Eytan Bentsur
Director General
Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel
Hasta hace muy poco, el mantenimiento de la "zona de seguridad" en el Líbano era parte integrante de la política israelí. Esta zona, que se extiende unos kilómetros al norte de la frontera de Israel con el Líbano y que patrullan soldados israelíes junto con su aliado el Ejército del Sur del Líbano (ESL) fue creada hace unos quince años para proteger el norte de Israel de las incursiones y bombardeos terroristas. Aunque Israel no tiene reivindicaciones territoriales en el Líbano, en aquellos momentos se consideró necesario desplegar fuerzas en el interior del Líbano para poder responder a las amenazas de seguridad que emanaban de territorio libanés. Los israelíes aún recuerdan con horror las escenas de carnicería y destrucción que se produjeron tras los repetidos ataques lanzados contra nosotros desde el Líbano a finales de los 70 y principios de los 80.
Sin embargo, con el tiempo, la "ecuación libanesa" ha ido cambiando. Tanto es así, que hace unos meses el gobierno israelí decidió retirarse unilateralmente del Líbano para proteger la seguridad de Israel a la luz de la nueva situación. Y de hecho, la retirada de Israel del sur del Líbano se completó el jueves 25 de mayo.
La retirada israelí se ha llevado a cabo en plena coordinación con las Naciones Unidas y constituye el cumplimiento por parte de Israel de sus obligaciones recogidas en la Resolución del Consejo de Seguridad 425 (1978) cuyo objetivo es restaurar "la paz y la seguridad internacionales" a ambos lados de la frontera. Consciente de esto, Israel ha trabajado en estrecha colaboración con las Naciones Unidas a la hora de coordinar la retirada, marcar la frontera y definir el futuro papel que habrá de desempeñar la Fuerza Interina de las Naciones Unidas activa en la zona. Israel también ha informado y coordinado sus acciones con los líderes mundiales para dejar claras sus intenciones en lo que respecta a la retirada y sus opciones de seguridad en el futuro. Durante los debates celebrados al más alto nivel político en Estados Unidos, Europa, Rusia y Asia, nuestra postura ha sido bien recibida, comprendida y respaldada.
La retirada ha sido el resultado del reconocimiento de que el concepto de "zona de seguridad" ya no era efectivo ni necesario y de que existen hoy por hoy otros medios a nuestra disposición para salvaguardar la seguridad en la frontera norte de Israel.
Habríamos preferido llevar a cabo la retirada de acuerdo con el Líbano. No obstante, esta no era una opción viable dadas las presiones externas a las que está sometido el Líbano. Por ello decidimos llevar a cabo una retirada unilateral.
Al retirarse del Líbano, Israel ha eliminado las alegaciones de "legitimidad" que subyacen a los continuos ataques terroristas contra los soldados y civiles "ocupantes" , reforzándose así la posición de Israel en el marco de sus esfuerzos por traer la paz a la frontera norte. Israel recupera así la iniciativa y redefine los parámetros de sus acciones. Los terroristas ya no pueden causar estragos y provocar la violencia bajo la dudosa bandera de la "liberación del Líbano".
Israel también espera que la retirada traerá el fin de la inaceptable guerra por poderes que llevan a cabo contra Israel grupos como Hezbolá cuyas "reglas del juego" fueron de hecho determinadas en Damasco y Teherán. Irán ha suministrado continuamente armas, municiones, apoyo logístico, financiación y formación a los grupos terroristas del Líbano al tiempo que Siria ha permitido e incluso fomentado que dichos grupos operasen libremente contra Israel en el amplio territorio libanés que se encuentra bajo control militar sirio.
Los israelíes suspiraron de alivio el miércoles cuando supieron de que por fin habíamos salido del Líbano y de su complejo atolladero de terrorismo y violencia. Las tragedias y el derramamiento de sangre resultado de nuestra implicación en el Líbano han dejado profundas cicatrices en nuestra nación y todos ansiamos que se cumpla la promesa de calma y normalidad a lo largo de la frontera norte.
Con todo, somos conscientes de que las esperanzas deben reforzarse con una dosis de realismo y disuasión. Por esta razón, hemos dejado bien claro que si tras la retirada, Israel es objeto de ataques desde territorio libanés, la respuesta será contundente. Será una respuesta basada en el puro, simple y evidente derecho a la autodefensa, la piedra angular del derecho y la legitimidad internacionales. Dicha respuesta irá dirigida no sólo a los terroristas que lleven a cabo el ataque sino también a aquellos que apoyen o posibiliten que las organizaciones terroristas operen contra Israel desde el Líbano. Estoy seguro de que cualquier nación actuaría de forma similar para proteger a sus ciudadanos de un ataque del exterior.
Más allá de la retirada israelí, la Resolución 425 también obliga al gobierno libanés a ejercer una "autoridad efectiva" en todo su territorio. Habiendo cumplido con su parte de la resolución, Israel espera ahora que Beirut colme el vacío creado en el sur y controle la creciente hegemonía terrorista en la zona fronteriza.
Junto con su responsabilidad de prevenir el terrorismo contra Israel, el gobierno libanés deberá actuar también para evitar actos gratuitos de venganza y represalia contra aquellos de sus ciudadanos del sur que cooperaron con Israel durante todos estos años para prevenir la invasión terrorista de sus pueblos y hogares. Por su parte, Israel ha abierto sus puertas y ofrecido refugio a todos los soldados del ESL y funcionarios civiles que prefieran cambiar de domicilio.
Los israelíes ansían que prevalezca la calma y la tranquilidad en su frontera norte. Acogeríamos con satisfacción un gobierno libanés que se haga plenamente responsable de su territorio soberano y se responsabilice de los acontecimientos que se produzcan en su territorio. Consideramos que nuestra retirada del Líbano puede crear el impulso necesario para este cambio.
Aunque hemos adoptado una decisión histórica y hemos retirado nuestras fuerzas del Líbano, debemos recordar que todavía estamos inmersos en un proceso de pacificación de una frontera que se está llevando a cabo en el contexto de un proceso aún más amplio, el de alcanzar una paz global en Oriente Próximo. Todas las partes interesadas en promover la reconciliación árabe-israelí deben recordar que la estabilidad del Líbano es un elemento indispensable para una paz global en Oriente Próximo. Estamos convencidos de que tanto Israel como el Líbano desean esa paz y que las gentes de toda la región se la merecen.
He invertido la mayor parte de mi carrera diplomática en promover y ayudar a construir este proceso, desde sus comienzos aquí en la Conferencia de Madrid en 1991, hasta las audaces decisiones adoptadas por el gobierno de Barak recientemente. Me enorgullezco de haber tomado parte en este empeño. Habiendo sido testigo de primera mano de los esfuerzos realizados por los líderes israelíes para que el proceso siguiera avanzando, confío en nuestra capacidad y perseverancia para alcanzar la paz por la que tan arduamente hemos trabajado, tanto en la frontera norte como en el resto de la región.