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En nombre de la ciencia

1 abr 2000
 ISRAEL REVISTA EN LA RED: Abril de 2000
 
     
En nombre de la ciencia...
 
 

 

 

 

Daniella Ashkenazy
 

Una singular exposición trata de combinar el arte con la ciencia.

por Daniella Ashkenazy

El Profesor Abraham Tamir es el curador de una singular exposición del Museo de Artes y Ciencias ubicado en el campus de la Universidad Ben Gurión en el Néguev. Creada en 1998,- la muestra exhibe "la otra cara de la moneda" en las relaciones entre el arte y la ciencia.

Tamir señala que el foco se centraba habitualmente en el impacto de la ciencia sobre el arte: de qué manera ofrecía la ciencia nuevos materiales y herramientas, y revelaba nuevas técnicas a los artistas. Esto queda claramente demostrado por el arte que se crea con la computadora y la multimedia. No obstante, prácticamente se ignoraba de qué manera podía el arte comprobar la ciencia y las leyes de la naturaleza.

Las 200 obras que el Profesor Tamir expuso en la exhibición que llevó a cabo en el vestíbulo circular central del edificio de cuatro pisos Kreitman Zlotowsk no son nuevas, pero sí originales. Se trata de grandes reproducciones de clásicos famosos en el mundo entero, que incluyen desde antiguos maestros como Leonardo da Vinci hasta impresionistas como Van Gogh y Manet o artistas modernos como Dalí, Picasso, Pollock, Magritte y Escher. En la misma exposición, que también continúa en los corredores del contiguo edificio administrativo, se pueden observar decenas de hologramas, ilusiones ópticas y fotomontajes de multi-imagen.

Tamir cree que cada pieza resalta la manera en la que el arte puede brindar una forma visual de principios científicos abstractos o, tal como él lo define, "demostrar la ciencia a través del 'ojo' del arte". Por consiguiente, podemos contemplar el arte no sólo en su interpretación estética de la realidad sino también como una expresión visual de elementos netamente científicos como la fuerza de gravedad, el movimiento y el fluir de los líquidos o aun el caos y el infinito.

Tamir explica la idea que inspira esta exposición. En el pasado, grandes artistas como Leonardo da Vinci no vivían en un mundo compartimentalizado que separaba las artes de las ciencias. Hoy en día, en una era dominada por la especialización y sumida en relaciones de "grado cero" y de "o... o", el arte y la ciencia se han desconectado casi por completo. Esta muestra busca "reunir las dos entidades" y demostrar a los visitantes cómo ambas pueden interactuar.

La esencia de esa relación es "la dualidad y no la dicotomía": la ciencia es el instrumento para la creción del arte y el arte puede ser usado como un medio para la ilustración de la ciencia. Es probable que el ejemplo más impresionante de esta idea que el museo desea resaltar sea la teoría de la relatividad de Einstein. En el universo de Einstein la velocidad de la luz es también la velocidad máxima en la naturaleza. Esto puede llevar aparentemente a conclusiones insólitas, demostradas inconscientemente por diversos artistas. Por ejemplo, el hecho de que un viajero que se desplace a la velocidad de la luz se volvería totalmente plano, de manera tal que su rostro podría ser visto en la parte posterior de su cráneo, es "ilustrado" por el travieso cuadro de Magritte "La casa de vidrio". En "La persistencia de la memoria", Salvador Dalí parecería ilustrar otro aspecto de teoría de la relatividad de Einstein: los flácidos cuadrantes de los relojes que cuelgan sobre los objetos en un paisaje calmo y desolado podrían indicar que el tiempo realmente pareciera haberse detenido.

Otro de los ejemplos favoritos del Profesor Tamir es la "Noche estrellada" de Van Gogh: una aldea azulada y soñolienta bajo un cielo espectacular, en el que la mengua y el flujo cósmicos están representados por corrientes y torbellinos de pinceladas azules, amarillas y anaranjadas. El Profesor Tamir señala dos gigantescas nebulosas entrelazadas en espiral, cuenta once grandes estrellas semejantes a bolas de fuego con aureolas de luz, destaca la yuxtaposición de una luna anaranjada que atraviesa el sol y hace hincapié en una banda ondulante -tal vez la Vía Láctea- dibujada encima del horizonte. "Si bien es probable que Van Gogh no estuviera familiarizado con la hidrodinámica del flujo de los líquidos y su circulación sobre los cuerpos sumergidos, pintó ambos conceptos de manera sumamente expresiva", explica.

Tamir ve también en el "Límite del círculo III" de Escher, con peces cada vez más pequeños, una fascinante forma de describir el infinito. Los peces van disminuyendo y reduciéndose cada vez a la mitad de su tamaño anterior, en un círculo finito que encierra un número infinito de peces.

El Profesor Tamir, un destacado ingeniero en química y ex rector de la Universidad Ben- Gurión, considera esta exposición sólo como un comienzo. Su sueño es presentar muchas muestras como ésta en el mundo entero, para llegar al público y mostrarle la íntima reciprocidad que vincula al arte con la ciencia.

Citando al físico Cheg-Dau Lee, laureado con el Premio Nobel, Tamir señala que "la ciencia y el arte no están separados. Ambos nos ayudan a conocer la naturaleza. Con la ayuda de la ciencia podemos descubrir la rutina de la naturaleza. A través del arte podemos describir las emociones de la naturaleza".

 
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