes o rojos, pero los grises, de cuero o tela y adornados con grandes muescas de charol causan una impresión adorable. Lucen muy bellos en los pies y los hacen aprecer finos y delicados".

En consonancia con los tiempos que corrían, los hombres de Tel Aviv usaban trajes de tres piezas: pantalones largos y angostos (con o sin dobladillos) con una faja alta que los sostenía con dos botones; una chaqueta de estilo europeo con solapas anchas y botonadura simple o doble; y el chaleco sin cuello (conocido con la palabra inglesa vest o el término francés gilet), cuya parte delantera era muy elegante. La tela del traje era lana inglesa de calidad superior, de color liso o a rayas. En verano, los trajes de los hombres eran de algodón o lino blanco o beige. Los tirantes se sujetaban a los pantalones con botones de hueso. Las camisas blancas eran almidonadas y planchadas con gran cuidado y se usaban cuellos quita y pon.

Los sombreros eran parte esencial del atavío, y además de los sombreros de paja y de fieltro, adornados con cintas de gro de diversos colores, los hombres de Tel Aviv usaban gorras con visera, sombreros de copa y aún "cilindros" importados de Inglaterra para bailes y bodas.

Hay fotografías de 1914 en adelante que muestran hombres en pantalones de montar hasta las rodillas, con calcetines oscuros o botas hasta las rodillas. Los hombres solían llevar un bastón, más para causar buena impresión a los transeúntes que para apoyarse. El sombrero y el bastón fueron responsables de una buena parte de la etiqueta habitual en ese período: quitarse el sombrero para saludar a un conocido en la calle o alzar el bastón hacia un lado para dejar pasar primero a las damas.

Aparentemente y a pesar de su proximidad con Iafo, la vestimenta oriental ejerció poca influencia en los hombres de Tel Aviv que, fuera de vestir ropas orientales para un retrato especial en el estudio local de fotografía, seguían estrictamente la moda europea.

Cabe recalcar que la mayoría de las personas que vestían al estilo occidental no usaban ropa de gala sino ropa sencilla, acorde con sus medios y posibilidades. Si bien es cierto que su ropa se inspiraba en creaciones de París o San Petersburgo, lo que realmente usaban era sólo una modesta copia del original.

 

El traje nacional realidad o fantasía?

"Existe la necesidad de un traje nacional en Eretz Israel?" Esta cuestión se formulaba con frecuenciaen los periódicos anteriores a la creación del estado, tanto en las páginas de modas como en las cartas a la redacción. Los lectores enviaban sus sugerencias para un traje original, y las mismas eran ampliamente publicadas en la prensa.

La primera persona que promovió el tema del traje nacional, ya en la primera década del siglo, fue Jemdá Ben-Yehudá, que además propuso sus propias ideas. Su traje se basaba en el talit (manto ritual) pero sólo quedó en idea y nunca pasó a la implementación práctica.

En la revista femenina La-ishá de 1926, Julia Auster escribió: "Ha llegado la hora de que la mujer hebrea de Eretz Israel preste alguna atención a su estilo de vestimenta. Nosotras, las mujeres de Oriente y también las mujeres que han decidido construir su hogar aquí, continuamos hasta ahora copiando al Occidente. Seguimos ciegamente las modas que vienen de Europa, sin pensar que esos estilos no son apropiados para nosotras, para el clima de este país y su atmósfera singular". La escritora sugería que el traje nacional fuera una túnica de cuello alto y mangas largas, decorada con bordados alrededor del cuello. Añadió que la misma ropa podía ser usada, sin mangas, como ropa de casa o de fiesta.

La escritora abordaba también el tema del calzado y sugería que "las sandalias deben ser la base, pero sin medias". Asimismo, proponía "consultar a los artistas hebreos, que conocen el clima y la atmósfera del país". Sugería que el traje nacional propuesto fuera publicado en la prensa, con dibujos y explicaciones, para que todos pudieran conocerlo. En el periódico Shulamit de 1935, Iehudit Zentner analizaba el traje nacional para Eretz Israel: "Al ver a los nuevos inmigrantes de Alemania, Checoslovaquia y Austria, que usan la vestimenta nacional que han traído consigo, uno siente celos... necesitamos una creación eretzisraelí hecha con materiales locales".

El deseo de una vestimenta nacional fue reforzado por el poeta nacional Jaim Najmán Biálik: "Con la redención de la tierra hebrea nacen las aspiraciones de conferir al pueblo de Israel su propio estilo de vida. Una de las maneras externas de lograrlo es la forma de vestir. Por lo tanto, no debe sorprender el hecho de que hayan surgido muchas propuestas para un traje original hebreo" (Haaretz, 1937).

El primer paso práctico hacia la configuración de un traje nacional fue adoptado en la Feria de Oriente de 1936. Durante la misma se realizó una competencia con premios, para el diseño original de un traje hebreo "que amalgame la cultura oriental con la occidental y simbolice el renacimiento de la herencia judía en Eretz Israel". Los organizadores del certamen proclamaron la competencia por dos trajes nacionales: uno típicamente oriental para uso cotidiano, basado en el estilo yemenita; y el otro para ocasiones festivas. El traje elegido en la categoría de uso diario fue llamado Bat Amí ("hija de mi pueblo"), y Pniná Riva ganó el premio al diseño del traje de fiesta, llamado Bat Tzión ("hija de Sión"), que combinaba elementos orientales con motivos judíos tradicionales. El periódico Haaretz escribió al respecto en 1937: "En la espalda, la mujer porta una especie de capa similar a la abaia árabe, que le cubre la cabeza y envuelve el vestido. Por el uso de bordados dorados, la abaia recuerda también al manto ritual, el talit. Este vestido, confeccionado con los materiales locales más refinados, aspiraba a ser el traje nacional, pero de hecho nunca fue aceptado masivamente. Su único uso tuvo lugar 13 años después, cuando integró el guardarropa de la primera reina de la belleza israelí, Miriam Iarón, que viajó al exterior para participar en el certamen de Miss Universo.

El traje nacional fue una cuestión que no dejó de interesar a la opinión pública y siguió haciéndolo después de la creación del estado. El tema resurgió esporádicamente en los años 50, cuando misiones israelíes eran enviadas para representar al país en el exterior.

Sin embargo, es evidente que hasta hoy en día no existe un traje nacional y es dudoso que alguna vez lo haya. El traje nacional no es fruto de la deliberada invención de una persona o muchas. No basta con que un diseñador de modas tenga una idea. El traje nacional de un pueblo evoluciona a lo largo de muchas generaciones. No es el resultado de /la abundancia y el bienestar, sino con frecuencia, de la pobreza y de la escasez. Refleja el pasado del pueblo, su legado y forma de vida. No está sujeto a horarios y no se inmuta por los cambios del tiempo.

Traducción: Orna Stoliar

1 Kafía: El tocado que usan los árabes

2 Abaia: Túnica larga o ropaje exterior usados por los árabes.

3 Akal: El cordón usualmente negro que sujeta la kafía.

4 Shabría: Daga árabe.

5 Véase Jack Fellman: "Eliézer Ben Yehudá", Ariel No. 104, 1997.

6 Kumbaz. La túnica turca suelta típica del país, especie de caftán abierto adelante.

* Ver Harold M. Blumberg: "Beit Aaronsohn," Ariel no. 52, 1982.

 
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