Puede la gente aprender a respetar culturas diferentes y estilos de vida distintos? Podemos aprender, o por lo menos a escuchar opiniones que se oponen a las nuestras? Mientras la respuesta a estas preguntas son aún poco claras, un museo dedicado a enseñar la comprensión, el diálogo y la coexistencia, abrió sus puertas al público en julio del año pasado.
por Wendy Elliman
Sin ningún artículo en exhibición, el Museo de Jerusalem "Suavizando Asperezas" es un museo en el antiguo sentido de la palabra: un lugar que invita a la meditación o al pensamiento. Antes de antrar al museo uno se queda impresionado por el lugar elegido para su instalación. Un agradable edificio de cuatro pisos, muy conocido en Jerusalem llamado la Casa Tourjeman, que fuera el hogar de acaudalados árabes cristianos antes que sirviera como lugar de encuentro en 1949 al Comité de Armisticio israelí - jordano después de la guerra de independencia. Con la renovación de las hostilidades en 1967, quedó bajo fuego una vez más y los pesados bombardeos dañaron su ornamental fachada.
Cuando los bombardeos se silenciaron la Casa quedó en la mitad de la Jerusalen unida y las viejas fronteras fueron conocidas en forma "optimista" como "la costura" entre ambas mitades de la ciudad. Al comienzo de los años 80, la Casa fue refaccionada transformándose en un museo tradicional, exhibiendo fotografías y muestras de la vida en Jerusalem durante los 19 años que la ciudad estuvo dividida.
"Gracias a las conversaciones de Oslo al principio de los años 90 y al comienzo de las conversaciones de paz se desencadenaron las ideas de transformar este lugar en un centro educacional, dirigido a la paz, a la coexistencia y a la tolerancia," dijo el guía del museo Daniel Luria. "De hecho, uno de sus mayores donantes es una familia alemana no judía."
El primer lugar a lo largo de la ruta meticulosamente planeada es la fachada exterior del edificio, en la que se notan las huellas de las balas que la acribillaron, dejando el testimonio silencioso de la violencia del conflicto. Adentro, se presentan extractos de la Declaración de la Independencia, afirmando que el cometido del país es brindar igualdad y justicia. La exhibición se ve animada por la primera estación de multi-media del museo, una presentación en tres pantallas que muestran la Jerusalem muti-cultural. Es un estudio de contrastes: creencias y comidas, culturas seculares y religiosas, edificación y ruinas, recelo y coexistencia.
El museo continúa con una representación de la muralla que dividió Jersulalem durante 19 años. Los signos "Alto! Zona de Frontera!!" se mezclan con la curiosidad humana de saber de quién vive al otro lado de la muralla. A continuación las pantallas muestran una serie interminable de imágenes que muestran la reciente violencia en Jerusalem, desde la oleada de bombas hasta coliciones en las calles, en una sección titulada No soy yo!!. "Todos negamos la responsabilidad por la violencia en nuestra sociedad," dice Luria, "Pero cada uno de nosotros puede ayudar a evitarla".
Después de una inquietante confrontación con la violencia en las sociedades de cualquier otra parte del mundo, requerimos buscar Conecciones. Soluciones a antiguos conflictos fueron probados en Belfast, Sarajevo, Berlín y Johanesburgo, y mostrados en un gigantesco mural en blanco y negro. "Este niño no es musulmán, ni cristiano ni judío," dice la enfermera sosteniendo a un recién nacido. "Es solamente un bebé."
La últuma estación del museo es el Salón de la Tolerancia. Este se exitiende a lo largo de un corredor cuyos muros contienen los pensamientos universales de líderes del siglo XX, como ser los de Mahatma Gandi y de John F. Kennedy. Uno puede escuchar las vistas grabadas de docenas de personalidades - del ala izquierda y de la derecha - seculares y religiosos, hombres y mujeres - entremezcladas con escenas de un jardín de infantes. "Aprender a escuchar a otros debe ser aquí un derecho, desde la niñez misma", dijo Luria.
El trayecto del museo educacional termina en su techo. Desde allí uno puede observar la realidad del mosaico que es Jerusalem: un área ultra-ortodoxa y otra árabe, mansiones y casas de departamentos. Pero también hay hospitales, hoteles, centros comerciales, parques y salas de concierto, centros comunitarios y universidades, todo ello va cicatrizando lentamente los desgarrones en las "contusiones" de la ciudad.
"Nadie está diciendo que todos debemos ser iguales", dice Luria. "La gente no es igual. Es diferente. Quiere y cree en cosas distintas. Tenemos que darnos cuenta que es bueno ser diferente, que podemos vivir juntos sin sentirnos amenazados, sin sentirnos aterrados detrás de una muralla de concreto armado".