Evaluaciףn participativa- asociados en el progreso

26 ago 1999
 REVISTA SHALOM, 1997 / No.3
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Hacerlo mejor
Evaluación participativa: asociados en el progreso

por Ruth Seligman

 
 

 

 

 

 

 

En Cagayán de Oro, Filipinas, formación prescolar exitosa de niños (arriba) y de sus maestros (abajo)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los evaluadores Shimón (izquierda) y Rodney en la finca Akhmad Yasawi, Uzbekistán
  Cómo evalúa MASHAV (el Centro de Cooperación Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel) el impacto de su extensa red de cursos, seminarios, talleres y misiones de corta y larga duración? Hasta qué punto son efectivos sus métodos de evaluación? Cuáles son los nuevos temas que debe abordar, las nuevas orientaciones que ha de adoptar? Éstas son las preguntas que MASHAV se plantea constantemente, a sabiendas de que la evaluación de lo hecho en el pasado es la clave del éxito en el porvenir.

En el término de "evaluación" está implícito el de "valor". Así, pues, la evaluación es el proceso por el cual se estima el valor de un proyecto o programa, con miras a determinar su influencia sobre la población meta. La estimación de lo logrado en el pasado sirve de base para decidir qué convendrá realizar en el futuro.

Receptividad
MASHAV reacciona ante las evaluaciones, efectuando cambios y adiciones cuando se percibe la necesidad de una reorientación. Tal fue el caso, por ejemplo, en Kenia últimamente, donde MASHAV -en cooperación con la Universidad de Nairobi- implantó el proyecto de riego de Kibwezi: una estación de campo y finca demostrativa en riego (ver Shalom 1996-2). Concluidas las tareas de investigación y demostración, algunos agricultores solicitaron una ayuda adicional: extensión. MASHAV aceptó su solicitud. Colaborando nuevamente con la Universidad de Nairobi, y con el apoyo del Servicio de Extensión de Kenia, agregó al programa un amplio componente de extensión.

En el pasado, eran los países donantes quienes efectuaban la evaluación, encomendando a sus expertos el determinar si los resultados obtenidos justificaban la continuación de las inversiones. Esto se conocía como evaluación por los resultados. En la actualidad, la situación es muy diferente, según lo expresa el Dr. Rodney Fink, consultor en capacitación, investigación e instrucción. "Se ha producido un cambio profundo en lo tocante a evaluación", indica. "Hoy en día pensamos en términos de evaluación participativa, un proceso en el que intervienen no sólo los responsables de la planificación y ejecución de una actividad, sino también los afectados por ella, es decir los participantes o estudiantes que se benefician de un curso."

Desde 1993 El Dr. Fink ha representado a Estados Unidos en un grupo de evaluación mixto, Israel-EE.UU. El otro integrante del grupo por parte de Israel, el Dr. Shimón Amir, ex director de MASHAV, diplomático veterano y evaluador experimentado, falleció a principios de 1997. Aunque se echó mucho a faltar su toque personal de sabiduría práctica y su mente analítica, MASHAV siguió adelante con el taller de evaluación que él había planeado con el Dr. Fink, tanto para honrar la memoria del finado como para continuar la labor a la que había dedicado tantos esfuerzos durante su vida. El Dr. Fink llegó a Israel en marzo de este año para ayudar a MASHAV a reexaminar la forma de evaluar sus programas de capacitación, y en base a ello, formular nuevos lineamientos para mejorar sus procedimientos de evaluación.

"Este enfoque de evaluación participativa", observa el Dr. Fink, "implica la necesidad de concebir la evaluación como un proceso que se inicia desde el día en que planea un curso o proyecto y se definen en detalle sus objetivos. Los planificadores deben saber desde un principio qué quieren lograr. También deben estar preparados durante el curso a detenerse y sopesar a dónde van y si avanzan en la dirección correcta. Por ello, deben estar dispuestos a hacer cambios en medio de un curso, o incluso al principio, de ser necesario."

Así, por ejemplo, en un proyecto en Uzbekistán, los expertos israelíes tropezaron inicialmente con dificultades en la elaboración de un programa viable de desarrollo lechero. La evaluación permanente les permitió ensayar distintos modelos, hasta hallar un sistema satisfactorio. Asimismo, en un proyecto de riego en Kirguizistán, la evaluación durante el curso señaló una falta de progreso significativa. Resultado: se advirtió al experto responsable que pasara, de trabajar con una unidad, a proporcionar información a varias unidades. En otras palabras, la evaluación permanente puede señalar cuándo un programa, comparado al plan original, no funciona como debiera, lo que permite a los responsables introducir cambios rápidos y significativos. "La evaluación", subraya el Dr. Fink, "es un proceso constante, que no se inicia al concluir el proyecto, sino que es parte integrante de su planeación y ejecución. Implica la necesidad de fijar metas desde un principio, y poseer indicadores sobre el grado en que se alcanzan esas metas."

Formación adicional
La prueba de que un curso ha logrado sus objetivos está muchas veces en la solicitud de los participantes de una formación adicional en sus propios países. Tal fue el caso de una maestra de Cagayán de Oro, en Filipinas, que asistió a un curso de Educación Preescolar en el Centro Internacional de Formación Golda Meir, en Haifa. Su entusiasmo la llevó a solicitar un curso en el lugar, de continuación, en Cagayán de Oro. El resultado final fue que escuelas locales, empresas privadas y funcionarios municipales se comprometieron a crear marcos preescolares en los programas de escolaridad pública, privada y asistencial. En la actualidad estos programas benefician a centenares de niños de edad preescolar.

En general, los cursos auspiciados por MASHAV operan según estos principios, con cursos planeados conforme a objetivos claramente definidos desde un principio. Existe también consciencia de que los programas no pueden ni deben ser rígidos. Algunos centros de capacitación, por ejemplo, tienen una reunión inaugural con los participantes, durante la cual el director del curso puede descubrir que la mayoría de ellos tienen una formación más elevada que la prevista. Resultado: se eleva el nivel del programa. A la inversa, si un gran número de participantes no dominan en grado suficiente los temas planteados, se rebaja el nivel del curso, simplificándolo de modo que puedan beneficiarse con él.

Reconsideración
A veces un proceso similar de reconsideración se efectúa a los diez o quince días de iniciarse el curso, preguntando a los participantes, individualmente o en grupos, si a esas alturas sienten que sus expectativas están siendo satisfechas. El objetivo es verificar si el material que les están impartiendo corresponde a sus necesidades y a la labor que realizarán a su regreso a los países de origen.

Para evaluar mejor si se logran o no los objetivos, se suele pedir a los participantes que elaboren un proyecto final, a fin de verificar en qué medida han asimilado el material. Algunas veces esos proyectos se preparan en grupos, otras individualmente. Así, en un curso sobre estrategias de prensa para fines de organización comunitaria, se pidió al grupo planear una campaña en los medios de comunicación social, así como una lista de innovaciones que desearían introducir al regresar a su país.

Además, al término de cada curso, los participantes rellenan un formulario de evaluación detallado, y lo mismo hacen los directores del curso, que lo evalúan desde su propia perspectiva.

Es indudable que MASHAV involucra a los participantes en el proceso de evaluación, pero ello se hace -en gran medida- durante e inmediatamente después del curso. MASHAV ha tenido menos éxito en el seguimiento a largo plazo de los egresados de los cursos. Con más de 4.000 participantes por año en los cursos de MASHAV, existe ahora la creciente necesidad de reconsiderar la naturaleza de los contactos con ellos.

Cuestionarios
Varios centros de formación mandan a los egresados, en el plazo de un año del fin de su curso, un cuestionario en el que se les pide señalar, entre otras cosas, qué información les resultó más valiosa, cuáles técnicas les fueron más útiles, y cómo logran adaptar y aplicar a su trabajo el material incluido en el curso. Sin embargo, las respuestas que se reciben suelen ser pocas y escuetas. MASHAV está considerando si no ha llegado la hora de elaborar un cuestionario de seguimiento uniforme, que se podría enviar al cabo de un año, cinco años y quizás también diez. Este tipo de evaluación continuada, estructurada y formalizada permitiría a MASHAV apreciar los resultados a largo plazo de sus programas.

Con todo, la mera elaboración del formulario tropieza con dificultades. Los cuestionarios largos, como los que se usan para investigación académica, suelen formular la misma pregunta de distintas formas, para validar las respuestas. Pero por muy válidos que sean, su longitud hace que muchos ni los lean. Por ello, aunque un cuestionario largo pueda ser más confiable que uno corto, pierde su valor si las respuestas recibidas son pocas. En cambio, los cuestionarios cortos suscitan más respuestas, pero pueden no ser confiables.

Hacerlo mejor
En su sentido más básico y esencial, la evaluación puede definirse como aprender a hacer algo mejor. Pero este "hacerlo mejor" exige procedimientos adecuados de seguimiento a largo plazo. Debe incluir una reacción constante de los participantes en cursos anteriores. La clave de la preparación de cursos mejores y más significativos en el futuro radica en la forma en que se evalúen los programas actuales.

La evaluación por los participantes puede indicar, por ejemplo, que ha llegado el momento de eliminar cierto curso o programa, que ya no tiene utilidad. Como observa el Dr. Fink, empero, la mayoría de los cursos no tienen un dispositivo de cesación gradual. Es preciso, también, formular directrices que indiquen cuándo un proyecto, tal como una finca demostrativa o un experimento de campo, llega a ser autosuficiente y está listo para seguir operando por sí solo.

El desarrollo es una tarea de educación en todos los sentidos de la palabra: enseñar a otros, capacitarlos para lograr una vida mejor para sí mismos y para sus países. Con todo, no puede compararse con las actividades tradicionales de educación, en las que los instructores suelen evaluar su impacto sometiendo a los educandos a exámenes escritos, orales o prácticos. En ese contexto, el examen final marca el fin del curso. La formación que imparte MASHAV, en cambio, tiene un enfoque y un objetivo distintos. Si bien al comienzo MASHAV trataba sobre todo de impartir conocimientos y pericia a individuos, que eran los beneficiarios principales, hoy se ha pasado de "formar a educandos" a "formar a educadores". La formación se orienta ahora a preparar a quienes sean capaces de transmitir lo aprendido a otros, logrando lo que se conoce como efecto multiplicador.

La reorientación a una formación de formadores plantea problemas a los que MASHAV debe enfrentarse. Así, cabe preguntarse si se han evaluado cabalmente las consecuencias, tanto ventajas como desventajas, implícitas en tal enfoque. Por ejemplo no se favorece así a los candidatos más educados, de más alto nivel, a expensas de otros sectores de la sociedad? No ha llegado la hora de reconsiderar todo el procedimiento de selección de candidatos? Quizás MASHAV debería desarrollar métodos más efectivos de selección de candidatos, prefiriendo a quienes puedan aplicar su formación con la mayor amplitud posible. Está cada vez más claro que la formación que no se aplica tiene poco valor.

Datos para el seguimiento
Cómo comprobar si la formación ha sido aplicada? MASHAV es consciente de que aún está por definir un método sistemático de compilación de datos de seguimiento por escrito. Pero aunque éste es necesario, también pueden utilizarse otros procedimientos. Una posibilidad sería realizar seminarios o talleres regionales para ex becarios. En la evaluación se desea saber si lo enseñado ha contribuido al desarrollo y a la economía de los países de los participantes. Nada mejor que preguntárselo a los propios participantes. Los encuentros regionales reunirían a ex graduados, que podrían informar del efecto logrado y de las necesidades futuras de sus países. Tales encuentros, incluso cortos, de un solo día, podrían servir de tribuna donde los participantes compartirían sus experiencias, sintiendo que no están solos en sus esfuerzos por mejorar la situación.

Los encuentros entre ex becarios y funcionarios de MASHAV de visita en los distintos países, aún informales y no planeados, brindan información valiosa. Los egresados pueden indicar qué creen que faltó en su propia formación, ayudando así a MASHAV a elegir su orientación futura y a definir nuevos cursos y nuevas áreas de interés.

Recurso valioso
MASHAV está cada vez más consciente de que sus antiguos alumnos son un recurso valioso para ponderar el valor de su capacitación. Su evaluación constituye una de las bases para diseñar un nuevo curso o programa en Israel. Además, los ex alumnos pueden tener una participación importante en la planificación y ejecución de cursos en el lugar, y también ayudar en las tareas de instrucción. La experiencia demuestra que los cursos en el lugar más efectivos son los que aprovechan los talentos, experiencia y servicios de los ex becarios.

No cabe insistir demasiado en el hecho de que la evaluación nunca es unilateral. Tanto los planificadores como los participantes tienen cada uno su papel. La pregunta que se plantea es cómo puede lograr MASHAV una mayor participación de sus ex becarios y cómo fijar métodos para compilar y cotejar los datos de evaluación.

La participación de los egresados de cursos los convierte en asociados en el progreso. Esas no son meras palabras, sino la base de una evaluación significativa y eficaz, para definir qué, cómo y dónde hacer las cosas mejor. Como subraya el Dr. Rodney Fink, "La evaluación es un proceso deseable y no temible. Todas las partes interesadas (los evaluadores, los participantes, los expertos que informan y los gobiernos involucrados) tienen un mismo objetivo, el de mejorar los programas."