La memoria no es cosa garantizada, como bien saben los afectados por la enfermedad de Alzheimer y sus familias. Quienes recuerdan sin dificultad el pasado lejano y dónde han dejado sus anteojos o dónde viven, no aprecian en qué medida la pérdida de la memoria puede afectar el estado de ánimo y la confianza en uno mismo.
"Yo solía creer que lo peor para un anciano era el dolor, pero estaba equivocada", dice Berenice Schwartz, trabajadora social clínica diplomada y sicoterapista. Schwartz fundó hace poco el primer "Club de memoria" de lengua inglesa de Israel, para los afectados por distintos grados de demencia o disfunciones cognitivas, causadas por la enfermedad de Parkinson o la apoplejía. "Lo que más temen es la pérdida del control. Es el temor a lo desconocido. Eso atemoriza mucho más que el dolor."
Schwartz, que se estableció en Israel hace diez meses, junto con su marido y sus tres niños, estaba eminentemente preparada para dirigir un club de memoria. Diplomada en trabajo social, con un título en sicología, y varios cursos en enfermería y asesoramiento terapéutico, Schwartz actuó muchos años en Estados Unidos como trabajadora social
en hospitales e instituciones geriátricas. "Por eso sé escuchar. Escucho para buscar fuerzas. Todo ser humano tiene capacidad, aún si es débil e inválido".
Cuando unos conocidos se enteraron de su formación, le recomendaron entrevistarse con Leah Abramowitz, coordinadora de Melabev (clubes comunitarios para ancianos discapacitados). Después de una breve entrevista, Abramowitz la reclutó para crear un club de memoria bisemanal en lengua inglesa en Jerusalén, según la pauta del club trisemanal de habla hebrea, y además un grupo de apoyo a las familias de los pacientes, en el hospital Shaaré Tzedek.
Schwartz comenta que algunos médicos no aprecian lo que implica para un anciano con demencia incipiente el internarlo en una institución. "Esas son personas que han tenido 60 años su cepillo de dientes en el mismo sitio; los médicos deben comprender lo que representa para ellos dejar su casa para ir a una institución geriátrica."
Hay 26 tipos de demencia, señala Schwartz, pero la enfermedad de Alzheimer, esa dolencia progresiva e incurable que está cobrando proporciones epidémicas a nivel mundial, debido a la creciente longevidad, es la causa de más de la mitad de los casos.
En las etapas iniciales, se puede ayudar a los pacientes a quedarse en casa con supervisión de la familia, si se les enseña a superar el creciente olvido. Aquí entra en juego el club de memoria.
Schwartz viaja en el minibús que recoge a los participantes incapaces de llegar por sí mismos al club, instalado en un ex refugio en el barrio Guivat Mordechai. "Telefoneo a cada uno la noche antes para recordárselo. Eso los reconforta y crea expectativa. Cuando ven mi cara conocida en el minibús, se relajan, aunque ninguno recuerda la dirección o el teléfono del club y algunos ni siquiera recuerdan adónde van."
Llegan a las 9 de la mañana, desayunan, participan en actividades hasta las 12.30, y luego el minibús los devuelve a su casa.
Aunque la pérdida de memoria no es curable, se puede ayudar a los pacientes a consevar sus recuerdos, explica Schwartz. "La clave es poner en juego tantos sentidos como sea posible. Si tiendes a olvidar dónde pusiste las llaves, graba en la memoria su aspecto, el contacto del metal y di en voz alta dónde las has puesto. Concéntrate y analiza por qué las pones en cierto sitio. Esta técnica puede ayudar de verdad."
El club tiene también una computadora, con programas especiales para estimular la memoria a corto plazo en los ancianos. Otras actividades son la conversación, artes y oficios, celebraciones familiares y fiestas, y discusión de sus problemas. "No es una guardería para ancianos sino un club para reforzar la memoria."
A los ancianos es muy difícil satisfacerlos, agrega. "Para tener a un niño contento basta con darle un confite y un globo. Si hiciera esto con mis ancianos, me mandarían a paseo. He de ganar su respeto."
El realizar las actividades del club en el idioma materno de los participantes -inglés- es importante, aún si saben algo de hebreo. "Como se trata de memoria, el uso de la lengua materna es vital", subraya.
Schwartz observa que los participantes no tardan en recobrar su confianza en sí mismos. "Su personalidad empieza a reaparecer y brillar, y su sentido del humor retorna, porque se reduce su ansiedad. Y maravilla de maravillas, cuando esto sucede, la memoria empieza a retornar, como si una niebla se disipara. Eso es muy satisfactorio para el personal y los voluntarios que llevan el club."
Reproducido con autorización, del "Jerusalem Post" del 20 de julio de 1997.