La autora, una periodista de La Nación, San José, Costa
Rica, participó en un curso reciente, en el Instituto Internacional
de la Histadrut, sobre El rol de los medios en áreas de conflicto.
Los objetivos del curso eran reforzar los procesos de paz en el mundo
entero, con base en los análisis de las realidades de los
conflictos, y en el análisis de la contribución de los
medios de comunicación locales y extranjeros, y de los profesores y
los programas educativos para el refuerzo o deterioro de los procesos de
paz, tomando el Oriente Medio de ejemplo.
Dice el escritor checo, Milan Kundera en La insoportable levedad del ser,
que el hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo
puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo.
Muy certero. Cuantas veces creemos saber lo que está ocurriendo y
en realidad ni siquiera logramos una aproximación con esa realidad,
menos aún entender el sentido de lo que ocurre y mucho menos
poderlo comunicar. Estas palabras están estrechamente relacionadas
con el rol que jugamos los periodistas en cada sociedad y la importancia
de tener acercamientos con los hechos sobre los cuales informamos, o al
menos lo intentamos, cada día. La situación en Oriente Medio
es un claro ejemplo de ello. La información que procesamos y
difundimos a través de los medios en los cuales trabajamos, viene
enlatada. La obtenemos, en su mayoría, de agencias internacionales
de noticias o reproducciones de medios foráneos. Ellos, al igual
que nosotros en nuestra práctica diaria, aplican criterios
periodísticos para la difusión de la información.
Desdichadamente, esos criterios muchas veces se encierran en el concepto
de que la noticia negativa es la noticia que nuestro público quiere
leer, escuchar o ver.
Con ese bombardeo parcializado, y uso esta palabra porque sin duda se
quiebra el balance al omitir las otras caras de los hechos, podremos
conocer la realidad? O estaremos atravesando el presente con los ojos
vendados? Treinta y tres periodistas de Latinoamérica, Angola y
España, becados por MASHAV, del Ministerio de Relaciones Exteriores
de Israel, participaron recientemente en el curso El rol de los medios en
áreas de conflicto, en agosto de 1999. Nuestra estadía en
Israel sin duda alguna ayudó a quitarnos la venda de los ojos sobre
la realidad del Oriente Medio.
Con cuántos prejuicios, nosotros, hacedores de información,
arribamos al aeropuerto Ben Gurión y de cuántos logramos
liberarnos cuando llegó la hora de partir? No puedo responder a esa
interrogante, porque quizás ni yo misma he logrado tomar
conciencia.
Censura transparente
El caso de la censura militar que se aplica a algunas informaciones que se
difunden y que se consideran sensibles para asuntos de seguridad nacional
en Israel, se apoderó de la atención de muchos de nosotros.
La concebíamos, quizás, como una violación a la
libertad de expresión, una intromisión del gobierno en la
labor de la prensa. Conforme avanzó el tiempo y el curso, cuantos
más criterios de representantes del gobierno y comunicadores
escuchamos, empezábamos a matizar nuestros lapidarios conceptos
iniciales. Para llegar a la conclusión que tras el nombre de
censura militar se encuentra un mecanismo de seguridad cuya
aplicación, tras el avance tecnológico, resulta casi
imposible de aplicar.
Pero se muestra tal como es, se dice que existe una censura y se explica
sin tapujos el por qué de la misma, mientras que muchos de nosotros
en nuestras naciones, es posible que tengamos mecanismos que obstaculizan
mucho más la labor informativa, pero se trata de disfrazar.
Brevemente voy a referirme al caso específico de Costa Rica. En una
sociedad democrática por excelencia, tenemos que luchar día
a día contra una legislación restrictiva y sentencias de los
tribunales, que amenazan con amordazar la voz de la denuncia y el trabajo
periodístico.
Este es tan sólo uno de los conceptos que empezamos a clarificar,
sobre un asunto de trabajo práctico, pero más allá de
eso logramos insertarnos en la vida diaria y ahí encontramos el
mayor tesoro. El valor de la vida y de la muerte, la importancia de
recordar a aquellos que perdieron sus vidas luchando por el ideal de
todos: la paz. La paz, la razón de la guerra y el alma de la
vida.
Con un nombre
Entre el caminar tranquilo por la playa de Netanya, el rico diálogo
con la gente de Metula, la plática con el taxista de Kfar Saba, las
conversaciones con funcionarios de gobierno, con periodistas,
fotógrafos en fin, en cada esquina de Israel recordamos lo
más importante y que tantas veces olvidamos en nuestro trabajo
diario, que detrás de cada noticia están personas con
nombres y apellidos, con familias, amigos, sueños y esperanzas.
Y de esto nos dieron una importante lección en Israel. Por las
menciones que se hacen en los diarios, conocimos a los soldados
caídos en combate, vivimos muy cerca el dolor de las familias y su
lucha para lograr la salida en paz del sur del Líbano.
Conocimos un grupo de jóvenes palestinos que se estaban capacitando
en Israel, compartimos con ellos y conocimos su versión de los
hechos. También visitamos representantes de la Autoridad Palestina,
para llegar a la conclusión que de una u otra forma, con sus
diferencias, los pueblos anhelan vivir tranquilos.
Conocimos, lejos quizás de la idea que tantas personas pueden tener
a través de la información que reciben, a gente de paz y
amor.
Y cientos de cosas más. Entendimos cuál es la importancia
estratégica de las alturas del Golán y las raíces de
la cultura de Israel. Pudimos discernir el reto que pesa sobre los hombros
del Primer Ministro Ehud Barak, el reto de impulsar el proceso de paz con
la Autoridad Palestina y sortear la oposición a este proceso por
parte de ciertos sectores de la sociedad israelí y de grupos
extremistas.
Entre el Museo del Holocausto y las conversaciones con personas comunes,
hallamos la respuesta al comportamiento de un pueblo que, bajo
ningún motivo, permitirá otro maltrato semejante a esa etapa
oscura y lamentable de la humanidad. Un pueblo que todos los días
lucha por lo que tiene.
Y más aún. Logramos también, en este período
de estadía en Israel, conocer la realidad de nuestros países
latinoamericanos, de España y Angola. Hubo muchas lágrimas
en ese quitarse la venda de los ojos, pero, sobre todo, un compromiso de
hacer bien nuestra tarea en nuestro mundo. Ayer prometimos: al retornar
hablaríamos de paz. Así juntos, 33 comunicadores del mundo
nos tomamos las manos en Israel, en una oportunidad sin precedentes de
dejar de adivinar e intuir, y por fin conocer la realidad, sin una venda
en los ojos.