Mientras los geólogos han tratado de recolectar datos sobre los temblores de tierra ocurridos desde principios del siglo XX, son casi inexistentes los registros fidedignos de una actividad sísmica anterior. El descubrimiento de dos fallas no conocidas en Israel, activas desde mucho antes que los científicos comenzaran a registrar en forma sistemática los temblores de tierra, son el resultado de encuentros casuales que ayudaron a resolver incógnitas sobre el pasado y que pueden influir en la planificación futura.
por Daniella Ashkenazy
En una reciente visita a un sitio arqueológico en el Néguev, el Profesor Emanuel Mazor del Departamento de Investigación de la Energía y las Ciencias Ambientales del Instituto Weizmann, escuchó acerca del trabajo del Dr. Andre Korzhankov, un geólogo ruso responsable del registro del daño producido por terremotos en Kirguistán. Korzhankov definió unas 22 señales indicadoras de que los movimientos sísmicos pueden "registrar" en los daños a edificios: por ejemplo, la dirección y grado en que las grietas se abren, cómo y cuál es la distancia a la que los escombros son lanzados, etc. Entonces compara estos signos con los datos en relación al epicentro, la dirección y la magnitud del movimiento sísmico registrado en los instrumentos de medición en el momento del temblor.
Al escuchar sobre el trabajo de Korzhankov, Mazor dijo que las cosas repentinamente se "colocan en su lugar". Los sitios arqueológicos son, en la práctica, "archivos sísmicos" para el estudio de terremotos pasados. Hasta entonces todo lo que le interesaba a los arqueólogos, al notar señales de temblores, era saber si el sitio había sido asolado por invasores o las por fuerzas naturales.
Juntos con el Dr. Alexander Becker, un geólogo estructural del Centro de Ciencias Ramón, Mazor y Korzhankov se dieron cuenta que observando las consecuencias de muestras dejadas en las ruinas por movimientos sísmicos del pasado, un geólogo puede calcular la magnitud e indicar con precisión el epicentro de un terremoto que ocurriera mucho antes del siglo XX - incluso aquellos ocurridos 2.000 años atrás.
El nuevo enfoque del Dr. Korzhankov fue probado en una serie de mediciones de lugares arqueológicos en el Néguev, como la antigua ciudad Nabatea de Avdat. Durante sus múltiples visitas a Israel, encontró evidencia que la ciudad de Avdat fue arrasada por un terremoto no tan solo una vez, como se creía previamente, sino que dos: una, durante el siglo IV y nuevamente en el siglo VII. Sin embargo la real sorpresa fue ubicar el epicentro de uno de esos temblores.
En las paredes de una estructura bizantina en la antigua ciudad de Shivta, el equipo llegó a un punto donde una piedra de 50x50 cm. en la base de la muralla fue lanzada 74 cm. adelante, y otras se dieron vuelta en el lugar en una manera que indicaba un fuerte y rápido estremecimiento causado por un movimiento sísmico. En otro lugar cercano, la piedra angular en el arco de una iglesia bizantina, en la antigua ciudad de Mamshit, se deslizó hacia abajo en un segundo desprendimiento cuando el arco se estiró abriéndose en el mismo devastador terremoto del siglo VII, causando el deslizamiento de la piedra angular varios centímetros antes que se viera atrapada en una posición ligeramente distinta cuando el arco volvió a su posición original. (Ver fotografía)
Después de estudiar cientos de indicadores de daños como ese y sus distintos grados, se llegó a la conclusión que a diferencia de otros temblores en los siglos IV, Ví y XX, el epicentro del mayor terremoto en el siglo VII estaba "cerca de casa", en las montañas del Néguev, no en el hendidura del valle - la mayor falla que corre desde el Mar de Galilea, siguiendo el Valle del Jordán pasando por el Mar Muerto y después baja hasta Eilat, siendo pensada por los geólogos como la falla causante de todos los movimientos sísmicos anteriores en el Néguev. Hasta entonces, las Montañas del Néguev eran tenidas como tan sólidas e inamovibles como la Roca de Gibraltar.
La nueva evidencia también demostró que la Hendidura del Valle y las Montañas del Néguev, no sólo son dos sistemas diferentes, sino que responden de manera distinta a la presión. La presión tectónica en el valle responde a numerosos y pequeños temblores, en cambio la presión que aumenta en las montañas del Néguev tiende a responder a un único y poderoso golpe, registrado en la piedra angular, entre otros signos.
Una segunda y desconocida falla, examinada al mismo tiempo en que Mazor y su equipo estudiaban las ruinas en el Néguev, fue el centro del trabajo realizado por un equipo de arqueología submarina encabezada por el Profesor Avner Rabán del Centro Recanati para Estudios Marítimos de la Universidad de Haifa, junto con el Profesor Kenneth Holum del Departamento de Historia de la Universidad de Maryland. El equipo había explorado el antiguo puerto de Cesárea, situado a mitad de camino entre Tel Aviv y Haifa. Era ya conocido que la mayor parte del puerto, construido por Herodes entre el 22 y 10 AEC, se había hundido en el lecho marino, sin embargo los geólogos lo asociaban con otros factores - posiblemente el hundimiento del puerto en la arena con el transcurso del tiempo. Los arqueólogos llegan a la conclusión que la causa fue mucho más repentina y dramática.
Durante el más reciente período de excavación arqueológica, el equipo Rabán-Holum vio una clara evidencia de actividad sísmica, esto lo notaron en el embarcadero norte. Cuando los buzos excavaron bajo los cimientos del muelle, encontraron el canto de una falla donde el lecho de roca se había quebrado y deslizado unos tres metros. Se descubrió que era parte una falla submarina paralela a la costa, de edad desconocida a los geólogos. La falla, que divide la base del puerto de norte a sur, es ahora conocida como la responsable por los dos últimos temblores - el primero a fines del siglo I y el otro en la mitad del siglo VI. El segundo movimiento sísmico derribó las dos torres localizadas a la entrada del puerto artificial, hundiendo el lecho marino hasta una profundidad de seis metros.
La importancia de estos dos descubrimientos va más allá de lo académico. Mientras no se pueda predecir cuando se va a producir un movimiento sísmico, existe el consenso que donde ha ocurrido un sismo en el pasado hay una posibilidad que ocurra en el futuro. En consecuencia, el Profesor Mazor y el Profesor Rabán creen que esta información sobre movimientos y sacudidas naturales en el pasado, acumulada por una evidencia arqueológica debería ser tomada en cuenta en los planes de desarrollo industrial y urbano en el futuro.
Si, por ejemplo, la línea de la costa es menos estable de lo que se pensaba previamente, los descubrimientos en Cesárea pueden tener implicancia para las construcciones sobre la costa, como construcciones de islas artificiales frente a Tel Aviv conectadas con la tierra firme por una carretera elevada - lo que ya es sujeto de un debate público. Y si suena como una irrelevante y remota preocupación - el Profesor Rabán agrega que como resultado del terremoto en Turquía, las calles a lo largo de la bahía de Sinachik - una zona turística en la costa - se hundieron seis metros.