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Con los ojos vendados

31 ago 2000
 REVISTA SHALOM, 2000, No. 1
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Con los ojos vendados
por Berlioth Herrera

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  La autora, una periodista de La Nación, San José, Costa Rica, participó en un curso reciente, en el Instituto Internacional de la Histadrut, sobre El rol de los medios en áreas de conflicto. Los objetivos del curso eran reforzar los procesos de paz en el mundo entero, con base en los análisis de las realidades de los conflictos, y en el análisis de la contribución de los medios de comunicación locales y extranjeros, y de los profesores y los programas educativos para el refuerzo o deterioro de los procesos de paz, tomando el Oriente Medio de ejemplo.

Dice el escritor checo, Milan Kundera en La insoportable levedad del ser, que el hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo.

Muy certero. Cuantas veces creemos saber lo que está ocurriendo y en realidad ni siquiera logramos una aproximación con esa realidad, menos aún entender el sentido de lo que ocurre y mucho menos poderlo comunicar. Estas palabras están estrechamente relacionadas con el rol que jugamos los periodistas en cada sociedad y la importancia de tener acercamientos con los hechos sobre los cuales informamos, o al menos lo intentamos, cada día. La situación en Oriente Medio es un claro ejemplo de ello. La información que procesamos y difundimos a través de los medios en los cuales trabajamos, viene enlatada. La obtenemos, en su mayoría, de agencias internacionales de noticias o reproducciones de medios foráneos. Ellos, al igual que nosotros en nuestra práctica diaria, aplican criterios periodísticos para la difusión de la información. Desdichadamente, esos criterios muchas veces se encierran en el concepto de que la noticia negativa es la noticia que nuestro público quiere leer, escuchar o ver.

Con ese bombardeo parcializado, y uso esta palabra porque sin duda se quiebra el balance al omitir las otras caras de los hechos, podremos conocer la realidad? O estaremos atravesando el presente con los ojos vendados? Treinta y tres periodistas de Latinoamérica, Angola y España, becados por MASHAV, del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, participaron recientemente en el curso El rol de los medios en áreas de conflicto, en agosto de 1999. Nuestra estadía en Israel sin duda alguna ayudó a quitarnos la venda de los ojos sobre la realidad del Oriente Medio.

Con cuántos prejuicios, nosotros, hacedores de información, arribamos al aeropuerto Ben Gurión y de cuántos logramos liberarnos cuando llegó la hora de partir? No puedo responder a esa interrogante, porque quizás ni yo misma he logrado tomar conciencia.

Censura transparente

El caso de la censura militar que se aplica a algunas informaciones que se difunden y que se consideran sensibles para asuntos de seguridad nacional en Israel, se apoderó de la atención de muchos de nosotros. La concebíamos, quizás, como una violación a la libertad de expresión, una intromisión del gobierno en la labor de la prensa. Conforme avanzó el tiempo y el curso, cuantos más criterios de representantes del gobierno y comunicadores escuchamos, empezábamos a matizar nuestros lapidarios conceptos iniciales. Para llegar a la conclusión que tras el nombre de censura militar se encuentra un mecanismo de seguridad cuya aplicación, tras el avance tecnológico, resulta casi imposible de aplicar.

Pero se muestra tal como es, se dice que existe una censura y se explica sin tapujos el por qué de la misma, mientras que muchos de nosotros en nuestras naciones, es posible que tengamos mecanismos que obstaculizan mucho más la labor informativa, pero se trata de disfrazar. Brevemente voy a referirme al caso específico de Costa Rica. En una sociedad democrática por excelencia, tenemos que luchar día a día contra una legislación restrictiva y sentencias de los tribunales, que amenazan con amordazar la voz de la denuncia y el trabajo periodístico.

Este es tan sólo uno de los conceptos que empezamos a clarificar, sobre un asunto de trabajo práctico, pero más allá de eso logramos insertarnos en la vida diaria y ahí encontramos el mayor tesoro. El valor de la vida y de la muerte, la importancia de recordar a aquellos que perdieron sus vidas luchando por el ideal de todos: la paz. La paz, la razón de la guerra y el alma de la vida.

Con un nombre

Entre el caminar tranquilo por la playa de Netanya, el rico diálogo con la gente de Metula, la plática con el taxista de Kfar Saba, las conversaciones con funcionarios de gobierno, con periodistas, fotógrafos en fin, en cada esquina de Israel recordamos lo más importante y que tantas veces olvidamos en nuestro trabajo diario, que detrás de cada noticia están personas con nombres y apellidos, con familias, amigos, sueños y esperanzas.

Y de esto nos dieron una importante lección en Israel. Por las menciones que se hacen en los diarios, conocimos a los soldados caídos en combate, vivimos muy cerca el dolor de las familias y su lucha para lograr la salida en paz del sur del Líbano.

Conocimos un grupo de jóvenes palestinos que se estaban capacitando en Israel, compartimos con ellos y conocimos su versión de los hechos. También visitamos representantes de la Autoridad Palestina, para llegar a la conclusión que de una u otra forma, con sus diferencias, los pueblos anhelan vivir tranquilos.

Conocimos, lejos quizás de la idea que tantas personas pueden tener a través de la información que reciben, a gente de paz y amor.

Y cientos de cosas más. Entendimos cuál es la importancia estratégica de las alturas del Golán y las raíces de la cultura de Israel. Pudimos discernir el reto que pesa sobre los hombros del Primer Ministro Ehud Barak, el reto de impulsar el proceso de paz con la Autoridad Palestina y sortear la oposición a este proceso por parte de ciertos sectores de la sociedad israelí y de grupos extremistas.

Entre el Museo del Holocausto y las conversaciones con personas comunes, hallamos la respuesta al comportamiento de un pueblo que, bajo ningún motivo, permitirá otro maltrato semejante a esa etapa oscura y lamentable de la humanidad. Un pueblo que todos los días lucha por lo que tiene.

Y más aún. Logramos también, en este período de estadía en Israel, conocer la realidad de nuestros países latinoamericanos, de España y Angola. Hubo muchas lágrimas en ese quitarse la venda de los ojos, pero, sobre todo, un compromiso de hacer bien nuestra tarea en nuestro mundo. Ayer prometimos: al retornar hablaríamos de paz. Así juntos, 33 comunicadores del mundo nos tomamos las manos en Israel, en una oportunidad sin precedentes de dejar de adivinar e intuir, y por fin conocer la realidad, sin una venda en los ojos.

 
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