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Discurso del Canciller Levy en Erez - 139

13 sep 1999
 
 

Discurso del Ministro de Relaciones Exteriores, Sr. David Levy, en el acto de apertura de las conversaciones sobre el status permanente, en Erez
13 de septiembre de 1999

Distinguido colega Abu Mazen, miembros de la delegación palestina, queridos embajadores, compañeros de la delegación israelí:

Nos hemos reunido esta noche, a casi 8 años de la Conferencia de Madrid en la cual fue concebido el camino al proceso de paz en el Medio Oriente, y en la fecha exacta del sexto aniversario de la firma de los principios acordados entre Israel y la OLP. Durante estos últimos 8 años, israelíes y palestinos hemos hecho importantísimos avances en lo que respecta a mutuo reconocimiento, para la implementación de los estatutos provisorios y para la formulación de reconciliación y cooperación. Nos encontramos ahora en la última etapa, para formular el estatuto permanente entre Israel y los palestinos. Dicho estatuto pondrá fin al tan doloroso conflicto que vienen viviendo ambos pueblos durante los últimos 100 años. En el transcurso de los últimos 8 años hemos vivido momentos emocionantes, así como hemos conocido también momentos de pena y de dolor. Hemos sido socios en la búsqueda de la "senda de oro", tratando de encontrar el camino de concesiones necesarias, tanto para los israelíes como para los palestinos, donde tan frecuentemente nos separan aún difíciles discrepancias.

Con grandes esfuerzos lograremos resolver dichos problemas y el futuro del proceso de paz. A pesar de todo lo antedicho y de todos los años de negociaciones no hemos perdido la esperanza de hacer del proceso de paz una realidad. Tampoco nos permitimos caer en la desesperación y no perdimos ni siquiera por un minuto la capacidad de la constancia, que es la que conduce a los objetivos. Esto debemos agradecerlo a los valientes líderes de la región, principalmente a los pioneros, quienes prepararon el camino y lamentablemente ya no se encuentran entre nosotros: el presidente Sadat y el Primer Ministro de Israel, Sr. Menajem Begin, el Rey Hussein y el Primer Ministro de Israel, Sr. Itzjak Rabin.

El gobierno de Israel está decidido a culminar exitosamente las negociaciones después de que cada parte haya cumplido con sus compromisos, ya que estamos profundamente convencidos que llegó la hora de que todas las partes de la región comiencen un nuevo estilo de relacionamiento. Apenas unas semanas después de la creación del nuevo gobierno de Israel demostramos nuestra perseverancia, actuando con rapidez para lograr entendimientos e implementar acuerdos. Así actuamos en lo que concierne a la firma del Memorandum de Sharem el-Sheij y es también lo que nos proponemos con respecto al status permanente.

Deberemos alcanzar un acuerdo que englobe y delinee los principios del estatuto permanente hasta febrero del año 2000 para obtener un acuerdo definitivo en el plazo de un año. Ninguno de nosotros vive de ilusiones. Sabemos que tenemos ante nosotros una difícil misión. El status permanente constituye el estrato final en la edificación de la paz, pero es también el más complicado de todos. Deberemos hacer frente a una serie de asuntos muy complicados que existen entre nosotros y los palestinos. Es de conocimiento de todos que cada parte llega a la mesa de negociaciones con principios, posturas y opiniones propias delineados de antemano.

En el momento de las negociaciones sobre el status permanente, Israel se guía por cuatro principios fundamentales, a saber: no se retrocederá a las líneas de 1967, Jerusalem permanecerá la capital reunificada de Israel, los asentamientos permanecerán bajo soberanía israelí, y no habrá presencia de ningún ejército extranjero en el Valle del Jordán, desde el lago del Kineret hasta el sur del Mar Muerto, y hasta el Jordán.

Debemos estar preparados para comprender que muchas veces las diferencias de concepciones parecerán incompatibles e imposibles de ser solucionadas. En dichos momentos, nosotros, los pueblos junto con sus líderes deberemos continuar concentrándonos en la meta, en el final del conflicto, para recordar que poseemos un instrumento de trabajo para hacer frente a los desafíos y las dificultades de las negociaciones: gozamos de la posibilidad de resolver el conflicto a través de un diálogo directo en la mesa de negociaciones. Este es el camino. Debemos recordar también que ambas partes deberán hacer concesiones que podrían resultar dolorosas. Están los que dudan de que en un tiempo razonable podamos obtener un acuerdo completo, tal cual lo estipula el Memorandum de Sharem el-Sheij. Quisiera señalar con honestidad y sinceridad, que si en los próximos cinco meses no llegaremos a un acuerdo completo, es evidente que no lograremos un estatuto permanente hasta septiembre del año 2000. Es por esto que deberemos relizar muchos esfuerzos, siendo conscientes de las miradas que están puestas en nosotros. Se nos ha encomendado no escatimar ninguna posibilidad, conociendo todos los escollos del camino y todos los obstáculos, para que, al mirar de frente a nuestros hijos, podamos decirles que hicimos todo lo que estaba en nuestras manos. No nos equivoquemos, nuestros esfuerzos para establecer la paz continuarán estrellándose contra el desacuerdo terminante de los mismos agentes destructivos, los que se oponen al proceso de paz y que, deseosos de verlo fracasar a toda costa, se valen de todos los medios, por más injustificables que sean. Nosotros deberemos estar unidos para destruirlos. El terrorismo tiene como objetivo atentar contra inocentes. Permítanme aclarar de manera inequívoca que los ciudadanos y el gobierno de Israel esperan que sus socios palestinos continúen en su decidida lucha contra el terrorismo y contra su infraestructura. Nuestro deber lo cumpliremos a pesar del terrorismo, dondequiera que fuere y de todas las formas posibles. Este es el deber fundamental del gobierno de Israel, pero nosotros contamos también con la decidida lucha de la Autoridad Palestina contra el terrorismo, que debe ser un componente esencial del proceso de paz.

Diremos además que para evitar futuras crisis que puedan dañar las relaciones, deberemos formular un código de comportamiento junto a nuestros amigos de la Comunidad Internacional, y que guíe las negociaciones entre Israel y los palestinos. No permitiremos que paralelamente a las negociaciones directas se establezca contra nosotros una guerra diplomática desde el escenario internacional. Se trataría de una dualidad impermisible e insoportable. Por supuesto que no permitiremos el uso de amenazas, que conlleven a fines violentos. Los líderes de los pueblos deben comprender que además de las negociaciones se les ha encomendado la misión de mentalizar a los ciudadanos, preparándolos y formándolos para un mundo de paz. La paz se logra con educación. La paz representa un idioma en sí mismo. El idioma que los líderes dialogan con su pueblo, el idioma que utilizan los maestros con sus alumnos y el idioma que hablan los líderes religiosos con sus fieles. También llamamos a la comunidad internacional para que acompañe, respalde y apoye las gestiones de las partes en sus negociaciones directas para que creen un clima de impulso.

Dicho clima podrá ser logrado primeramente si se evitan posturas y pasos unilaterales que podrían decidir de antemano los resultados de las negociaciones sobre el status permanente. Si no se pone esmero en el cultivo de las relaciones no se lograrán adelantos. Y si una parte piensa que su postura recibirá el respaldo unilateral de factores internacionales, tampoco se obtendrán resultados. Es el deber de todos nosotros, los actores de la región y los que actúan fuera del marco regional, continuar apoyando el proceso de paz, reafirmando la economía palestina y dando un renovado impulso al proceso multilateral.

Quisiera señalar de manera inequívoca que en el marco de este proceso multilateral Israel no gana más que la creación de un clima que fomente el potencial de ambas partes, además de brindarles a todos los dirigentes de esta región la oportunidad de trabajar para su pueblo, ofreciéndole prosperidad y alivio en diversas áreas. Me complace ser uno de los mentores de este proceso, y recuerdo la notable Conferencia de Moscú, que realmente sirvió para abrir un camino de acercamiento entre las partes, prescindiendo de la hostilidad y del horror, y con el fin de fomentar una gama de áreas a beneficio de los pueblos y de los países. Nosotros esperamos que la comunidad internacional continúe cooperando con sus esfuerzos, como lo hacen los EE.UU. y la CEI, la Unión Europea y el Japón, esperando seguir contando con el acuerdo existente entre Egipto, Jordania, los palestinos e Israel, con el fin de brindar un renovado impulso al proceso multilateral. No brindemos la sensación que aparte del canal de negociaciones adoptado "bona fide" pretendemos cosechar dudas en la escena internacional sobre la posibilidad de paz entre nosotros. Que D-s no permita, pero si esto sucediera, nosotros mismos seríamos los responsables por haber actuado con desesperación. Y quién querría ayudar a aquellos que no son capaces entre ellos mismos de reconocer sus áreas positivas, tan esenciales para sus pueblos. De esto nos tenemos que acordar, recordándoselo a los demás.

Dentro de pocas semanas se realizará en Tokio la Conferencia de los Países Donantes. Tengo la esperanza que la Conferencia ayude a concretizar las expectativas que ha creado.

Nos encontramos en el umbral de un nuevo milenio, en el cual el mundo será más sofisticado, poseyendo más experiencia y más sabiduría. Esperemos que sea un mundo que busque la manera de solucionar conflictos en lugar de inflamarlos.

Para Israel, la ausencia de combate no significa la paz. La realidad futura que desearíamos construir en la región debe carecer de odios, destrucción, amenazas y violencia, y por ello Israel desearía que el mundo árabe le explicara su concepción de paz total: acaso se trata de cooperación, de confianza, de mutuo reconocimiento, de empatía por las necesidades de la otra parte o acaso la continuación del enfrentamiento por otras vías... Este diálogo, comenzado por nosotros, los israelíes y los palestinos, espero que sea comprendido por los demás en el sentido de que no existe una paz global si no emprendemos la marcha en el camino de la paz. Podría decirse que de todas las crisis que hemos pasado juntos hemos aprendido a conocernos muy bien, y esto es lo que quizá nos pueda ayudar para tener en consideración también las dificultades de cada uno. Ayer, el pueblo judío en Israel y en la Diáspora señaló el Año Nuevo y una plegaria unió a todos los judíos: "que sea el final de todas las difamaciones y que el comienzo del año traiga consigo bendición". Ojalá que este año entrante alcancemos esa tan ansiada paz en nuestra región. Llegó la hora que árabes y judíos se saluden mutuamente con una bendición que resuene de generación en generación, acto que nuestros patriarcas, ya a principios de la historia de nuestro pueblo, conocían tan bien, y cuyas lenguas tanto se parecen..."evenu shalom aleijem", "salam ualécum, alécum esalam"..."que haya paz"...

Muchas gracias

 
 
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