El 10 de febrero de 1999, apareció un anuncio insólito de media página en el diario económico israelí "Globes". Rodeado por informes de las actividades bursátiles del día anterior, el anuncio felicitaba a Kfar Tikva por haber logrado la aprobación de calidad internacional ISO 9001.*
Este estándar es conocido en todo el mundo en fábricas, aun cuando también lo han recibido hospitales. Sin embargo, Kfar Tikva es la primera comunidad para personas con necesidades especiales en el país -y posiblemente en el mundo-, que ha recibido este reconocimiento.
Penkovici, el dinámico director y mayor impulsor de la Aldea, nacido en el Brasil, no ve nada de extraño en el premio, sino que lo considera como una absoluta necesidad, si la Aldea va a mantener los estándares que se ha impuesto a sí misma.
"Si la industria tiene que suministrar cierto nivel de servicios, también lo debería hacer una organización que da servicios a grupos".
Lograr el premio no fue fácil. "Las actividades de nuestros trabajadores sociales y psicólogos no tenían una orientación específica ni debían rendir cuentas".
"Fueron necesarios cuatro años para cambiar la noción del personal de que sus acciones no podían ser mensuradas. A nuestros trabajadores sociales y psicoterapeutas no les gustó realmente. Muchos de ellos se fueron... todos los que tenían miedo a la obligación de rendir cuentas".
En un hospital, la eficacia del tratamiento es mensurable química y electrónicamente. Pero, cómo se mide el efecto del tratamiento en personas con necesidades especiales?
Penkovici parece sugerir que es sencillo. "El método cambia el status de la persona tratada, de interno o enfermo al de paciente/cliente: un cambio muy significativo; y es el cliente quien determina el resultado".
Su nombre, Kfar Tikva (Aldea de la Esperanza), y su idílica ubicación en lo alto de una exuberante, verde y apartada colina de Galilea, en el norte de Israel, lo lleva a uno a esperar una empresa utópica. Lo mismo ocurre con sus edificios de tipo kibutz y la declaración que la forma de vida, en este hogar para el discapacitado mental, se basa en los ideales igualitarios y humanitarios del kibutz (colectivo agrícola israelí).
Sin embargo, no hay nada de utópico en los lugares de trabajo, el comedor comunal o las otras instalaciones... ni en las resueltas explicaciones de Penkovici sobre qué es lo que hace latir a Kfar Tikva.
Kfar Tikva fue fundada en 1964 como una institución para adultos retrasados mentales. La idea era establecer un hogar y lugar de trabajo permanentes para personas con moderado o ligero retardo mental, al mismo tiempo que dar la seguridad a los padres que sus hijos serían atendidos por el resto de sus días.
Desde mediados de la década de los setenta, la Aldea ha ido evolucionando hacia una comunidad basada en el modelo del kibutz israelí. Parte de este cambio incluye el fomentar la participación de los miembros en la administración de la Aldea, y a involucrarse activamente en toda la toma de decisiones concernientes a sus vidas personales y sociales.
La Aldea sirve a una población clasificada con disfunción cerebral mínima, o ligero o moderado retraso mental. Está dirigida por un equipo de unas 76 personas, incluso 15 trabajadores sociales; Kfar Tikva cuenta actualmente con 145 residentes, hombres y mujeres, de 18 o más años, de todo Israel y de todos los segmentos de la sociedad. Además, unas 25 personas viven, solas o en parejas, en Tivon, el próspero pueblo vecino, y utilizan los servicios de Kfar Tikva.
Penkovici, 52 años, estudió leyes antes de inmigrar a Israel en 1970. Su ingreso a Kfar Tikva fue de fotógrafo voluntario, pero posteriormente se convirtió en instructor y finalmente fue a estudiar trabajo social y psicoterapia.
"No podía comprender por qué esas personas estaban en una institución", dice Penkovici. "En Brasil yo había crecido con gente similar, que llevaban su vida diaria sin vivir en una institución".
Mientras más conocía a los residentes, más se convencía de que era necesaria una revolución en su forma de vida. "Sus vidas me parecían reprimidas. Aunque yo no era un profesional, creía que a la gente no debían decírsele cosas como cuando dormir o comer".
"En aquel tiempo -a mediados de la década de los setenta- el personal podía decidir asuntos elementales, como qué películas proyectar". Penkovici admite que él era "muy militante", y cuenta cómo comenzó a traer un proyector de 16 mm a Kfar Tikva para mostrar las películas que los pacientes mismos habían pedido. "La primera película que ellos eligieron fue El exorcista, seguida por Emmanuelle. Éstas eran consideradas películas delicadas en ese momento", dice.
Para ilustrar un avance más significativo aún, en el terreno de la sexualidad, Penkovici se estira hacia un frasco en una estantería detrás de su escritorio y saca un bastoncillo de algodón para limpiarse las orejas. "Aprendí que el mejor sistema para aprender sobre la sexualidad de los retrasados mentales es mantener los oídos abiertos a sus deseos y pedidos".
"Con anterioridad a 1975, los hombres y las mujeres en Kfar Tikva vivían en áreas separadas. No podían estar juntos después de las 9 p.m. "Como instructor en esa época, yo era responsable de hacer que las mujeres y los hombres estuvieran en sus áreas separadas. Cada habitación debía ser inspeccionada antes de apagar las luces, a fin de que el personal pudiera retirarse sabiendo que cada uno estaba en su propia cama".
Una noche, Penkovici pasó horas buscando por la institución a una mujer que faltaba, sólo para descubrir que se encontraba en la habitación de su enamorado, escondiéndose bajo la cama cada vez que aparecía el instructor.
"Esa noche, no me acerqué más a ese cuarto. En vez de eso, me fui a casa pensando sobre la sexualidad de las personas retrasadas mentalmente y en su capacidad de comportarse en una forma muy normal y astuta, con la intención de salvaguardar sus derechos como seres humanos".
"Ellos eran una pareja muchos años antes de que recibieran el respeto y el derecho de tener una vida sexual". Él nos dice orgullosamente que, en la actualidad, esa misma pareja -junto con otras 19- tienen sus propias casas particulares; su intimidad es respetada por los profesionales.
"Mientras más responsabilidad se da a la gente en alguna materia, menos central se convierte en sus mentes", afirma. "El derecho de la gente con retraso mental a tener relaciones sexuales es un derecho humano fundamental, pero las personas retrasadas han sido privadas de ese derecho en el mundo entero. Durante muchos años, la sexualidad entre retrasados mentales fue un tema tabú y muchos ciudadanos retrasados mentales no recibieron la información adecuada respecto a su propia sexualidad y derechos sexuales".
Penkovici hace una digresión para hacer la diferencia entre decir que alguien es retrasado mental o que es una persona con retraso mental. En el último caso, la palabra persona aparece primero, y así comprendemos que estamos tratando con un ser humano que tiene algunas discapacidades. Puede tener dificultades motoras o su inteligencia abstracta puede estar disminuida, pero, en todas las otras características, es exactamente como cualquiera de nosotros. Puede estar alegre o triste, amar u odiar, disfrutar de la música, cine o teatro.
"Nuestro objetivo no es decidir en vez de la persona retrasada mentalmente si ésta puede o debe tener una vida sexual. Nuestra obligación y objetivo debe ser el darle las herramientas educativas necesarias para que pueda funcionar sexualmente tan aproximadamente a la gente normal como sea posible".
En otro momento, Penkovici saca un tubo de dentífrico parcialmente usado, lo aprieta y saca una gota, sugiriendo que la gente no debe ser descartada como que no tuvieran nada que contribuir, hasta que no hayan sido "exprimidos".
Un caso clásico, en el que Kfar Tikva hizo nuevamente un avance pionero, fue el asunto de los estudios académicos. "En 1992, me dirigí a la Universidad de Haifa. Les hablé de la necesidad de integrar a nuestros miembros en actividades externas y les pedí que los admitieran en el estudio de ciertas materias, tales como ciencias políticas y psicología, como asimismo, en cursos para la obtención de grados académicos".
"Me miraron como si yo hubiera caído de otro planeta", dice Penkovici, apresurándose a añadir que "en realidad, todos nosotros tenemos estereotipos". Y admite, "yo no tenía idea de si la gente sería capaz de expresarse, hacer preguntas o tomar parte en discusiones".
La Universidad sugirió hacer inicialmente cursos en Kfar Tikva, pero eso fue desestimado. En vez de ello, se comenzó un programa especial de estudios para gente con necesidades especiales en el Departamento para Estudios Externos de la Universidad. "El profesor del curso", indica Penkovici, "era un profesor corriente, sin una experiencia específica en el trato a personas con necesidades especiales".
"El curso inicial en 1992 abrió las puertas académicas a personas con necesidades especiales y fue un paso importante hacia la normalización e integración de esta comunidad", dice Penkovici. "Ayudó también a romper algunos estereotipos respecto a las capacidades de una persona con necesidades especiales. El curso de Haifa ha sido la inspiración para abrir tales clases en otros lugares de Israel, y asimismo en el extranjero, especialmente en España, Portugal y Brasil".
En 1997, aproximadamente 40 estudiantes de Kfar Tikva -junto a muchos otros estudiantes con necesidades especiales de la región de Haifa- participaron en cursos en el Departamento para Estudios Externos de la Universidad. Los cursos estudiados fueron: inglés, psicología, arte, ordenadores y geografía de Israel.
"Lo más popular es un curso en computación en un colegio tecnológico, que proporciona habilidades utilizadas por algunas personas para editar un periódico", dice Penkovici. (Como parte de las actividades del tiempo libre en Kfar Tikva, hay un departamento de computación equipado con 12 ordenadores que suministran programas educativos, juegos y procesadores de textos.)
"Planes futuros incluyen la apertura de cursos académicos o semiacadémicos para personas con necesidades especiales en escuelas de enfermería y en departamentos de computación, y otros departamentos académicos a través del país".
Las propias actividades económicas de Kfar Tikva reflejan también las premisas básicas de la Aldea: El esfuerzo, similar al del kibutz, por el máximo autoabastecimiento, y la creencia que cada uno, sean cuales sean sus limitaciones, puede hacer alguna contribución económica a la comunidad (a cambio de la cual recibe, junto con todos los servicios, una asignación mensual). "Cada uno tiene alguna habilidad aprovechable, sin relación con su coeficiente intelectual", dice Penkovici. "El concepto de coeficiente intelectual debe desaparecer. Hay toda clase de inteligencias".
En 1983, la Aldea inició un proyecto de formación vocacional para ayudar tanto a sus residentes como a personas del exterior con retraso mental. Hasta la fecha, más de 250 personas han sido formadas, un 80% de éstas, no residentes.
La financiación de Kfar Tikva proviene de diversas fuentes: ingresos de actividades económicas, que cubren un 30% de los gastos, pagos de bienestar social y, en algunos casos, pagos de las familias de residentes.
Aparte de puestos en administración y servicios, Kfar Tikva posee:
- Una fábrica de plásticos por moldeado, recientemente ampliada, Tivon Plastics, que proporciona capacitación y trabajo a unos 70 residentes. La fábrica, tal como la misma Kfar Tikva, ha adoptado el Estándar ISO 9002.
- Un vivero de plantas en la aldea misma, que proporciona capacitación y trabajo a unos 25 residentes en varias funciones, incluso la reproducción de flores decorativas a partir de retoños, pasando por su plantación, cultivo y cosecha.
- Un albergue canino con lugar para 48 perros, que proporciona capacitación y trabajo a unos 25 residentes y alumnos. Fuera de trabajo e ingresos, este proyecto tiene una finalidad adicional: ofrecer a los residentes de la aldea una oportunidad de desarrollar relaciones con los animales y un sentido de responsabilidad hacia la fauna y los animales caseros.
- Una nueva actividad es la viticultura (de las variedades Cabernet y Merlot), en un pequeño terreno en un uadi cercano. Ello proporciona trabajo a unas 10 personas.
Después de escuchar algo sobre el desarrollo de Kfar Tikva, el próximo proyecto de Penkovici -una visita de 30 días a los Himalayas, que incluye una visita a Katmandú, la capital de Nepal, con 40 residentes de Kfar Tikva- casi no sorprende. En realidad, él se refiere a su plan como a algo natural. "Hay dos finalidades. Una es la diversión misma. La otra tiene que ver con el año 2000 que se acerca: queremos que la gente sepa que pueden ir adonde lo deseen."
Refuerza el mensaje un cuadro en la pared de la oficina de Penkovici, que muestra a un perro que arrastra hacia lo alto de una colina a un elefante boca arriba, con el título: "Donde existe la voluntad, se encuentra un medio". Hasta ahora, Kfar Tikva parece tener mucho de ambas cosas.
La Aldea es una organización sin fines de lucro, cuya dirección se compone de representantes del movimiento kibutziano, profesionales del campo de los servicios humanos, y padres.
"La filosofía básica de Kfar Tikva es llevar al máximo el potencial individual, el avance, la realización personal y la independencia de sus residentes. Sin perder de vista las necesidades particulares y dinámicas de cada residente, creemos que es necesario desarrollar y alentar el anhelo de cada uno de tener una identidad personal y estima propia, y el deseo de establecer relaciones sociales con amigos y familia, de manera que cada persona pueda llevar una vida satisfactoria.
"Kfar Tikva se propone ofrecer desafíos, alentar la creatividad, dar oportunidades de estudio y de otras nuevas experiencias, proveer herramientas para resolver problemas, y acercar lo más posible a cada persona con necesidades especiales, al control de su propia vida como persona, tanto individualmente como dentro de la comunidad." Arie Penkovici
* La Organización Internacional de Estandarización (ISO) tiene su origen en la industria manufacturera y comprende más de 80 naciones miembros. Su finalidad es promover el desarrollo de estándares, pruebas y certificación, para fomentar el comercio. El objetivo de la serie de estándares ISO para la calidad de sistemas es certificar que una organización posee métodos capaces de elaborar productos y dar servicios de calidad.