Las sinagogas marroquםes

7 sep 1999
 Revista de Artes y Letras de Israel - 1998/106
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Las sinagogas marroquíes

Ariella Amar

 
 
Cubierta de la Torá, Marruecos, 1923

 

 

 

Sinagoga Swirri, Tánger, 1850

 

 

 

Sinagoga Nahón, Tánger, 1878

 

 

 

Sinagoga Talmud Torá, Fez, siglo XIX

 

 

 

Cubierta de la Torá, Tánger, 1923

 

 

 

Cubierta de la Torá con la cúpula de la Roca, Sinagoga Bet El, Fez, 1952

 

 

 

Cubierta de la Torá, Tánger, 1942

 

 

 

Sinagoga Em Habanim, Sefrou, Marruecos

 

 

 

Sinagoga Negidim, Marrakesh, siglo XX

 

 

 

Entrada a una sinagoga en Tánger
 

El Centro de Arte Judío de la Universidad Hebrea de Jerusalén investiga sistemáticamente la historia, objetos ceremoniales, lugares de culto y cementerios de las comunidades judías de la diáspora. La autora del presente artículo dirigió recientemente un equipo de trabajo de campo en Marruecos.

Ningún análisis de las costumbres de Marruecos o de su comunidad judía, cuyos miembros abandonaron casi en su totalidad dicho país, puede ser completa sin la comprensión de uno de sus fenómenos más específicos: la veneración de los tzadikim, los hombres santos. Esta reverencia es compartida por los musulmanes, pero por razones diferentes. Los sermones pronunciados en las sinagogas marroquíes por sus líderes espirituales ejercen un considerable impacto en sus audiencias. Aún hoy, las peregrinaciones de los judíos de esta zona a las tumbas de los tzadikim están relacionadas con esas profecías de los rabinos. El tzadik es considerado piedra fundacional del mundo, y es quien transmite los juicios de Dios. Esta convicción está profundamente arraigada en el ritual y el folclore judeomarroquíes, y es la base de la creencia en el poder de intercesión del tzadik. Los principios que los rabinos de Marruecos impartieron de ese modo a sus contemporáneos y a las generaciones futuras combinaban una comprensión de las necesidades ajenas con la caridad, la esperanza en la redención y el amor al prójimo.

En Ouzan, una ciudad que ya no tiene población judía, Hassan, un empleado musulmán del cementerio, entonó ante nosotros todas las ziaras en hebreo. Las ziaras son cantos rituales que los peregrinos entonan ante la tumba del santo de Ouzan, Rabí Amram ben Diwwán. Cerca de esta tumba un montículo de piedras entre las que crece un árbol centenario hay una sinagoga cuyas paredes están decoradas con retratos de santos; se halla ubicada cerca de los retratos del rey y del príncipe heredero de Marruecos. El empleado, que cumple su tarea con obvio fervor, nunca olvida entregar a los visitantes velas que hay que encender mientras se recitan las plegarias. En Ouzan, como en todas partes, a los visitantes judíos se los lleva inmediatamente a la tumba del tzadik local. En Marruecos, los lugares de culto están típicamente construidos cerca de la tumba de un tzadik famoso, y la sinagoga de Ouzan no es una excepción.

En la plaza Jemaa el-Fna de Marrakesh se reúnen los comerciantes llegados de las áreas montañosas circundantes; relatores de historias, prestidigitadores, músicos, adivinos y encantadores de serpientes, atraen a una multitud creciente. La vestimenta varía. Algunos hombres usan ropas tradicionales, otros visten a la europea; las mujeres llevan a menudo un velo (haik) o un caftán, pero otras visten pantalones y no se cubren el rostro. El color dominante es el ocre rojizo de los edificios. Marruecos es una encrucijadal de culturas: beréber, árabe, española, portuguesa y francesa.

El barrio judío (mellah) de Marrakesh se encuentra muy cerca. El estilo rudimentario de las casas en toda la zona es también el del mellah: las paredes de arcilla roja, ligeramente irregulares, dan la impresión de no terminadas, al igual que las chozas enquistadas en las laderas que se funden en el paisaje del Marruecos meridional. Las casas y sinagogas de las antiguas comunidades judías del Atlas son todavía más rudimentarias que las de Marrakesh. El mellah fue abandonado hace mucho tiempo por las pocas familias judías que todavía permanecen en la ciudad.

La mayoría de las sinagogas de Marrakesh siguen en el mellah, que es ahora un barrio musulmán. La sinagoga Naguidim se construyó a fines del siglo XIX: una claraboya que atraviesa el techo es la única fuente de luz para sus tres pequeños cuartos. La entrada se hace por una puerta sin inscripciones situada en un oscuro callejón, y lleva directamente a un cuarto rectangular reservado para las mujeres. Las pequeñas habitaciones de la sinagoga forman una fila. La plataforma para la lectura de la Torá (tevá) se encuentra contra la pared que mira en dirección a Jerusalén. El arca se halla en el centro de la pared occidental. Bancos de arcilla roja cubiertos con telas coloreadas y almohadones se alinean a los costados. En el centro de la sinagoga, entre la tevá y el arca, hay una fila de asientos de madera.

La otra sinagoga en el mellah es la Alzama, construida a comienzos de siglo. Llama la atención el que forme parte de una serie de construcciones en torno a un amplio patio central, bien cuidado. El lado oriental ha sido embellecido recientemente con una galería para mujeres (ezrat nashim), lo que constituye una innovación en Marruecos, donde las mujeres tradicionalmente permanecían en la entrada de la sinagoga o en un cuarto separado. El arca original, de madera y móvil, ha sido reeemplazada por una de mármol situada a lo largo de la pared oriental. Los apuntes dibujados por el arquitecto Yaacov Finkerfeld en los años 50 demuestran que la galería de mujeres no existía en ese entonces, y que cuatro columnas dividían el interior en dos naves. Las paredes están pintadas; en general, la sinagoga suscita una sensación de intimidad mucho menor que la de Naguidim. En el piso superior de la sinagoga de Alzama se encuentran una yeshivá (academia talmúdica), un comedor de caridad y el centro comunitario. Una leyenda local dice que la sinagoga fue construida en el período del Segundo Templo por judíos que nunca habían vivido en Eretz Israel y no habían presenciado la destrucción del Templo. En consecuencia, no se aplicaban a ellos los rituales y prohibiciones que afectan a otros judíos, y comían carne en el todo período de duelo que va del 17 de Tamuz al 9 de Av (fecha en que ambos Templos fueron destruidos, según la tradición).

Esta misión investigadora, y dos anteriores que se ocuparon de las sinagogas y objetos ceremoniales de Marrakesh, son parte de un extenso proyecto auspiciado por el centro de Arte Judío de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que tengo el privilegio de dirigir. Debido a la gran cantidad de sinagogas en Marruecos, elegimos ocuparnos primero de las que todavía están en uso durante la semana o en shabat y festividades. El propósito de esta investigación es preservar el legado cultural litúrgico y material de las comunidades judías en su totalidad. El proceso de documentación incluye una descripción y un modelo dibujado a escala de las sinagogas y de los objetos cultuales, el estudio de su ornamentación, el desciframiento de inscripciones e iniciales, el registro de sus dimensiones y la identificación de materiales y métodos utilizados en su fabricación. Todo es fotografiado, e información y fotografías son registradas en el Índice de Arte Judío, un vasto depósito de temas de investigación destinado a investigadores, maestros, estudiantes y público general*.

El mellah de Marrakesh es sólo un ejemplo de los barrios estudiados en Marruecos. Las sinagogas se construyeron en general del mismo modo en todas las ciudades, y casi todas se hallan en callejuelas estrechas. Sus entradas no portan señales que indiquen que se trata de una casa de oración, aun cuando las puertas se abran a una amplia sinagoga pródigamente decorada.

El mellah más grande de Marruecos es el de Fez. Fue el primer barrio judío separado del país y su origen se remonta a 1438, durante el período de fanatismo religioso impuesto por la dinastía de los almohades. El sultán construyó un barrio separado para los judíos en Fez e-Dedid, cerca del palacio real, en un intento de proteger a la población judía. El origen de la palabra mellah no es claro. Puede referirse a terreno salado (del hebreo mélaj, sal) e inapto para la agricultura. Una explicación más horrible es que los judíos tenían la poco envidiable misión de salar las cabezas de los opositores al régimen antes de que las mismas fueran expuestas en la plaza del mercado. Cualquiera sea su etimología, la palabra se aplicó a todos los barrios judíos de las ciudades marroquíes.

Fez el-Bali (la Ciudad Vieja) poseía un barrio que otorgó a los judíos el fundador de la ciudad, Idris II, en el siglo IX. No poseemos información sobre las casas o sinagogas en el mismo. Una leyenda dice que el mayor filósofo judío de la Edad Media, Rambam (Maimónides), vivió allí en la segunda mitad del siglo XII.

Nuestra investigación reveló gran riqueza y diversidad en el diseño de objetos ceremoniales, a los que estudios previos de la comunidad marroquí en Israel no habían tenido acceso. Una explicación es que la inmigración masiva a Israel en la década de 1950 fue tan apresurada que los judíos no pudieron traer a su nueva patria los objetos que habían atesorado por siglos. Los pocos objetos llevados a Israel fueron rápidamente reemplazados por otros más modernos, fabricados en el país.

Nuestro estudio se propuso detectar las influencias islámica, beréber, española y europea en el diseño y decoración de sinagogas y objetos de culto de los judíos marroquíes. Las sinagogas construidas posteriormente por los inmigrantes marroquíes en Israel consisten en una mezcla de diversas tradiciones regionales, de modo que es casi imposible diferenciar las características peculiares de cada región. Un fenómeno semejante tuvo lugar en Casablanca, donde, a principios del siglo XX, la comunidad judía se componía de personas provenientes de diversas áreas. Allí las tradiciones iconográficas se fusionaron, y es imposible hallar una sinagoga representativa de las tradiciones de una zona particular. Para fines de clasificación, las tradiciones arquitectónicas y estilísticas de las sinagogas y objetos ceremoniales marroquíes fueron categorizadas como septentrionales, centrales o meridionales.

La simplicidad que caracteriza las sinagogas de Marrakesh y el sur de Marruecos, contrasta agudamente con la exhuberancia y tamaño de las de Marruecos septentrional, en particular en Tánger. Estas también se hallaban en el mellah, y en su mayoría se construyeron en la segunda mitad del siglo XIX. Estaban concentradas en una calle, la Calle de las Sinagogas, a la que se ha dado recientemente el nuevo nombre de Calle de la Sinagoga porque sólo una permanece abierta. Una puerta pequeña y discreta se abre a un callejón angosto que en modo alguno anuncia las dimensiones monumentales de la sinagoga. Como casi todas las de Tánger, es rectangular y dividida por columnas en tres naves. Hay un fresco de las Tablas de la Ley y una corona sobre el arca en la pared oriental, de modo similar a las sinagogas de Gibraltar. Una gran tevá de madera tallada se ubica cerca del lado oriental. La única excepción al modelo tangerino es la sinagoga Nahón, donde la tevá se encuentra en el centro de la pared meridional. Las paredes están pintadas de azul cielo o amarillo, y en ellas se inscribieron versículos de la Biblia que contienen el nombre del donante de la sinagoga. La sinagoga Assayag o Masat Mosheh es similar. Su nombre recuerda a su fundador, Moisés Azencot. La galería de las mujeres se extiende a lo largo de los lados norte, este y sur, y se abre a una terraza en la que se puede construir la sucá para la fiesta de los Tabernáculos (Sucot). La luz entra por una claraboya cuadrada y por las ventanas de la galería superior.

En ciudades del centro del país, como Fez y Meknes, las sinagogas son mucho más pequeñas pero están ricamente decoradas al estilo local. La sinagoga Em Habanim, en el mellah de Fez, fue construida en 1927 y renovada en 1932. Es rectangular, y la tevá se encuentra en la pared oriental. El arca, al parecer, era móvil. El edificio está habitado hoy por familias musulmanas.

La sinagoga Sadoun en Fez es una de las más lujosas que vimos en Marruecos, comparable en estilo a Em Habanim. Las paredes están totalmente cubiertas de estuco, y las ventanas tienen paneles de vidrio coloreado. La influencia del arte musulmán resulta obvia; las mezquitas, los edificios públicos como el palacio y las casas de Fez están decorados con estuco ornamentado y zelliges (azulejos) con motivos andaluces. Estos últimos también se encuentran en versión simplificada en la única sinagoga que queda en Sefrou, localidad que poseyó en su momento una importante y dinámica comunidad judía. Una de las sinagogas más antiguas de Marruecos es Ibn Danán en Fez, construida en el siglo XVII. La sinagoga no posee estucos y la tevá está incorporada a un tabique divisorio de madera tallada. Según la tradición, esta sinagoga fue construida por judíos expulsados de España en 1492 cuando los judíos locales se negaron a dejarles utilizar la suya.

Las diferencias regionales en la arquitectura y ornamentación sinagogales se reiteran en los objetos de culto. Por ejemplo, en el norte de Marruecos los rollos de la Torá se envolvían en una cubierta cónica de terciopelo (mapá) bordado con hilos de oro por artesanos profesionales. En Marruecos central, los rollos eran protegidos por un meil, un manto rígido cubierto de terciopelo ricamente bordado e hilos de oro, pero con motivos diferentes de los de las regiones del norte. El meil se colocaba sobre otra cubierta de tela simple. La comunidad de Fez colocaba los rollos de la Torá en dos cubiertas antes de envolverlas en un manto. En el sur, la cubierta de la Torá es sencilla, hecha de tela simple sin bordar. Los rollos se atan con una cuerda trenzada o hemla. Esta cuerda se usa diariamente para sujetar la cubierta de la Torá pero también en casas privadas, como protección contra el mal de ojo.

Los rimonim (remates metálicos colocados sobre las manijas de cada rollo de la Torah) se llaman tapujim, manzanas, y también difieren de una región a otra. En el norte, tienen a menudo forma de torres. En Marruecos central, están decorados con torres, motivos cincelados en cobre y, particularmente, bellísimos trabajos en esmalte polícromo que son exclusivos de esta región. En el sur, los remates son hexagonales y más cortos que en el norte, hechos con metal plateado de menor calidad y decorados con motivos florales mucho más simples.

Una característica común a todas las sinagogas marroquíes es la abundancia de quendils (candiles, lámparas de aceite en memoria de fallecidos), suspendidos de cadenas y rematados con un anillo de plata o cobre del que cuelga la lámpara. El pabilo ha sido reemplazado en muchos casos por bombillas eléctricas que permanecen prendidas todo el día.

Dos sinagogas de Tánger proporcionaron hallazgos de particular interés. Una es una ketubá de Shavuot (contrato de matrimonio para dicha festividad), en todo semejante a un acta matrimonial común salvo que el novio y la novia son Dios y el pueblo judío, y los testigos son Moisés y Aharón. Además del texto normal de la ketubá, figura un poema litúrgico sobre la unidad de Dios y los Hijos de Israel, escrito por Rabí Israel Nayara, un cabalista de Safed.

En general, nuestro trabajo en Marruecos llevó al descubrimiento de inesperados tesoros monumentales y espirituales, lo cual reclama una investigación adicional y más sistemática.

Traducción: Florinda F. Goldberg

* Véase Carl Schrag, "El Indice de Arte Judío de Jerusalén" , Ariel, No. 75, 1989.

Ariela Amar nació en Israel en 1958 y estudió historia del arte y judaísmo en la Universidad Hebrea. Actualmente dirige el departamento de arte sinagogal y ceremonial del Centro de Arte Judío de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Enseña historia del arte.