Las radiaciones nucleares del desastre de Chernobyl en 1986 siguen amenazando la vida de millones de personas que viven en la ex Unión Soviética. Un pequeño grupo de voluntarios brinda una nueva esperanza a las olvidadas víctimas.
por Judy Siegel-Itzkovich
Es muy difícil para un padre decidir enviar un hijo querido al extranjero, aunque sea para escapar de un lugar peligroso. Pero fue una decisión sabia y salvadora para los padres de los 2.000 niños judíos de Chernobyl que han sido traídos a Israel por un dedicado grupo de Jasidim de Jabad (una secta religiosa judía con sede en EE.UU. y en Israel) durante la última década.
Los niños nacieron en la ex Unión Soviética antes y después del accidente del reactor nuclear en abril de 1986. La explosión emitió una radiación aproximadamente 100 veces mayor que la de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Partículas radioactivas cayeron y fueron absorbidas en la tierra con la lluvia, y algunos de los isótopos (cesio y estroncio) son hoy tan poderosos como cuando ocurrió el accidente. Científicos estiman que dichos isótopos pueden retener su fuerza e incluso aumentarla, contaminando el medio ambiente por un período de hasta 60 años.
No obstante, a medida que nuevos desastres - ya sea naturales o causados por el hombre - ocuparon los titulares, Chernobyl pasó a ser noticia vieja y el mundo lentamente olvidó a sus víctimas, considerando el incidente como un "desastre del pasado".
Incluso altos funcionarios en las Naciones Unidas admiten hoy que se ha hecho demasiado poco y demasiado tarde para tratar las consecuencias humanas del desastre nuclear. Sin embargo, por instrucción del difunto rabino de Lubavitch, Rabí Menajem Schneerson, en 1990 se inició un importante y permanente esfuerzo de recuperación para las víctimas de Chernobyl, encabezado por Rabí Yossi Raichik. Los Niños de Chernobyl de Jabad (NCJ), con sede en Kfar Jabad (cerca de Tel Aviv), trajo recientemente a su niño "2.001" y se comprometió a evacuar y rehabilitar al niño 3.000 hasta el año 2004.
Jay Litvin, a cargo del enlace médico en NCJ, explica que debido a que sus cuerpos están en crecimiento, los niños sufren del mayor riesgo de padecer enfermedades malignas, cuyo mecanismo implica la rápida división de las células. Además, mientras más tiempo permanecen los niños en las áreas contaminadas, más enferman, y aumenta el riesgo de que desarrollen bocio, cáncer a la tiroides, enfermedades gastrointestinales y linfáticas y enfermedades de autoinmunidad.
Un reciente y alarmante estudio independiente de 1.080 de los niños de 5 a 15 años que se establecieron en Israel reveló por primera vez que jóvenes nacidos después del desastre están expuestos a un mayor riesgo de padecer enfermedades producidas por la radiación que aquellos que tenían más de un año de edad cuando ocurrió la explosión. Litvin, que ha visitado personalmente orfanatos no calefaccionados y hospitales pobremente equipados en las regiones afectadas, explica estos hallazgos por el hecho de que los recién nacidos son más vulnerables a la radiación de los isótopos.
Mikhail Gechtin, cuyos hijos Ira (hoy de 22 años) e Yvgeny (18) se contaron en el primer traslado de NCJ hace una década, dice que sufrieron de problemas médicos pero que ahora están bien y se han integrado felizmente en la sociedad. Jabad los salvó, dice, sin indoctrinarlos o imponerles la religión. "Para mí fue muy difícil enviarlos, pero su salud se había visto muy afectada en Gomel y yo temía por sus vidas", declaró. "Yo pude sentir en mi propio cuerpo los efectos del aire, el agua, la tierra y los alimentos contaminados. Yo llegué más tarde a establecerme en Israel, y siento que salí del infierno".
Requiriendo U$S 15.000 al año por niño, Jabad ha recaudado fondos entre sus propios miembros, de judíos del mundo, e incluso de no judíos, tanto personas comunes como figuras muy conocidas como el actor Jon Voight. A pesar de que los niños y adolescentes son traídos directamente a Kfar Jabad, no se les exige convertirse en observantes religiosos; se los prepara para el bachillerato en el marco de la educación secundaria secular, que la propia comunidad de Jabad, cuyo principal interés son los estudios religiosos, no recibe.
Aunque la evacuación y el esfuerzo de restablecimiento está destinado a la población judía, emisarios de NCJ que viajan regularmente a las áreas contaminadas han dedicado mucho de su tiempo, esfuerzos y fondos para ayudar a las víctimas que no tienen otro lugar adónde ir. Por ejemplo, el cáncer al pecho es muy grande entre las mujeres de la zona y el nivel de atención médica, tanto en detección como en tratamiento, es deplorable. Niñas que estuvieron expuestas a la radiación y ahora son adolescentes corren un alto riesgo de desarrollar un cáncer al pecho durante su vida, señalan los especialistas en cáncer. NCJ ha donado un centro de mamografía totalmente equipado en Zhitomir y pronto hará entrega del primer equipo de biopsia por aguja al norte de Ucrania para sondear el cáncer al pecho.
El secretario general de las Naciones Unidas Kofi Annán está muy consciente de los problemas y está haciendo su parte para publicitar el sufrimiento de las víctimas. En un folleto recientemente publicado, Annán escribió: "Chernobyl es una palabra que querríamos borrar de nuestra memoria. Abrió una caja de Pandora de enemigos invisibles y temores sin nombre en la mente de la gente, pero que la mayoría de nosotros probablemente piensa ahora que se han relegado al pasado. Pero hay dos importantes razones por las cuales esta tragedia no puede ser olvidada & Primero, si olvidamos Chernobyl, aumentamos el riesgo de que se produzcan más desastres tecnológicos y ambientales similares en el futuro. Segundo, más de siete millones de seres humanos no pueden darse el lujo de olvidar. Ellos aún sufren, día a día, como resultado de lo que ocurrió hace 14 años. Efectivamente, el legado de Chernobyl permanecerá con nosotros, y con nuestros descendientes, por las próximas generaciones".