Operaciףn exitosa

1 sep 1999
 REVISTA SHALOM, 1998 / No. 2
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Operación exitosa
Oftalmólogos israelíes en África, ya más de 40 años

por Ruth Seligman

 
 
El Dr. Shai Kaplan se embarca en el Tren Oftalmológico
 

Ojos para ver el mundo a nuestro alrededor, trabajar, atravesar las calles y sendas de nuestras ciudades y pueblos, ver a nuestros seres queridos, y reclinarse y mirar el atardecer... la vista es uno de nuestros cinco sentidos (vista, olfato, gusto, tacto, oído), tan importante en nuestra vida diaria. Y la ceguera es un terrible mal. Algunas cegueras pueden prevenirse o lograr su mejoría con un tratamiento médico oportuno; a través de los años, los médicos israelíes han estado ansiosos de suministrarlo a los países en vías de desarrollo.

Un poco de historia

La historia de cómo Israel entró en la lucha de África contra la ceguera comenzó en 1959, cuando el difunto profesor Isaac C. Michaelson, en aquel entonces jefe del Departamento Oftalmológico del Centro Médico Hadassah-Universidad Hebrea de Jerusalén, diseñó un innovador programa con dos bifurcaciones, que demostraría rápidamente su efectividad.

El concepto del Prof. Michaelson se basaba en una fórmula, según la cual, especialistas israelíes en oftalmología serían enviados a países en vías de desarrollo a iniciar nuevos departamentos de oftalmología y ayudar a su personal, en tanto que al mismo tiempo, médicos y enfermeras de ese país pasarían cursos de formación especializada en oftalmología en Jerusalén. Al regreso a su país, ellos se harían cargo y operarían las unidades de tratamiento oftalmológico iniciadas por sus colegas israelíes.

Este modelo adquirió forma en 1960, cuando MASHAV y el Centro Médico Hadassah enviaron a seis médicos israelíes a establecer y a constituir el personal de un hospital oftalmológico de 30 camas en la capital de Liberia, Monrovia. Durante ese período, se trajo a Israel a siete médicos y enfermeras de Liberia para ser formados y reemplazar al personal israelí a su regreso a Monrovia.

En los años siguientes, bajo la tutela del profesor Hanan Zauberman, director del Departamento Oftalmológico de Hadassah en la actualidad, esta fórmula se extendería y alcanzaría a casi todos los otros países africanos (y a otros continentes), por ejemplo, en Malawi. Hasta 1964, Malawi -así como otros países africanos- no tenía ninguna institución para tratamiento de ojos. Ese año, Israel estableció una serie de clínicas oftalmológicas con médicos israelíes, en tanto que proveía capacitación oftalmológica en Jerusalén para médicos y enfermeras de Malawi.

En 1974, con este programa oftalmológico en plena acción, esta reportera tuvo el privilegio de entrevistar al Dr. Moses Chirambo, de Malawi, que por aquellos tiempos estaba haciendo su práctica de interno en Israel, como parte de un programa de formación oftalmológica comenzada y mantenida por MASHAV y el Centro Médico Hadassah. Joven y modesto, pero entusiasta y ambicioso, el Dr. Chirambo me contó con orgullo que él sería el primer oftalmólogo nacido en su país.

Recuerdo al Dr. Chirambo diciendo que, "los principales problemas de Malawi son -como en muchos otros lugares de África- las cataratas y la ceguera, tanto parcial como total, debido tanto a malnutrición, como asimismo a infecciones que no son tratadas adecuadamente".

El Dr. Chirambo estaba ansioso de finalizar su formación a fin de regresar a su país "a ayudar a mi gente". Estaba muy consciente de la importancia de las revisiones para descubrir ceguera y problemas potenciales de los ojos, e igualmente consciente de que, como él dijo, "hasta que los médicos israelíes no vinieron a Malawi, nuestra falta de especialistas significó que se podía hacer muy poco en el área de la acción preventiva".

En la actualidad, el Dr. Chirambo es Consejero Oftalmológico Nacional, trabaja en el Hospital Central de la capital, Lilongwe, y puede contar una historia diferente. Por ejemplo, cuenta acerca de los equipos de instructores israelíes que vienen a dar cursos en-el-lugar de cuatro meses de duración; éstos incluyen a veces la formación de asistentes oftalmológicos, un programa iniciado por él. "Necesitamos a esta gente", explica, "dado que la mayoría de la población de Malawi vive en zonas rurales alejadas y no puede obtener tratamiento médico adecuado. Extender estos servicios, es decir, internarse en la selva, es la única forma de proporcionar el cuidado y tratamiento necesarios".

Nuestro médico en Malawi actualmente

Médicos israelíes van también a Malawi, en misiones de larga duración: De dos a tres años. Uno de estos médicos ha sido el Dr. Shai Kaplan, un cirujano oftalmólogo del Hospital Beilinson de Petach Tikva, quien estuvo en Malawi desde noviembre de 1995 hasta fines de febrero de 1998, con base en Lilongwe, en cuyo Hospital Central ocupó el puesto de Oftalmólogo Jefe.

Una misión de largo plazo significa generalmente más que una gran dedicación. Proyectos innovadores que requieren muchos viajes y largas horas de abnegado trabajo son parte del compromiso. La estadía del Dr. Kaplan en Malawi no fue una excepción. Además de su trabajo en el Hospital Central de Lilongwe, él dirigió un mini servicio de oftalmología en Mzuzu, un pequeño pueblo a 400 Kms. de Lilongwe, a donde él viajaba cada mes para recibir en consulta y operar.

En Malawi, el Dr. Kaplan reunió también donativos para el establecimiento de una nueva sala de exámenes para el Departamento Oftalmológico del Hospital Central de Lilongwe. Este departamento recibió además, cuatro unidades de acondicionadores de aire: Regalo del gobierno de Israel.

Fuera de Malawi, el Dr. Kaplan, junto con otros dos médicos del Hospital Beilinson -Dr. Dov Weinberger y Dr. Moshe Luski- mantuvieron un campamento oftalmológico en Namibia durante tres semanas, a mediados de agosto de 1996. En el campamento -que fue organizado por el Ministerio de Salud de Namibia, en colaboración con la Embajada de Israel en Harare, y estaba situado en Oshakati, 700 Kms. al norte de Windhoek- los tres médicos operaron a 300 pacientes e implantaron más de 200 lentes intraoculares. Todo ello, en el espacio de tres cortas semanas.

Mozambique también se benefició de la experiencia médica y administrativa del Dr. Kaplan, quien efectuó cuatro visitas a su capital, Maputo, durante su estadía en Malawi. En la primera visita estuvo acompañado por el Prof. Yuval Yassur, jefe del Departamento Oftalmológico de su hospital, el Beilinson. En una segunda visita como "solista", el Dr. Kaplan disertó en la Escuela de Medicina de la Universidad de Maputo, y también examinó las necesidades del Departamento Oftalmológico del Hospital Central de Maputo. Durante su tercera visita, operó en el hospital. Este Proyecto Oftalmológico Maputo culminó en una visita de una semana de duración, a mediados de noviembre de 1997. Para esta misión de corto plazo, se unieron al Dr. Kaplan dos de sus colegas del Hospital Beilinson, el Dr. Dov Weinberger y la Sra. Dvora Goland, enfermera de quirófano. Los tres trabajaron con sus colegas de Mozambique y ayudaron a los médicos y enfermeras locales a pasar del sistema antiguo de operaciones de cataratas a uno moderno, efectuado bajo el microscopio. La Sra. Goland ayudó también a organizar al personal de enfermería oftalmológica y al personal de apoyo para que funcionaran con mayor efectividad.

"El Proyecto Maputo", rememora el Dr. Kaplan, "tuvo un éxito enorme, con muchos pacientes haciendo diariamente la cola". Agrega que "al final se efectuó una ceremonia en el Hospital Central de Maputo, en donde el Embajador de Israel, Gershon Gan (con residencia en Zimbabwe y además Embajador no-residente para Mozambique, Zambia, Botswana, Malawi y Namibia), entregó a nombre del gobierno de Israel una donación de 500 lentes intraoculares y materiales quirúrgicos desechables para su uso en cirugía oftalmológica".

Otro de los momentos cumbre, quizás uno de los más apasionantes en la entera misión del Dr. Kaplan, fue su participación en Zimbabwe en el Tren del Ojo, un proyecto concebido y organizado inicialmente por el Consejo de Zimbabwe para los Ciegos y por los Ferrocarriles Nacionales de Zimbabwe. Propósito del proyecto: Celebrar el centenario de los Ferrocarriles Nacionales, acercando servicios oftalmológicos modernos a todos los ciudadanos de Zimbabwe sin diferencia de lugar de residencia.

En enero de 1998, el Consejo para los Ciegos de Zimbabwe hizo una petición a Israel a fin de obtener los servicios del Dr. Kaplan. Israel, a través del Embajador Gan y su Embajada en Harare (la capital de Zimbabwe), respondió favorablemente. Israel también suministró al tren un donativo de lentes intraoculares, materiales quirúrgicos desechables para las operaciones y medicamentos.

El tren, que funcionó desde noviembre de 1997 hasta fines de febrero de 1998, partió de Harare y viajó a través de todo Zimbabwe. El Dr. Kaplan se incorporó durante un trayecto de diez días -del 22 de enero al 2 de febrero de 1998- de Harare a Mutare, con paradas en Marondera y Rusape.

La selección inicial de los pacientes fue hecha por personal del Consejo para los Ciegos de Zimbabwe, cuyos funcionarios clínicos vieron entre 100 a 500 personas al día. Aquéllos cuya condición hacía necesaria una intervención quirúrgica, fueron operados en el tren al día siguiente de su examen.

En el tren, el Dr. Kaplan realizó de 10 a 15 operaciones diarias, y vio además a otros 10 a 20 pacientes en consulta cada día. Él y su equipo -un médico, dos enfermeras de quirófano y dos trabajadores de quirófano subalternos locales- trabajaron sin parar desde temprano en la mañana hasta altas horas de la noche, siendo la norma dos o tres turnos. Trabajaron, comieron y durmieron en el tren, que tenía cinco vagones: Dos fueron usados de dormitorios, uno de cocina/comedor, uno fue utilizado de clínica para pacientes externos y el último, de quirófano.

El noventa por ciento de las operaciones fueron para extirpar cataratas, con extracción de los lentes opacados e implantación de nuevos lentes de silicona. El diez por ciento restante fueron operaciones por traumas, corrección de glaucomas y reconstrucción menor de párpados. Todas las operaciones fueron realizadas con anestesia local, ya que no se contaba con instalaciones para dar anestesia total. No obstante, el Dr. Kaplan llevó a cinco pacientes al Hospital del Distrito de Marondera para operarlos con anestesia total. Tres de estos pacientes eran niños y dos, adultos. "Dado que todos estos adultos tenían sólo un ojo", explica el Dr. Kaplan, "no quise correr el riesgo de anestesia local".

Aun cuando la mayoría de los operados en el tren tenían sesenta o más años, se atendió a pacientes de todas las edades para examen y consulta. Los problemas vistos incluyeron cataratas, dificultades de refracción, glaucoma, tracoma y problemas en los párpados. Aquéllos con cataratas y glaucoma fueron operados, mientras que la mayoría de los afectados por tracoma fueron tratados con medicamentos. Aunque no se realizó cirugía plástica en el tren, quienes la necesitaban fueron enviados a hospitales con unidades oftalmológicas.

Además del diagnóstico y tratamiento en el lugar, se recetaron anteojos a quienes los necesitaban, en especial gafas de lectura, que se vendían muy barato en el tren. Con excepción de un pago mínimo por los anteojos recetados, todos los tratamientos, consultas y operaciones fueron gratuitos.

El Dr. Kaplan hace hincapié en que, "sin ninguna duda, el tren oftalmológico fue un operativo muy exitoso. El nivel de ejecución fue más allá de mis expectativas, comenzando por el personal oftalmológico altamente calificado y pasando por el equipo bien mantenido, el nivel de esterilización y la dedicación del personal local a sus pacientes". A su vez, el personal médico local y funcionarios del gobierno alabaron la participación del Dr. Kaplan, "que llevó el tratamiento de los ojos", dijeron, "a un nivel disponible normalmente sólo en grandes ciudades".

El Dr. Kaplan también hizo notar la abrumadora reacción de la gente a lo largo de la ruta. "Antes de arribar, se hacían anuncios por la radio y por un coche con megáfono, que pasaba a través de cada aldea avisando nuestra llegada. El resultado: Los aldeanos acudían en cada parada en multitudes, deseosos y anhelantes de ser examinados y tratados".

El Dr. Kaplan agrega que, "con fondos y ayuda internacional, este tren podría convertirse en un evento anual, uno que ya ha demostrado que es una manera valiosa y significativa para llegar a gente necesitada y que les ofrece cuidados y tratamiento oftalmológico de alta calidad".

"Por supuesto que era difícil llegar a conocer a los pacientes", admite con sinceridad el Dr. Kaplan, "debido a la gran cantidad que veíamos y operábamos cada día, aunado al hecho de que el tren partiría al pueblo próximo al día siguiente de cada consulta y/o operación. Además, los pacientes eran extremadamente recatados y no entraban libremente en conversación. Sin embargo, era obvio por la expresión de sus rostros, que estaban muy agradecidos y apreciaban nuestros esfuerzos".

Al comentar su propia participación, el Embajador Gan resumió la esencia y significación de la asistencia israelí a África. "El observar a gente cuya vista les es restaurada y el escuchar sus expresiones de gratitud por el trabajo de nuestros oftalmólogos israelíes ha sido una de las experiencias más edificantes y emotivas de mi trabajo en el servicio diplomático". Sentimientos similares son compartidos por todos aquellos israelíes que, como el Dr. Kaplan, están teniendo un papel vital en ayudar a África a luchar contra el azote de la ceguera.

Después de cuatro décadas de continua cooperación y asistencia, la obra comenzada por el difunto Prof. Michaelson continúa dando frutos: El tratamiento y corrección de afecciones oculares; la formación de oftalmólogos y enfermeros en países en donde ese tipo de personal era inexistente anteriormente; y el establecimiento de marcos de prevención para salvar la vista, inclusive el control de enfermedades infecciosas, que -si se dejan sin tratar- conducen a la ceguera.