Aunque hayan sido forjados cuidadosamente, los acuerdos gubernamentales no pueden ser, por sí mismos, los creadores y garantizadores de un proceso de paz a largo término. Lo que se requiere es el desarrollo paralelo de un proceso de paz de persona a persona. Un pequeño experimento inicial en este sentido fue recientemente intentado con éxito, en la nueva dependencia de MASHAV, el Instituto del Negev para Estrategias de la Paz y el Desarrollo, en la zona del Negev, en el sur de Israel.
Aun cuando tenían un común denominador, los 28 participantes palestinos componían un grupo heterogéneo. Todos ellos viven en pueblos y ciudades palestinas, en la Margen Occidental y en la Franja de Gaza, todos ellos son voluntarios en la Medialuna Roja Palestina de su localidad (el equivalente islámico de la Cruz Roja, presidida por el Dr. Fathi Arafat, hermano de Yasser Arafat, Presidente de la Autoridad Palestina), y a todos les ocupa la paz.
Estos jóvenes voluntarios vinieron al Instituto del Negev, en el sur de Israel, para tomar parte en un curso innovador programado especialmente para personas activas en sectores no gubernamentales. El curso: El Papel de la Sociedad Civil en el Proceso de la Paz -Organizaciones Voluntarias de Salud, fue realizado con el auspicio del recientemente establecido Instituto del Negev para Estrategias de la Paz y el Desarrollo (NISPED), y apoyado por MASHAV, el Centro de Cooperación Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores.
NISPED fue establecido en el verano de 1997 y forma parte integral del Instituto del Negev, una institución de estudios superiores que sirve a la región. Su ámbito de acción se basa en el concepto de que la búsqueda de la paz y el asunto de la solución de conflictos siguen siendo temas centrales en la agenda global de la humanidad.
Las Naciones Unidas estiman que en 1995 hubo más de 50 conflictos serios y extensos en el mundo. Más de 4 millones de personas fueron muertas en esos conflictos, y más de 30 millones se convirtieron en refugiados. Además, las tensiones y fricciones dentro de las naciones y entre ellas, requieren lo que puede ser llamado soluciones pre-conflicto, para no degenerar en violencia. Teniendo como premisa indiscutible, que la paz en el mundo es hasta ahora una meta no lograda, el Instituto se propone desarrollar programas conducentes a la comprensión mutua y a la colaboración concreta; en resumen, un proceso de paz de persona a persona.
"Deseábamos que el curso fuera pragmático, que respondiera a necesidades reales", dice Abed Hamze, un beduino de la región de Galilea en Israel, quien coordinó el curso. "Les preguntamos a los directores de la Medialuna Roja: 'Cuáles son vuestras necesidades?' Y programamos el curso según eso. Hubo 80 candidatos, de entre los cuales se escogió a 28, dentro de una amplia gama geográfica". Abed, especializado en educación no formal, dirige también el Movimiento Juvenil Árabe, que cuenta actualmente con 2.000 miembros.
Las clases se dictaron en el Instituto del Negev, cerca de Sderot, en tanto que el alojamiento fue ofrecido en las nuevas casas de huéspedes del cercano Kibutz Ruhama. Para muchos de los participantes, ésta era su primera vez en suelo israelí y, para casi todos ellos, era la primera introducción a un asentamiento colectivo. Se alojaron de a dos en una habitación, cada una equipada con ducha privada y televisión; los jóvenes palestinos comieron en el comedor comunal y podían pasar sus veladas, si así lo deseaban, en la discoteca del kibutz. Al preguntárseles por el curso y las condiciones de vida, expresaron su satisfacción de ambos. Cada uno obtuvo un provecho diferente de su estadía en Israel, la primera en su tipo.
Lo que atrajo a Mohamed Daher, de Jenin, quien trabaja y es voluntario en la Medialuna Roja, fue ver la vida en un kibutz y encontrarse con los demás participantes del curso. Baheyeh Ateaq, cubierta con el tradicional tocado musulmán (cinco de las siete mujeres asistentes al curso usaban el atavío tradicional), trabaja en proyectos para el minusválido en su ciudad natal de Jenin. Ella consideró que aportará del curso un concepto mejor de cómo organizar el tiempo y cómo mejorar la comunicación de grupo.
Ashraf Alsaiglai, un estudiante de administración de empresas en la Universidad Abierta, descubrió algunos principios de cómo puede adaptarse al grupo un individuo, cómo ser dinámico en un grupo y cómo resolver conflictos dentro de él.
Emad Abu Seffen, un fotógrafo de videos, quien se voluntariza en su tiempo libre, dijo: "He aprendido cómo organizar mi tiempo. También aprendí todo sobre este grupo, son todos buena gente. Mi esperanza es de una pronta y verdadera paz".
"He tenido la oportunidad de expresarme ante el lado israelí, decirles lo que pienso, cómo me siento", recalcó Ibrahim Abu Rayya, de 38 años, un fisiólogo de Tulkarem. "Y gracias a este curso, he aprendido un poco de cómo piensan y viven los israelíes". Lo único que lamenta es que los miembros del grupo tuvieron demasiada poca oportunidad de encontrarse con muchos jóvenes del kibutz, con quienes les hubiera gustado conversar.
"Nuestros jóvenes están afuera en el trabajo durante el día", explicó Lelia, miembro del kibutz y la responsable de las casas de huéspedes. "A la noche, muchos están demasiado cansados en días de la semana para hacer vida social". Sin embargo, la discoteca, el comedor e incluso una ocasional barbacoa nocturna, proporcionaron alguna interacción, como asimismo los estudios en el Instituto del Negev, que tiene más de 6.500 estudiantes.
Mushrif Daraghmeh, quien trabaja en un centro primario de salud en su nativa Tubas en la Margen Occidental, quedó impresionado con la vida en un kibutz. En cuanto al curso, "fue un experimento fantástico: nos ofreció conocimientos sobre liderazgo, sobre cómo elaborar un proyecto y cómo adaptarlo a nuestras comunidades locales". Mohammed Hijazi, de Jericó, con un título de BS en administración de hospitales, pensó de manera similar: Para él, el mayor beneficio del curso fue aprender sobre gestión de liderazgo, la que proyecta aplicar en su comunidad local de Khan Yunis.
"Este curso me dio lo que necesitaba a fin de desarrollar habilidades para mi puesto en el banco", afirmó Ayman El Shair, de Rafa. Él posee un título de BS en comercio y contabilidad de una universidad egipcia, y es director del departamento de compensación de cheques en la sucursal del Banco de Palestina en su aldea.
Awni Jubran, 27 años, de Bet Sahur cerca de Belén, que trabaja de entrevistador en un programa de radio local, hizo hincapié en el aspecto de las comunicaciones del curso, asimismo, en la ganancia personal acumulada. Él encuentra que lo más importante es cultivar las relaciones personales entre israelíes y palestinos, y es activo en las relaciones establecidas entre las Universidades de Belén y de Tel Aviv. "Durante este curso, hice algunos amigos en el Kibutz Ruhama. Me propongo mantener el contacto con ellos. Usted sabe", él volvió al tema de la paz, "cada lado se imagina y piensa en la paz para sí mismo. Debemos ampliar nuestro punto de vista y contemplar cómo se verá la paz en ambos lados".
Amal Bassa, 23 años, acaba de terminar sus estudios universitarios en la Universidad de Belén, en donde obtuvo un BS en química analítica. Expresándose en perfecto hebreo, (estudió tres años en la Universidad Hebrea de Jerusalén), Amal habló con entusiasmo de su especialidad. "Desde que era pequeña, me atrajo la química. Ahora que he obtenido mi título, buscaré trabajo. Pero al mismo tiempo, me propongo ser voluntaria en un centro comunitario que tendrá también instalaciones para una clínica, y que va a abrirse en mi vecindario en unos dos meses. Cómo imagino la paz? La paz es poder ir a la universidad sin que me paren en un puesto de control, ni me miren como si yo tuviera una bomba en mi bolso. La paz es una Palestina que represente mi identidad, mi cultura y mi carácter y que me trate como ciudadana de ese estado -un estado democrático- y que defienda mis derechos humanos, para que yo pueda vivir como vive cualquier ser humano en cualquier otro país".
Toda esta conversación tuvo lugar en una habitación con aire acondicionado en el Kibutz Ruhama. A unos 11 Kms. de allí, en otra habitación con aire acondicionado -su oficina- estaba sentado el Dr. Yehuda Paz, presidente de NISPED y su director académico, como asimismo el padre espiritual del actual programa innovador, que se ocupa de la solución de conflictos. Desde 1980 hasta su reciente jubilación, fue el director del Instituto Afro-Asiático y posteriormente, del Instituto Internacional Histadrut.
"Los acuerdos políticos pueden convertirse en meras declaraciones en papel", comentó Paz, quien inmigró de los Estados Unidos hace unos 48 años y ha sido desde entonces miembro del Kibutz sureño Kisufim. "La continuidad del proceso de paz depende de la gente. Especialmente en tiempos cuando el proceso político de paz es más débil, un proceso de persona a persona puede vigorizarlo. Es una especie de enganche básico positivo", agregó con una sonrisa. "Nuestro Instituto se basa, por lo tanto, en estos dos principios centrales:
- La intersección del proceso político de paz con el proceso de paz de la gente, y,
- La intersección entre el desarrollo humano sostenible y la solución del conflicto. Lo que ocurre es que la gente anticipa que la paz significará una mejora inmediata en el estándar de vida, salud, vivienda, empleo, alimentación, oportunidades educativas y culturales. La paz abre una ventana de oportunidades para el desarrollo; pero si es desperdiciada, entonces sectores significativos de la población, sólo liberados recientemente de una situación de conflicto, pueden caer en la tentación de volver al crimen o volver de nuevo al conflicto. En donde la pobreza y la desesperación permanecen como eran, resulta demasiado real el peligro de derivar hacia la renovación de viejos odios, hacia el fanatismo religioso, hacia el nacionalismo extremista".
Además de los talleres, tales como el concluido en la primavera de 1998 con los palestinos -el segundo de su tipo- el Instituto proyecta traer a grupos de países en donde existen conflictos internos o externos, tales como Bosnia, asimismo de países como Guatemala, en donde terminó recientemente una guerra civil, y de países en grandes transiciones sociales, tales como aquellos de la ex Unión Soviética. En todos éstos, uno de los papeles más importantes corresponde a las organizaciones no gubernamentales y voluntarias, como las que trabajan en las siguientes áreas:
- Campos médicos y sociales. Esto incluye médicos y enfermeras, socorristas, grupos que apoyan a los minusválidos, instituciones médicas, ancianos, víctimas de diversas enfermedades y organizaciones destinadas a ofrecer información y guiar al público en general.
- Elementos de la sociedad civil (es decir, grupos no gubernamentales), que se preocupan de los derechos e intereses de las mujeres en las áreas de educación, iniciativas financieras y de negocios, información pública, etc.
- Protección del medio ambiente y ecología. Los grupos voluntarios, casi en todas partes del mundo, están encabezando la lucha por la protección de la naturaleza y el fomento del bienestar ecológico.
- Educación. Las organizaciones voluntarias actúan en el campo de la educación a todos los niveles, desde el preescolar hasta la universidad; están formadas por maestros, trabajadores de la educación, estudiantes, padres y ciudadanos conscientes, activos tanto en la educación formal como en la no formal.
- Las artes. En teatro, música, danza, bellas artes y medios de difusión, los voluntarios están presentes en todos estos marcos.
- Desarrollo rural y agrícola. Hay una gran necesidad de cooperación entre organizaciones de granjeros, cooperativas agrícolas y de otros tipos, organizaciones laborales y asociaciones de empleadores.
- Juventud. Las organizaciones y movimientos juveniles, así como otros grupos que surgen de las esferas de la educación no formal, son componentes importantes de la sociedad civil y pueden contribuir significativamente al proceso de paz.
- Negocios y comercio. Allí existen posibilidades de combinar los esfuerzos de las cámaras de comercio, asociaciones industriales, grupos mercantiles, etc., particularmente en el campo de la pequeña y mediana empresa.
- Universidades e investigación. La cooperación es vital en este campo, no sólo por sí misma, sino como un instrumento de apoyo a las actividades en todos los campos anteriormente enumerados.
En noviembre de 1998, el Instituto acogerá un taller bosnio sobre solución de conflictos y desarrollo humano sostenible. Eso reunirá en NISPED a miembros de organizaciones no gubernamentales de cinco tipos de población de la antigua Yugoslavia: serbios bosnios, bosnios musulmanes, serbios serbios, albaneses de Kosovo y un grupo de Macedonia.
Antes de ello, en septiembre, se dedicará un curso de dos semanas sobre cooperación en sociedades en transición, a un grupo venido de la República Checa. "Todos los participantes van a alojarse en las casas de huéspedes del Kibutz Ruhama, con cuya gente tenemos una relación realmente simbiótica", agregó Yehuda Paz. "Ellos no necesitan hacer ningún marketing: les proporcionamos ocupación a tope durante 10 meses y nosotros obtenemos alojamiento confortable para los participantes en nuestros cursos. (Los ingresos de Ruhama se complementan con agricultura, vacas, una gran fábrica de cepillos y, muy recientemente, la producción de casas de madera prefabricadas). Pero más allá del aspecto de los 'negocios', son realmente gente sociable, amistosa, responsable: les importa".
El Instituto tiene en preparación un proyecto conjunto con UNESCO, así como un programa de capacitación académica para israelíes, centrado en estrategias para la solución de conflictos y desarrollo humano sostenible, y más tarde, posiblemente la iniciación de una investigación en esos dos temas que son la razón de ser del Instituto. "Ya para el año 1999 esperamos conducir nuestros talleres en cuatro idiomas", concluye Paz: "inglés, árabe, ruso y español, además de nuestro propio idioma hebreo".