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Un dםa en la vida de Janania Nothos

7 sep 1999
 Revista de Artes y Letras de Israel - 1998/106
 EDITOR | GENIZA | SALOMON | MOGADOR | TEATRO | ARTE OTOMANO |  FRIEND | QUMRAN | BEN-ZVI | SINAGOGAS | ELIRAZ | RESEÑAS
 
     
Un día en la vida de Jananiá Nothos

Maguén Broshi

 
 
Manual de Disciplina, uno de los primeros siete rollos originales, Qumran

 

 

 

 

 

Reconstrucción anatómica de un hombre de alrededor de 65 años, a partir de un cráneo exhumado en el cementerio de Qumrán, elegido para representar a Jananiá Nothos

 

 

 

 

 

Papiro con las plegarias diarias

 

 

 

 

 

El comentario de Habacuc, uno de los 12 profetas menores, 30-1 A.E.C

 

 

 

Mikve, uno de los diez baños rituales encontrados en Qumrán, véase nota 25

 

 

 

Tinteros de arcilla, Qumrán, probablemente del scriptorium (habitación de los escribas)
 

Cuando Jananiah Nothos se despertó, afuera todavía estaba oscuro. Ni él ni los compañeros que compartían con él la cueva, tuvieron que cambiarse - llevaban la misma ropa día y noche. Tras lavarse las manos, se dirigieron apresuradamente al lugar donde se rezaban las oraciones de la mañana. En el altiplano, cerca del centro comunitario, había un grupo de unas 120 personas; la mayoría vivían en las cuevas, sólo unos pocos ancianos e inválidos residían en el centro. Estaban de pie mirando al este, hacia el sol naciente, y llevaban unas sandalias gastadas y unas vestiduras blancas hechas harapos que habían conocido tiempos mejores.

Al frente de la congregación se encontraba un hombre mayor lleno de dignidad, el sacerdote Yojanán. Los demás eran adultos; no había niños ni adolescentes. La oración matinal se inició con estas palabras: Los vivos, los vivos te ensalzarán... Bendito sea el Señor, hacedor de justicia...

Tras el servicio matutino, cada cual se fue a emprender sus tareas cotidianas. Jananiah se encaminó a la granja que estaba a orillas del Mar Muerto para recoger dátiles. Aunque estaba a punto de cumplir los 40 años, todavía tenía la agilidad de un joven y podía trepar sin esfuerzo a la copa de las palmeras. Era experto en recoger dátiles, labor que había aprendido siendo niño en el palmeral de su padre. Dos meses después, cuando finalizara la temporada de los dátiles, empezaría a arar en una pequeña llanura del desierto de Judea, preparando el suelo para sembrar cebada. Cuando no estaba ocupado en los trabajos de la granja, echaba una mano a los pastores ayudando en la matanza y en la preparación de las pieles para utilizarlas como soporte de escritura.

Hoy está taciturno. Ayer le regañó el superintendente e incluso se puso la reprobación por escrito. Sucedió así: unos días antes, un viajero había hecho un breve alto en el palmeral. Era una esenio de la pequeña
congregación de Enot Qaneh, a unas cinco horas de camino al sur de Secacah. Le contó una historia terrible: que Herodes Antipas había cortado la cabeza a Juan el Bautista. El asesinato había tenido lugar en Maqueronte un palacio-fortaleza al otro lado del Mar Muerto, frente a Enot Qaneh. Unos marineros que transportaban trigo de Moab a Judea, llevaron la noticia. El nombre de Juan era conocido de la gente de Secacah. De joven, se había comprometido, o sea se había ofrecido a formar parte de la congregación y recibido el estatus de postulante. Pero casi dos años después de incorporarse a ella, poco antes de ser admitido como miembro, se arrepintió. La comunidad lo sintió como una grave ofensa, porque Juan había jurado obedecer las reglas de la secta cuando lo aceptaron como candidato. De cuando en cuando llegaban a Secacah rumores de las multitudes que lo seguían y de que había instituido un bautismo para perdonar los pecados. Pero la gente del lugar siguió sintiendo hostilidad contra él.

Dos noches antes, durante una Asamblea de la Congregación, Jananiah se levantó y exclamó: Tengo algo que decir a la congregación. Cuando le dieron permiso para hablar, preguntó a sus compañeros si también ellos creían que el final de Juan había sido un castigo por su comportamiento. Sus palabras fueron interrumpidas por un siseo; todos estaban enojados con él por haber planteado un tema tan desagradable. Al día siguiente, lo riñeron por perturbar el espíritu del Yájad (el grupo como unidad). No es de extrañar que Jananiah estuviera hoy taciturno.

Tras unas pocas horas de trabajo diligente, el grupo se sentó para descansar. Jananiah se separó de los demás para ir a hacer sus necesidades en el extremo más lejano del palmeral ; excavó un hoyo con una azada pequeña que siempre llevaba consigo y se agachó poniendo cuidado en cubrir la parte inferior del cuerpo con el manto que llevaba consigo en toda circunstancia, incluso en los días calurosos en que se lo ponía expresamente para estas ocasiones. Después, se lavó en el acueducto cercano, que transportaba el agua a la plantación.

En la hora quinta, terminó la sesión de trabajo matinal y todos se reunieron en el centro comunitario para tomar el almuerzo. Primero se sumergieron en los baños rituales. Estos últimos eran unas cisternas enyesadas a las que bajaba una escalera que ocupaba toda la anchura de un lado de la cisterna. La escalera estaba dividida por una pequeña tapia más simbólica que funcional, que tenía por objeto separar a los que bajaban de los que subían. Tras el baño, llevando únicamente un taparrabos, se cambiaron poniéndose una vestidura blanca y limpia y se dirigieron en silencio a la sala de asambleas que también se utilizaba como refectorio.

Se sentaron en filas en sus lugares habituales que estaban colocados según los distintos rangos. El hornero distribuyó hogazas de pan y el cocinero puso ante cada uno un plato con un único alimento. El vino estaba mezclado con agua y se escanciaba en copas. Antes de la comida, el sacerdote dijo la bendición. Sólo después partieron el pan comiendo en silencio total. Cuando terminaron, el sacerdote pronunció otra bendición: y comeréis y quedaréis satisfechos y bendeciréis al Señor vuestro Dios por la buena tierra que os ha concedido. Tras el almuerzo, todos se volvieron a poner la ropa de faena y volvieron a sus tareas.

Al dirigirse a su campo que estaba a una media hora de camino, Jananiah vio a algunos de sus compañeros cavando una tumba para un anciano, Simón de Beisán, que había muerto esa misma mañana. Corría el rumor de que tenía cien años. En cualquier caso, nadie dudaba de que era muy viejo. En una ocasión había dicho a Jananiah que el año de su matrimonio (años después se iría de su casa y pasaría a formar parte de la comunidad de Secacah) el país fue invadido por las hordas de los partos y que todavía recordaba lo bonitos que eran sus caballos.

Jananiah nació en Pelusium, al norte del Sinaí. Su padre, a quien nadie recordaba, había muerto antes de su nacimiento. Su madre falleció también cuando todavía era un niño y fue adoptado por una familia esenia que tenía seis hijos propios. Su padre adoptivo, Hyrcanos, era tejedor y Jananiah, como el resto de la familia, le echaba una mano. Hyrcanos poseía asimismo un pequeño palmeral donde a Jananiah le gustaba trabajar. Prefería naturalmente el bosquecillo aireado al taller oscuro y sofocante. El anonimato de su padre era bien conocido y los pillos de la calle solían meterse con él llamándole Nothos que significa bastardo.

Un día, cuando Jananiah tenía unos 20 años, llegó a Pelusium un anciano esenio que venía de Jerusalén. A pesar de sus harapos, tenía un aspecto distinguido. El jerosolimitano llevaba consigo muy pocas pertenencias: un hatillo, una botella de agua, la azadita acostumbrada y algo muy poco corriente en un hombre de su edad y su aspecto: una espada. Era conocido por su pericia como intérprete de sueños y Jananiah fue a la casa de la familia esenia que lo hospedaba para pedirle consejo. En los últimos tiempos, lo perturbaba un sueño recurrente. En él, se veía a sí mismo en lo alto de una palmera, cerca de la costa, vigilando el sol que salía por el mar. Lo que hacía extraño al sueño es que en Pelusium el sol nunca sale ni se pone por el mar y Jananiah no sabía que eso fuera posible. Pero el anciano sí lo sabía. Le dijo que lo que su sueño significaba, era que estaba destinado a formar parte de la comunidad esenia a orillas del Mar Muerto. Al día siguiente, Jananiah inició el viaje que le tomaría dos semanas. Le brindaron hospitalidad en casas esenias; en cada una de ellas, le aconsejaron también dónde hacer el próximo alto.

Cuando llegó a Secacah, Jananiah comprendió el significado de su sueño, porque allí el sol sale por el mar. Un hombre de unos 40 años, se dirigió a él sin sonreír y le preguntó qué quería. Quisiera formar parte de la comunidad, dijo Jananiah. El hombre, que era el superintendente, le pidió que se sentara e hizo otro tanto frente a él, a mayor distancia de la que es usual entre dos hombres que están conversando. Después de una larga conversación que, de hecho, fue un examen nada disimulado, en la cara del superintendente apareció una ligera sonrisa. Dijo a Jananiah que había sido admitido para pasar un período de estudio como postulante. Esa misma noche, le permitieron tomar parte de la Asamblea de la Congregación, donde tuvo que prestar juramento: Volver con todo su corazón y con toda su alma a cada precepto de la Ley de Moisés... y separarse de todos los hombres de falsedad.

Tras algunos meses y varios exámenes, lo admitieron a prueba. En primer lugar, lo condujeron ante una comisión de tres personas que examinó minuciosamente su cuerpo ya que creían que de los rasgos fisionómicos de la persona, junto con su fecha de nacimiento, se puede inferir su naturaleza. Como vieron que sus muslos son largos y oblicuos y los dedos de sus pies son delgados y largos y se enteraron de que había nacido bajo el signo de Tauro, llegaron a la conclusión de que era humilde y su espíritu se compone de seis partes de la Casa de la Luz y tres de la Casa de las Tinieblas. En cambio, el joven que examinaron después de él, tenía dientes como una sierra, dedos gruesos, muslos gruesos y muy velludos... y dedos de los pies gruesos y cortos; consideraron que su espíritu estaba compuesto de ocho partes de la Casa de las Tinieblas y una de la Casa de la Luz.

Tras ser presentado ante la Congregación, y después de deliberar sobre si podría entrar o tendría que irse, fue admitido para un primer año de noviciado. Le dejaron conservar sus efectos personales, pero todavía no le estaba permitido tocar la comida de los congregantes. Un año después, se presentó de nuevo ante la Asamblea, que examinó su caso en lo que concierne a su comprensión y observancia de la Ley. Fue admitido a un segundo y último año de noviciado. Entregó sus propiedades (que todavía no mezclaron con la propiedad común) al tesorero y pudo tocar la comida de la comunidad, pero no la bebida. Al finalizar este segundo año, fue aceptado como miembro de pleno derecho. Su propiedad pasó a formar parte de la de la comunidad, le permitieron participar en las comidas, en las inmersiones rituales y en la Asamblea de la Congregación; y fue inscrito entre sus correligionarios en el orden de su rango para la ley, para la justicia y para el Alimento Puro.

Habían pasado veinte años desde que Jananiah entrara a formar parte de la comunidad; en todo ese tiempo, nunca se aventuró más de unos pocos kilómetros fuera de Secacah. Llevaba una vida sin incidentes dignos de mención excepto una ocasión en que sufrió una grave herida en la cabeza cuando llevaba ocho años como miembro de derecho propio. Ocurrió cuando trataba de expulsar a algunos pastores edumeos que habían llevado sus rebaños al interior de la granja. Una piedra que le arrojaron con una honda le pegó sobre el ojo izquierdo rompiéndole el cráneo y, cuando estaba inconsciente en el suelo, le asestaron un nuevo golpe con un palo. Jananiah tuvo que pasar muchos días en cama.

Por la noche, Jananiah y sus compañeros volvieron de la granja a Secacah. Se sumergieron de nuevo en la cisterna, se pusieron ropa blanca y se sentaron a cenar. La tercera parte siguiente de la noche, la pasó estudiando los libros sagrados con algunos de sus compañeros.

Jananiah viviría 25 años más en esa congregación, la primera comunidad monástica del mundo occidental de la que está escrito: comerán en común y rezarán en común y deliberarán en común.

Traducción: Raquel Sperber

Notas:

1 Un rollo recientemente publicado ha conservado los nombres de algunos miembros de la comunidad de Qumrán. Se trata del único de los 600 rollos no bíblicos, que contiene ese tipo de datos. En este caso, el superintendente escribió los nombres de los que habían recibido una reprimenda y las faltas que cometieron. Uno de ellos era Jananiah Nothos

2 Al parecer, la mayoría de los habitantes de Qumrán (llamado originalmente Secacah, véase nota 15) vivían en cuevas. Incluso en el caso de que algunos investigadores tengan razón al sostener que sólo una de las cuevas naturales que hay en el farallón rocoso se utilizaba como vivienda, no puede negarse que se usaron con este propósito por lo menos seis cuevas artificiales situadas por debajo del altiplano margoso. Los riscos situados al sur del complejo sufrieron una intensa erosión y es muy probable que algunas cuevas desaparecieran con cuanto había en ellas. En el invierno entre 1995 y 1996, se excavaron algunas cuevas artificiales nuevas al norte del complejo.

3 Conocemos el rito de lavarse las manos al levantarse como una ley rabínica (i. e., farisea), pero es muy probable que los esenios, que siempre fueron más estrictos, lo cumplieran también.

4 Flavio Josefo escribe: Antes de que salga el sol, no dicen una palabra sobre materias profanas, sino que le ofrecen (al sol) ciertas oraciones que han recibido de sus antepasados, como si lo animaran a levantarse.

5 El centro comunitario es el conjunto de edificios de Qumrán excavado por R. de Vaux. No se encontraron en él habitaciones de vivienda, aunque puede ser que se construyeran algunas en el segundo piso.

6 No cambian los vestidos ni el calzado hasta que están hechos jirones o raídos por el tiempo (Flavio Josefo)

7 El 44,7% de la población judía masculina de la Tierra de Israel entre los años 330 AEC y 200 DC llevaba un 2,3% de los nombres. El nombre de Yojanán es el quinto en frecuencia, y Jananiah, el séptimo.

8 Una persona no podía incorporarse a la comunidad hasta los 20 años. A la edad de 20 años se le incorporará (Reglas de la Congregación) y a la edad de 23 años puede tomar su lugar entre los fundamentos (es decir, los oficiales) de la congregación santa para trabajar al servicio de la congregación.

9 El oasis de Ein Feshja (hoy Enot Tzukim), se encuentra a dos km. y medio al sudeste de Qumrán. En 1958, de Vaux excavó en el lugar las ruinas de una granja que debía suministrar parte de la comida que consumían.

10 Los dátiles eran probablemente la cosecha principal del lugar. Plinio el Viejo escribe que los esenios que vivían en la ribera noroccidental del Mar Muerto, tenían las palmeras por única compañía. El agua de Feshja es salobre y son muy pocas las plantas que pueden sobrevivir con un nivel tan alto de salinidad. De todas, la palmera es posiblemente la que mejor tolera la sal. Hoy en día, al igual que en la antigüedad, crecen palmeras muy cerca de las orillas del Mar Muerto. Los dátiles se recogen en otoño.

11 Esta llanura, conocida con el nombre árabe de el-Buqueia (que significa pequeña planicie) se encuentra al oeste de los farallones que bordean Qumrán y al oeste de la fortaleza de Hircania. La llanura estuvo habitada en la Edad de Hierro, pero es casi seguro que se cultivó también en los períodos romano y bizantino, cuando se trabajaba cualquier parcela de tierra cultivable.

12 En las zonas áridas del país, se prefería la cebada al trigo.

13 La persona que ocupaba el puesto de superintendente, tenía a su cargo todos los aspectos organizativos y sociales de la comunidad, incluidos la aceptación e instrucción de nuevos miembros.

14 El oasis de Enot Qaneh (hoy Ein el-Ghuweir) está a 15 km. al sur de Qumrán. Pésaj Bar Adón excavó en él un edificio de tipo qumranita. La cerámica y las tumbas son muy parecidas a las de Qumrán y es muy probable que en el lugar viviera una comunidad esenia.

15 Secacah es, probablemente, el nombre antiguo de Qumrán.

16 Hay dos versiones, no necesariamente excluyentes entre ellas, de la muerte de Juan el Bautista. Los Evangelios culpan del asesinato a Herodías, la mujer de Herodes, explicando que Herodes arrestó a Juan porque este último había condenado su matrimonio con Herodías que estaba prohibido por la ley judía. Herodías pidió su muerte a través de su hija Salomé y le fue concedida. Según Flavio Josefo, Herodes mató a Juan porque tenía miedo de que el movimiento religioso que había creado, se convirtiera en una rebelión. Muchos eruditos piensan que Juan perteneció a la comunidad esenia de Qumrán por un corto período de tiempo. Nosotros creemos que la dejó porque no podía adaptarse a la teología esenia de la predestinación. Su prédica sobre un bautismo de arrepentimiento para la remisión de los pecados se oponía totalmente a las enseñanzas esenias que excluían la posibilidad de arrepentirse.

17 Juan murió en el año 29 EC, aproximadamente un año antes de la crucifixión de Jesús. Por lo tanto Jananiah, que entonces tenía 40 años, debía haber nacido hacia el año 11 AEC.

18 Maqueronte era un palacio-fortaleza herodiano parecido a Masada, que se encontraba en Moab, en la ribera oriental del Jordán.

19 La Asamblea de la Congregación era la asamblea general de la comunidad; un cuerpo con autoridad legal. Si alguien desea hablar a la congregación... que se levante y diga: Tengo algo que decir a la congregación. Si le ordenan hablar, que hable (Reglas de la Comunidad).

20 Y en la Asamblea de la Congregación, nadie podrá hablar sin el consentimiento de la congregación (Reglas de la Comunidad).

21 En los otros dias (es decir, en los días laborables, porque en shabat, los esenios no hacían sus necesidades) cavaban un agujero con una azada -el hachita que se entregaba a los neófitos- y, envolviéndose en el manto de forma que no ofendieran a los rayos de la divinidad, se sentaban sobre él. Después volvían a tapar con tierra el suelo excavado. Con este propósito, elegían los lugares más apartados (Josefus). En la Ciudadela del Templo, y, lógicamente, también en otras ciudades donde no se podían encontrar fácilmente lugares apartados, se construían letrinas.

22 Y aunque descargar los excrementos es una función natural, se lavan siempre las manos después como si esto los impurificara (Josefus).

23 Las horas se contaban a partir del amanecer, sistema que todavía utilizan los ortodoxos Por lo tanto, la quinta hora en invierno no es la misma que en verano.

24 Se vuelven a reunir en un lugar y, tras ceñirse los costados con telas de lino, bañan el cuerpo en agua fría (Josefus). Y cuando su carne ha sido rociada con agua purificadora y santificada por medio de agua limpiadora... (Reglas de la Comunidad).

25 De las 16 cisternas que hay en Qumrán, diez son baños rituales. Estos baños se caracterizan por tener un muro bajo de separación de 5-10 cm. de altura. Por un lado bajaban los impuros y por otro subían los puros; el muro hacía de división simbólica entre unos y otros.

26 Esas vestiduras las llevaban sólo durante las comidas y se las quitaban al terminar, porque eran ropa santa (Josefus).

27 Flavio Josefo describe con gran detalle al hornero y al cocinero.

28 En la antigüedad, el vino sólo se consumía mezclado con agua. Donde hay costumbre de mezlar el vino con agua mitad y mitad, un tercio o un cuarto, hay que mezclarlo. No hay que desviarse de la costumbre del lugar. Algunos investigadores piensan que los esenios no bebían vino, pero lo más probable es que sí lo hicieran. Resulta difícil imaginar totalmente abstemias a personas que celebraban el Festejo del Vino Nuevo y que puede incluso que fueran quienes lo instituyeron.

29 Y cuando se han preparado la mesa para comer y el vino nuevo para beber, el Sacerdote será el primero que extienda su mano para bendecir los primeros frutos del pan y el nuevo vino.

30 Según Josefus: El lugar donde viven nunca se contamina con ningún clamor ni perturbación; hablan por turno. En general, las asambleas de los esenios eran ordenadas y tranquilas: Nadie interrumpirá a un compañero antes de que éste haya terminado de hablar... cada uno hablará según su turno. Un miembro que interrumpía a su compañero, tenía que hacer penitencia durante diez días; dicha penitencia incluía el aislamiento y la reducción de la ración alimenticia en un cuarto.

31 Al este del centro comunitario hay tres cementerios: uno grande con 1.100 tumbas bien alineadas y, en sus alrededores, dos pequeños con unas 100 tumbas. En el cementerio principal se encontraron sólo esqueletos masculinos, pero en los de las inmediaciones, había algunos esqueletos de mujeres y niños. Restos de féretros de madera y huesos amontonados en algunas sepulturas -ambas circunstancias son indicio de que se trata de un segundo enterramiento- parecen indicar que algunos de los enterrados fueron traídos de lejos y no formaban parte de la comunidad de Qumrán.

32 Vivían muchos años -la mayoría unos cien- debido, supongo, a la simplicidad y regularidad de su forma de vida (Josefus).

33 La invasión de los partos se produjo en el año 40 AEC. En esa época, Simón contaría por lo menos 20 años que era la edad mínima que los hombres habían de tener para contraer matrimonio. Como la historia tiene lugar en el año 29 d.e.c., Simón debía tener, como mínimo, 89 años.

34 Pelusium era una próspera ciudad portuaria al noroeste del Sinaí, famosa por sus textiles. Hasta por lo menos finales del primer siglo a.e.c. hubo estacionada en ella una guarnición judía que protegía la frontera egipcia. Lo más probable es que el idioma principal de la comunidad judía, fuera el griego.

35 Desprecian el matrimonio, pero adoptan a los hijos de otros hombres cuando son todavía flexibles y dóciles, y los miran como suyos propios y los moldean de acuerdo a sus propios principios (Josefus). Recordemos que, aunque algunos esenios practicaban el celibato, otros (probablemente la mayoría) llevaban una vida familiar más o menos normal.

36 Nothos significa bastardo en griego.

37 En los viajes no llevan nada consigo excepto armas para protegerse de los bandidos (Josefus).

38 Algunos de ellos predicen el futuro ya que están versados en los libros sagrados, en las distintas formas de purificación y en los apotegmas de los profetas desde su primera infancia; y casi nunca yerran en sus predicciones, si es que se equivocan alguna vez (Josefus).

39 Y entran en casa de hombres que no han visto nunca antes como si fueran sus amigos más íntimos... en cada ciudad hay uno de la orden designado expresamente para acoger a los extraños, que los provee de ropa y otras cosas necesarias.

40 Todo el que quería formar parte de la comunidad, tenía que pasar el examen del superintendente.

41 Y los miembros recientes están tan lejos de los veteranos que si un reciente toca a un veterano, este último tiene que bañarse como si le hubiera tocado alguien de fuera (Josefus). Si era ése el caso con respecto a un miembro reciente, cuánto más con un extraño como Jananiah.

42 Aquél que se acerca al Consejo de la Comunidad, entrará en la Alianza de Dios en presencia de todos los que se han comprometido libremente. Tendrá que prestar juramento de volver con todo su corazón y con toda su alma a cada precepto de la Ley de Moisés... (Reglas de la Comunidad).

43 El principio más importante de las enseñanzas esenias era su creencia en la predestinación. Al contrario de lo que sucede en el judaísmo normativo, que durante los 3.000 últimos años ha sostenido la creencia en el libre albedrío, los esenios pensaban que las decisiones son tomadas por Dios. De acuerdo a su forma de ver el mundo, una persona nacía o en el campo de los Hijos de la Luz o en el de los Hijos de las Tinieblas, y no podía pasarse de uno a otro. El carácter de la persona sólo podía juzgarse, según ellos, por medio de la astrología y la fisionomía.

44 La gente de Qumran creía que la persona se compone de nueve partes, unas de luz y otras de oscuridad; como el nueve es número impar y no es divisible por dos, tiene forzosamente que pertenecer a un campo o a otro.

45 Tanto las Reglas de la Comunidad como Flavio Josefo, mencionan detalladamente el procedimiento de admisión de nuevos miembros en la comunidad. La información que proporcionan ambas fuentes es bastante similar, excepto en que Josefus escribe que el noviciado tomaba tres años y según las Reglas de la Comunidad, sólo llevaba dos. Se puede explicar esta inconsistencia asumiendo que el período de prueba iba precedido de un año de estudio.

46 Reglas de la Comunidad.

47 En Qumrán se excavaron más de 50 esqueletos, pero sólo uno ha sido bien estudiado por antropólogos físicos. Lo hemos elegido, por supuesto arbitrariamente, para representar a Jananiah. En el cráneo tiene huellas de dos heridas curadas; la más grave, en la parte izquierda de la frente, dejó una profunda depresión. El hombre de que hablamos, cuya capacidad mental no tuvo por qué verse afectada por la herida a pesar de su gravedad, vivió más de 65 años.

48 Y la Congregación velará en comunidad por un tercio de cada noche del año para leer el Libro y estudiar la Ley y pronunciar las bendiciones juntos.

 

Maguén Broshi, arqueólogo especializado en los Rollos del Mar Muerto, nació en Israel en 1929 y estudió en la Universidad Hebrea de Jerusalén y el Instituto Oriental de la Universidad de Chicago. Tuvo a su cargo el Santuario del Libro en el Museo de Israel, Jerusalén, en 1965-1994. Preside la Asociación de Museos de Israel.

 
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