Tesoros ocultos

7 sep 1999
 Revista de Artes y Letras de Israel - 1998/106
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Tesoros ocultos
100 Centenario del descubrimiento de la Guenizá de El Cairo

Víctor Bochman

 
 
El Profesor Solomon Schechter examina fragmentos de la Genizah en la Biblioteca de la Universidad de Cambridge, 1898-9

 

 

 

Fragmento de la Genizah - amuleto

 

 

 

La Biblia en caracteres árabes
 

La reverencia al nombre de Dios, característica del judaísmo, es una de las principales razones que explican la alta estima judía por la palabra escrita. Resultaba inconcebible que judíos destruyesen el manuscrito de un texto sagrado, ya que el nombre de Dios aparecía repetidas veces en él.

Pero qué hacer con documentos innecesarios o dañados, sean libros o rollos, o con textos que los rabinos declararon perniciosos o contradictorios de los dogmas judaicos? Esos escritos solían enterrarse en los cementerios, y algunas comunidades judías han mantenido dicha costumbre hasta el día de hoy. Sin embargo, el modo principal de mantener guardados textos fuera de uso, tanto manuscritos defectuosos o heréticos como documentos obsoletos, era colocarlos en cámaras especiales o nichos en los altillos de las sinagogas. Esas cámaras se llaman guenizah (literalmente: escondite), nombre derivado de la raíz hebrea gnz, de donde proviene el verbo lignoz, ocultar.

Todas las sinagogas antiguas y medievales poseían su propia guenizah. Cuando ésta se llenaba, se la sellaba para siempre, o al menos esa era la intención. En el siglo XIX, sin embargo, la reparación o destrucción de algunas sinagogas del Medio Oriente hizo que se abrieran sus guenizot, y su contenido fue trasferido a manos de coleccionistas e investigadores. Se descubrió así que las guenizot contenían ejemplares únicos de diversos textos: tratados teológicos y científicos en hebreo, antiguos y medievales, obras literarias y otros muchos documentos interesantes. La más grande de las guenizot halladas hasta la fecha es la de la sinagoga Ezra en El Cairo, comúnmente denominada Guenizah de El Cairo. Fue descubierta hace poco más de cien años, en 1896, y la importancia de su descubrimiento puede equipararse a la de los Rollos del Mar Muerto en 1947, ya que la trascendencia del cotenido de la guenizah para la historia medieval judía es semejante a la de los Rollos del Mar Muerto para la historia del cristianismo temprano.

La inmensa cantidad de documentos de la Guenizah de El Cairo (más de un millón) y la extrema variedad de su contenido son fáciles de explicar: durante muchos siglos, El Cairo desempeñó un importante papel en lo económico, lo político y lo cultural , ya que era uno de los principales centros mesorientales. Su comunidad judía ocupaba, en consecuencia, una posición de liderazgo sobre otras comunidades judías, no sólo en Egipto -uno de los países más antiguos de la Diáspora judía sino en el Medio Oriente en general.

Poco después de la conquista árabe de Egipto, a fines del siglo VII, la nueva ciudad de Fostat se convirtió en el centro administrativo del país, y continuó siéndolo hasta que la ciudad de El Cairo se construyó en sus proximidades, en el siglo X. En 882, los judíos de Fostat compraron un edificio en ruinas que había sido la iglesia copta de San Miguel, lo repararon y lo convirtieron en una sinagoga llamada Ezra.

Durante muchos siglos, la guenizah de la sinagoga Ezra se fue llenando. Unos 1.000 años después de su fundación, comenzaron a difundirse en Europa noticias sobre su existencia. Algunos testimonios anteriores, como el del poeta Simon von Heldern en el siglo XVIII, no atrajeron la atención de los estudiosos de su época.

De este modo, dos coleccionistas Jacob Saphir (1832-1886) y Abraham Firkovich (1787-1874) pueden ser prácticamente considerados los descubridores de la guenizah. Ambos la visitaron ya en 1864, pero no supieron entonces estimar su importancia. Jacob Saphir, comerciante en libros, estaba interesado en manuscritos en buen estado de cuya venta pudiese obtener un buen bebeficio. Pero la guenizah contenía sobre todo fragmentos, y en las condiciones existentes humedad, barro, polvo, roedores e insectos inclusive el papel o el pergamino de buena calidad se hallaban en un constante proceso de deterioro. Ni siquiera los manuscritos antiguos podrían atraer compradores, debido a su desagradable apariencia y al costo de su eventual restauración. En consecuencia, Saphir pasó muy poco tiempo en la sinagoga Ezra y se llevó consigo sólo unas pocas hojas.

Abraham Firkovich era un caraíta ruso, muy conocido ya entonces entre los investigadores como viajero y coleccionista; había vendido una gran colección de manuscritos hebreos a la Biblioteca Pública Imperial de San Petersburgo. Se interesaba en todo tipo de documentos relacionados con la historia judía y especialmente con la de los caraítas, ya se tratara de un texto completo o de un fragmento, bien preservado o no. Había estudiado fragmentos en otra guenizah de El Cairo, la de la sinagoga caraíta, en mayo-junio y en septiembre de 1864. Tras concluir allí su labor, se propuso examinar la guenizah de la sinagoga Ezra. Los dirigentes de la comunidad judía de El Cairo no pusieron objeciones al historiador caraíta. Firkovich le escribió a su yerno, Gabriel Firkovich, acerca de sus planes de estudiar esa guenizah, pero parece que interrumpió su trabajo repentinamente, probablemente debido a una enfermedad. Tenía ya 77 años y se había sentido mal después de tres semanas de investigaciones en la guenizah caraíta. Al volver a Rusia, llevó consigo algunos documentos de la sinagoga Ezra. Tras su muerte, esos fragmentos, junto con manuscritos de la guenizah caraíta y otros, fueron adquiridos por la Biblioteca Pública Imperial Rusa y archivados con el nombre de Segunda Colección Firkovich (la Primera Colección Firkovich había sido vendida a la misma biblioteca por el propio Firkovich en 1862).

 
 

Carta de Moisés Ben Maimón (Maimónides - el Rambam) (1135 - 1204)

 

 

 

Carta de Moisés Ben Maimón (Maimónides - el Rambam) (1135 - 1204)
 

A comienzos de la década de 1890, llegaron a bibliotecas europeas y a coleccionistas privados otras páginas de la guenizah. Las reparaciones de la sinagoga Ezra, emprendidas en 1890 por los dirigentes de la comunidad judía de El Cairo, motivaron la apertura temporal de la guenizah, y en poco tiempo unos cuantos coleccionistas se llevaron algunos de sus tesoros. Entre ellos estaban el Prof. David Kaufmann, rector de la Escuela Superior Rabínica de Budapest; Eikan Nathan Adler, historiador y viajero de Londres; y el Archimandrita Antonin (Andrei Kapustin), jefe de la Legación de la Iglesia Ortodoxa Rusa en Jerusalén. Actualmente, la colección Kaufmann se halla en la biblioteca de la Academia Húngara de Ciencias, y la de Adler en la Biblioteca Pública Estatal de San Petersburgo. Algunos documentos llegaron también a la Biblioteca Bodleiana en la Universidad de Oxford.

Pero la mayor parte de los documentos de la Guenizah de El Cairo se encuentran en la Biblioteca de la Universidad de Cambridge, que posee más de 140.000 fragmentos, de un total de 250.000. La biblioteca recibió esos tesoros por un golpe de suerte.

En 1896, dos viajeras inglesas que visitaban Egipto, Agnes Smith Lewis y Margaret Dunlop Gibson, adquirieron algunos fragmentos de Guenizah de El Cairo. Al volver a Inglaterra en la primavera de 1896, mostraron sus adquisiciones al Prof. Solomon Schechter de la Universidad de Cambridge, para que los identificara.

Solomon Shechter, la persona que jugó un papel fundamental en la adquisición de los materiales de la guenizah y en su estudio, había nacido en el seno de una familia jasídica en 1847 (según otras fuentes, en 1849), en el pueblo de Fokshany, Rusia. Se educó al modo tradicional judío, en academias rabínicas de Rumania y Polonia; como era muy dotado y tenía gran avidez por aprender, continuó sus estudios en escuelas superiores judías de estilo moderno: el Beit Hamidrash de Viena y la Escuela Rabínica Superior de Berlín; además, asistió a clases en las universidades de Viena y Berlín. Entre los profesores de su tiempo se contaban eminentes hebraístas como Abraham Jettinek, que había publicado una colección de midrashim (comentarios narrativos y alegóricos a la Biblia), y el Prof. Moritz (Moshe) Steinschneider, pionero de la bibliografía judaica. Tras años de asiduos estudios, Schechter añadió a su educación rabínica el conocimiento de las principales lenguas europeas y dominó la metodología filológica. Publicó algunos textos hebreos medievales y obtuvo reconocimiento como experto en estudios semíticos. En 1882 fue invitado a Londres como maestro privado de hebreo, y entre 1890 y 1902 dictó clases de literatura rabínica y talmúdica en la Universidad de Cambridge. En 1902 fue nombrado rector del Seminario Teológico Judío de Nueva York, cargo que ocupó hasta su muerte en 1915. Además de dedicar mucha atención a la historia judía, se interesó también por los problemas del judaísmo y fue uno de los pioneros del movimiento judío conservador en los Estados Unidos.

El 13 de mayo de 1806, día en que las dos viajeras mostraron a Schechter sus fragmentos de la guenizah, se convirtió en una fecha famosa en la historia de los estudios judaicos. Entre los fragmentos había una hoja antigua que causó real sensación. Schechter la identificó como un fragmento del Libro de Sabiduría atribuido a Ben Sira, un sabio judío del siglo II a.e.c. Dicho libro, traducido al griego, se convirtió en parte del canon bíblico cristiano, pero el original hebreo se consideraba perdido, y muchos estudiosos dudaban inclusive de su existencia. El descubrimiento de Schechter atrajo inmediatamente la atención de sus colegas, y se localizaron otros fragmentos en la Biblioteca Bodleiana, el Museo Británico y otros sitios. Todos esos fragmentos tenían un origen común: la Guenizah de El Cairo.

Schechter decidió viajar a Egipto con la esperanza de encontrar otros fragmentos del texto original de Ben-Sirah. Su viaje fue patrocinado por el Dr. Charles Taylor, un matemático de St. Johns College en la Universidad de Cambridge, y estudioso profundamente interesado en la historia judía.

En diciembre de 1896, Schechter partió hacia El Cairo. Llevaba consigo cartas de recomendación del Rabino Principal de Gran Bretaña, Dr. Herman Adler, para el Rabino Principal de El Cairo, Aharón Ben Shimón, y del vicecanciller de la Universidad de Cambridge para el presidente de la comunidad judía de El Cairo, Joseph Kattawi, a fin de obtener acceso a la guenizah. Ésta se hallaba en una estrecha cámara sin puertas ni ventanas, al final de la galería de la sinagoga. Sólo podía llegarse a ella a través de un gran agujero en la pared, al que se accedía mediante una escalera de mano. La cámara estaba llena de fragmentos que levantaban nubes de polvo apenas se los tocaba, y, naturalmente, no tenía luz. En esas condiciones tuvo que trabajar Schechter. Gracias a su gran erudición y entusiasmo, pudo sin embargo clasificar los contenidos de los fragmentos durante su estadía en El Cairo. Los dirigentes de la comunidad judía aceptaron transferir los materiales a la biblioteca de la Universidad de Cambridge, y en la primavera de 1896 Schechter se llevó consigo 104 cajas atestadas de manuscritos antiguos.

Un año después, el 14 de junio de 1898, los síndicos de la Biblioteca de la Universidad de Cambridge tomaron la decisión de comprar los documentos que Schechter había llevado y denominarlos Colección Taylor-Schechter. En noviembre de 1899 el consejo universitario ratificó esta decisión.

Hasta su partida hacia América en 1902, Schechter continuó estudiando los fragmentos de la guenizah. El mayor problema era identificarlos. Aun los manuscritos medievales completos carecían casi siempre de portada, y gran parte del material estaba constituido por hojas sueltas o fragmentos de hojas.

No resultó difícil identificar fragmentos bíblicos y talmúdicos, así como los que pertenecían a libros de oraciones, pero el contenido de la guenizah era muy diverso y su estudio requería una gran erudición. Por ejemplo, para identificar el fragmento del Libro de la Sabiduría de Ben-Sirah no bastaba saber hebreo, puesto que la versión hebrea del mismo no se había conservado. Schechter comparó el texto hebreo desconocido con las antiguas traducciones al griego, latín y siriaco. En 1899, Schechter y Taylor, habiendo reunido todos los fragmentos, publicaron el Libro de la Sabiduría en su totalidad. Schechter también publicó una colección de textos únicos originarios de sectas judías medievales, así como algunas obras litúrgicas.

Schechter dedicó cada momento que le dejaba libre su actividad docente (excepto en shabat y festividades) a examinar los fragmentos en la biblioteca. Inevitablemente, al hacerlo inhalaba un polvo pernicioso que, pese a que utilizaba una especie de respirador, minó progresivamente su salud.

Los eruditos europeos se interesaron por el material procedente de la guenizah desde su aparición. La razón principal de su interés residía en la diversidad de su contenido. En primer lugar hay que destacar el gran número de documentos medievales, oficiales y privados (sobre todo provenientes de las comunidades judía mesorientales). Baste decir que antes del descubrimiento de la Guenizah de El Cairo, ninguna biblioteca europea contenía documentos de ese tipo. El descubrimiento aportó miles de materiales diversos: actas comunitarias, registros de tribunales rabínicos, títulos de propiedad, de alquiler y de donaciones, reconocimientos de deudas, contratos de matrimonio (ketubot), cartas personales, etc. En su mayoría, se remontan a los siglos X-XIII, período escasamente representado en las fuentes judías escritas. Los hallazgos de la guenizah arrojaron nueva luz sobre la historia de las comunidades judías egipcias en el período de los califas Fatimidas (siglos X-XII) y los sultanes Ayubidas (siglos XII-XIII). Se halló un importante cuerpo de documentos relativos a la historia de los judíos de Palestina en esa época, y sus relaciones con los cruzados. Los materiales de la guenizah demostraron de forma espectacular el gran papel que desempeñaron los judíos en la vida económica y cultural del Medio Oriente medieval, y aportaron pruebas significativas acerca de las buenas relaciones que prevalecían entre judíos y árabes.

Hay que destacar que los hechos y datos descubiertos en la guenizah se refieren tanto a comunidades enteras como a individuos. En los documentos se mencionan centenares de personas antes desconocidas, y a menudo resulta claro que desempeñaban un papel dirigente en las comunidades. Pero los documentos aportan también muchas veces nueva información sobre personalidades conocidas, como el teólogo y filólogo Saadia ben Yosef al-Fayumi (892-942), el gran poeta Yehudá Haleví (c. 1080-1145) y el más importante filósofo y médico judío medieval, Rabí Moshé ben Maimón (Maimónides o Rambam, 1135-1204). Por ejemplo, antes del descubrimiento de la guenizah se poseían muy pocas líneas autógrafas de este último, y en la guenizah se hallaron más de 30 textos, algunos de los cuales incluyen su firma; también hay borradores de sus obras, entre ellas comentarios a algunos tratados de la Mishnah y algunas cartas.

Aparentemente, la conversión de gentiles al judaísmo fue virtualmente imposible en la Europa medieval. No obstante, fuentes europeas registran algunos casos, en su mayoría cristianos conversos ejecutados por la Inquisición. En la guenizah se encuentra el interesante testimonio de una conversión con final feliz. En 1102, un sacerdote católico llamado Johannes, de la ciudad de Oppido en el sur de Italia, donde sus antecesores normandos se habían radicado en el siglo X, se convirtió al judaísmo en Alepo, adonde había llegado durante una de las Cruzadas. Adoptó el nombre de Ovadiah en honor de su pueblo natal, aprendió hebreo, se convirtió en cantor litúrgico y viajó a Bagdad, Damasco y Eretz-Israel. El investigador húngaro Alexander Scheiber publicó su historia, a partir de fragmentos de la guenizah hallados en diferentes bibliotecas en los que él mismo narra su conversión. Como cantor, Ovadiah copió un libro de oraciones en hebreo y le agregó la notación musical europea de la época; desgraciadamente, en la guenizah se encontró sólo la última hoja de ese manuscrito. Aun así, se trata de una fuente única tanto de historia judía como de historia de la música, y constituye el texto más antiguo conocido con notación musical europea.

La importancia de los documentos de la guenizah no se limita a la historia de los judíos en el Medio Oriente. Existe una voluminosa e interesante correspondencia entre judíos de esta región y sus correligionarios en Europa, India y Noráfrica. Muchos documentos se han convertido además en fuente única para la historia general del Medio Oriente, por contener importante información sobre el mundo árabe-musulmán y cristiano.

Por ejemplo: en 1135 el gobernante musulmán de Kish, una isla del Golfo Pérsico, intentó conquistar el importante puerto marítimo de Aden, en el sur de la Península Arábiga. Dos cartas de comerciantes judíos contienen muchos detalles sobre este asunto, incluidas descripciones de los barcos (y hasta el número de marineros en cada uno) y la fecha en que tuvo lugar, que no resultaba clara en las crónicas árabes.

Dov Goitein (1900-1985) estudió en universidades alemanas, llegó a Eretz Israel en la década de 1920, y posteriormente fue uno de los fundadores del Instituto de Estudios Asiáticos y Árabes de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Sus intereses académicos eran muy amplios: publicó obras biográficas árabes medievales y registros de folclore moderno, escribió monografías sobre la historia de la educación judía y sobre el judaísmo yemenita. Pero su obra principal, basada en documentos de la guenizah, fue una inmensa monografía en cinco volúmenes, "La sociedad mediterránea", que describe aspectos sociales, económicos, políticos y culturales de las comunidades judías mediterráneas en los siglos X-XIII. Uno de sus discípulos, el Prof. Mordejai A. Friedman de la Universidad de Tel Aviv, está preparando otra obra importante de Goitein; se trata de un libro sobre el comercio entre Europa, los países mediterráneos y la India en la Edad Media, basado en más de un millar de documentos de la guenizah.

En 1962, un medievalista norteamericano, el profesor Norman Golb, se hallaba estudiando una antigua carta preservada bajo un vidrio en la Biblioteca de la Universidad de Cambridge. Le interesaban especialmente algunos nombres extraños entre las firmas, que no estaban en árabe ni en hebreo. El texto estaba dañado por el barro y la humedad, y resultaba difícil descifrarlo. Una fotografía ultravioleta de la carta le permitió leer el nombre de la ciudad donde ésta se escribió: Kiev. Este documento constituye el testimonio más antiguo (siglo X) de la presencia de una comunidad judía en la ciudad ucraniana.

 
 

Texto hebreo de Ben Sira

 

 

 

Texto hebreo de Ben Sira
 

La parte no documental de la guenizah incluye una amplia variedad de literatura judía antigua y medieval: fragmentos bíblicos y talmúdicos, tratados teológicos, textos litúrgicos, obras científicas y filosóficas, poesía y prosa, folclore y ocultismo. La guenizah ha ampliado particulamente nuestro conocimiento de la literatura judía medieval (hebrea, judeoárabe, y hasta yidish), pues en ella se hallaron centenares de obras de docenas de autores anteriormente desconocidos. Entre estos figuran poetas tan dotados como Said ben Babshad (siglos X-comienzos del XI); en las dos guenizot de El Cairo, la del cementerio caraíta Al-Basatin por Abraham Firkovich, y la de la sinagoga Ezra por Solomon Schechter, se encontraron partes de su Libro de la Sabiduría. Schechter publicó su fragmento en 1890, y otros investigadores hallaron y publicaron posteriormente fragmentos adicionales. La obra es de gran interés tanto literario como filosófico; no se conocen otras de Ben Babshad, ni figura su nombre en otras fuentes. Un investigador ruso, Leib Vilsker, descubrió unos 200 poemas previamente desconocidos de Yehudá Haleví en la Biblioteca Pública Estatal de San Petersburgo.Una de las obras literarias hebreas más populares en la Edad Media fue Tajkemoní, colección de maqamot (historias de entretenimiento en prosa rimada) compilada en el siglo XIII por el célebre poeta Yehudá Al-Jarizi. Tajkemoní había sido publicada muchas veces, pero en todas las ediciones quedaban palabras y pasajes incomprensibles. Guita Gluskind, profesora adjunta de hebreo en la Universidad de Leningrado (hoy San Petersburgo), estudió la colección Firkovich durante muchos años y halló sus variantes originales, lo que permitió la reconstrucción final del texto.

Los judíos de Medio Oriente vivieron durante más de un milenio entre árabes, y hablaban y escribían en esa lengua. Además de sus propias creaciones, también transcribieron obras literarias árabes, tratados científicos y aun libros teológicos musulmanes en caracteres hebreos. En la guenizah se han encontrado algunas obras árabes desconocidas. Por ejemplo, el autor de estas líneas ha identificado fragmentos de una historia de amor entre un califa omeya, Al-Walid II (743-744) y una mujer llamada Salma, de la que anteriormente sólo se conocía el título. Uno de los fragmentos menciona una fecha exacta, el año 1240.

El rico acervo de material lingüístico que contienen los manuscritos de la guenizah incluye tipos no habituales de puntuación en hebreo, obras desconocidas de gramática y lexicología hebrea y fuentes para la historia de los dialectos árabes. La guenizah ha preservado también fragmentos y documentos en árabe, en buena parte sobre medicina. La fuente más probable de esos fragmentos médicos puede haber sido la biblioteca personal de médicos judíos medievales. Entre ellos hay algunos manuscritos únicos, como el trabajo farmacológico de un médico del siglo XI, Ahmad Ibn Al-Djazzar.

Además de manuscritos y documentos provenientes de bibliotecas judías medievales privadas, la guenizah ha conservado también relaciones de libros que dan una idea del contenido de dichas bibliotecas. Se han publicado más de 30 de esas listas, aunque no en todos los casos conocemos el nombre de sus propietarios.

En conclusión, hay que destacar que los materiales de la guenizah reflejan aspectos de la vida judía en muchos países del mundo medieval (especialmente los del Medio Oriente) y que constituyen una fuente irremplazable para el conocimiento de la historia y la cultura judías de la época. En los cien años transcurridos desde el descubrimiento de la Guenizah de El Cairo, investigadores de muchos países han publicado gran cantidad de sus textos y contribuido así a diversas áreas científicas. Pero la documentación de la guenizah es virtualmente inagotable, y muchas generaciones de expertos tendrán que acudir a ellas para estudiarla en el futuro. Durante décadas, una de las dificultades que se planteaban era que distintas partes de un manuscrito se encontraban en diferentes bibliotecas. Actualmente, la mayoría de los textos se hallan microfilmados en la Biblioteca Nacional y Universitaria Judía de Jerusalén. Por otra parte, la moderna tecnología fotográfica posibilita una lectura más precisa.

El estudio de las guenizot del Medio Oriente por parte de investigadores de diversos países contribuirá a una mejor comprensión de la cultura judía medieval.

Traducción: Florinda F. Goldberg

Víctor Bochman nació en Leningrado en 1940 y se graduó en la Universidad de esa ciudad. Fue encargado de los manuscritos hebreos y árabes de la Biblioteca Estatal Pública de Leningrado y director del Instituto de Cultura Judía. Llegó a Israel en 1992 y es autor de unos 80 artículos y diez libros.