Jerusalem, 6 de julio de 1999
Su excelencia, Sr. Presidente de Israel, Sra. Reuma Weizman, Sr.
Presidente de la Knéset, Avrum Avraham Burg, reciba Ud. mi cordial
felicitación por su merecida elección para el cargo de Presidente de
la Knéset. Nuestro Parlamento gana hoy nuevos, jóvenes y enérgicos
líderes, embebidos de la filosofía de la Torá y del Trabajo, que sin
duda dejarán sus huellas grabadas en esta cámara. Le deseamos el
mejor de los éxitos a sus padres, el Dr. Yosef Burg y a su madre
Rivka. Agradecemos también al saliente presidente interino de la
Knéset, diputado Shimón Peres, que ha sabido ejercer su rol con
mucha lealtad, experiencia y solidez durante su cadencia, en las
últimas semanas. Gracias también a los diputados que abandonan esta
cámara durante este período de sesiones, especialmente Dan Tijón,
presidente de la Knéset, cuya actuación sumó respeto y honor a ese
lugar y a la democracia israelí.
Daré comienzo a mi discurso trayendo algunas anécdotas personales.
Mi vida adulta ha transcurrido en el ejército, donde, como soldado,
saboreé el orgullo de la victoria, pero también el dolor de la
derrota. Al igual que aquel que durante largos años tuvo como única
vestimenta el uniforme verde oliva, hoy les cito las palabras del
poeta H. Hillel: "...nosotros, los anónimos soldados que cumplimos
con nuestro deber con las manos color de guerra, narices con el olor
nauseabundo de la muerte y la garganta seca de trajinar por los
caminos, nosotros los amamos a gritos y bramamos nuestro amor en sus
almas".
No me encuentro hoy solo ante este podio, junto a mi veo
combatientes de nuestras Fuerzas de Defensa que pasaron las duras y
casi imposibles "pruebas de fuego" para asegurar nuestra liberación.
Junto a mi están aquellos que regresaron al alba de una noche de
explosiones y fuego, mudas camillas con amigos exánimes, a los
hombros. No me encuentro hoy solo ante este podio, junto conmigo
están los trabajadores de bata blanca de los establecimientos de
tecnología de avanzada de Hertzlia, los desocupados sin sustento de
Dimona y Ofakim y Jatzor, rabinos y seculares, labradores,
jardineros y albañiles. No estoy solo. No estoy solo aquí en este
día, junto a mí están las madres que, por las noches, no consiguen
conciliar el sueño. Y están también los padres que sufren con
preocupación. Están junto a mí todos los que sueñan y todos los que
combaten. Y en nombre del nuevo gobierno de Israel que inicia hoy su
camino y en el mío propio, les aseguro que no hemos escatimado
esfuerzos para que las madres en Israel puedan dormir tranquilas
durante los próximos años, y continuaremos haciendo lo imposible
también en el futuro, si ello fuera necesario.
Sr. Presidente, miembros de la Knéset:
Existen en los anales de la Knéset puntos decisivos, la culminación
de una era y el comienzo de otra. Hoy comienza un nuevo gobierno en
Israel, apoyado en la plena confianza de esta cámara y de la mayoría
de la gente. El día de hoy, creo yo, quedará inscrito en las
crónicas como un día a recordar y una época decisiva. Epoca de
reconciliación, de unidad y de paz. Ocho semanas transcurrieron
desde que el pueblo se expresó en las urnas, y me gustaría expresar
nuevamente mi profundo agradecimiento a las multitudes en Israel que
han depositado su confianza en mí, y mi reconocimiento a todos los
ciudadanos de todas las tendencias políticas, que participaron en
este procedimiento democrático y expresaron su elección y su libre
deseo. Es una justa obligación expresar todo el aprecio y valoración
al gobierno saliente por los esfuerzos volcados y por los logros
conseguidos durante su cadencia. Envío mi reconocimiento a todos los
ministros, especialmente al primer ministro Benjamín Netanyahu,
quien desde el momento en que conoció la decisión de los electores
demostró una conducta ejemplar, propia de un estadista. Y me
gustaría agregar algo a título personal. Aunque en el ámbito
político hayamos discrepado en los modos de actuar, y muchas veces
no concordamos en el estilo, en lo personal casi nunca nuestras
relaciones se vieron perjudicadas. Y como quien acompaña a la
familia Netanyahu, incluyendo a Benjamin Netanyahu, hace muchísimos
años, espero y confío que podamos ser amigos también en el futuro.
Ya he dicho la noche de las elecciones que desde el momento de mi
elección me considero el emisario de todos los ciudadanos de Israel.
En su nombre, y para ellos, trabajaré con todas mis fuerzas junto
con mis compañeros, siendo muy consciente de la responsabilidad y de
la misión para llevar el país adelante y conseguir los objetivos
para un futuro prometedor. Mi corazón alberga la antigua plegaria de
Salomón: ..."y procurarás que tu pueblo sea lo suficientemente
sensible para diferenciar el bien del mal, de otra manera sería muy
difícil juzgar a un pueblo tan duro como el tuyo..."
Sr. Presidente, distinguida Knéset, me siento orgulloso de presentar
un nuevo gobierno ante el pueblo y esta cámara, un gobierno amplio,
bueno, representativo, que goza del apoyo de la mayoría de los
miembros de la Knéset y los ciudadanos de Israel. No en vano
aproveché el tiempo máximo que la ley puso a mi disposición para la
formación del gobierno. No tomé el camino fácil. Las lecciones de la
historia judía y las grandes brechas sociales y políticas del Israel
actual me obligaron a elegir el camino largo y paciente para obtener
el objetivo que me propuse: establecer un gobierno que actúe en
momentos de difíciles y tome decisiones a nivel nacional, con la
aceptación de la mayoría del pueblo. No acepté ni aceptaré en el
futuro ninguna descalificación por parte alguna. Durante las
negociaciones examiné seriamente la posibilidad de ampliar un poco
más la coalición, lo que no se facilitó, y viéndolo
retrospectivamente creo que es preferible. En un gobierno
democrático el papel de la oposición parlamentaria tiene gran
importancia, y tengo la intención de expresar mi reconocimiento
manteniendo un permanente contacto con ella, informándole y
aconsejándome con los líderes de las facciones de la oposición. De
ésta espero que esgrima una crítica puntual y constructiva que
permita que sus ideas sean consideradas al decidir asuntos
concernientes al país.
Sr. Presidente, miembros de la Knéset, ante Uds. fueron presentadas
las líneas fundamentales del gobierno y los acuerdos de coalición,
claramente y al descubierto. No hay nada oculto, no existen acuerdos
secretos ni entendimientos que Uds. no conozcan, y, como saben, no
existen compromisos materiales ni beneficios a sectores específicos,
o a grupos determinados. No profundizaré en las líneas fundamentales
del gobierno, pero los mismos representan la cédula de identidad del
gobierno, sus principios y sus propósitos.
Todos los gobiernos anteriores demostraron buenas intenciones, no
todas llegaron a concretizarlos. Yo sé que el verdadero examen de un
gobierno es al fin y al cabo el operativo y no el de los propósitos.
Haré lo imposible para que la brecha existente entre las buenas
intenciones y la implementación de las mismas sea lo más estrecha
posible.
Sr. Presidente, Sres. miembros de la Knéset: el ideal sionista
milagrosamente elevado en Basilea hace más de cien aós depertó una
revolución en el mundo judío, devolviéndolo a la escena de la
historia como nación soberana, independiente, poderosa y próspera.
Encuentro de las diásporas, poblamiento, renacimiento de la lengua,
cultura, y la vida científica y cultural, establecimiento de un
digno sistema educativo, centros de estudio de la Torá, creación de
una economía nacional firme, una Fuerza de Defensa y Servicios de
Seguridad ejemplares, infraestructuras y servicios de salud y
comunitarios, una sociedad democrática libre y multifacética basada
en el gobierno de la ley. Todos estos conforman logros sin
comparación en la historia de las naciones. Estos fueron alcanzados
a pesar del Holocausto, que exterminó a un tercio de nuestro
pueblo, sin dejar de luchar y combatiendo en guerras sangrientas, en
las que nuestros hijos y amigos dieron su vida. Gracias a ellos
estamos nosotros hoy aquí, decididos y firmes y seguros y anhelando
que el ciclo histórico sea completado y que la guerra y el horror
lleguen a su fin. Nosotros abrazamos a las familias cuyos hijos
cayeron defendiendo la patria, y a las familias de los desaparecidos
y de los cautivos, a los inválidos y a los heridos en el
establecimiento de la seguridad. Ojalá que la paz traiga un alivio a
su dolor!
Nosotros sabemos que el éxito del sionismo no será total hasta que
no se establezca una paz verdadera, seguridad plena y relaciones
amistosas, confianza y colaboración con todos nuestros vecinos. Por
ello, el objetivo supremo del gobierno será paz y seguridad,
protegiendo los intereses vitales del Estado de Israel. El avance
sensacional en el camino de la paz fue alcanzado hace ya veinte años
con la visión y el espíritu valiente de dos magnos líderes: Menajem
Beguin y Anwar Sadat, que en paz descansen. Otro acontecimiento a
destacar fue la Conferencia de Madrid, durante la cadencia del
Primer Ministro Itzjak Shamir. Un ímpetu de gran alcance fue traído
por Itzjak Rabin, el valiente y serio líder de quien tanto aprendí,
asesinado cuando luchaba por su ideal, el ideal de la paz, y junto a
él, que viva hasta los ciento veinte años, Shimóm Peres.
El gobierno de Benjamin Netanyahu, si bien se inauguró con la firma
del Acuerdo de Hebrón, no tuvo la suficiente firmeza para llevar a
cabo las conclusiones del Acuerdo de Wye, conclusiones que el mismo
gobierno había firmado.
Ahora nos ha sido encomendada la misión de completar el cometido y
establecer una paz comprensiva en el Medio Oriente que tanto ha
conocido guerras. Nuestra obligación, ante nosotros y ante nuestros
hijos, es conducir con paso firme al país para fortalecerlo,
acabando con el conflicto árabe-israelí. Este gobierno está
decidido a aunar todos los esfuerzos, optar por todos los caminos y
hacer todo lo que sea necesario en pos de la seguridad de Israel,
consiguiendo la paz y evitando la guerra. Se nos ha encomendado una
misión histórica para aprovechar todas las oportunidades que se nos
brindan para traer paz y seguridad duraderos a Israel. Nosotros
sabemos que paz completa y estable podrá ser establecida siempre y
cuando se apoye sobre cuatro pilares a la vez: Egipto, Jordania,
Siria y Líbano, en cierto sentido representando un solo bloque, y
por supuesto los palestinos. La paz no será completa ni estable
mientras que no se apoye sobre estos cuatro pilares.
Los países árabes deben saber que solamente una Israel poderosa y
segura de sí misma podrá traer la paz. Y ahora y desde aquí hago un
llamado a los líderes de la zona para que extiendan su mano a la
nuestra y establezcan una paz de valientes en la zona. Una paz de
valientes en la zona, que conoció tantas guerras, sangre y
sufrimiento.
A nuestros vecinos palestinos quiero decir: nuestro amargo conflicto
ha causado mucho sufrimiento a nuestros pueblos, y no es el momento
de reclamar errores históricos. Todo podría haber sido diferente,
pero el pasado no lo podemos cambiar: solamente el futuro podremos
mejorar. Yo conozco no solamente el sufrimiento de mi pueblo, sino
que sé también lo que sufre el pueblo palestino. Deseo y ambiciono
acabar con la violencia y el sufrimiento y trabajar con el líder
palestino electo, el presidente Yasser Arafat, con respeto y en
equipo, para buscar juntos una solución justa y acordada para una
convivencia de libertad, prosperidad y buena vecindad en este
querido país, donde vivirán por siempre dos pueblos.
Al Presidente de Siria Hafez el-Assad le digo: el nuevo gobierno de
Israel está decidido a continuar lo antes posible con las
negociaciones para obtener un estatuto de paz y seguridad bilateral
y plena, en base a las resoluciones 242 y 338 del Consejo de
Seguridad. Hemos sido duros y amargos enemigos en el campo de
batalla, llegó el momento de establecer una paz abierta y valiente
que asegure el futuro y la seguridad de nuestros pueblos, nuestros
hijos y nuestros nietos.
Tengo la intención de poner término a la presencia de Tzáhal en el
Líbano dentro de este año, convenir en el desplegamiento a lo largo
de la frontera, y devolver los muchachos a los hogares, tomando las
precauciones necesarias para reforzar el bienestar y la seguridad de
los habitantes de la frontera norte, así como el futuro de las
fuerzas de seguridad libanesa y del personal de asistencia civil,
que actuaron junto a nosotros durante todos estos años por la
seguridad de los habitantes de la zona.
Aprovecho esta oportunidad para felicitar a los habitantes de Kiriat
Shmoná y las comunidades en la línea de confrontación por su firme
resistencia frente a las Katiushas. Desde aquí, en nombre de todos,
les ofrezco mi apoyo. La determinación y la fuerza de Tzáhal son los
que posibilitarán la estabilización de la situación en el norte.
Sr. Presidente, distinguida Knéset: las dos misiones a la vez, el
logro de un acuerdo de status permanente con los palestinos y la paz
con Siria y el Líbano son, a mi juicio, vitales y urgentes en la
misma medida. No existen prioridades entre ellas ni preferencias. El
objetivo del gobierno será actuar a un mismo tiempo, para acercar la
paz a todos los frentes, pero sin comprometer la seguridad ni los
intereses más vitales de Israel, principalmente la Jerusalem
reunificada, bajo nuestra soberanía, la eterna capital de Israel.
No nos amilanaremos frente a las dificultades. Yo sé muy bien que
nos esperan negociaciones difíciles, con crisis y altibajos, antes
que podamos alcanzar nuestro deseado objetivo. Yo solamente puedo
prometer, que si he de encontrar en la otra parte la misma
determinación y buena voluntad que hay en nosotros para llegar a un
acuerdo, no hay nada en el mundo que evite que consigamos la paz
aquí.
En relación a este tema, le concedo mucha importancia a la ayuda de
nuestros socios de los acuerdos de paz: Egipto y Jordania. Creo que
el presidente Jusni Mubarak y el Rey Abdala podrán desempeñar un
papel esencial creando el clima de confianza tan necesario para
lograr la paz. Ellos podrán también lograr la educación para la paz
a los niños de Egipto y Jordania y los palestinos, y en el futuro
Siria y el Líbano también. La educación para la paz es una condición
para toda paz estable y duradera. Estoy convencido que también el
Rey Hassan de Marruecos podrá contribuir, así como otros países que
ya en el pasado iniciaron vías de contacto con Israel, para la
cooperación con el proceso de paz en sus diferentes aspectos. Mi
aspiración será retomar firmemente los contactos para crear en la
zona un ambiente que favorezca las negociaciones.
Está de más decir que la ayuda de los Estados Unidos es una
condición fundamental para todo avance en la solución del conflicto
en la zona. La amistad de los Estados Unidos, bajo el liderazgo del
presidente Clinton, su generosidad y la fuerza de su apoyo en el
Proceso de Paz en el Medio Oriente, son un elemento vital en la
posibilidad de llegar al objetivo. Próximamente viajaré a los
Estados Unidos por invitación del Presidente Clinton, fiel amigo de
Israel, para debatir los temas pendientes, principalmente la
renovación del proceso de paz en todos los canales y el
fortalecimiento y la seguridad de Israel.
Sr. Presidente, miembros de la Knéset, la garantía de los acuerdos
de paz y de su cumplimiento yace en la fuerza de las Fuerzas de
Defensa de Israel. Por eso reforzaremos a las FDI, elevando la
calidad de sus comandantes y soldados, y su equipo, dotándolo con
novedosos sistemas educativos y tecnológicos para su entrenamiento y
su formación. Trabajaremos también para que esté siempre preparado
para disuadir e intimidar y responder a peligros lejanos y cercanos
y a todo tipo de amenazas, tanto convencionales como otras. Sin
embargo, la seguridad no es sólo el tanque, el avión o un barco de
misiles. Seguridad es ante todo el mismo individuo. El es quien
delinea la integridad de la sociedad y la fortaleza nacional de
Israel. Por eso, junto a la promoción de la paz y la seguridad y de
la diplomacia, y con no menos urgencia e importancia, el gobierno
está obligado a lidiar con los desafíos de la sociedad, la economía
y la atención de las necesidades de todo ciudadano.
La sociedad israelí es una sociedad única, un fascinante mosaico de
matices e ideas, culturas y credos, residentes antiguos y nuevos
inmigrantes, gente de diferentes diásporas, religiosos y ortodoxos y
tradicionalistas y laicos, judíos, árabes, drusos y circasianos.
Todos ellos forman parte de Israel. Una sociedad donde nadie es
mejor o menos bueno, pero donde, como toda sociedad humana, hay
marginados por la pobreza y el retraso. Existen sectores débiles con
cientos de miles de ciudadanos que sufren, y que sin apoyo y sin
incentivo no podrán alcanzar el rápido ritmo del progreso. No
debemos avanzar dejándolos atrás en el camino. El gobierno que yo
encabezo está comprometido a combatir la desocupación y la pobreza
que amenazan con desintegrar y deshilar nuestro tejido social, así
como la lucha por la reafirmación del sistema de salud y el
mejoramiento de los servicios sociales en el Estado de Israel.
El gobierno que hoy inicia sus funciones cambiará el orden nacional
de prioridades. Nosotros estableceremos un nuevo orden nacional de
prioridades. De todos los cometidos sociales que este gobierno
tendrá a su cargo, el más importante será la educación. Siempre
consideré que la educación es la inversión apropiada y la más
lucrativa a largo plazo. Por eso, aspiraremos a brindar la mejor
educación a todos los niños y jóvenes de Israel desde el jardín de
infantes y hasta la universidad. El gobierno asignará recursos y
esfuerzos para realizar un cambio drástico y propondrá un nuevo
espíritu en todo el sistema educativo para expandir la base del
conocimiento, fomentar la curiosidad y encauzar el potencial de la
joven generación hacia canales creativos. También trabajará para
inculcar los valores, la moral individual y la ética de trabajo, la
responsabilidad social, el servicio voluntario, la ayuda al prójimo,
la justicia, el respeto a la ley y el rechazo a la injusticia y la
violencia. El gobierno pondrá un énfasis especial en la lucha
intransigente contra la violencia creciente entre la juventud. No
aceptaremos que los padres teman enviar a sus hijos a las escuelas y
a canchas de juegos.
Quiero decir algo a los ciudadanos miembros de minorías. Yo creo con
toda mi alma en la igualdad de valor que tiene la humanidad, sea
entre ciudadanos o entre individuos, sin distinción. El Estado de
Israel no siempre fue suficientemente prudente para brindar a todos
sus ciudadanos la sensación de igualdad. La sensación de amargura no
es injustificada. Yo sé que Uds. están saturados de lemas y
promesas, y yo me comprometo hoy ante Uds. que el gobierno que yo
dirijo hará todos lo posible para tender gradualmente un puente
sobre dichas brechas, disipando la alienación, reforzando el
sentimiento de igualdad entre todos los sectores de la población de
Israel. Los gobiernos de Rabin y Peres comenzaron a centralizar y
dedicar esfuerzos para desencadenar el cambio, nosotros
continuaremos este camino con renovado vigor.
Sr. Presidente, miembros de la Knéset: el énfasis en el aspecto
social de la política de gobierno no contradice una política de
libre y productiva economía, libre de la innecesaria interferencia
del gobierno. Una economía que funcionará como un imán que atraerá
la inversión extranjera, y que estará basado cada vez más en la
industria de la tecnología de punta, en la investigación y el
desarrollo local, para poner a Israel en un primer plano científico
y tecnológico, ya que no existe una sociedad sana sin economía sana
y viceversa. La creación de trescientos mil nuevos lugares de
trabajo en los próximos cuatro años, los cuales prometí durante mi
campaña electoral, es un objetivo concreto y posible que podrá
restringir la verguenza de la desocupación y fortalecer la
economía. Este propósito será logrado siempre y cuando se conceda un
nuevo ímpetu a la economía y se renueve la confianza en un futuro de
paz en la zona y el país.
Sr. Presidente, miembros de la Knéset: estamos viviendo una era de
economía global, de comunicación inmediata extendida por el mundo
entero, y expuestos a culturas mundiales a través de las pantallas
de la televisión, la Internet y la computadora. En un mundo abierto
como éste, no existe ninguna posibilidad de aislarse del mundo
exterior en una impenetrable coraza, aunque sus influencias no sean
siempre positivas. El mundo va cambiando a tal velocidad, que el que
no enfrente y se adapte a la nueva realidad, se sentirá como Alicia
en el País de las Maravillas, arrastrados hacia atrás. Nuestra
misión es preparar a la joven generación de Israel para la nueva,
global y abierta era, para el siglo XXI, y además implementar y
afirmar su identidad nacional y judía, así como su sensación de
pertenencia como israelí. Para lograrlo será necesario profundizar
en la consciencia histórica, el patrimonio y la creencia, edificando
una sociedad solidaria con cohesión interna, y, además, lo que se
denomina orgullo nacional y por lo cual no hay que avergonzarse. No
se trata de un orgullo arrogante y condescendiente hacia los
demás, sino un orgullo que reconoce valores, se identifica con la
memoria colectiva histórica de todas las etnias judías, con la
herencia de las generaciones y con la eminente contribución que
nuestra nación ha hecho a la civilización humana.
La identificación con la lucha por el renacimiento y con aquellos
que cayeron en las guerras de Israel, la identificación con los
objetivos del Estado, anclados en las visiones de los Profetas de
Israel y en la Declaración de la Independencia, con el nombre
"Israel", que expresa coraje, determinación y victoria según está
escrito en la bendición del ángel a Jaacob en el Génesis: "de ahora
en adelante Jaacob no será tu nombre sino Israel, porque te
disputaste con D"s y con los hombres, y prevaleciste..."
Sr. Presidente, miembros de la Knéset: este gobierno para el cual
pido su confianza es un gobierno que mira hacia la paz y la
seguridad, la educación, la salud y el bienestar. Es un gobierno
dirigido a la igualdad civil y justicia social, hacia una economía
libre y próspera, encaminada al crecimiento y a la erradicación del
desempleo y la pobreza, a la inmigración judía y al fortalecimiento
de los lazos entre Israel y la diáspora. Es un gobierno que apunta
al reforzamiento de la democracia y la supremacía de las leyes y el
Derecho. Es un gobierno de manos unidas y fuerzas reunidas.
El principio que me ha guiado en la formación del gobierno es la
necesidad de un común denominador, tan amplio como fuera posible,
para lograr sentar y hacer partícipes de la responsabilidad a
representantes de partidos y sectores de diferentes ideologías,
incluso opuestas, de la sociedad israelí. Esto no es sencillo, y
tiene un precio. Los penosos compromisos deberemos hacerlos
primeramente entre nosotros, en el seno de una política que es el
fruto de un amplio concenso, consciente y realista, directa y
confiada en nuestra fuerza, una política que no está hecha de
ilusiones y de arrogancia exenta de contenido. Una política sin
precipitación, sin vacilación que aprovecha las oportunidades, sin
debilidad moral y sin sentirse ebria de fuerza, que contiene mucho
amor, mucho amor por cada franja de patria y el reconocimiento
igualmente penoso del vínculo que tienen los otros. Este gobierno no
dará la espalda a ningún grupo, ninguna facción, ningún sector ni
tampoco a ninguna corriente ideológica de la sociedad israelí. Será
un gobierno de constante diálogo, de apertura. Será un gobierno que
prestará oídos. Un gobierno que aspirará a un nuevo consenso
nacional pero que no desistirá de hacer frente a decisiones ni se
resignará a la parálisis y a la inmovilidad mutuas.
Yo sé y yo comprendo exactamente la dirección y el objetivo a los
cuales el gobierno debe apuntar, y me propongo guiar su marcha hasta
la línea de llegada. Finalmente, tal como me comprometí, siempre y
cuando las decisiones históricas cardinales deban ser tomadas, el
público en su totalidad será llamado a tomar la decisión según su
voluntad soberana, a través del plebiscito. Estoy convencido que el
compartir las responsabilidades acercará a los extremos, oscurecerá
los contrastes en el seno de la sociedad e incitará la
consideración, la atención y los equilibrios mutuos, tal como ya ha
sido dicho en nuestra Torá y a propósito de esto: "sus caminos son
caminos de agrado y todos ellos conducen a la paz". De esta manera,
seremos capaces, todos juntos, de enfrentar las pruebas y la
responsabilidad, las decisiones que nos esperan. De esta manera,
estaremos más fuertes y más unidos, a pesar de las discusiones y de
la diversidad de opiniones entre nosotros. Quizá seremos también más
inteligentes, ya que será la inteligencia de todos que nos guiar.
El sol de este milenio se está ocultando. El mundo entero espera
impacientemente la llegada del nuevo milenio. El calendario hebreo
no conoce esto y para la mayoría de nosotros, el cambio de fecha del
31 de diciembre no representa un día de fiesta. Sin embargo,
formamos parte de un mundo y este nuevo gobierno atravesará la línea
hacia el próximo milenio. Tengo la esperanza que la sensación de un
nuevo comienzo no será inadvertida en el Medio Oriente, y que el
inicio del tercer milenio traerá también una atmósfera de
reconciliación e ímpetu de paz para nuestra zona también. El
gobierno de Israel estará listo para el desafío, atento a las
esperanzas y aspirando a dejar a nuestros hijos la herencia un
futuro mejor.
Sr Presidente: desearía en este momento presentar ante la Knéset la
composición del nuevo gobierno. Ehud Barak: Primer Ministro y
Ministro de Defensa; Dalia Itzik: Ministra del Medio Ambiente; Yossi
Beilin, Ministro de Justicia; Biyamin Ben-Eliezer, Ministro de
Comunicaciones; Shlomo Benizri, Ministro de Salud; Shlomo Ben-Ami,
Ministro de Seguridad Pública; Eli Ishai, Ministro de Trabajo y
Asuntos Sociales; Avraham Shójat, Ministro de Finanzas; Itzjak
Cohen, Ministro de Asuntos Religiosos; Ran Cohen, Ministro de
Industria y Comercio; David Levy, Ministro de Relaciones Exteriores;
Itzjak Mordejai, Ministro de Transportes; Eli Suissa, Ministro de
Infraestructuras, Shimón Peres, Ministro de Cooperación Regional;
Jaim Ramón, Ministro en la oficina del Primer Ministro, encargado
del tema de Jerusalem; Yossi Sarid, Ministro de Educación; Natán
Sharansky, Ministro del Interior; Itzjak Levy, Ministro de
Construcción y Vivienda.
Los siguientes ministerios serán encabezados por el momento por el
Primer Ministro: Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural,
Ministerio de Absorción de Inmigrantes, Ministerio de Turismo y
Ministerio de Ciencias.
Sr. Presidente, Sras. y Sres. miembros de la Knéset: esta es, por el
momento, la composición del gobierno. En los próximos días propondré
a la Knéset un proyecto de cambio de la Ley Fundamental de gobierno
para aumentar el número de ministros, tal como lo impone el tamaño
de la coalición y la composición de la Knéset. Somos portadores de
la antorcha que nuestros predecesores nos han transmitido y asumimos
la plena responsabilidad de continuar adelante. El gobierno solicita
hoy la confianza de la 15a Knéset, sabiendo que los ojos de todos
los israelíes están puestos en él en la plegaria y con una gran
esperanza. Millones de ojos en Israel, los ojos de millones de
judíos en la diáspora, centenas de millones de ojos en el mundo
entero están hoy dirigidos a nosotros rezando, para que sepamos
conducir al país con determinación y con mano segura hacia un nuevo
camino, hacia un nuevo ímpetu, hacia una nueva página en el Libro de
la Historia de Israel. Hacia una nueva página de paz sobre una
región que, durante las últimas generaciones, no ha conocido
prácticamente más que dolor, duelo y sufrimiento. Acompañados por
vuestra bendición y preocupación, hoy nos embarcamos en un largo y
arduo camino. Les agradecería mucho, Sras. y Sres. diputados de la
Knéset, que otorguen vuestra confianza al gobierno hoy y que le
deseen sus mejores votos en su camino.