Un programa único que proporciona una segunda oportunidad a jóvenes maltratados.
por Wendy Elliman
Las hélices del enorme avión ya estaban en movimiento cuando la pequeña Rajel de nueve años de edad subió a bordo apresuradamente. Era en mayo de 1991 y ella, su madre, su padrastro, su hermano y sus hermanas se encontraban entre las decenas de miles de judíos etíopes que fueron trasladados a Israel en un rescate dramático que ocupó los titulares de la prensa mundial.
Sin embargo, para Rajel, este rescate se transformó en uno desesperadamente inclompleto. Su vida en Israel comenzó en un atestada caravana, donde cayó víctima de la frustración de su padrastro. Comenzó a maltratarla, al principio fisicamente y después, abusando sexualmente de ella.
Cuatro años después, Rajel se escapó. Fue detenida y entregada a las autoridades. La pusieron en un internado - donde era devuelta cada vez que se escapaba. Después de un tiempo, a Rajel le parecía que escapar era el único talento que poseía. No se encontraba a gusto, no lograba entablar amistad, no podía aprender. Su autoestima no existía, no confiaba en nadie, ni siquiera en ella misma.
"Esa fue la Rajel fue la que apareció ante nuestra puerta hace dos años", dijo Myriam Klein, la directora de Beit Ashanti en Tel Aviv, el único hogar abierto para jóvenes angustiados. "Tenía entonces 16 años y venía huyendo ya durante tres. Había escuchado de nosotros en la calle y simplemente se apareció. Conseguimos permiso para que se quedara".
Historias como las de Rajel no son raras en Beit Ashanti. Durante sus 16 años de existencia, más de diez mil jóvenes, entre los 14 y los 21 años, han pasado por sus puertas; algunos se quedan unos días y otros hacen de éste su hogar permanente. Los singulares métodos y el indiscutible éxito en la ayuda a jóvenes con problemas, han hecho que Beit Ashanti sea objeto de estudios no sólo en Israel, sino que también de investigadores académicos de naciones tan distantes como México y los Países Bajos.
Klein, ella misma víctima de maltratos en su infancia y su esposo Dino Gershuni, comenzaron su labor simplemente abriendo las puertas de su casa a jóvenes con problemas en las noches de sábado, para una cena en compañía. Algunos preguntaban si podían quedarse a pasar la noche. Entonces una joven pidió quedarse una semana. "Aquí tengo una sensación de paz," dijo.
Ahora hay entre 25 a 35 jóvenes viviendo en Beit Ashanti al mismo tiempo. "Beit Ashanti evolucionó a medida que tuvimos la fortaleza suficiente para dar a otros", dice Gershuni.
Comenzando en el hogar de la familia de Klein y Gershuni, Beit Ashanti continúa siendo una familia donde la pareja vive y cria a sus tres hijos, de 14, 11, y tres años. No hay "horas de trabajo"; Klein y Gershuni están allí para los residentes a toda hora que haga falta. "Somos indulgentes, no representamos la figura autoritaria de los padres, contra cuya autoridad se rebelan, dice Gershuni. Las labores de la casa y del jardín se reparten entre todos y las reglas a seguir son mínimas. Las tres principales son: no a las drogas, no al alcohol y no a la violencia.
"Nadie rompe estas reglas", dice Ruth, una de las dedicadas voluntarias del equipo de Beit Ashanti, "incluso a pesar que todos los que llegan aquí son un volcán andante de problemas. Sin tener otra parte donde ir, ven a este lugar como su paraíso, su salvavidas. No van a lanzarse a la deriva por quebrantar estas reglas."
El marco informal es una parte importante en el enfoque de Beit Ashanti: destila amor y calor incondicional, una atmósfera familiar no convencional, donde a veces se reciben visitas de estrellas de la música pop y un juez está entre los voluntarios que vienen a preparar la comida los miércoles por la noche. Pero más que ayudar a los asustados y alienados hijos de drogadictos, alcohólicos y abusadores, los jóvenes sienten que han encontrado en Beit Ashanti un lugar seguro y donde son aceptados. La segunda parte se basa en el entrenamiento en psicodrama de Klein.
"La terapia por medio del arte expresivo - música, drama, danza y arte - es un instrumento de rehabilitación muy poderoso," dice Klein. "Se adapta a chicos de todos los niveles y les permite a estos jóvenes maltratados, dar rienda a su rabia, frustración y miseria. Más tarde, les ayuda a fortalecer su ego y a construir su propia autoestima."
Cada tarde tiene un programa específico ya sea psicodrama, escultura, pintura, música, teatro, baile o el arte marcial Capuera. La terapia por medio de la música puede tomar la forma de una sesión improvisada de jazz, donde todos contribuyen, no importa cuán desafinado pueda uno ser. Los dibujos, las pinturas y las esculturas de los jóvenes adornan Beit Ashanti y sirven de foro de debate.
Rajel llegó sola a Beit Ashanti. Muchos otros son enviados para su última posibilidad de salvación por los tribunales, la policía o trabajadores sociales. Pero Beit Ashanti no es una institución gubernamental. Debido a su filosofía y al tipo de su compromiso, no puede trabajar conforme a las reglamentaciones gubernamentales.
"El gobierno impone a cada problema juvenil un expediente que lo sigue de por vida", explica Klein. "øPor qué una joven sana y rehabilitada que se presenta a un trabajo debe explicar que ha sido violada desde los 10 años de edad? Esa no es la manera de Beit Ashanti. Permitimos a nuestros jóvenes cerrar capítulos como éstos de su vida, para su bien. Por ello, Beit Ashanti se mantiene en base a donaciones privadas y en subvenciones para cubrir su presupuesto.
Rajel todavía permanece en Bet Ashanti, pero es una persona diferente de la adolescente alienada que llegó a sus puertas hace dos años. Hoy en día es una encantadora jovencita, física y mentalmente sana, animosa frente a la vida. Recientemente graduada con excelencia en un curso de peluquería, y lo más importante para ella es que comenzó su servicio militar en Septiembre. "El ejército me tomó como si fuera una israelí" dice con orgullo. "Finalmente soy parte de este país".