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La Cultura en Israel- En la Cuspide del Milenio |
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La Cultura en Israel: En la Cuspide del Milenio
Junio 2000
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Monumento a los Combatientes de los Guetos y Partisanos, Yad Vashem
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por Asher Weill
Asher Weill es el anterior director de Ariel - la Revista de Artes y Letras de Israel.
Una reseña de la historia cultural de cualquier país que cubra los últimos cincuenta años mostraría enormes cambios - indudablemente un gran salto - y ciertamente más variedad que en cualquier otro período de cincuenta años en la historia. Con mucha mayor razón en Israel, donde ese período ha estado marcado por una serie de acontecimientos estremecedores que tuvieron - y siguen teniendo - influencia sobre la naturaleza y el carácter cultural mismo de esta joven, pero antigua nación.
Israel en 1948: un país de 640.000 judíos; tan sólo tres años después del exterminio de seis millones de ellos en la Europa ocupada por los nazis. Un país en vísperas de ser invadido por cinco países árabes vecinos que intentaban aniquilarlo, o, en los términos de uno de los líderes árabes, "arrojar a los judíos al mar". Un país en pleno proceso de absorción de los remanentes del diezmado judaísmo europeo - despojados de todos sus bienes materiales y brutalmente arrancados de sus raíces culturales y lingüísticas, pero tratando de sobrevivir y crear una nueva vida en un pedazo de tierra que estaba dispuesto a aceptarlos.
Cada una de las décadas que siguieron estuvo marcada por convulsiones políticas y sociales. El decenio de los cincuenta fueron los años de la inmigración masiva de judíos de los países árabes: de Marruecos, del Yemen, de Irak; y de decenas de miles de judíos de otros 70 países del mundo, y cada uno de ellos trajo consigo su propio lenguaje, su propio legado nacional y su propio bagaje cultural.
Los sesenta estuvieron marcados, por sobre todo, por la Guerra de los Seis Días de 1967, en la que todo un nuevo mito nacional y una sensación de euforia envolvió no sólo a la población judía de Israel, sino de hecho a toda la diáspora judía - y que fue destruido en gran medida por la Guerra de Yom Kipur en 1973 y sus consecuencias, muchas de las cuales nos siguen acompañando casi tres décadas después. Los años setenta y ochenta vieron las primeras y vacilantes tentativas de paz con el mundo árabe, comenzando con la histórica visita a Israel del presidente de Egipto, Anwar al-Sadat, en 1977.
Al inicio del nuevo siglo, Israel está embarcado en el largo camino hacia la normalización con gran parte del mundo árabe. Hay relaciones plenas con Egipto y con el Reino Hashemita de Jordania y relaciones a diversos niveles con varios otros países islámicos, incluyendo a Marruecos, Túnez, Mauritania, Omán y Qatar. Con los nuevos vientos que soplan en el Medio Oriente, hay grandes esperanzas en el resultado de las conversaciones de paz que se mantienen actualmente a diversos niveles con algunos de los más serios enemigos de Israel en el pasado, incluyendo el Líbano, la Autoridad Palestina y Siria. Los resultados de dichas conversaciones tendrán una influencia decisiva no sólo en la vida política del país, sino también en su desarrollo cultural.
La primera tarea que afrontó el joven estado, una vez que su seguridad física estuvo garantizada, fue la de revisar el sistema educacional existente y erigir una estructura que permitiera la creación de la muy variada población que conformaba este nuevo estado, un solo pueblo israelí. Se cometieron muchos errores en el proceso. Tomó mucho tiempo y costó algunas amargas experiencias captar que el objetivo no era un crisol, para emplear el concepto entonces usual, sino más bien una combinación en la que cada individuo pudiera conservar orgullosamente su legado cultural en medio de una sociedad receptiva que aseguraba su lugar a cada cual, forjando una identidad cultural homogénea - una bouillabaisse de sabores individuales que se combinan para crear un todo armónico. Esa meta aún no ha sido alcanzada en su totalidad, pero es aceptada como objetivo.
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Eliezer Ben-Yehuda
La Orquesta Filarmónica Israelí
Mordejai Ardón: Hacia Jerusalem
Festival Internacional de Poesía, Jerusalem
Literatura infantil
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La reforma del sistema educativo estuvo estrechamente ligada con la necesidad de enseñar el hebreo a los nuevos inmigrantes, que en su mayoría no tenían conocimientos previos del idioma. El hebreo, una de las más antiguas lenguas del mundo, prácticamente había muerto como idioma coloquial cotidiano, aunque aún se empleaba en la oración. Su renacimiento fue en gran medida la obra de un hombre, Eliezer Ben-Yehuda (1858-1922) quien, junto con un puñado de seguidores, creó en una generación un "nuevo" y dinámico idioma que se convirtió en la lengua materna de los habitantes judíos de Eretz Israel.
El Comité del Idioma Hebreo, fundado por Ben-Yehuda, acuñó literalmente miles de nuevos vocablos y conceptos basados en fuentes bíblicas, talmúdicas y otras, para responder a las necesidades y exigencias de la vida en el siglo XX. El dominio del hebreo pasó a ser una meta nacional: el lema en boga de aquel tiempo era "Yehudí, daber ivrit" (Judío - habla hebreo), una exhortación que fue inculcada ya a los niños en el jardín de infantes, a los escolares y a los adultos por igual. Se establecieron escuelas intensivas especiales para la enseñanza de hebreo, llamadas ulpanim, en pueblos, aldeas, kibutzim, y centros comunitarios a lo largo de todo el país.
La época previa a la creación del Estado tuvo, por supuesto, una rica vida cultural propia, a pesar de la escasa población. La literatura floreció, encabezada por el poeta nacional Jaim Najman Bialik y el escritor Shmuel Yosef Agnón. Agnón, que habría de recibir el único premio Nobel de Literatura de Israel - hasta la fecha, en 1966.
La Orquesta Filarmónica de Palestina, que posteriormente se convertiría en la Orquesta Filarmónica de Israel, fue fundada por el renombrado violinista de origen polaco Bronislaw Huberman, en 1936, y su concierto de estreno fue dirigido por Arturo Toscanini.
La Academia de Artes Betzalel, que había sido fundada en Jerusalem por el profesor de origen búlgaro Boris Schatz en 1906, ya había capacitado una generación de pintores, escultores, alfombreros y artesanos cuyos trabajos eran ampliamente apreciados e incluso habían sido exhibidos en el exterior. Pintores como Reuvén Rubin, Anna Ticho, Mordejai Ardón, Yosef Zaritsky, Marcel Janco; los escultores Yitzjak Danziger, Avraham Melnikoff, Jana Orloff y otros empezaron a gozar de reconocimiento internacional.
El Teatro Habimá, fundado en Moscú en 1917, se trasladó a Tel Aviv en 1931 y de inmediato atrajo una grande y cálida audiencia a sus presentaciones teatrales, que ya habían comenzado a incluir obras de dramaturgos locales.
Pero los tiempos eran tiempos de cambio. Los primeros signos se presentaron en la literatura, con la obra de un grupo de escritores que fue conocido como la "Generación del Palmaj" (el Palmaj fue la fuerza de choque de la Haganá, precursora de las Fuerzas de Defensa de Israel). Estos escritores, que combatieron en la Guerra de la Independencia y que habían ingresado al panteón de la literatura israelí incluyen a S. Yizhar, Jaim Guri, Janoj Bar Tov. Benjamín Tammuz, Aharón Megged, Yoram Kaniuk, Igal Mossinsohn, Moshé Shamir y los poetas Yehudá Amijai, Natán Alterman y Uri Zvi Greenberg. Las obras de estos escritores, varios de los cuales siguen activos, asumió frecuentemente la forma heroica que exigía la época. Ellos dieron el tono para la creación artística también en otras áreas y pueden ser considerados como el punto de partida de la actividad cultural hebrea contemporánea.
Siguieron a estos ídolos literarios los escritores de la así llamada "Generación del Estado". Estos autores estaban profundamente influidos por la generación anterior y la creación del estado, y la lucha existencial durante su propia infancia eran aún sus principales preocupaciones. Varios de estos escritores han obtenido importante reconocimiento internacional y sus obras son ampliamente traducidas. Entre ellos se incluyen Amós Oz, A. B. Yehoshúa, Yehoshúa Kenaz y Aharón Appelfeld (la principal influencia de este último es la del Holocausto, aunque su obra, ubicada en escenarios europeos amorfos e intangibles, sólo contiene alusiones a los cataclísmicos acontecimientos de esa época).
Pero también los escritores de la "Generación del Estado" han pasado la batuta literaria. Algunos escritores más jóvenes, ahora en sus cuarenta años de edad, como David Grossman, Yeshayahu Koren, Meir Shalev y Jaim Beer, continúan teniendo importante influencia en la escena literaria local, y son publicados igualmente en el exterior. Un importante fenómeno en la escritura local actual es el predominio de las mujeres, cuya voz prácticamente no fue escuchada durante los primeros años del estado. Entre ellas se cuentan Shulamit Hareven, Amalia Kahana-Carmón, Shulamit Lapid, Yehudit Lapid, Savyon Leibrecht, Nava Semel, Nurit Zarchi, Batya Gur, y las poetas Dalia Ravikovich y la difunta Yona Wallach.
Ahora somos testigos de una nueva generación de escritores, esta vez de naturaleza muy diferente. Ya se han superado las antiguas preocupaciones por la construcción de la nación, la absorción de nuevos inmigrantes, la heroica obra de los pioneros en los kibutzim, el crisol de las diásporas, las preocupaciones existenciales con respecto al futuro del país. En lugar de ellas hay una nueva tendencia con menos preocupaciones espirituales - la buena vida, búsqueda de la felicidad, ridiculización de las causas "sagradas" - frecuentemente en un estilo literario surrealista, anárquico, iconoclasta y a veces hasta nihilista. Las acciones que interesan a estos escritores ya no son las causas por las cuales sus padres lucharon con todas sus fuerzas, sino las mismas cosas que preocupan a sus colegas en París, Londres o Nueva York. Entre estos escritores se cuentan Yehudit Katzir, Orly Kastel-Bloom, Etgar Keret, Irit Linor, Gadi Taub, Alex Epstein, Esty Hayim y varios más, la mayoría de los cuales pueden ser calificados como la "Generación Post-Sionista".
A pesar de la invasión de la televisión y las computadoras (ordenadores), la literatura infantil sigue siendo popular en Israel, especialmente aquellos libros escritos por autores premiados como Uri Orlev, Meir Shalev, Yehudá Atlas, Efraim Sidón, Nira Harel, David Grossman, Tamar Bergman, Guila Almagor, Daniela Carmi, Nava Semel, Dorit Orgad y Mijal Snunit. Al igual que en la literatura para adultos, muchos de los temas ya no se limitan a la vida en el kibutz y los pioneros, sino que tratan tópicos universales que interesan a los niños en todo lugar. Por ejemplo, las obras de Yehudá Atlas "Y ese niño soy yo" y su continuación "Y ese otro niño también soy yo" conmovieron a los niños israelíes y a sus padres, y sus versos más bien rudos e iconoclastas los han mantenido como bestsellers por más de una década. Cada vez más, la literatura infantil israelí encuentra editores que publican esos libros en el extranjero, especialmente en Estados Unidos y Europa.
Otra importante variante en la vida cultural de Israel es el florecimiento de una fuerte conciencia étnica por parte de los escritores de origen sefardí (judíos provenientes de los países árabes más que en el elemento ashkenazí o "europeo"). En la literatura, esta tendencia se evidencia en las obras de Shimón Ballas, Sami Mijael y Eli Amir, todos oriundos de Irak, Amnón Shamosh, nacido en Siria, Albert Suissa, oriundo de Marruecos, e Itzjak Gormezano-Goren, nacido en Egipto, para nombrar sólo a algunos.
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Es posible destacar una tendencia similar y más notoria en la música, donde la así llamada "oriental" - más apropiadamente música "mediterránea" - es cada vez más popular, especialmente entre los jóvenes. Los cantantes populares en este estilo incluyen a Zehava Ben, Sarit Hadad, Jaim Moshé, Itzjak Kala y Avíhu Medina y quizá está a la cabeza de ellos Ofra Jaza, que ganó fama internacional, pero murió prematuramente en el año 2000 a los 41 años de edad. Una orquesta que ha logrado éxito en los últimos años,que interpreta exclusivamente música mediterránea, es la Orquesta Andaluza de Ashdod (de hecho, una gran parte de sus músicos son de origen ruso). Otros dos conjuntos muy exitosos son Habrerá Hativit ("Alternativa natural") y Bustán Avraham ("Huerto de Abraham"). Este último es un conjunto de fusión que incorpora elementos griegos, turcos, persas e hindúes en el ambiente mediterráneo general.
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El Coro Sheba con su director, Shlomó Gronij
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Conforme a lo que hemos visto, los padres fundadores de la cultura de Israel consideraron como un imperativo nacional la creación de una sociedad en la que la individualidad étnica y los variados trasfondos culturales se integraran dentro de una sociedad "israelí" homogénea. Hoy en día, dicha concepción es en gran medida cosa del pasado. Israel es una sociedad multicultural y ahora se acepta que el país sólo se beneficia con la mantención de la individualidad cultural, mientras lucha por lograr una cultura israelí paralela que absorba y se enriquezca de las numerosas tendencias que son parte del todo. Israel sigue siendo un país de inmigrantes - desde 1989 han llegado más de un millón de personas de los países de la ex Unión Soviética. En la "Operación Moisés" de 1984-86 y la "Operación Salomón" de 1991, llegaron más de 30.000 judíos de Etiopía. Todos ellos, además de los miles de otros inmigrantes de todo el mundo, han aumentado la población del país en un 12 por ciento en sólo 6 años - que es igual a que Estados Unidos recibiera 30 millones de personas en el mismo período de tiempo!
La llegada de tanta gente de la ex Unión Soviética ha tenido un gran impacto en la vida cultural de Israel en todas sus manifestaciones, pero por sobre todo en el campo de la música. (El chiste típico en el clímax de la última ola inmigratoria era que si un inmigrante ruso descendía del avión sin un violín bajo el brazo, probablemente era un pianista). El país ha visto una proliferación de nuevas orquestas, conjuntos de cámara, coros y solistas, y lo que no es menos importante, la educación musical en el país se ha enriquecido inmensamente. No hay escuela o centro comunitario en el país que no cuente con un conjunto musical propio que interpreta bajo el vigilante oído de un profesor de habla rusa. Parece probable que en los próximos años veremos jóvenes músicos, ya sea nacidos en Israel o en el exterior, que bajo la tutoría de inmigrantes de la ex Unión Soviética se unan al selecto grupo de solistas israelíes como Yitzjak Perlman, Pinjás Zuckerman, Daniel Barenboim y Shlomo Minz, que han dejado su marca en las salas de concierto y en los estudios de grabación en el mundo entero.
La ópera siempre ha tenido sus adherentes en Israel, incluso en los primeros días del estado. La Opera de Tel Aviv montó obras en una variedad de idiomas e incluso sirvió de comienzo de un promisorio joven tenor español llamado Plácido Domingo. En los últimos años la ópera también ha recibido un enorme estímulo con la inmigración masiva rusa. Con la apertura en 1995 de la magnífica sede de la Opera en Tel Aviv, en el Centro de Artes Escénicas Golda Meir, la ópera en Israel ha ingresado a una nueva era.
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El Teatro Guésher
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El teatro también se ha alejado de la imagen heroica, algo melodramática y estudiada del Habimá, la compañía nacional de teatro. Conjuntos más nuevos, como el Cámeri, que celebró su 50o aniversario en 1996, los teatros de Haifa y Beer Sheva, y el Khan en Jerusalem, se han unido al teatro nacional en la presentación de obras y normas de actuación, mucho más acordes al tiempo presente y al lugar, que reflejan la realidad y las preocupaciones de nuestros días. La más nueva e importante compañía de teatro en el país es Guésher ("Puente"), que fue creada por inmigrantes de la ex Unión Soviética - en un comienzo para proporcionar trabajo a actores inmigrantes que aún no dominaban el hebreo, y simultáneamente para responder a las necesidades culturales de una audiencia ruso-parlante ávida de cultura. En un breve lapso, Guésher empezó a montar obras en hebreo, con actores inmigrantes y otros nacidos en el país, y se ha convertido en una de las más innovadoras e interesantes compañías de teatro, como demuestran sus varias giras al extranjero dirigidos por Yevgeny Ariéh.
El Teatro Beit Lessin en el corazón de Tel Aviv es una importante compañía de repertorio que pone el énfasis en obras originales y extranjeras con un fuerte carácter y mensaje político y sociológico - teatro comprometido. Beit Lessin da expresión dramática a las múltiples controversias que prevalecen hoy en día en el país.
Orna Porat, que obtuvo el Premio Israel en 1999 por su desempeño sea como distinguida actriz y como empresaria teatral, creó el Teatro Orna Porat para Niños y Jóvenes en 1970 con el patrocinio del entonces ministro de Educación Yigal Alón. Se trata de una compañía de teatro ambulante que lleva las obras y la experiencia teatral a audiencias infantiles en más de 250 localidades del país.
Muchas de las producciones de teatro locales son de dramaturgos israelíes, y el público llena las salas para ver la última obra de autores como Janoj Levine, Yehoshúa Sobol, Shmuel Hasfari o Hillel Mittelpunkt. Levine, con sus 34 obras, ha sido a gran distancia el más prolífico y prominente dramaturgo de Israel. Su mordaz humor y su amarga sátira finalizaron con su prematura muerte en 1999.
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La danza es otra área que ha visto enormes cambios. Antes de 1948, la danza en el país era principalmente el campo de entusiastas intérpretes de bailes folklóricos, como Rina Nikova, nacida en Rusia, o Baruj Agadati, nacido en Tel Aviv, que estaban ocupados en crear un idioma de baile de un embrollo de influencias rusas, balcánicas y árabes locales, que se reunían en festivales regulares de danzas que comenzaron en 1944 en el kibutz Dalia. Desde entonces, han surgido varios grupos profesionales y escuelas de danza, siendo de destacar los grupos Batsheva y Bat Dor, la Compañía de Danza Contemporánea Kibutzianala, y el Ballet Israelí. De interés especial son la compañía Kol Demamá, un grupo de danza moderna que incluye bailarines sordos y oyentes, y algunos conjuntos de danzas étnicos como Inbal (yemenita) y Eskesta (etíope).
Antes de 1948, el único museo en el país de alguna importancia era la pequeña colección arqueológica en la Academia de Arte Betzalel en Jerusalem. Pintores y escultores tenían pocos lugares para exhibir sus obras, y solían pasar mucho tiempo en el exterior, especialmente en París, para ser conocidos. En 1965, las artes plásticas en Israel recibieron un importante estímulo con la apertura del Museo Israel en Jerusalem. Este, el más grande y más importante museo del país, tiene muchas secciones, destacándose las de arqueología y judaica, que incluyen las colecciones de Betzalel, así como el Santuario del Libro que alberga los Rollos del Mar Muerto; el ala juvenil Ruth; departamentos de fotografía y diseño, y por sobre todo, amplias colecciones de arte israelí moderno en exhibición permanente y en exposiciones temporarias, así como el mayor tesoro de esculturas del país en el Jardín de Esculturas Billy Rose. El Museo Israel ha sido acusado a veces de descuidar el arte israelí en favor del arte contemporáneo internacional, pero en los últimos años se han dado importantes pasos para ampliar sus actividades en esta esfera. Otras importantes instituciones en las que se puede contemplar arte moderno israelí son el Museo Tel Aviv, el Museo de Arte Ramat Gan, Mishkán Omanut en el Kibutz Ein Jarod, así como en pequeños museos a lo largo del país y en galerías privadas, que en su mayoría se concentran en el área de Tel Aviv.
Desde hace relativamente poco tiempo, Israel ha comenzado a desarrollar una industria cinematográfica. Antes de la creación del estado, el cine en el país se limitaba casi únicamente a la producción de películas de esclarecimiento para instituciones nacionales como el Fondo Nacional Judío. Si bien se realizaron unos pocos largometrajes en los primeros días del estado - es memorable una película llamada "La Colina 24 No Responde", en el tono heroico de aquellos tiempos - la producción cinematográfica comercial de calidad realmente se inició en las últimas décadas. Los más exitosos filmes tienden a presentar la vivencia del país, el conflicto árabe israelí, temas relacionados con el Holocausto, más que asuntos de una naturaleza más amplia y universal. Esta industria está seriamente limitada por la falta de fondos e inversiones, aunque el Consejo de Cine de Calidad, una institución pública, proporciona cierta ayuda.
A pesar de la influencia de la televisión (que comenzó en Israel recién en1967), los israelíes siguen siendo grandes consumidores de los entretenimientos populares en vivo. Una singular institución israelí llamada Omanut Laam ("Arte para el pueblo") llevaba, en los años 50 y 60, teatro y entretenimiento a las partes más distantes del país, exponiendo muchas veces al público a la primera experiencia teatral de su vida. Hoy en día, actuaciones de estrellas de la canción como Arik Einstein, Shalom Janoj, Yehudit Ravitz, Shlomó Artzi, Ehud Banai, Ahinoam Nini o Aviv Guéfen, de conjuntos como Tippex, Ethnix y Hfive (este último se disolvió recientemente) y de grupos cómicos como el Quinteto Cámeri y Hagashash Hajiver (que recibió el prestigioso Premio Israel para el año 2000), llenan las salas. Festivales de rock como el Festival Arad y el Festival del Mar Rojo en Eilat atraen a decenas de miles de jóvenes.
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Festival Israel, Jerusalem
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Israel en 1948 era un pequeño pedazo de tierra y una minúscula población con una impresionante preocupación por los problemas de la supervivencia diaria y luchando por crear el marco para un estado independiente y viable. Cincuenta y dos años más tarde, y al pasar de
un milenio a otro, es el hogar de una floreciente y vibrante vida cultural que incorpora numerosas formas de expresión humana. Se ha desarrollado de un pueblo introvertido, centrado en sí mismo y culturalmente
contenido, una fuerza universalista, extrovertida, dinámica y
multicultural. Sus artistas, escritores, bailarines y músicos han producido un impacto muy superior a su número, y una creciente variedad de festivales y eventos internacionales, como el Festival Israel, la Feria Internacional del Libro en Jerusalem, el Festival Internacional de Poesía, el Festival de Danza de Carmiel y muchos otros han pasado a ser sucesos de importancia en el calendario cultural mundial.
En Israel mismo, la constante búsqueda de una identidad cultural se expresa por medio de una dinámica creatividad en una amplia gama de formas artísticas, apreciadas y disfrutadas por un gran número de personas - no como una actividad para unos pocos privilegiados, sino como parte esencial del diario vivir.
En una oportunidad estaba sentado en las escalinatas
junto a las puertas de la Ciudadela de David,
había puesto a mi costado mis dos pesadas cestas.
Un grupo de turistas se encontraba allí
rodeando al guía
y yo les serví de punto de referencia.
"Veis a ese hombre con los canastos?
Justo a la derecha de su cabeza
hay un arco del período romano."
"Justo a la derecha de su cabeza."
"Pero se está moviendo, se mueve!"
Y yo me dije "La redención habrá de llegar
sólo cuando el guía explique y diga:
Veis ese arco del período romano?
Eso no es lo más importante,
junto a él, un poco a la izquierda
y debajo del mismo,
está sentado un hombre
que ha comprado frutas y verduras
para su familia."
Yehudá Amijai
Tradujo: Arié Comey
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