Desde el colapso de la Unión Soviética en 1989, Rumania, así como
otros países del bloque soviético, ha enfrentado el desafío de pasar de
una economía dirigida y planeada centralmente, a una economía de
mercado privado. Este cambio se ha realizado especialmente en el
sector agrícola, en donde la brusca transición de una planificación
central a un contexto todavía carente de la infraestructura y los
mecanismos de una economía de mercado, ha llevado a bajas en la
producción, escasez de insumos y mala administración.
La adaptación estructural del sector ha planteado algunos de los mayores
desafíos. Debido a la reforma agraria, granjas administradas por el estado
y grandes colectivos han sido desmantelados y devueltos a manos privadas;
se estima que un 60% de la tierra cultivable en Rumania consiste en
granjas de propiedad privada de 5 a 10 hectáreas cada una. En muchos
casos, los propietarios son rumanos, que dejaron el terruño para ir a
centros urbanos durante el régimen comunista, y ahora están regresando
con poco o ningún conocimiento de cómo se cultiva.
Para llenar el vacío dejado por el sistema centralizado - que anteriormente
proporcionaba capacitación técnica - y para fomentar la productividad, el
gobierno de Rumania le pidió a Israel que diera un curso sobre principios
de extensión agrícola y planificación. El curso se efectuó del 14 al 28 de marzo de 1996, en un centro de capacitación agrícola cerca de la capital
rumana, Bucarest, bajo los auspicios de CINADCO y MASHAV, el
Centro para Cooperación Internacional del Ministerio de Relaciones
Exteriores de Israel. El seminario, que tuvo una duración de dos semanas,
fue conducido por Michel Isaak, un especialista en extensión agrícola de
CINADCO, y por Shaul Manor, anteriormente del Servicio de Extensión
de Israel y asesor privado en la actualidad.
Al rememorar el curso, Isaak explicó que en éste se trataron, tanto las
teorías de extensión y las necesidades específicas de Rumania, como el
desarrollo de nuevas maneras de pensar que se adaptaran a las nuevas
realidades. De los 30 participantes, la mayoría eran directores de distritos
agrícolas - subdivisiones establecidas por el anterior régimen comunista.
Las carreras de estos directores se habían desarrollado dentro del aparato
de planificación central.
"Estaban acostumbrados a dar órdenes, a decirle a la gente que se
mantuvieran dentro del marco de la ley. Era un enfoque de arriba para
abajo", dijo Isaak. "A medida que pasaba el tiempo, hicimos todo lo
posible para que esa gente se abriera, para mostrarles que la extensión
consiste justamente en abrirse hacia al granjero, que es un cliente, y ya no
un trabajador a quien se puede hablar en tono aleccionador".
Con esto en mente, el seminario comenzó por hacer que los participantes
definieran la extensión: La extensión es un servicio, dentro del cual deben
proporcionarse servicios al agricultor (quien decide independientemente),
sin hacerle presión, ni imponerle vías de acción. La extensión es un sistema abierto. Puede haber un intercambio entre el agricultor y el
servicio, pero la decisión es tomada por el granjero, a quien debe
suministrársele toda la información necesaria para que llegue a una
decisión válida. En la mayoría de los casos, el servicio cuida de los
intereses del agricultor, no de los del gobierno ni de cualquier otro
organismo.
"Los dos intereses pueden coincidir cuando se trata de cultivos para la
exportación o de productos que pueden ser de valor para el mercado
doméstico", agregó Isaak. "Cuando hay un mercado para un artículo
específico, el interés del granjero está en producirlo a un nivel de calidad
específico y obtener el mejor precio posible". La extensión forma parte
de una jerarquía; no puede sobrevivir sin el apoyo de la investigación.
"Una característica de muchos de los países que he visitado es que la
investigación agrícola se encuentra en un ministerio totalmente diferente,
en el ministerio de educación superior o de investigación científica, en
tanto que sería aconsejable tenerla bajo el mismo techo organizacional que
la investigación agrícola y la de ganadería", dijo Isaak. La extensión tiene objetivos de corto y también de largo alcance, a los que llega el
agricultor, quien produce los cultivos, obtiene ingresos de la producción y
los usa para adquirir más tierra, insumos u otros productos.
Resulta entonces que el principio cardinal de la extensión es cómo cambiar
la conducta profesional del agricultor, para aumentar la productividad y los
ingresos. "Todo el sentido de la extensión es el de influir, o el de tratar de
cambiar la conducta de los granjeros en cierta dirección", indicó Isaak. Por
ejemplo, un servicio de extensión debería tratar de convencer al agricultor
de podar un viñedo en aquella forma diferente, que según ha sido
demostrado científicamente, aumenta el rendimiento. Los elementos que
conforman la conducta profesional son los medios a disposición del
granjero o aquéllos obtenibles, por medio de créditos, para hacer una
determinada tarea (equipo, terreno, ganado); la actitud o el deseo de hacer
algo; y los conocimientos prácticos para realizar esa actividad. La
extensión se convierte entonces en el instrumento para analizar y planificar
el desarrollo. Éste fue el tema central de la segunda semana del seminario.
Se agrupó a los participantes según área geográfica y se les dio un plan maestro general, que comprendía los diferentes pasos que debían dar para
desarrollar un programa de extensión para dos o tres cultivos. Para
comenzar a desarrollar un servicio de extensión, explicó Isaak, debe
definirse lo siguiente: la estructura y tamaño de la comunidad agrícola
(cuántas pequeñas y grandes granjas hay); las necesidades de los
granjeros; cuáles son sus problemas específicos. En el caso de Rumania,
el regreso al campo de los trabajadores urbanos ha creado un mosaico de
diferentes habilidades profesionales.
"Uno de los desafíos al montar un sistema de extensión es dar servicios a
la mayoría de aquellos granjeros que volvieron a la tierra", manifestó
Isaak. Otro es convencer a los pequeños agricultores de que si aúnan sus
recursos con otras pequeñas granjas, pueden aumentar su producción. Esto
ya está ocurriendo, a nivel de familia, y hasta cierto punto, a nivel regional,
a través de asociaciones de granjeros. Pero todavía existe aversión al
concepto de cooperativa, el cual puede ser considerado aún como una
"mala palabra" según Isaak. "Pero los agricultores deben entender que no
pueden sobrevivir económicamente de otra manera. Necesitan alguna
forma de sistema cooperativo mediante el cual puedan obtener los insumos
a mejor precio y facilidades para mercadear su producción. Se trata de
aunar recursos, no de colectivización, un término que ellos recuerdan tan
amargamente. Una obligación del servicio de extensión es, entre otras
cosas, la de hacer comprender estas ideas".
Una vez que la comunidad y sus necesidades han sido definidas, deben
buscarse soluciones a corto y largo plazo, que pueden incluir investigación
básica o adaptable y ensayos en el terreno. Cualesquiera que sean las
soluciones expuestas, todas deben pasar la prueba de la viabilidad
económica: Pueden permitírselas? Cuáles son los medios financieros
disponibles, tales como créditos bancarios? Son provechosas para el
agricultor? "En último análisis, el granjero está interesado en aumentar sus
ingresos, y no en el rendimiento o la producción". De aquí se deducen
recomendaciones inmediatas y "objetivos operativos", o se esbozan las
expectativas de lo que los granjeros serán capaces de hacer como resultado
del conocimiento obtenido a través del servicio de extensión. Cuando se
han formulado los objetivos operativos, se escogen los métodos para
transmitir la información al agricultor. Éstos pueden incluir charlas, visitas a
granjas, cursos, solares de demostración, métodos de enseñanza de
técnicas, utilización de los medios masivos de comunicación, o una mezcla
inteligente de ellos", señaló Isaak.
En el último día del curso, cada grupo presentó su proyecto. Isaak dijo
que él creía que los participantes se iban con la idea de "planificar un
sistema así". Mientras tanto, la implementación del programa de extensión
y toda la infraestructura de apoyo, todavía se basa en la ayuda del
gobierno. Aunque Rumania es fundamentalmente un país industrial, "está
ciertamente interesado en exportar algunos de los cultivos en donde tiene
una ventaja relativa, por ejemplo, la fruta", dijo Isaak. Manifestó también,
que la baja en la producción era un incentivo más para tratar de ayudar a
renovar el sector. "Ellos no quieren desperdiciar dinero en la importación
de alimentos del extranjero. Lo básico en la economía de un país es
primeramente suministrar productos para su propia población". El gobierno
parecería estar moviéndose en esa dirección, agregó Isaak. Señaló que se ha puesto en marcha un proyecto piloto financiado por la Unión Europea para establecer un servicio de extensión en 12 distritos.
Rumania, tal como otros ex miembros del bloque comunista, enfrenta
todavía muchos desafíos en la transición hacia una economía de
mercado. No obstante, Isaak dijo que, en su opinión, se están dando los
primeros pasos. Él describió así lo que cree que han aprendido los
participantes en el seminario: "Apertura, apertura al cambio. Han
disminuido sus miedos respecto a cualquier cambio que deberán
implementar en base a sus nuevos términos de referencia".