Los lectores asiduos de ARIEL comprobarán que la presente edición está nuevamente dedicada al tema de Israel y el Islam, al igual que la anterior. No nos disculpamos por ello. La importancia del asunto y la cantidad de material acumulado nos hicieron comprender enseguida que no podíamos hacer justicia al tema en un solo número. A decir verdad, probablemente tampoco podríamos hacérsela en diez.
Tal como lo señaláramos en las Palabras del Editor de la edición anterior, nuestro destino aquí, en Israel, se encuentra inextrincablemente ligado al medio musulmán en que vivimos. Mientras escribimos estas líneas, el país se encuentra sumido en un prolongado y difícil proceso de negociaciones y contactos -abiertos y encubiertos, y a diferentes niveles- con algunos de nuestros vecinos árabes: los palestinos, El Líbano, Siria y otros, además del diálogo en curso -algunas veces dificultoso, otras más fácil- con los países con los que tenemos relaciones pacíficas: Egipto, Jordania y Marruecos.
No existe una solución fácil o rápida para los problemas que durante generaciones han asolado esta parte del Medio Oriente. Sin embargo, sólo podemos esperar que los contactos culturales, que no son pocos, allanen a su debido tiempo el camino a los acuerdos políticos que, de una vez por todas, permitan a los países de la región encauzar sus esfuerzos creativos hacia la convivencia pacífica y lograr que las palabras del profeta Isaías se hagan finalmente realidad en nuestros días:
"Porque con alegría saldréis y con paz seréis vueltos;
los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros,
y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso".
(Isaías 55:12)
"No alzará espada nación contra nación
ni se adiestrarán más para la guerra".
(Isaías 2:4)
Jerusalén, Julio 1998
Asher Weill