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Reviviendo la leyenda

1 jul 2000
 ISRAEL REVISTA EN LA RED: Julio de 2000
 
     
Reviviendo la leyenda
 
 

 

 

 

Realidad virtual: una unidad de adiestramiento del Palmaj en el desierto
Cortesía: WZPS/Sammy Avnisán
 

Un nuevo museo obtiene reconocimiento internacional por su diseño.

por Ruth Heiges

Después de cerca de una década de diseño y construcción, Beit Hapalmaj, el Museo de la Historia del Palmaj, ubicado junto al Museo de la Tierra de Israel en Tel Aviv, ha abierto finalmente sus puertas. El objetivo del museo, explica Ilán Lev, su director, es de lograr transmitir la sensación y la vivencia del período que condujo al establecimiento del estado.

"Desde el 1o de enero, cuando el museo abrió sus puertas al público, más de 10.000 personas han visto la exhibición", dice Lev. "Su reacción - 'magnífico'."

Si bien a Israel no le faltan museos y monumentos dedicados a la creación del estado y a aquellos que lucharon por él, este museo es extraordinario. El complejo total aún no está terminado; un auditorio con 450 localidades, una sala de conferencias, una biblioteca, archivos, una sala de exposiciones, un memorial y una cafetería se agregarán en el momento en que haya fondos disponibles. No obstante, el museo ya ha sido citado por su importancia arquitectónica y apareció en la edición de marzo de 1999 de Domus, una importante revista italiana de arquitectura, que alabó los planos por "integrarse totalmente en el paisaje y la topografía naturales, un lenguaje de diseño que parece fundir los ideales del Palmaj con materiales locales."

El Palmaj fue la fuerza de choque de la Haganá, la organización preestatal clandestina de defensa que después de 1948 fue incorporada a las Fuerzas de Defensa de Israel. Si bien existió solamente durante siete años, los valores que el Palmaj promovía - responsabilidad mutua, asistencia, sacrificio y contribución - son legendarios en los anales de la historia y la sociedad local.

En forma muy apropiada, la exhibición principal tiene lugar bajo tierra, en una serie de salas. Grupos de 25 personas, dirigidas por un guía, comienzan la visita en el memorial a los caídos. La sala siguiente es una versión a escala de la calle Herzl de Tel Aviv en 1941. Aquí empieza la experiencia multimedia, con la proyección de un noticiario sobre la guerra en Europa en la calle misma. Esto sienta las bases para la formación del Palmaj, que fue creado para hacer frente a dos amenazas: el avance del ejército alemán hacia Egipto y los ataques de la población árabe hostil a la comunidad judía.

Al pasar a la siguiente sala, uno se encuentra en un bosque de eucaliptos. Aquí se proyecta una película que introduce al visitante a una unidad ficticia de siete nuevos reclutas del Palmaj que se reúnen con su comandante para un entrenamiento. La historia de estos personajes acompaña a los visitantes a lo largo del resto del programa, que dura más de una hora.

Con el tiempo, la unidad gana adiestramiento y experiencia, y aparecen personalidades. Algunos son asignados a hacer estallar puentes, otros a guiar las caravanas de abastecimientos a Jerusalem, o a traer barcos de inmigrantes. El visitante observa cómo escuchan con atención la votación de la ONU sobre el destino del país, cómo combaten durante la guerra de la Independencia, y cómo expresan su dolor ante las tumbas de aquellos que no sobrevivieron. La escenografía, el sonido, la iluminación y los efectos especiales son notablemente realistas y hacen que el visitante se sienta parte de esta extraordinaria experiencia.

"Cuando Shaike Weinberg [el fallecido director fundador del Museo de la Diáspora y del Museo del Holocausto en EE.UU.] visitó por primera vez Beit Hapalmaj cuando estaba en construcción, dijo que su concepción no podría ser conseguida", explica Yehoshúa (Shaike) Gavish, general retirado y presidente de la organización sin fines de lucro que recaudó los fondos para la construcción del museo. "Al visitar nuevamente en 1999 y participar en la experiencia, declaró: 'Esta será una escuela internacional de museología'."

El museo fue diseñado por los arquitectos Zvi Hecker y Rafi Segal. Dado que Hecker actualmente trabaja en Berlín, han aparecido estudiantes de arquitectura alemanes en el museo. "Les digo que no podrán entender ni una palabra, porque todo el programa es en hebreo", explica Karkom Rosenstein, la coordinadora de guías. "Pero ellos insisten en entrar, a pesar del problema de idioma y de no tener absolutamente ninguna relación con esta experiencia. Cuando salen me dicen, 'No entendimos ni una palabra, pero lo sentimos todo'."

 
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