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Muli Ben Sasson - Continuidad y cambio- 92 aסos de arte judםo en Betzalel

6 jun 1999
 Revista de Artes y Letras de Israel - 1998/107-8
 EDITORIAL | AMIJAI | POESIA | RABIN | PAISAJE | INDEPENDENCIA | LIT.  HEBREA | BANDERA | ESCULT. | SHAMIR | MADABA | GURI | COLLAGE |  AGNON | 50 AÑOS | APPELFELD | BETZALEL | NASSER | MODA | CREDITOS |
 
  Continuidad y cambio: 92 años de arte judío en Betzalel

Muli Ben Sasson

Al mirar una obra de arte, no siempre somos conscientes de todos sus precedentes en la cadena de la tradición artística, de las técnicas que se han utilizado para diseñarla o de los sentidos que encierra y de los que sólo nos da algunas pistas. Muy a menudo, también, el objeto se presta a interpretaciones distintas e incluso contradictorias. A veces hace referencia a una leyenda antigua que, con el paso del tiempo, ha cristalizado en un mito y ha creado su propia tradición artística. La leyenda y el mito se conservan de un lugar a otro, de un país a otro y de período en período histórico.

Los objetos rituales judíos han reflejado en muchas ocasiones las experiencias de sus propietarios a través de las generaciones. Desaparecieron y reaparecieron junto con ellos. Los judíos sufrieron la influencia del medio ambiente y el momento en que vivieron. Tomaban lo que podían de la realidad que los rodeaba, integrando elementos foráneos en su propio espíritu al ensamblarlos para crear con ellos formas y funciones idóneas a la tradición judía.

La fuerza de los objetos rituales y de las adopciones de elementos externos que inspiraron, indican su carácter único. Un objeto ritual no es sólo un hallazgo arqueológico que puede copiarse para ser reutilizado, ni un fragmento de folklore o un objeto meramente estético. Tampoco es un objeto cuya única utilidad es la de hacer con él una investigación antropológica. Aunque no lo usemos a diario, no por ello deja de formar parte integral de nuestro modo de vida y de nuestras necesidades judías específicas.

Hay toda una gama de objetos rituales, desde los funcionales hasta los decorativos. Su valor artístico va de los objetos baratos producidos en serie a las valiosas creaciones artísticas; de lo kitsch a lo sublime. Yuxtaponen la fe y el arte; son a un tiempo objetos rituales y expresiones artísticas, fuente de temor divino y de inspiración creativa.

Por muchos cambios que haya sufrido, la tradición judía siempre ha requerido del individuo que haga expresión tangible de su fe y sus necesidades religiosas por medio de esos objetos concretos. Es más, para mejor satisfacer esa necesidad, la tradición estimula la expresión artística en su producción. A este respecto, el judaísmo tomó en consideración el entorno cultural en que vivió el pueblo judío en ciertos períodos históricos y lo utilizó para sus propios fines.

Junto con los cambios que se registraron en el carácter de los objetos sagrados rituales, también se produjeron otros en la forma de concebir su diseño. La halajá (ley religiosa judía) no detalla específicamente cómo tienen que estar diseñados dichos objetos; eso supondría ligar su fabricación a una función ideal del material de que están hechos, a su forma e incluso a los principios numéricos de su creación. Hacerlo así les conferiría una cualidad obvia y conscientemente semimágica, lo que la halajá trata de limitar e incluso de impedir. Existen unas leyes y principios básicos que hay que respetar al diseñar objetos rituales, pero la halajá está abierta a las novedades en el diseño y las innovaciones técnicas. En la tradición judía, los objetos rituales no tienen existencia independiente, sino que constituyen más bien herramientas para transmitir el mensaje y el significado de las mitzvot o preceptos divinos.

Los atributos estéticos de los objetos rituales, son los que hacen de ellos piezas de colección. Son también expresión de una identidad artística nacional renovada. La respuesta estética forma parte integral del judaísmo y el término hidur mitzvá ("embellecimiento del precepto") expresa esto último adecuadamente.

 


  Izzika Gaón, juego de vidrio soplado para la Havdalá (ceremonia para señalar la culminación del sábado), 1997
 
Noga Ashkenazi, Menorá, (candelabro) para la festividad de Janucá, 1996  
 

  Sari Yishak Srulovitch, Menorá de Janucá, 1989
 
Israel Dahán y Benny Bronstein, caja para conservar el etrog (cidra) para la festividad de Sucot, 1998  
 

  Véred Tamari-Catz, mezuzot, (contienen un rollo con versículos de la Ley y se colocan en la jambas de las casas judías), 1992
 
Zelig Segal,
"La Corona de la Ley",
que se coloca en la parte superior del Rollo de la Torá, 1996
 
 

  Yaakov Greenvurcel, cobertura para el Rollo de Ester y matraca usadas en la festividad de Purim, 1980

 

Podemos considerar el diseño de objetos rituales religiosos como una dialéctica entre novedad y originalidad, así como en distintos aspectos de la bien establecida tradición de hacerlos como elementos de rememoración y los resurgimientos que su fabricación ha sufrido a lo largo de la historia. En las tradiciones del diseño encontramos rastro y motivos de un amplio abanico de culturas de distintas épocas. De esa manera, podemos delinear el desarrollo de las tendencias y estilos artísticos que inspiraron los objetos rituales e identificar los orígenes de los conceptos gráficos utilizados para diseñarlos.

Estos fueron los conceptos gráficos que se tomaron en consideración al reunir el material para una exposición titulada: "Continuidad y cambio: 92 años de arte judío en Betzalel". La exhibición tuvo lugar en el Centro Internacional de Convenciones en mayo de 1998 y estuvo organizada por la Academia de Arte y Diseño Betzalel en colaboración con la municipalidad de Jerusalén; esta muestra ejemplificó la naturaleza peculiar del diseño de objetos rituales en el que se expresa tanto el contenido como el concepto que acompaña el cumplimiento de los preceptos religiosos que dichos objetos ayudan a cumplir. A partir de julio de 1998, la exposición pasó a exhibirse en el Museo de Eretz-Israel de Tel Aviv y, desde noviembre de 1998, en la sede histórica de la Academia de Arte Betzalel de Jerusalén. Está prevista su exhibición en el extranjero.

Retrospectivamente, la exposición, que cubre unos cien años de creación de arte judío en Betzalel, demuestra el papel crucial que los profesores y estudiantes de la academia han jugado en este campo de actividad artística.

El arte judío conserva la tradición buscando a la vez formas nuevas de expresarla; con esta idea de base, la exposición muestra obras originales de artistas de primera magnitud que han sido profesores y alumnos de Betzalel en distintos períodos. Entre ellos se cuentan Boris Schatz, Mordejai Ardón, Menajem Berman, Zelig Segal, Moshé Tzabari, Arié Ofir y otros, junto con las obras de artistas más jóvenes a partir de los años 70.

La exposición acentúa la forma de expresarse del diseño que, por un lado, tiene que encarar los requisitos funcionales de los distintos objetos y, por el otro, mostrar cómo cada pieza es única y distinta en su calidad de objeto ritual. De esta manera, se puede apreciar la continuidad de un principio que forma parte de la esencia misma de la creatividad en el pensamiento judío: la contradicción, la discusión y las polarizaciones que surgen de la libertad creativa que permite la halajá.

De la exposición formaron parte también dos proyectos didácticos que muestran cómo algunos alumnos recientes de la academia encaran el tema. El primero fue la creación de un centro de estudios en el departamento de diseño industrial de Betzalel. El tema objeto de examen era el concepto de havdalá (literalmente, "diferenciación"). La idea consistía en reunir el mundo del Bet Midrash (el lugar donde se estudian textos judíos) y el del diseño, con el fin de analizar las posibilidades de fertilización mutua entre el material inspirador de la cultura judía y la creación artística.

El concepto de havdalá hace referencia ante todo a un acto divino que define a lo real en el acto de la creación. Más tarde, se aplicó a una ceremonia específica que tiene lugar al concluir el Shabat. La idea de la havdalá reside en la transición de la experiencia de la santidad del Shabat a la de los días profanos de la semana. De la corta ceremonia participan los sentidos del gusto, la vista, el tacto, el olfato y el oído. A través de ellos, hace distinciones y crea límites que preparan a la persona para la salida de la santidad del sábado y el inicio de las demandas y la complejidad de la semana profana.

El estudio que tiene lugar en el centro se lleva a cabo en grupos de dos o más personas; consiste en leer textos originales de la tradición judía y discutir los conceptos relevantes dentro del judaísmo: la creación del mundo, el Shabat y la "luz oculta", el Paraíso, la santidad y la secularidad, el alma sabática, etc.

El proyecto encaminó a los alumnos, en su mayoría no religiosos, a presentar un "midrash (interpretación) personal" del concepto de havdalá entre lo sagrado y lo profano, tal como se refleja en su propia vida. No se trataba de encerrar el tema en valores fijos, sino de un deseo de sugerir distintas posibilidades visuales que trataran los difusos límites de la cultura judía. La idea subyacente era que abordar esos conceptos constituye una clave para la creatividad, el descubrimiento y la renovación.

El segundo tema estudiado fue: "La menorá (candelabro): de objeto ritual, a símbolo". En esta ocasión se trató de un taller del departamento de diseño de cerámica y vidrio. La idea de crear un taller que combinara la lectura de textos y su transformación en una expresión visual personal incluyó el estudio de una selección de grandes obras literarias de distintos autores desde Maimónides a Kafka, Cassirer o Agnón.

Además, las discusiones se centraron en la libertad y la apertura que la halajá permite al artista dentro de su marco y en el lugar que ocupa el objeto ritual en el judaísmo. En este contexto, la menorá se percibió como una imagen cargada de valores que señala la relación mutua entre tradición y novedad. Esta relación puede ser de complemento, contraste, rebelión o reconciliación. Además, la personalidad individual de cada alumno diseñador, prestó a la obra una dimensión más que se puso de manifiesto en diferentes niveles y de distintas maneras.

El filósofo contemporáneo Dov Bernard Hercenberg, en su libro "Arte y Judaísmo", define certeramente la relación del judaísmo con el artista y su obra, como la relación mutua de Dios en su cualidad de Creador y la Humanidad como creadora, y entre la Creación y el arte humano:

"Para el pueblo judío no existe un ideal que no sea para beneficio del hombre ni obra grande que se mantenga por sí misma. En el mundo judío, el artista no es una deidad en la que el foco se centra, sino más bien, un individuo que se encuentra en el interior de la "Sombra de Dios" *.

Traducción: Raquel Sperber

 
 
 
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