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Cinco noches con los pigmeos de Camerun

31 ago 2000
 REVISTA SHALOM, 1998 No. 3
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Cinco noches con los pigmeos de Camerún

por Eddy Mendelsohn

 
 

 

 

 

El Embajador de Israel Moshé Liba (izq.) con Eddy Mendelsohn

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  El autor, un asesor agrícola que pasó muchos años en el África francófona con los auspicios de MASHAV y CINADCO, se vio envuelto en un proyecto fascinante e inusitado en Camerún.

A petición del Ministro de Agricultura Koddock, de Camerún, del Embajador de Israel en Yaoundé, Dr. Moshe Liba, y del Sr. Roger Mila -un jugador de fútbol de Camerún de nivel mundial, con un interés especial en ayudar a sus compatriotas-, hice una visita preliminar a los pigmeos en 1995. El objetivo del gobierno de Camerún era asentar a los pigmeos, una tribu famosa por su pequeño tamaño y por su forma de vida en la selva, una forma de vida que no ha cambiado a través de miles de años. Se dice que los pigmeos llegaron de Etiopía, y fueron quizá los primeros habitantes de África. Viven en el Congo, en la República Centroafricana, en Camerún, en Zaire (actualmente la República Democrática del Congo), en donde durante dos años empleé a algunos de ellos de guardianes en los campos (cuando serví de asesor agrícola en la finca del ex Presidente Mobutu, en una misión a largo plazo entre 1982-1984, enviado por Agridev, la compañía comercial del gobierno de Israel para el desarrollo agrícola). Todos esos países son más o menos vecinos. En Ruanda, los batwas están también vinculados a los pigmeos, aun cuando son un poco más grandes.

En 1995, el Dr. Liba, su consejera económica, Sra. Nicole Gad, y yo, viajamos a la frontera con el Congo, en el sudoeste de Camerún. Viajamos durante 12 horas en un vehículo de tracción en las cuatro ruedas, por caminos bastante incómodos y desiertos, cruzando la espesura y la selva. Al llegar a la aldea, ya entrada la noche, nos recibió la población de dos tribus: los primeros eran los Bakas (pigmeos) y la segunda, los Bantus (una tribu sedentaria/establecida de agricultores). Luego de nuestro viaje, bastante cansador, nos pasamos toda la noche en medio de la selva, picados por los insectos, sentados junto a la fogata, mirando las danzas y escuchando las canciones que, acompañadas por tambores tam-tam, ofrecieron en nuestro honor. Recién a las tres de la madrugada pudimos descansar. Vale la pena señalar que ésta fue, hasta cuanto yo sé, la primera vez que un Embajador ha visitado a los pigmeos y ha pernoctado, no en un hotel de cuatro estrellas, sino bajo los miles de estrellas que titilaban a través de los agujeros, en el techo de nuestra choza colectiva.

Los pigmeos en Camerún, como asimismo en los países vecinos, ocupan una posición socialmente marginal, y suministran una fuente barata de mano de obra. Constituyen una parte de la herencia folklórica con sus canciones, danzas y tam-tams; en algunos países, si las condiciones lo permiten, atraen turistas. Las autoridades gubernamentales de Camerún han decidido incluirlos en el proceso económico del país, porque son ciudadanos a parte entera de Camerún. Los representantes del gobierno estuvieron presentes en todos los actos montados por la población. Después del partido de fútbol - ganado por los pigmeos - se distribuyeron camisetas impresas con las banderas de Israel y Camerún, y se hicieron numerosos discursos, traducidos al idioma de los pigmeos. Visitamos el territorio que el gobierno ha otorgado a los pigmeos: la selva, con sus árboles gigantes y su impenetrable vegetación. Se planificó un programa de trabajo y se fijó fecha para nuestra próxima visita, en 1996.

En 1996, Shlomo Gilboa, mi colega experto agrícola israelí, me acompañó en un curso en-el-lugar en Camerún. Trabajamos en el noroeste del país con 40 agrónomos, extensionistas, jefes del sector, y visitamos e impartimos cursos a cientos de campesinos especializados en el cultivo de tomates para uso industrial y otros temas de agronomía. Luego, volvimos atrás en el tiempo al retornar a los pigmeos y pasamos cinco noches inolvidables viviendo en la selva con ellos y con los bantus; solícitamente cuidados por los representantes del gobierno local, ya que éramos invitados del Ministerio de Agricultura.

Esta expedición fue observada a diario por un administrador de la ONG liderada por Roger Mila, que cuida de los intereses de los pigmeos. La selva había sido limpiada y despejada, y miles de pigmeos y bantus -hombres, mujeres y niños- estaban esperándonos, una vez más con su mismo ritual de hospitalidad africana. Cuando se hubieron reunido todos los pigmeos y los bantus en el lugar de la demostración, con la ayuda del extensionista local de la aldea y el intérprete, explicamos cómo elegir plantas o brotes sanos, sin infecciones virales. Preparamos parcelas en los campos, usando estacas, cuerdas e implementos de arar. Para cada cultivo, se fijaron estándares de densidad de la siembra, haciendo uso de una medida tal como el pie o la mano. Los pigmeos que trabajan para los bantus no tenían problema en motivar y explicar a sus colegas las diferentes fases del trabajo. El representante del Ministerio de Agricultura realizaba la preparación de los retoños de banana frente a la muchedumbre y trabajamos de la mañana a la noche.

Luego los mismos pigmeos prepararon sus terrenos y parcelas mediante estacas, cuerdas, rastrillos y azadas; primero los hombres y después las mujeres. Habiendo recibido explicaciones, estos futuros campesinos fueron capaces de elegir plantas y retoños sin ninguna infección viral. El tema de las densidades de los cultivos era de especial interés, dado que el uso adecuado de la tierra significa menos labor manual innecesaria, que es siempre fatigosa. Les propusimos plantar plátanos, y verduras entre las hileras.

A la luz de una fogata o lámparas de kerosén, debatimos ampliamente sobre las costumbres de la tribu y las relaciones humanas entre los bakas y los bantus. Dejamos instrucciones escritas y fichas técnicas para los extensionistas. Planificamos un calendario agrícola, tomando en cuenta la estación de las lluvias, la de la caza, tiempo de la cosecha, y el "período de la oruga", cuando todos los habitantes dejan sus chozas y se dirigen a la selva a cazar y comer elefantes por períodos bastante largos. Se necesitarían por lo menos dos visitas anuales, durante dos o tres años, para enseñar a esta población la suficiente agricultura como para poner fin a su dependencia, en cuanto al suministro de alimentos, de fuentes exteriores o del trabajo agrícola para los bantus. Para los pigmeos, quienes tradicionalmente usan la lanza, y el arco y las flechas, cultivar un terreno, que como resultado de su propios esfuerzos pudiera proveer las necesidades de alimento diarias de la tribu, sería algo realmente importante.

Los pigmeos viven en medio de la selva, en el seno de la naturaleza. Cazan animales y recogen insectos y frutas. Para sus curaciones, el hechicero extrae remedios de pastos, raíces y cortezas. Sus viviendas son hechas de ramas y hojas. Adentro arde constantemente un fuego a fin de alejar a insectos y mosquitos. Cuando su campamento se vuelve insalubre con la acumulación de desechos, ellos migran a otro sitio. Gradualmente, a medida que se construyen caminos en la selva, para explotar sus recursos por razones económicas, los pigmeos han ido comenzando a construir sus campamentos a un costado del camino, agrupándose en aldeas por razones de salud, o para los intercambios sociales o económicos. Dado que están asentándose, es necesario suministrarles asistencia, impartirles los conocimientos agrícolas necesarios para producir alimentos locales, y para asegurarles una existencia independiente. Es imperativo que los 15.000 pigmeos habitantes de la región, sean capaces de proveer sus necesidades por sí mismos, sin esperar la caridad de los nativos o turistas en forma de sal, cigarrillos o alcohol, en tanto que permitiéndoles elegir si desean integrarse al trabajo agrícola privado, sea con los bantus o con otras tribus.

Hay disponibles sumas considerables de dinero para organizaciones internacionales, que preservan especies de animales, plantas y sitios en peligro. Hasta donde yo sé, ningún organismo presta atención con seriedad a este grupo étnico, o proporciona a sus miembros algún medio de mejorar sus vidas diarias. Hay diferencia entre tener el sentido común de no cambiar costumbres ancestrales, no perturbar formas de vida, y, por otro lado, ver diariamente a mujeres y niños, que cada tarde pasan horas llevando en sus cabezas recipientes de agua de beber para las necesidades familiares. Qué es lo pintoresco de ver a niños y adultos vagando vestidos de harapos o casi desnudos? Deben tiritar de frío en las noches heladas en sus chozas de hojas? Están siempre felices de ser el objeto de la curiosidad de personas que son extrañas en la región?

Habiendo trabajado durante muchos años, codo a codo, con organismos internacionales como representante de la cooperación israelí en la República Centroafricana (en donde serví de asesor agrícola de MASHAV de 1990-94), mis colegas de diversos países, asesores técnicos, y yo mismo, hemos encontrado siempre dificultades para convencer a los auspiciadores de que dividan los subsidios más equitativamente. En mi opinión, este proyecto que Israel ha comenzado en Camerún, es único en el campo de la cooperación internacional, y hasta ahora no ha tenido continuación. El esfuerzo humanitario hecho con los pigmeos en el campo del desarrollo agrícola habría sin duda valido la pena, de manera que las palabras pronunciadas por gente que vino de Jerusalén no se desvanezcan de su selva como la niebla.

 
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